lunes, 31 de enero de 2022

EL PENSAMIENTO CONSPIRANOICO

Piensa mal y acertarás. ¿Quién no ha escuchado esta frase de alguien cercano? ¿Quién no tiene una tía, un abuelo o una amiga que ha hecho de este refrán su filosofía de vida? Piensa mal y acertarás. Porque si no piensas mal eres un ingenuo, te las van a colar todas, hijo mío, si es que no se puede ir de buenazo por la vida. Las personas que piensan que aciertan cuando piensan mal suelen inspeccionar la vida en busca de amenazas. Cualquier noticia, incluso la más alegre, la más festiva, la más inocente, tiene que pasar por el escáner de la sospecha. Esa automatización de la desconfianza es en el fondo muy satisfactoria para quien la tiene. Te hace sentir activo y lúcido. Detectar segundas intenciones en los demás te pone sutilmente por encima de los que no las detectan. Ellos no han sido tan rápidos como tú. Ni tan listos. Ni tan inteligentes. La sospecha enriquece tu realidad con múltiples posibilidades. Si tu marido te dice que ya baja él a comprar el pan, ¿qué irá a hacer de camino? ¿Con quién se encontrará? ¿Querrá hablar por teléfono con alguien sin que tú te enteres? ¿Y con quién? ¿Y para decirle qué? Y ay si aciertas alguna vez con tus sospechas. La vida se reordenará de una forma maravillosa y tu propia perspicacia te resultará fascinante y el mejor revulsivo para seguir insistiendo en pensar mal para acertar. 

Piensa mal y acertarás es el refrán que ha inoculado el virus de la conspiranoia a través de la cultura popular. Y este libro, amenísimo, exhaustivo y divertidísimo, desmenuza las lógicas del pensamiento conspiranoico, no siempre tan delirantes como nos gustaría creer. Mientras que el pensamiento lógico parte del estudio de los hechos para extraer una conclusión argumentada, el pensamiento conspiranoico parte directamente de la conclusión para luego buscar los hechos que mejor puedan explicarla, sin importar la relación que estos puedan tener con la realidad. ¿Quién no conoce a alguien cercano que en conversaciones informales lanza afirmaciones y luego no sabe argumentarlas? 

Y es que, como cualquier religión, la conspiranoia es profundamente tentadora porque ofrece un consuelo inmediato para este mundo incierto en el que vivimos. El consuelo de las verdades absolutas que lo explican todo. Si todo tiene un sentido, no hay que tener miedo. La conspiranoia, como cualquier religión, toma la complejidad de la realidad y la divide en piezas sencillas que encajen perfectamente unas con otras, otorgando la serenidad de un puzle terminado. Qué gusto da poner la última pieza y sentarse a contemplar la bella imagen de un mundo cuyas perversidades han sido por fin desenmascaradas. 

El auge de las fake news a partir del 2016 (año del Brexit y de la elección de Donald Trump) dejó el campo sembrado para la proliferación de las teorías de la conspiración, alentadas por políticos conservadores de todo el mundo. Clamaban libertad de expresión para sus mentiras repetidas, y cualquier medida tomada en pos del rigor informativo como la retirada de vídeos de Youtube y Facebook sobre la pandemia como un plan orquestado para someter a la población mundial empezó a ser contemplada como un flagrante delito de censura, lo cual corrobora inmediatamente su tesis: si se censura es que es verdad y no quieren que se sepa. 

La conspiranoia es un sistema de creencias cada vez más implantado y con más relevancia sociocultural. Sus defensores se sientan en la gran mayoría de las mesas en las reuniones familiares y se lo toman con la seriedad trascendente de los misioneros. Es su religión, su verdad revelada. Y su misión es difundirla para que la gente deje de vivir engañada. Estudiar los pensamientos conspiranoicos no sólo sirve para bucear en los infinitos recovecos psicóticos de la mente humana, sino para aprender los miedos y ansiedades sociales de cada época, transformados en monstruos reales o imaginarios que son un reflejo de quienes somos. 

Este libro defiende que las teorías conspiranoicas son casi siempre las mismas desde los tiempos de Matusalén: un grupo secreto de gente muy mala nos quiere dominar sin que nos enteremos, pero, ah, amigo, aquí estamos nosotros, los elegidos, para desenmascararlos. Ya lo vimos con la conspiración judeo-masónica que fue neutralizada por los nazis gracias a los campos de exterminio y mantenida a raya por la dictadura de Franco gracias al aislamiento y la santísima religión nacional-católica. Conspiración reencarnada en la actualidad por Soros y esa élite todopoderosa multinacional que gobierna el mundo y nos controla con sus superpoderes y que solamente la extrema derecha salvadora podrá hacer frente a golpe de bulo. 

La desconfianza patológica es un virus mental. Un virus que late en la sabiduría tradicional a través de los refranes, que se sienta en nuestras mesas para convencernos de todo tipo de teorías. Un virus al que, gracias al acceso universal a internet, nunca antes en la historia habíamos estado tan expuestos. La expresión de la teoría conspiranoica empieza de forma inocua en boca de personas aparentemente sensatas, y termina resultando muy parecida a la de un brote psicótico. Un brote psicótico colectivo. Y con repercusión. Y con representantes públicos en el Congreso. 




jueves, 27 de enero de 2022

LA HIJA DE LAS MAREAS

Abrí esta novela sin tener apenas referencias ni expectativas, ni siquiera me la había recomendado Óscar, ¡jajaja! Últimamente me he vuelto muy comodona y voy directamente a los libros que él me selecciona porque la verdad es que acierta casi siempre.

Cada día, cuando abro la prensa en internet, me suelo indignar y expreso esa indignación en los comentarios que publico en Facebook. Ese hábito me permite luego relajarme y dedicar buena parte de mi tiempo a jardinear, pasear, meditar, leer, disfrutar de este nuevo tiempo de auténtica jubilación que, camino de mis 80 años, no me esperaba. Un privilegio. 

Las novelas a menudo reflejan la vida privada de los países, y esa parte de la Historia para mí es más importante que la que nos aportan los textos de los grandes acontecimientos. Hoy me tienen indignada muchas cosas como la corrupción en España (y no solo aquí), el auge de la extrema derecha, el peligro de un perverso y mediocre personaje como Putin a punto de lanzar sus tanques contra Ucrania, los republicanos de Estados Unidos liderados por ese Trump que me avergüenza, pero cuando me sumerjo en el siglo XVIII, hace poco más de doscientos años, tiempo en el que transcurre esta novela, relativizo y me doy cuenta del avance tan increíble que hemos dado, especialmente en Europa.

Más allá del maravilloso retrato que Goya le hizo, apenas conocía al personaje de Baltasar Melchor Gaspar de Jovellanos. Aquí es el segundo personaje de la historia de Andrea Carbayo, impresora e hija no reconocida de este jurista, escritor y político en la España miserable gobernada o mejor dicho traicionada por los borbones Carlos IV y Fernando VII, apoyados por la Inquisición, todavía vigente entonces y que desterró a Jovellanos de su Gijón natal.

El inicio de esta apasionante historia comienza con las vidas de la madre y la abuela de Andrea, entonces tildadas de brujas porque recolectaban hierbas para curar. Los boticarios no podían permitir que nadie, y menos unas mujeres, les hiciera la competencia, así que el asedio llegaba hasta meterlas en la cárcel, y así Gloria, la madre de Andrea, nace y pasa sus primeros años entre rejas. 

Andrea tiene la suerte de tener un abuelo francés, médico, que la apoya y se la lleva a París cuando muere su madre. Allí conoce a Olympe de Gouges, la primera mujer que publicó un Manifiesto por los Derechos de la Mujer, uno de los motivos por los que fue guillotinada con cuarenta y cinco años (el otro fue la defensa de la abolición de la esclavitud), casi al tiempo que en Inglaterra lo hizo Mary Wollstonecraft con su Vindicación de los Derechos de la Mujer, dos mujeres pioneras del feminismo. 

