Me encanta Mary Beard. Es erudita, divertida, cercana, apasionada y transmite una humildad que a menudo se echa de menos en quienes escriben sobre historia desde lo alto de sus muchas lecturas. Quizá porque a Beard nunca le han interesado las alturas y donde disfruta más en el pequeño mundo cotidiano que bulle de vida a ras de suelo, logra transmitir como muy pocos todo lo que nos conecta con el mundo antiguo. Para mí es una maestra. Un referente humano. En todos sus libros, y en este en especial, busca la vida cotidiana en la Antigüedad para convertirla en reflejo de nuestra propia vida cotidiana. Un reflejo que nos devuelve una imagen perturbadoramente reconocible.
Pone el foco en la humanidad que compartimos y que no ha cambiado tanto en dos mil años, y nos enseña a mirar la historia con curiosidad, con asombro, con preguntas y con perspectiva. Y nunca con veneración, admiración o exaltación, como está de moda en estos últimos años con el auge de la literatura y el ensayo histórico con perspectiva patriótica y nacionalista.
El ataque de risa de un senador ante la exhibición ridícula de poderío del emperador Cómodo, o las inscripciones vulgares y divertidísimas en las paredes de una taberna de Pompeya, a menudo nos acercan más al mundo clásico que las mejores obras literarias que parece que todo el mundo debería haber leído. Y aun así, Mary Beard nos recuerda que nunca conseguiremos salvar la distancia que nos separa del mundo antiguo. La asombrosa cercanía que podemos vislumbrar en ciertas anécdotas y restos arqueológicos nunca disipará la asombrosa distancia que nos separa de aquella sociedad, no solo en tiempo sino en valores, costumbres o desarrollos tecnológicos.
«Reconocer el carácter humano compartido a través de los siglos produce un inmenso placer y un cierto alivio. Pero, al mismo, aquellas personas del pasado remoto eran también profundamente diferentes, de una manera que hoy resulta casi imposible de comprender». «Cómo reconciliar la familiaridad del pasado con su desconcertante singularidad» es uno de los retos que se ha propuesto a lo largo de toda su carrera y que en este libro desarrolla muy bien.
En un mundo donde es tan habitual que los lectores lean para buscar respuestas y certezas, Mary Beard ofrece preguntas nuevas que quizá no habíamos imaginado antes. Su enfoque no puede ser más estimulante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario