lunes, 26 de septiembre de 2022

ESTADO DEL MALESTAR

Lo que hace una voz. Nina Lykke podría dedicar una novela a hablar exclusivamente de los hábitos reproductivos de los cangrejos cocoteros y me tendría ahí pegado a su historia como un niño delante de una final del mundial de fútbol. Su voz cuenta desgracias dolorosas riéndose de sí misma pero sin acritud. Y nos interpela a todos, a todos los que hayamos temido alguna vez que nuestra pareja nos deje, o que hayamos sentido la pulsión de dejar una vida ordenada y estable por la adrenalina de un amor imposible que vive más en el recuerdo o en el sueño que en ninguna realidad. 

Nina Lykke hace un retrato de una clase media acomodada que no encuentra un propósito para su vida. O, mejor dicho, que tras veinte o treinta años de cumplir lo que pensaba que era su propósito, se encuentra de repente decepcionada con que la vida se reduzca a eso y no haya márgenes para explorar lo desconocido. Y, dentro de esa clase media, cuenta la historia de una mujer médica de familia que ha dedicado su vida a escuchar el dolor de los demás para tratar de paliarlo y siente que, a pesar de la angustia vital que soporta, tiene que estar constantemente agradecida por la suerte que ha tenido. "Has nacido con la sensación de arrastrar una deuda y esa sensación te seguirá hasta la tumba. Tienes que aprender a vivir con ella como la gente vive con el duelo. Paso a paso, poco a poco". 

Me ha gustado mucho la descripción que hace de los pacientes en la consulta. Sus rarezas, sus fobias, sus terrores, que a veces parecen totalmente extravagantes e infantiles pero que provocan una desesperación muy real, una devastación muy seria en su salud. Qué fácil es reírse de ellos y, a la vez, qué necesario es tener la capacidad de imaginar su origen para tratar de sanarlos. Quizá todos somos igualmente frágiles, pero cada fragilidad tiene una forma distinta de enfrentarse a las agresiones. "Este cuerpo, esta cáscara indefensa que nos rodea y desde la que vemos el mundo". 

El malestar que describe esta novela es un síntoma de nuestra época. El desasosiego indefinido, la insatisfacción crónica, la culpa por que la abundancia no termine de hacernos felices, la sensación de vivir nuestra vida desde fuera, de no conectar profundamente con nadie, de no pertenecer a nada sólido. Y la necesidad de huir para buscar una respuesta. La protagonista está cansada de ser buena y cede a la tentación de transgredir las normas, aunque solo sea porque "todo el mundo tiene un punto débil, un punto ciego, un ángulo muerto, una zona sin vigilancia. Una zona que no sabemos que existe hasta que alguien la encuentra y entonces ya es demasiado tarde". 

Nina Lykke podría haber escrito sobre cualquier tema y sospecho que me habría gustado igual. Pero es que ha escrito sobre este tema. Un tema que nos afecta de tantas maneras a todos. Y si alguien piensa que está a salvo de todo lo que le pasa a la protagonista de esta novela y siempre lo ha estado, me temo que es porque no se ha mirado hacia dentro con la suficiente profundidad. 




lunes, 19 de septiembre de 2022

LA AUTOPISTA LINCOLN

Era difícil, muy difícil, escribir una novela a la altura de Un caballero en Moscú. ¿Cómo igualar el carisma del conde Rostov, encerrado durante tres décadas en el Hotel Metropol? ¿Cómo encontrar un personaje así, un espíritu tan libre, ingenioso, elegante, imaginativo, bondadoso y audaz? Mis expectativas con La autopista Lincoln estaban por las nubes, y leer con unas expectativas así es caminar constantemente por el filo de la decepción. Todo lo que no rozara la perfección iba a resultarme un chasco. Y no sé cómo, porque esta historia nada tiene que ver con la anterior, no sé cómo lo ha hecho Amor Towles, pero he llegado a la última página de este nuevo viaje con la misma sensación de plenitud que ya tuve con el anterior. La misma maravilla, el mismo deslumbramiento, las mismas ganas de irme a vivir con estos personajes, en este caso a su ansiada California, para ayudarles a construir sus sueños. 

"La vida en un correccional está pensada para atontarte. Te despiertan al amanecer, te obligan a trabajar hasta el ocaso, te dan media hora para comer, media hora para descansar y luego apagan las luces. Se supone que no debes ver más allá del sendero que tienes por delante, como los caballos con anteojeras de Central Park. Pero si has crecido rodeado de artistas itinerantes, es decir, entre ladrones y estafadores de poca monta, nunca llegas a atontarte del todo". 

De correccionales trata también esta novela. De infancias abandonadas, que sufren por el secuestro de un internamiento estatal pensado para atontarlas y alejarlas de cualquier mal hábito. De niños sensibles, demasiado sensibles, quizá, para la aspereza de la vida estadounidense de los años 50, que, sin embargo, nunca dejan de desear a lo grande y de reclamar su derecho a perseguir sus sueños más locos. 