Vive en París todo el proceso de la Revolución Francesa y el ambiente miserable del pueblo francés viendo como los excesos del lujo en la corte de María Antonieta y Luis XVI es obsceno. Carlos IV despilfarró en guerras para apoyar a los monarcas franceses, enfrentándose incluso con Portugal. Una política errática y vergonzosa que culminó con la "venta" a Napoleón del país por unos miles de ducados. La historia de Fernando VII no tiene nombre. Desde el apoyo a la Inquisición hasta la derogación de la Constitución de Cádiz. Lo peor es que el pueblo español apoyara a este malvado llamándole el deseado y librando una guerra contra José I, el hermano mayor de Napoleón. Si hubiera habido un poco de inteligencia y sabiduría en este país habrían elegido a José I que poco pudo hacer en los 5 años que gobernó por el enfrentamiento con los que apoyaban a Fernando VII. De aquellos borbones impresentables fueron dignos herederos Isabel II, Alfonso XIII y Juan Carlos I, todos inmersos en la corrupción que todavía lastra a este país y que de forma vergonzosa sigue teniendo sus apoyos entre la derecha política.

Dos temas apasionantes que me han recordado este relato fueron el viaje que hizo el rey Juan VI de Portugal huyendo de Bonaparte y la guerra, con toda su corte, varios miles de personas y estableciéndola en Río de Janeiro durante varios años hasta que pasó el peligro. Y la biografía maravillosa que Stefan Zweig escribió de María Antonieta para contar la Revolución Francesa. 

Varios días inmersa en esta historia me han permitido profundizar en la conciencia de dónde estamos hoy y de dónde venimos. En 1793 guillotinaron a Olympe de Guges por feminista y hoy las feministas estamos en muchas instituciones y gobiernos. Aun así, ¡cuánto falta!

Explicando cómo era la situación en el siglo XVIII, Pilar Sánchez Vicente dice en La hija de las mareas: "Los nobles se perpetúan poniendo un huevo en cada cesta: el primero hereda el mayorazgo y lo acrecienta, el segundo va a servir al Ejército, el tercero a la Iglesia y al cuarto lo destinan a juez o notario. Las bodas les permiten unir tierras y las hijas se convierten en objetos de intercambio. La prole repetirá el concierto de tal forma que los mismos apellidos copan todos los órdenes y así es imposible que los ciudadanos tengan derechos o una justicia digna, pues no se puede ser juez y parte al mismo tiempo". 

Han pasado dos siglos y parece increíble pero muchas cosas no han cambiado tanto.


Isabel. 




lunes, 24 de enero de 2022

SENSACIÓN TÉRMICA

¿Cómo lo hace? ¿Cómo lo consigue? ¿Cómo logra Mayte López crear un lenguaje que suena a sol, que transmite calor y alegría y baile en las venas para contar una historia que rabia y entristece y te hiela la sangre? 

Lo vemos todos los días. Las sonrisas de esos señores, de esos viejitos, de esos chavales que vienen a saludar, a comprar un libro, tan mansos, tan cordiales. Te dan una sensación estupenda. Como de salir a la calle en manga corta aunque apriete el invierno. Y sin embargo la temperatura puede ser otra. Es otra, muchas veces, y no nos damos cuenta. ¿Quién lo sabe? Uno sale de casa con un jersey finito porque ahí dice que 16 grados y para qué más. Pero luego el viento ruge y la humedad te congela la mitad del hueso y la sensación es otra muy distinta, muy alejada de las sonrisas de esos señores, esos viejitos, esos chavales que vienen a saludar tan educados, tan simpáticos, y nunca sabremos qué hacen con sus mujeres, cómo las tratan, qué ocultan, qué sensación térmica real esconden bajo su aparente temperatura. 

Sensación térmica es una bomba de relojería. Trata sobre la vulnerabilidad de las mujeres frente a la violencia de los hombres. La violencia de esos novios posesivos que una noche quieren fiesta y su chica no tanto y se frustran y la acusan de ser muy amiga de no sé quién y de dejarles en evidencia y quién te has creído que eres a mí no me engañas más, y les cogen el bolso con el móvil y las hacen bajarse del taxi en plena noche helada de invierno y las dejan tiradas para que se apañen y aprendan, sencillamente porque sí, porque pueden, para que ellas sepan que pueden. Si total, no pasa nada, al día siguiente se disculpan compungidos, compran una flor o ni eso, lloran un poquito o ni eso, y se hacen las víctimas, es que el paro, el jefe, la economía mundial, mi madre mayor, se revuelcan, se rebozan en su victimismo machito y ya está resuelto, asunto olvidado, hasta la próxima. 

La violencia de los abuelos sentados en los porches que fuman y fuman y ríen y ríen y parecen locos, dulces loquitos, perdidos en su demencia, pero miran con insistencia las falditas de sus nietas, las cinturitas de sus nietas, y comen con la boca abierta y se rascan la entrepierna, y cuando se quedan solos y la nieta pasa a su lado y nadie mira la agarran y la soban toda y palpan pellizcan aprietan con sus manos sarmentosas hasta que la nieta consigue al fin escurrir su cuerpo diminuto de esas manos enormes y se separa aturdida, por qué ha hecho eso el abuelo, qué juego es este, y nadie dice nada, nadie oye, nadie sabe, y el abuelo mira para otro lado, suspira, vuelve a sus cigarros y a su locura, dulce loquito, y se ríe de nuevo. 

La historia reúne a tres estudiantes latinas en un Manhattan helado. Las tres comparten una fascinación por la ciudad, no exenta de nostalgia, y las oportunidades que promete, y todas están expuestas a la ansiedad que provoca la precariedad laboral y la precariedad emocional. Un filo que corta y por el que parece que no se puede caminar sin caerse. Son mujeres jóvenes, como tantas en todo el mundo, en busca de alegría, libros, fiestica y amores paladeables, mujeres que se adentran en una vida llena de espinas y trampas de masculinidad tóxica. 

Una vida de ansiedad, ojeras, cansancio, alerta permanente, uñas mordidas, dudas para todo, inseguridad por las nubes, euforias repentinas seguidas de bajones infernales. Insomnio, insomnio como el estribillo pesadillesco de una canción en bucle. A pesar de las olas del mar que salen de esa aplicación del móvil para dormir, una vida de ojos abiertos a la nada, al pasado, al abuelo sentado en el porche, al padre frágil sádico, a su amiga perdida en la misma historia de maltrato, a su amiga de piernas largas como carreteras, a sí misma, al frío, a la nada. 

Una vida de acudir a una psicóloga y hablar de su amiga, su amiga feliz y vocinglera que está perdiendo las ganas de vivir por culpa de un maldito psicópata, elegante y carismático psicópata. Hablar de su amiga porque cómo hablar de ella misma, aunque la psicóloga la apremie let's go back to you, cómo hablar de sí misma sin mentir ni adornar nada ni omitir nada, cómo ser franca con alguien si no ha podido serlo nunca consigo misma. Y a pesar de que sus amigas le digan que es igual, que lo importante es hablar aunque no digas toda la verdad, porque ¿quién no le miente un poco a su psicóloga?, ella piensa ¿y entonces para qué sirve?, ¿qué sentido tiene ir a terapia?, pero hablar, hablar de verdad, cómo hacerlo si cada palabra es una imagen, una aguja, una brasa que la perfora, la quema, la aplasta, la deja muda, cómo hablar si cada palabra desaparece cuando reúne el valor de extender la mano para agarrarla. 

Mayte López ha escrito un libro radiante y glacial. Un prodigio de rabia y color y maravilla que deja un sabor extraño en la boca. Una mezcla de admiración y horror, de alegría y rabia, de temblor que es a la vez terremoto y esperanza. 



