Qué humanidad la de Sally Carson, qué compasión, qué capacidad tuvo para describir la felicidad de una familia en cada gesto de expectación. Porque esta novela, a pesar del tema que trata, está llena de felicidad. Una felicidad alimentada de un sinfín de expectativas cotidianas y preciosas que no saben que pronto, muy pronto, van a estallar todas por los aires.
La británica Sally Carson (1902-1941) tenía poco más de treinta años cuando escribió esta novela. Narra, prácticamente en tiempo real, seis meses en la vida de una familia del sur de Alemania. Los seis meses que van desde la navidad de 1932 hasta el verano de 1933. Seis meses que cambiaron radicalmente la historia de Alemania. Se nota que conocía la zona, cercana a los Alpes, donde sitúa la historia. Un paraje precioso, pacífico, con una rudeza alegre que impregna el carácter de la gente y que se ha convertido casi en un estereotipo de los bávaros. Y me parece de una inteligencia fascinante su forma de contar cómo pueden convivir y entrelazarse el paisaje más idílico y el auge imparable del nazismo en la vida cotidiana de una familia que, aparentemente, desprende felicidad por los cuatro costados.
Los hermanos de Lexa, Helmy y Erich, comparten con Moritz, el prometido de Elsa, «ese desasosiego cuya energía aguardaba preparada para que una mano firme la encauzara». Para Helmy y Erich esa mano firme será la del partido nazi. Para Moritz, judío y acusado de simpatías izquierdistas, esa misma mano firme le cerrará todas las puertas, le echará de su trabajo y le señalará como paria, como culpable, como enemigo.
Sally Carson nos cuenta que las ideas del partido nazi permearon antes en las familias y en sus conversaciones cotidianas que en el apoyo real del electorado. Antes de acceder al poder y de tomarlo luego por la fuerza, muchas de sus ideas ya habían arraigado en una parte importante de la población que, gracias a ello, soportó como un mal menor, o incluso no vio con malos ojos, sus actuaciones violentas.
Estremece pensar que lo estaba contando en el mismo momento que ocurría. Que estaba contando algo que casi nadie se atrevía a ver. Y mucho menos contarlo. ¿Qué palabras servirían? ¿Cómo explicar que familias enteras, en muy pocos meses, se conviertan en baluartes del partido nazi? Familias felices, generosas, equilibradas. Familias a las que cualquiera querría pertenecer. Familias con ideas genocidas.
Tras el nombramiento de Hitler como canciller, a finales de enero de 1933, el país entró en una fiebre descontrolada. «Incapaz de conciliar el sueño, Alemania se despertó con los gritos eufóricos de los nazis, las amenazas furiosas de los comunistas y los vaticinios aterrados de los judíos». Sally Carson nos cuenta una historia de amor en un país que se ha vuelto una pesadilla. Una pesadilla que enseña los dientes en un desesperado intento por agarrarse a un orgullo, a una pertenencia que va construyendo su jaula, barrote a barrote, hasta encerrar a todo un pueblo en una ideología asesina.