 


jueves, 20 de enero de 2022

FÁRMACO

He leído muchas reseñas de este libro. Y casi todas hablan más de los reseñistas que del propio libro, lo cual me parece una maravilla: que la literatura pueda hacer así de espejo para los demás no es muy común. Fármaco no se deja describir con facilidad. Quizá porque lo que cuenta es demasiado íntimo, demasiado intransferible. ¿Cómo describir el sentimiento profundo, el dolor abismal de un monstruo que los que no hemos pasado por una depresión no alcanzamos a comprender? Como mucho podemos asomarnos a él. Tomarle las medidas. Calcular la distancia. Y cada metáfora nos acerca y nos aleja de ese temblor que nos esforzamos por imaginar porque quién sabe, a lo mejor un día nos tocará a nosotros estar ahí, llevando un muerto a cuestas, o amando a alguien que lo lleva y que necesitará que le plantemos cara al horror. 

La voz de Almudena Sánchez. Qué hallazgo. Es una voz, como ella misma dice, alterada por los fármacos, los benditos fármacos que convierten el páramo desolado de un cerebro en un jardín habitable. Una voz fina que parece que se va a quebrar al final de cada frase, que se esconde en su timidez pero habla, habla alto y claro y fluido y conmovedora. Una voz que tiembla, que sonríe siempre al borde de la euforia y del llanto. Una voz alocada cuya adrenalina te lanza en un abrazo por los aires y dispara imágenes e ideas en todas direcciones. Una voz capaz de enseñar nuevas formas de percibir el mundo. 

Fármaco habla de la depresión de la autora. De una mente que ya no tira y de un cuerpo que se rinde. Un cuerpo que agoniza, "incendiado y frágil", famélico, hinchado, apático, voraz. Un cuerpo hecho harapos, anestesiado, que anhela desaparecer. Zarandeado entre la vida y la nada, entre el dolor y la promesa de una pausa, un respiro un limbo. Trata de sus ganas de cuchillos. De encontrar la herida que justifique tamaño sufrimiento. La herida real, sangrante, escandalosa, la herida que uno pueda enseñar a los demás para convencerlos de que no es un bajón, un estado de ánimo, una tristeza pasajera, para que dejen de ver un raspón en la rodilla cuando lo que uno tiene es medio hueso fuera y todo astillado y los tendones hechos trizas. 

Fármaco está escrito "con el corazón en la mano, con ceniza en la mano". Hay poesía y vida en cada página. Y muchas cosas (y pesadillas) que no entiendo. Es un libro "para personas tristes con sentido del humor que alguna vez han notado cómo el cerebro se les marchaba". Trata sobre la enfermedad, pero también es un libro sobre la empatía. Sobre la valentía de hacer frente a lo desconocido y tender una mano al abismo. Sobre el ejercicio tan femenino de cuidar: "reconocer los males invisibles y recogerlos con pulso calmado, las manos limpias; uno a uno". 

Los fármacos curan. La presencia y el amor curan. Y la infancia. La infancia es terapéutica. El capítulo sobre Carla es pura belleza estática. Hay todo un mundo glorioso encapsulado en esas cuatro páginas. Un mundo que subrayar de colores y marcar con marcapáginas y al que volver cuando la vida gris y sucia y adulta nos manche con sus tristes miserias. 

"La alegría te asusta: un murciélago gigante. No la visualizas. Procuran ayudarte. Te empujan con la punta de los dedos y caes destrozada. Las palmaditas en la espalda son guantazos. El verano es punzante. ¿Quién le dio un cuchillo al sol? Un mediodía quise salir y a los cinco minutos regresé a casa despeinada, con el pulso a mil por hora y los pulmones fatigados. Corriendo. Es que, que hay mucha luz". 

La depresión no deja rastro, es una herida sin cicatriz. Quizá este libro sea la cicatriz. La huella de lo vivido. Para tratar de comprender. Y no olvidar. 







lunes, 17 de enero de 2022

CANSADAS

Después de leer Feminismo para principiantes, que me gustó tanto, he seguido con este nuevo libro de Nuria Varela, Cansadas, una reacción feminista frente a la nueva misoginia. ¡Me he sentido tan representada en mi experiencia vital de tantos años!

Dice textualmente: "¿De qué estamos cansadas? De leer las necrológicas y descubrir a mujeres de las que nunca habíamos oído hablar, o sí, pero pensábamos que habían fallecido porque no tenían hueco, ni voz, ni en los libros ni en los periódicos. Cansadas de rastrear como detectives nuestra propia historia, nuestros logros. Cansadas de leer entre líneas nuestros éxitos. Cansadas de que la teoría nunca la hayamos podido llevar a la práctica, ni siquiera para nosotras mismas. Cansadas de que desprestigien nuestro lenguaje, nuestro conocimiento, nuestras teorías. Cansadas de que cuando algún retazo de nuestra tradición intelectual es utilizado por algún varón sea aplaudido. Cansadas de que lo hagan sin citarnos. Cansadas de las iglesias, de todas las iglesias, empeñadas en robarnos lo más humano del ser humano, la libertad".

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2013 puso un calificativo a la violencia contra las mujeres: epidemia. Es un problema de salud global de proporciones epidémicas que afecta a un tercio de las mujeres del planeta. El 38% de los asesinatos de mujeres en el mundo son casos de violencia machista, aunque en realidad es probable que sean muchos más porque muchos países no ofrecen estos datos y es ahí donde con toda probabilidad el porcentaje es mayor. 

Este libro nos hace tomar conciencia de la tolerancia que la sociedad ha desarrollado para no tomar medidas contra esta epidemia. Un ejemplo lo tenemos en España, donde ETA en 43 años de terrorismo asesinó a 829 personas, mientras que en ese mismo tiempo fueron asesinadas 2.771 mujeres. El terrorismo llegó a ser uno de los problemas más importantes para la ciudadanía, según las encuestas. Sin embargo, la violencia contra las mujeres, un problema de derechos humanos, no ha estado nunca entre las prioridades o las preocupaciones destacadas.

En los países occidentales llevamos ya muchos años con una educación reglada que incluye los problemas de desigualdad y de forma transversal las agresiones a mujeres, y sin embargo hoy en los institutos aumenta el número de chicos que toleran o incluso aceptan que exista. Para mí es desalentador. Solo hay que ver el aumento de la extrema derecha para constatar este retroceso en la evolución humanista. 

Es un desdén hacia la vida de las mujeres, una forma de misoginia en sí misma, incluso en la literatura de escritores de la talla de Gabriel García Márquez, que se atrevió a hacer una apología de la violación y la violencia en aquella infausta obra Memoria de mis putas tristes. Desde el comienzo: "El año de mis 90 años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen". Lolita o Don Juan Tenorio son también muestras de ese desdén hacia las mujeres, incluso niñas, que sigue teniendo la aceptación de una sociedad ciega e insensible solo por ser tradición. Se entiende que son obras de ficción. pero mi percepción es que ayudan a banalizar cuando menos un problema tan grave. 

"La violencia es, en la mayoría de los casos, un mecanismo de respuesta ante un conflicto determinado. Y para el patriarcado no hay conflicto mayor que la pretensión de autonomía de las mujeres". Mientras siga la desigualdad en los derechos humanos va a ser muy difícil reducir esa violencia. Ya no solo este tipo de violencia sino cualquier otro. En mi opinión, el consumo de ficción violenta de forma tan generalizada, cuando el criterio de la gente es tan poco asentado, me parece un grave peligro. Es un mundo agresivo fundamentalmente masculino, solo recordar que el 93% de todos los homicidios en el mundo los cometen los hombres.

Isabel.



jueves, 13 de enero de 2022

EL PIANO ORIENTAL

Cada año, por estas fechas, P. me regala un cómic. Parece una tontería, pero es como regalarle un buen pescado a un pescadero. ¿Cómo lo escoge? ¿Cómo consigue encontrar tan fácilmente algo que yo no conozca y me guste? El caso es que lo hace y siempre me sorprende. Y este año, con El piano oriental, se ha superado. 

Las páginas de este libro suenan. Pío, pío, scrouitch, scrouitch, taca taca. La ilustración vibra de vida desde el primer dibujo. De vida y de amor. Y de belleza. Desborda fantasía e imaginación. Es uno de los cómics más bonitos y felices que he leído nunca. 

"Si existiese un metrónomo para el corazón humano, habría indicado que Abdalah era allegro, con repentinos picos de presto". Abdalah fue el bisabuelo de la autora y el creador del "piano bilingüe", un instrumento capaz de producir los cuartos de tono característicos de la música oriental, algo imposible para los pianos normales. Abdalah fue también, en el dibujo de su bisnieta, un pez volador tierno e hiperactivo, siempre sonriente. Porque en este libro los hombres pueden ser peces, y como peces hablan. Y habla la luna. Y hablan las corbatas. 

El piano oriental es un homenaje a un hombre que imaginó la música como un puente entre dos culturas, la libanesa y la francesa, la árabe y la occidental. Y es que es un privilegio que dos culturas formen parte de ti. Que dos idiomas se entrelacen en tu percepción del mundo y configuren tu sensibilidad y tu identidad. Que sean las hebras frágiles y valiosas de lo que eres. 

El piano oriental es una historia de amistad que cuenta cómo un allegro saltarín puede ser amigo del alma de un adagio con bigotes. Es preciosista y dulce. Sencillo y perfecto como un pájaro cantando contigo un aria de Mozart. Es abrir una ventana en París y escuchar el murmullo del mar. 





lunes, 10 de enero de 2022

VIOLETA Y BARRO (firma invitada)

Recordamos con angustia las novelas de posguerra que leímos hace años. Especialmente Nada, de Laforet, cuyo centenario de este año pasado la ha vuelto a poner en el centro de la literatura española de posguerra.

Pero el de Nada es un recuerdo angustioso. Con ese recuerdo amargo de una época durísima de nuestra historia, nos zambullimos en esta novelita maravillosa, Violeta y barro. Y con ella nos sacudimos la amargura y la angustia de esa posguerra urbana, para acoger la ternura de los personajes de esta novela que solo se entiende desde la sororidad y el amor. Una historia ambientada en una pequeña villa que nos hace imaginar en Cataluña, quizás cerca del Pirineo, porque aparecen montañas y partisanos y cuevas y huidas.

Desde un tono ligero y una carga poética en las descripciones de los personajes y la evocación de los diferentes pasajes, la autora, Alicia Rubio, nos presenta a una muchacha llamada Violeta que pasa de la infancia a la adultez con todos los despertares que van asociados a ese salto: el despertar sexual y también el de conocimientos. A través del hueco de su habitación, Violeta escucha las conversaciones de fuera e intenta descifrar los códigos del mundo adulto, un mundo que no llega a comprender del todo, pero que desea ardientemente conocer. Quiere ser adulta. Quiere que dejen de esconderle los secretos. Quiere saber.

Esta es una historia de posguerra con final feliz, aunque nosotros sabemos que no todos los finales de la posguerra lo fueron. Es una historia de clandestinidad y compromiso. De generosidad. De pobreza y hambre. De huida. Y siempre, en el centro de todo, la figura de una mujer valiente y ambiciosa, la maestra de Violeta y de muchas más mujeres y hombres del pueblo, que se agarró a las armas más poderosas de todas para enfrentarse a la desolación de los vencidos: la educación y el amor.

Violeta y barro se termina de leer con una sonrisa. Con el recuerdo de tantas personas que perecieron en la huida. Con el pesar de saber que las guerras dejan muerte y destrucción y las posguerras dejan hambre y dignidades intactas. Como la de Violeta y el resto de mujeres con las que convive. Como la dignidad de doña Pilar, la maestra, comprometida con la causa de la educación hasta las últimas consecuencias.




lunes, 3 de enero de 2022

EL PAÍS DE LOS OTROS

El lenguaje es un campo ilimitado, un terreno de juego inacabable que explorar. Ponerle vallas o vivir con las mismas palabras sin incorporar nuevas es como resignarse a vivir para siempre en el mismo metro cuadrado. Es construirse una jaula invisible que asfixia nuestros pensamientos. Algo parecido ocurre cuando leemos siempre el mismo tipo de libros. La repetición termina siendo tan satisfactoria como la rueda para el hámster. Esta novela de Leila Slimani ha sido para mí como un palo entre los radios de la rueda. Tras la caída, me he encontrado con un montón de palabras nuevas, palabras que me han abierto los ojos a nuevos espacios y sabores y colores, y que han pulverizado cualquier jaula lectora hecha por la costumbre que pudiera tener en mi cabeza. 

Mathilde, trasunto de la abuela de la autora, es una joven francesa, enamorada de Amine, un oficial marroquí que ha conocido en los últimos meses de la segunda guerra mundial. Cuando llega al Marruecos colonial en 1946 se encuentra un país inesperado. Todo le resulta diferente de aquello que había conocido hasta entonces. Tan diferente que, para poder describirlo, necesitaría palabras nuevas, todo un vocabulario liberado de su pasado para expresar las emociones, la luz cegadora, el estupor diario ante tanto misterio y tanta belleza. Mathilde podría trasplantar su cultura francesa en la colonia marroquí, podría tratar de mirar su nuevo hogar con sus ojos de alsaciana. Pero decide no hacerlo. Decide no mirar su nueva vida desde la jaula de sus costumbres. Y se arriesga a buscar palabras nuevas para describir todo lo que no comprende. Aprende árabe. Lo acomoda a su boca. A su volumen. A sus gestos. Aprende nuevas formas de vida, no sólo para apropiárselas sino también para combatirlas. Sobre todo cuando atentan contra la dignidad de las mujeres. Y aprende que el amor por la belleza es común a todas las personas en todas las partes del mundo, pero para que no se extinga y se convierta en indiferencia, es necesario aprender las palabras necesarias para expresarlo y compartirlo. 

El país de los otros es una novela épica de la intimidad. En eso me ha recordado a Hamnet, de Maggie O'Farrell. Las batallas se libran en las cocinas, en la penumbra de las habitaciones. El heroísmo se esconde en las manos de las madres que cuidan de sus hijos heridos. La revolución tiene más que ver con la angustia de los que se resguardan de la violencia que con el arrojo suicida de los que son capaces de inmolarse por una idea. 

También es una novela sobre el mestizaje, y la discriminación que siempre acarrea. A Amine le discriminan sus compatriotas por haber ido a luchar por una Francia colonial que les oprime y encima haberse casado con una hereje extranjera. Y le discriminan los colonos franceses porque, a pesar de todas sus condecoraciones de guerra, a sus ojos no deja de ser "el moro" al que cualquiera tutea. Mathilde, por su parte, siempre será la blanquita extranjera para los marroquís. Y, para los franceses, la que se rebajó a casarse con un "moro" y vivir en la pobreza. Cuando el nacionalismo señala al diferente, las parejas mixtas son siempre el blanco perfecto de la ira de los fanáticos. Y hace falta mucho amor para sobrevivir a tanto desprecio. 

Por último, es una novela sobre un pueblo que exigió libertad e independencia, pero no fue capaz de otorgársela también a las mujeres. Los hombres gritaron y se rebelaron, y la revolución triunfó. Las mujeres gritaron y se rebelaron, y ni ellas mismas lograron escucharse. Marruecos se independizó de la ocupación colonial francesa, pero las mujeres no consiguieron liberarse ni un poquito de la ocupación masculina de sus cuerpos y sus vidas. 

El país de los otros es la primera parte de una trilogía inspirada en la familia de la autora, y que abarcará probablemente todo el siglo XX. Su final abierto me ha dejado con ganas de más. Con ganas de seguir abriendo nuevos horizontes a mis lecturas. Con ganas de seguir rompiendo con la jaula de lo aprendido y seguir incorporando nuevas palabras y miradas a mi forma de ver el mundo. 






jueves, 30 de diciembre de 2021

EPISODIOS NACIONALES, SEGUNDA SERIE

Empecé en enero del año pasado. Me dije: es el año de Galdós, vamos a empezar por el principio. Y como Galdós es demasiado bueno para tener un principio, decidí que había que ser valientes y empezar a hincarle el diente a su obra más grande. Uno al mes, con dos meses de comodín para descansar, y en poco más de cuatro años me liquido sus episodios nacionales. Y aquí estoy, a un día de terminar este 2021 para rendir cuentas de cómo Galdós me ha llevado mes a mes por todo el infausto reinado del más infausto rey que ha tenido este país y cómo he disfrutado, un año más, cada minuto de lectura en su compañía. 

Tras la vuelta de Fernando VII a España tras el fin de la Guerra de la Independencia, empiezan las tensiones entre absolutistas y liberales, entre los que abogan por el poder de la Iglesia, la realeza y la Inquisición para salvar el país de la anarquía, y los que apuestan por el ideal ilustrado aprendido de los franceses para sacar a España del atraso y de la ruina. 

Y, por encima de cualquier ideología, la omnipresente corrupción, que Galdós describe con tan agudo deleite que parece que esté saboreando un banquete: "Gastar lo propio y lo ajeno, vivir a lo príncipe, y después encastillarse en la grandeza y dignidad de los títulos nobiliarios para rechazar el pago de las deudas como una ignominia... ¡Oh, qué delicioso país y qué incomparable gente!"

Y el humor, el humor, el humor siempre. Es algo que me fascina en estos diez libros. Aun en los capítulos más terribles asoma siempre la luz de la ironía y de la hilaridad, el placer al describir los momentos absurdos que sazonan la vida. Por ejemplo, la ironía torrencial de Memorias de un cortesano de 1815. Todo el episodio es una parodia perfectamente creíble de la forma de pensar y actuar de los funcionarios trepas y corruptos de la corte de Fernando VII, que amasan fortunas en nombre de la "monarquía absoluta, de la religión santísima y del sagrado mangoneo". Una sátira gigantesca sobre la forma de pensar de esa camarilla ambiciosa y reaccionaria que tiró por tierra la Constitución de Cádiz y que consideraban la democracia y la libertad como ideas diabólicas cuyo fin era la destrucción definitiva del mundo católico. Galdós siempre me ha parecido un maestro en pintar lo trágico a través de la burla y el esperpento, anticipándose en varias décadas a Valle-Inclán. 

Describe maravillosamente bien cómo ni un bando ni otro pensaba que pudiera haber alguna forma de diálogo o de consenso entre sus posturas enfrentadas: "Aquí se han de romper a hachazos las puertas de la tiranía para destruirlas, porque, si las abrimos con ganzúa o con su propia llave, quedarán en pie y volverán a cerrarse". La historia les enseñaría que ni siquiera con las puertas rotas la tiranía absolutista se rendiría y que correría rauda a construirse unas nuevas con las que dejar fuera durante otros muchos años las ansias liberales. 



Y, como en la primera serie, lo mejor a menudo son los personajes femeninos. La Jenara de Los Cien Mil Hijos de San Luis y, sobre todo, la Solita de toda la serie, conmovedor retrato de la abnegación y el sacrificio y la dulzura, un carácter más flexible, paciente y resistente que cualquiera de sus compañeros varones. 

La historia de esta segunda serie es la de un conflicto permanente alimentado por el odio entre los que creían en una política constitucional de garantías liberales y los que se aferraban al absolutismo del Antiguo Régimen. Una cultura de la persecución política y de la muerte, promovida por Fernando VII y su "programa de sangre y exterminio", con el lema "vale más ser verdugo que víctima, o ellos o nosotros. ¡Viva el Rey Absoluto! ¡Vivan las caenas! ¡Muera la nación!". Una lucha violenta y fraticida entre tradición y progreso que, jalonada por guerras, revoluciones y dictaduras, sigue dictando la vida política dos siglos después. 





lunes, 27 de diciembre de 2021

LA OCTAVA VIDA (PARA BRILKA)

Tienes que leerla, tienes que leerla, me repetía mi madre este verano, cuando, después de acabar esta novela monumental no podía dejar de pensar en ella. Y yo veía sus 1003 páginas y decía sí, sí, claro, y nunca me decidía a empezarla. Me asomaba a ella. Leía la contraportada y la biografía de la autora. Agarraba el volumen con las dos manos (con una sola casi te haces daño) y me decía: el mes que viene. La veía como un río turbulento de agua helada. Y no me equivocaba. Lo que no podía intuir era que una vez dentro no me iba a apetecer nada volver a la orilla. A ninguna orilla. Y que dejarme arrastrar por esta corriente (quién sabe adónde) ha sido una de las mejores decisiones lectoras que he tomado este año. 

Esta es una novela hecha de intuiciones, no de certezas. La historia arranca en el año 1900 y le sigue el rastro a seis generaciones de una familia a lo largo de un siglo escalofriante: un siglo rojo, violento y despiadado. Georgia, ese país caucásico que a muchos nos cuesta ubicar en un mapa, es el telón de fondo, y a la vez el protagonista indiscutible de esta historia. Minúsculo vecino de la todopoderosa Rusia, soleado y acogedor, amable y corrupto, siempre víctima del imperio de los zares, y luego de los bolcheviques, zarandeado y enjaulado tras el telón de acero, siempre soñando con otros continentes más abiertos al otro lado de su idílico Mar Negro. 

Con una fuerza y un aliento herederos de la mejor tradición literaria rusa, el tema central de La octava vida es la familia. Una familia herida por las guerras y los secretos. Herida de un amor que es como "un veneno lento e insidioso, pérfido y embustero, un velo arrojado sobe la miseria del mundo". Un amor que nos lleva al Moscú de las purgas estalinistas, al Leningrado sitiado por los nazis, a la Primavera de Praga, al Londres de los espías. Un amor que sobrevive a torturas y silencios, a exilios y muerte. Un amor alimentado por la memoria tenaz de unas mujeres para las que las historias familiares son el legado más íntimo y valioso que traspasar a sus descendientes. Un amor bendecido por una receta secreta de chocolate caliente transmitida de generación en generación, capaz de otorgar una dicha abrumadora y única a la vez que de condenar a una oscura maldición a quien se entrega a su placer. 

Estamos hechos de historias. De historias que hemos vivido, pero también de las historias de nuestros padres, tíos, abuelos. Y, sobre todo, de las de nuestras madres, tías y abuelas, que siempre han velado por ellas con más mimo y han sabido valorarlas mejor que sus compañeros varones. Historias contadas en voz baja en cocinas apagadas, en forma de cuentos para antes de dormir, en viejos cuadernos llenos hasta los márgenes de letra redonda y temblorosa. Todas las historias de nuestras familias conforman las nuestras, les sirven de molde, acogen su volumen. Esa tradición oral depositada en nosotros nos atraviesa e ilumina los gestos, las expectativas, las sensibilidades, los miedos. Nos da un hogar común y un lugar único en el mundo. Un hogar que no tiene por qué ser siempre un lugar físico. A veces no es más que un estado de ánimo. El tacto de la arena mojada de la playa cuando hundes mucho las manos. Una risa en la que te reconoces. El estribillo de una canción. La novela lo cuenta: "la infancia se guarda en las propias costillas, en la raíz del pelo, detrás de las orejas y en la risa". 

La octava vida es un intento de explicar una familia a través de sus historias secretas. Quizá porque, en palabras de la narradora, "Georgia es un país que siempre se ha mirado a sí mismo con ojos ajenos", la autora ha querido encontrar unos ojos propios con que mirarse. Y vaya si los ha encontrado. 





miércoles, 22 de diciembre de 2021

NUESTROS DIEZ FAVORITOS INFANTILES 2021

Niños y niñas, aquí llegan nuestros diez favoritos infantiles. Diez aventuras muy locas, muy bonitas y muy especiales para empezar el 2022 llenos de ilusión. 

Por nuestros diez favoritos desfilan animales desconocidos que no por ello tendrían que ser intrusos, cocodrilos playeros, ratones escolares, perros violinistas, niñas soñadoras. También hay un niño al que le cuesta pronunciar palabras, excepto cuando está cerca de un río. Y estaciones que se van a dormir cuando llega la siguiente. Y mucho, mucho más. 

Niños y niñas, preparaos, porque este año os volvemos a llevar de viaje por los mundos de fantasía y realidad que pueblan nuestros diez favoritos infantiles.

¡Cosecha Benedetti!



1. Los intrusos, de Susanna Isern y Sonja Wimmer (Tierra de Mu, 16,50€). 

Una mañana, los animales del bosque se despertaron sobresaltados: ¡unos intrusos habían entrado en su tierra! Eran grandes y sus pieles eran de colores raros. Tenían que haber llegado de muy lejos porque nadie los había visto jamás. Eran extranjeros. ¡Intrusos! Y algo tendrían que hacer. 
"Deberíamos hablar con ellos y pedirles que se vayan. ¡Aquí no hay sitios para todos! -concluyó Rana. Y así lo hicieron". 
Susanna Isern y Sonja Wimmer unen palabras e ilustraciones para contar una historia universal que siempre se repite: cuando expulsamos a los que vienen de fuera con la excusa de que en nuestra tierra no hay sitio para todos, olvidamos que antes o después los intrusos podremos ser nosotros. Y siempre saldremos perdiendo. 
A partir de 5 años. 


2. Un día en la playa, de Eva Montanari (Juventud, 13€). 

Un día en la playa no está completo si no empieza con el sol diciendo ¡buenos días! Y si no sigue con unas tostadas haciendo crunch y el timbre de una bici haciendo ring ring y la camiseta ziuu y la crema solar fresquita cayendo chof ¡y una ola grande grande haciendo chaaf! Y los brazos de papá cocodrilo haciendo aúpaaa...
Un libro de hojas de cartón para que los más pequeños vivan un día en la playa lleno de emociones y onomatopeyas de la mano de un mini cocodrilo encantador. 



3. Ratones en la escuela, de Oli y Natalia Colombo (Kalandraka, 13,00€).

Ya el año pasado nos enamoraron estos ratones en un viaje espectacular (Ratones de viaje). Y este año han vuelto con ganas de armar jaleo y pasárselo rebién en su primer día de cole. Igual que el anterior, es un cuento para muy peques, y no sólo porque los encantadores ratoncitos que lo protagonizan son diminutos, sino porque está escrito con una rima que no te suelta y no hay que hacer nada para que por sí solo pueda transformarse en canción. Aviso para madres y padres: estos ratones pueden dar más de una idea loca muy loca pero loquísima de verdad para convertir la escuela en un mundo de fantasía. 


4. El oso, el piano, el perro y el violín, de David Litchfield (Blume, 12,90€).

Un perro enamorado de un violín. Un oso pianista increíblemente famoso. Un viejo músico que ha perdido su sueño. Y una gira mundial para unirlos a los tres en la distancia, a través de la música, de la amistad y de un sueño hecho realidad. En este luminoso álbum ilustrado, David Litchfield recupera los personajes de El oso y el piano para llevarlos hacia nuevos caminos gracias a la magia de la música. Con una ilustración llena de luz y de imaginación, esta historia pone a prueba la amistad entre dos seres entrañables, unidos por un viejo violín y por la fuerza de la música para llenar la vida de energía y para unir a las personas cuando más lo necesitan. "Y es que la buena amistad, como la buena música, dura para siempre". 
A partir de 4 años. 



5. Un año de buenas noches, de Lisa Aisato y Haddy Njie (Destino, 13,95€).

Cada estación del año tiene su personalidad. Cada una esconde una promesa, regala un tesoro y se guarda una semilla en la palma de la mano. Con ella, volverá a visitarnos cuando transcurra un año y acabe su largo sueño. 
Cada estación del año se despierta cuando las otras tres duermen. Y se duerme cuando la siguiente recoge su relevo. Siempre es así, se van siguiendo en este juego de despertares y sueños. Como tú, que mientras escuchas esta historia estás despierto, pero pronto, muy pronto, estarás durmiendo. 
Un cuento espectacular de una de nuestras ilustradoras favoritas: Lisa Aisato. 
A partir de 3 años. 


6. Flores salvajes, de Liniers (Impedimenta, 20€).

¡Tres niñas han sufrido un terrible accidente de avión! ¡Y han ido a parar a una isla desierta! 
¿Desierta? Eso habrá que comprobarlo. Las tres empiezan a investigar. ¿Habrá mariposas en la selva? ¿Y si también viajaban en el avión y se han estrellado como ellas? No, las mariposas no viajan en avión. Lo que sí encuentran es un gorila que vive en una cabaña diminuta en el tronco de un árbol. 
Y un dragón terrible terrible terrible cuya comida favorita son las flores salvajes. 
Y nieve que sabe a palomitas. 
Y una tristeza rara como de echar de menos a alguien sin saber a quién. 
Y es que la selva, y las flores salvajes, y las islas desiertas siempre te hacen sentir cosas especiales, aunque no las entiendas. 
A partir de 5 años. 



7. Freedom!, de Jennifer Dalrymper y Justine Brax (Edelvives, 21,90€).

Freedom! tiene un formato grande de libro ilustrado, está pensado para niños y niñas a partir de unos ocho años, y cuenta la vida de Harriet Tubman y la red de liberación de esclavos. Tubman nació en el sur de Estados Unidos en 1820, o quizá en 1822, hija y nieta de esclavos, y gracias a la red del Ferrocarril Subterráneo consiguió escapar hacia los estados del norte. Una vez a salvo, decidió dedicar su vida a salvar a todos los que pudiera del infierno que ella había vivido. "He escuchado la ira y los lamentos de los esclavos, y he visto sus lágrimas. Daré hasta la última gota de mi sangre para liberarlos". 
Un libro impresionante. 



8. Hablo como el río, de Jordan Scott y Sydney Smith (Libros del Zorro Rojo, 13,90€).

¿Qué ocurre cuando las palabras se quedan atascadas y echan raíces dentro de tu boca cada vez que intentas hablar? Quizá sea necesario un cambio de perspectiva para que las palabras fluyan. Esto es lo que vive el protagonista de Hablo como el río. «Me despierto cada mañana con los sonidos de las palabras a mi alrededor. Y no puedo pronunciarlas todas». El poeta canadiense Jordan Scott ha escrito, desde su propia experiencia, un libro poderoso que destila autenticidad para describir lo que siente cualquier niño que se sienta solo o incapaz de encajar. Las acuarelas de Sydney Smith envuelven al lector en un crisol de emociones: desde la ansiedad claustrofóbica de un aula, en la que se convierte en el centro de atención sin desearlo, hasta la belleza sobrecogedora de los destellos naturales sobre el agua.
A partir de 6 años. 



9. ¡Hola, faro!, de Sophie Blackall (Lata de sal, 15,50€).

Este libro es una belleza. Por la ilustración y por el formato alargado y vertical que se estira hacia arriba como un faro. Cuenta la historia de un farero y su familia, de ese trabajo que parece salido de otra época y que enciende la imaginación de tempestades, barcos y todo tipo de fantásticas aventuras submarinas. La luz del faro ilumina icebergs y ballenas, naufragios y auroras boreales. Centinela de las noches más oscuras, la luz del faro alerta de todos los peligros, guiando a los barcos en la oscuridad. Y de todo queda constancia en el cuaderno de bitácora del farero. 
Todos hemos visto algún faro por fuera. Pero, ¿cómo son por dentro? ¿Qué hacen los fareros que los habitan? ¿Están solos o con sus familias? ¿Se pasan el día subiendo escaleras? 
Este cuento cuenta una historia preciosa de otro tiempo. Una historia de amor y cuidados. De vigilancia y belleza para imaginar nuestro tiempo. 
A partir de 5 años. 


10. Bajo tu sombra, de Teresa Franquesa y Sigrid Martínez (Combel, 15,90€).

Cuando miras un árbol, ves en él el hogar de animales, el alimento de muchos seres vivos, la sombra bajo la que descansamos, un productor de frutos y semillas... ¡Puede ser todo esto y mucho más! Y para ti, ¿qué es un árbol? Levanta la solapa gigante y... ¡sorpresa! Una invitación para observar el entorno con escenas repletas de vida.
A partir de 3 años. 




lunes, 20 de diciembre de 2021

NUESTROS DIEZ FAVORITOS 2021

La verdad es que este año lo tuvimos claro muy pronto. Leímos libros tan fantásticos durante el primer semestre, que para el verano esta lista ya estaba casi cerrada, a la espera de las sorpresas que nos pudiera deparar la recta final del año. Y sorpresas ha habido, por supuesto. Por ejemplo, la de un Hermanito que nos ha llevado a un viaje maravillosamente aterrador y que nos ha robado el corazón. O la de una campiña inglesa en la que desaparecer con la exquisita escritora de misterio Josephine Tey y aprender si es verdad que se puede a la vez amar y ser sabio. En esa misma campiña ya nos habíamos emocionado hasta las lágrimas con la familia de Shakespeare, y, cruzando el Canal de la Mancha, nos esperaban más lágrimas, mezcladas esta vez con una risa contagiosa, con la viejecita desmemoriada de Delphine de Vigan. Hemos viajado mucho también por Estados Unidos, recorriendo sus heridas identitarias y el racismo que sigue a día de hoy impidiendo que sigan cerrándose. Y para terminar, nos hemos ido desde un pueblito de Toledo donde una familia se reencuentra, hasta la China de Mao y la guerrilla colombiana, pasando por un vuelo continental que sólo puede explicarse con la ciencia ficción divertida, elegante y facilísima de leer de Hervé Le Tellier. 

Siempre lo decimos, pero no está de más recordarlo: pensamos que jerarquizar el gusto es un despropósito. Así que nuestra lista de favoritos, año tras otro, no sólo no es jerárquica (tan bueno es el primero como el décimo) sino que ha estado cambiando hasta el último momento y seguirá cambiando a partir de enero, a medida que vayamos enamorándonos de nuevas lecturas.

Aquí están, por méritos propios, nuestros diez favoritos de 2021. 
¡Cosecha Benedetti!



1. Hamnet, de Maggie O'Farrell (Libros del Asteroide, 23,95€).

Qué preciosidad de novela. Quizá la más profunda, la más conmocionante de esta lista. Hay poesía y belleza en cada página. En cada paso que nos lleva a la vida de la familia de Shakespeare y de ese hijo, Hamnet, cuya vida perduraría misteriosamente en las tablas de todos los teatros del mundo. Esta es una novela histórica sin batallas ni héroes, sin gestas ni acción. Una novela histórica sin la adrenalina viril de las epopeyas. Está hecha con las entrañas de la intimidad, de lo cotidiano, del dolor de la pérdida y de las emociones salvajes y profundas que, como placas tectónicas, mueven el mundo. 


2. Las gratitudes, de Delphine de Vigan (Anagrama, 18,90€).

Tres personajes. Casi todo diálogo. Una residencia en la que una viejecita empieza a perder las palabras. Dos jóvenes conjurados a rescatarlas del olvido y contar una historia en la que se reconozcan. Delphine de Vigan ha escrito una novela emocionante, de una sensibilidad exquisita, sobre la pérdida y sobre la necesidad de expresar la gratitud. Sobre la urgencia de rescatar las palabras que nunca nos decimos, esas que siempre se quedan mudas y desordenadas en el borde del pudor, para tendernos las manos y tocarnos y decirnos, al final de todo: gracias.  




3. Hermanito, de Ibrahima Balde y Amets Arzallus Antia (Blackie Books, 17,90€).

El viaje más impresionante que hemos hecho este año sale de Guinea Conakry y termina en Irun. Aunque, como todos los viajes importantes, este no ha hecho más que empezar. Ibrahima salió de su casa buscando a su hermano pequeño, que había desaparecido rumbo a la quimera europea. Buscándole sufrió todo tipo de situaciones, vivió al límite de lo que puede aguantar un ser humano, y también encontró belleza. Y amistad. Y gratitud. Su voz es una enseñanza y un regalo. Un camino de luz en la profundidad del bosque. 



4. La calle, de Ann Petry (Seix Barral, 21,00€).

La realidad que describe Ann Petry es un abismo aterrador. Un abismo al que la mayoría no estamos dispuestos a asomarnos y que sigue existiendo, maquillado y embellecido por un siglo XXI de aparente progreso, pero en esencia el mismo. Escrita en 1947, La calle vendió más de un millón de ejemplares y se convirtió en un fenómeno social. Es un clásico estadounidense que da un puñetazo en la mesa y grita basta. Basta ya de condenar a las mujeres a esta espiral de violencia. Basta de vender un sueño americano que sólo pueden hacer realidad aquellos que nacen con la piel blanca y muchos ceros en la cuenta del banco. 




5. Llévame a casa, de Jesús Carrasco (Seix Barral, 19,90€). 

Esta novela de Jesús Carrasco abandona los escenarios apocalípticos y extraños de Intemperie y La tierra que pisamos y nos sitúa en un pueblo de la provincia de Toledo, uno de esos pueblos de los que la juventud ha desertado y cuyos habitantes ven pasar su vejez rumiando sus reproches hacia esos hijos que no les visitan. 
Esta novela te sacude, te zarandea. Porque tras los padres que describe están los padres o los abuelos de casi todos nosotros, hombres y mujeres que esconden tras su natural brusquedad la necesidad de saber que cuando empiecen a perder pie sus hijos van a acudir a sostenerlos, una ilimitada necesidad de apoyo y de cariño que a las generaciones más jóvenes a menudo nos cuesta mucho ver. 



6. Volver la vista atrás, de Juan Gabriel Vásquez (Alfaguara, 19,90€).

Hay vidas anodinas que algunos escritores, a fuerza de trabajarlas y darles ritmo y profundidad con su talento, consiguen convertir en obras maestras apasionantes. Y luego hay vidas tan apasionantes de por sí que, para que se conviertan en obras maestras, los escritores tienen como que amansarlas y reducir todos sus relieves para que quepan en la estrechez de la literatura. La historia que contiene este libro es de las segundas. De las que se desbordan, de las que hablan y seducen por sí solas, y Juan Gabriel Vásquez ha tenido el talento y la sabiduría de acompañarla y guiarla en su novela para que nos llegue como si fuera la más exquisita ficción.



7. Amar y ser sabio, de Josephine Tey (hoja de Lata, 21,90€). 

Reconocemos que este verano nos ha dado por el noir y la trama detectivesca. En este caso, hemos acompañado al inspector Alan Grant a un pueblito de la campiña inglesa lleno de grandes figuras de la cultura británica, incluida su amiga Marta Hallard, quien le ayudará a solucionar el misterio de la desaparición de Leslie Searle. Como ocurre en la mayoría de novelas de misterio, nada parece ser lo que en realidad es y casi todos los personajes tienen motivos para haber hecho desaparecer al joven y hermoso Searle. Ya son varias las clientas que nos piden novelas de misterio sin muertos y esta es un ejemplo magistral en la que muere un personaje, pero no una persona. Y hasta ahí podemos contar. 



8. La anomalía, de Hervé le Tellier (Seix Barral, 20,50€). 

Un día de finales de junio de 2021 llega un avión a Nueva York procedente de París. Es el mismo avión que ya llegó a mediados de marzo. Pero el mismo el mismo. Misma tripulación y mismos pasajeros, que creen que están en marzo, porque en marzo se subieron a ese Boeing 787 en París, vestidos de invierno. Han pasado seis horas del embarque y cuando llegan a suelo americano, tras unas turbulencias nada normales, es verano. Y no sólo es verano. Es que nadie puede entender que existan.
¿Qué hace toda esa gente dentro de ese avión llegando otra vez a Nueva York casi tres meses después? 
Esta novela nos ha estallado la cabeza. Tanto que ni siquiera sabemos resumirla con coherencia. Y es que coherencia tiene, y mucha, aunque sea tremendamente loca. Está construida a la perfección, como cubos de lego que van encajando unos con otros con naturalidad hasta formar esta escultura fantástica de ciencia ficción. 



9. Más allá de mi reino, de Yaa Gyasi (Salamandra, 21,00€). 

Relaciones familiares, enfermedad mental, religión y racismo son algunos de los temas de esta novela que hemos disfrutado muchísimo y nos ha hecho escribir y pensar sobre lo que nos hace humanos. Siempre buscaremos ampliar el límite de lo posible, la adrenalina del riesgo, aun a costa de nuestra salud e integridad. Siempre buscaremos el amor de nuestra familia, aun a costa de vivir en una pelea constante. Siempre aspiraremos a algo más, a una trascendencia que nos lleve más allá de este reino animal en el que nos movemos y que nos ata a nuestra fragilidad. 


10. La mitad evanescente, de Brit Bennett (Literatura Random House, 19,90€).

Stella y Desiree Vignes son gemelas con la piel especialmente clara. Sus deseos de ver mundo y escapar a las vidas sin horizontes que la década de los sesenta les depara en Mallard, las impulsan a huir a Nueva Orleans, la gran ciudad, para buscar fortuna. Y pronto se dan cuenta de que su negritud a menudo se reduce a una cuestión de actitud, que para convertirse en blancas de verdad quizá baste con levantar bien la barbilla, mirar a los ojos y taconear fuerte, entrar a la biblioteca pública por la puerta principal como si llevaran toda la vida haciéndolo, vivir como si la segregación fuera un detalle que no les incumbiera. Si para dejar de ser negras basta con fingir que lo son, quizá la tentación de dejar de ser discriminadas acabe siendo demasiado fuerte. Un librazo sobre la identidad racial en un Estados Unidos roto por la discriminación. 








jueves, 16 de diciembre de 2021

UN PAÍS CON TU NOMBRE (firma invitada)

El país con tu nombre del título de la última novela de Alejandro Palomas es una cabaña en un bosque, es un sueño cumplido, es la valiente decisión de vivir los últimos años de una vida sin pedir permiso, sin depender de nadie y sin crear dependencias en nadie.

El país con tu nombre es un país donde los males que le aquejan a una elefanta son comprendidos por una niña porque ambas han sentido la pena profunda del abandono desde la inocencia, sin comprender por qué pasa algo, pero sabiendo que ocurre.

Ese país con tu nombre es un recuerdo del amor vivido y un sprint final hacia los últimos años de la vida. Es una hija con sueños sin cumplir y una relación de apegos feroces, robándole a Gornick el sintagma, que tan adecuado y preciso me resulta siempre para describir eso que sucede en lo más profundo del núcleo vital que se crea entre una madre y una hija.

No había leído el anterior libro de Palomas, y me dejé llevar por la cariñosa recomendación de Mercedes Corbillón, librera amiga que aparece en la hoja de agradecimientos de esta novela. Y he encontrado en este Palomas un tono nuevo e inesperado. Un híbrido entre la melancolía y el carpe diem. Un grito de vitalidad en dos personajes solitarios que son como imanes atraídos por la soledad del otro.

La amistad de Edith y Jon es una de las más hermosas que me he encontrado últimamente en una novela. Y a mí me gustaría poder llegar al final de mi vida cerca de un amigo como Jon y mantener intacto un sueño hasta entonces para poder cumplirlo con la energía con la que se entrega Edith al suyo.

Un país con tu nombre aúna lo mejor del Palomas de siempre –con un manejo fantástico de la psicología de los personajes y un amor incondicional por la vida de los animales– con lo nuevo de un Palomas más íntimo y más intimista que nunca.

Un libro que merece mucho la pena ser leído.




lunes, 13 de diciembre de 2021

FEMINISMO PARA PRINCIPIANTES

Siento que desde que nací debo de tener el feminismo grabado en mi ADN, porque no puedo recordar un momento en el que tomara conciencia de algo que para mí es sinónimo de justicia, de equidad, de una cultura de paz frente a otra cultura, la del patriarcado, palabra que se deriva de mandar y de padre, que implica privilegios y poder sobre los demás. 

Durante años tuve una clara sensación de que avanzábamos con muchas dificultades por la resistencia de los hombres a compartir los derechos humanos, reflejados en tantos manifiestos firmados por tantas naciones, aunque siempre pensé cuánto esfuerzo y cuánta violencia estaba costando, miles y miles de mujeres asesinadas, violadas, maltratadas. Pero ahora, por desgracia, estamos en un punto de involución por el avance de las ideas de la ultraderecha en tantos países, incluido el nuestro, que tergiversan y manipulan un movimiento transversal que no para de evolucionar (vamos ya por la cuarta ola).

Me he sentido siempre tan feminista que nunca pensé en la necesidad de leer lo que yo tenía tan interiorizado. Hasta ahora que un grupo de amigas me pidieron que hiciera un resumen de lo que había sido el movimiento feminista desde aquellos tiempos en que Mary Wollstonecraft, la madre de Mary Shelley, publicó su Vindicación de los derechos de la mujer (Un año antes Olympe de Gouges había escrito la Declaración de los Derechos de la Mujer y la habían ejecutado). Para ello acudí a un libro ya clásico, Feminismo para principiantes, de Nuria Varela, y me ha entusiasmado.

He profundizado en lo que han significado las distintas olas. La primera, liberal. La segunda, socialista. La tercera, radical, con una toma de conciencia de que no hay un modelo único de mujer, sino muchos determinados por cuestiones sociales, étnicas, de orientación sexual, religión, ecofeminismo o una visión positiva de la sexualidad tan denostada durante siglos. Y la cuarta, en la que estamos ahora, se ha diversificado más contra el acoso sexual, la violencia o los vientres de alquiler. Al grito de "Ni una menos" y "Me too", se ha producido un movimiento de apoyo mundial en manifestaciones multitudinarias en muchos países, especialmente en Estados Unidos, América Latina y Europa.

Los que ridiculizan y menosprecian esta revolución pacífica, la más importante de los últimos siglos, aluden entre muchas inconsistencias a la superioridad moral que dicen que nos atribuimos. Si observamos datos objetivos, siento que esa superioridad está justificada: el 93% de los delitos que se comenten en el mundo los cometen hombres, sólo hay un 7% de mujeres condenadas, en su mayoría por problemas de transporte de droga, delito que cometen para paliar la miseria en la que viven con sus familias. La violencia es una de las peores lacras, y son los hombres en su inmensa mayoría quienes la practican. Afortunadamente siempre ha habido hombres maravillosos, como Poulain de la Barre que en 1673 escribió Sobre la igualdad de los sexos, o John Stuart Mill que, junto a su mujer Harriet Taylor, defendió el derecho de las mujeres. El lastre de la masculinidad tradicional también la sufren ese numeroso grupo de hombres que tienen conciencia feminista y a los que tenemos que agradecer su posicionamiento al lado de la justicia.

Este libro contiene tanta información valiosa y tan amena que debería ser de obligada lectura en institutos y universidades. Mientras tanto, lo recomiendo vivamente como regalo para estas próximas navidades. Yo lo voy a regalar, sin duda.


Isabel Sancho.