Amor Towles tiene un don especial para crear personajes infantiles inolvidables. En La autopista Lincoln la estrella para mí es Billy, un niño de ocho años que viaja siempre con un libro gastadísimo de tapas rojas, una antología de viajes reales e imaginarios con la que construye su mundo real. Billy es un homenaje a lo excepcional, al poder de la candidez y la bondad para salvarnos de cualquier desgracia y ensanchar los límites de lo que somos capaces de imaginar. 

La autopista Lincoln es un viaje. Como cualquier vida. Y, con una sonrisa, nos recuerda que todo viaje, como cualquier vida, tiene que estar abierto a lo inesperado para ser verdaderamente disfrutado. 




lunes, 12 de septiembre de 2022

LAS INFANCIAS SONORAS

La infancia suena. Suena en la voz de los niños que vienen estos días por la librería en busca de sus nuevos libros y lápices y gomas y cuadernos para empezar el nuevo curso. Suena en la mirada cómplice de Larisa cuando, después de haber hablado un ratito de libros y del olor irresistible de la pastelería de la esquina, vuelve a la librería con una porción de tarta de queso para que mi tarde pase más rápido y más feliz. Suena en mi cabeza con melodías imprevisibles con cada trocito que voy comiendo a escondidas entre cliente y cliente, y con cada poema que leo, también a escondidas, de este librito minúsculo que suena como suena la infancia en los que nunca llegaron a desprenderse de ella. 

Ver el mundo con ojos de niño es un privilegio. Un privilegio extraño y difícil. Porque, como adultos, tenemos memoria de la infancia. Y añorar la infancia es un poco así como matarla. Los niños no añoran, los niños desean. Los niños anhelan, aspiran, exigen. Mirar con ojos de niño es quizá pensar que el pasado no existe y que el futuro es la continuación lógica y excitante de un presente infinito y sonriente. Mirar con ojos de niño es recordar la risa de la abuela y, en vez de rendirse a la tristeza, reír simplemente porque ella reía. Y qué mejor homenaje. 

La infancia suena en este libro. Despacio e imperceptible, como el mar dentro de su caracola. Suena como no suena la mía, y por eso el eco que produce en mi cabeza es todavía más bonito. "No se sabe nunca nada si no buscas saber desde otro sitio", dice Nuria. Ninguna infancia suena de verdad sin la caja de resonancia de otras infancias que la reflejan. 

La infancia suena. Pero ¿a qué suena? ¿Cómo se llama ese sonido, la risa que provoca, el temblor de cada recuerdo? ¿Qué nombre tiene el olor de la despensa de la casa del pueblo, el tacto áspero de la mejilla del abuelo? Buscar las palabras de la infancia es algo así como apuntalarla. Elevar una casa en la que el recuerdo sobreviva. Quizá para esto haya escrito Nuria Ortega este librito. Y no se me ocurre propósito más bonito. 




lunes, 5 de septiembre de 2022

TODOS MIS ANHELOS (firma invitada)

Últimamente son habituales las novelas que tratan la relación madre-hija. Lo que yo he leído mucho menos son novelas que traten la relación padre-hija. Y, sobre todo, las novelas que lidian con la muerte. La muerte del padre. En Todos mis anhelos, la autora evoca este sintagma como uno de los últimos pronunciados por su padre tras un suspiro, postrado en la cama y ya enfermo terminal de cáncer. La narradora, que no es otra que la propia autora, se pregunta por esos anhelos de su padre y, al mismo tiempo, también piensa en sus propios deseos y los de su madre.

En una ocasión a lo largo del relato, la narradora dice que es un poco mojigata porque en sus textos no hace explícito el sexo. Y a pesar de la ausencia de sexo, hay mucha intimidad en su texto. La intimidad de las despedidas, la intimidad de la vida posterior a la muerte de un padre y la intimidad de la muerte. En este tiempo de distintas formas de narrativa que tratan los 'apegos feroces' entre madres e hijas, me gusta la evolución de la protagonista en su relación con su madre. Una relación en la que poco a poco las aristas se van suavizando hasta convertirse en una historia tierna de compañías, de ilusiones renovadas y de nostalgia compartida por el pasado común junto al padre.

No estoy de acuerdo con Tolstói en que todas las familias felices se parecen. La familia de la historia de Puyó es una familia feliz a su manera: la hija y la madre, la hija y el novio, la pareja y el amigo. Pequeñísimas familias en torno a una familia. Pequeñísimas familias que se entienden, se acompañan y son felices a su manera, a pesar de los anhelos que quedan en ese aire suspirado al abrigo de la noche y la enfermedad.

Me topé con Todos mis anhelos en la caseta de la editorial Xordica en la Feria del Libro de Madrid, este junio. Su editor, Xusé Raúl Usón, nos envolvió con sus palabras, nos acompañó a los textos y nos transmitió su pasión por los libros bien seleccionados y pulcramente editados. Me alegro mucho de haberme relacionado de esta manera con la enfermedad del padre.

Es importante encontrar referentes en la literatura de lo que se aproxima por tiempo y circunstancias a la propia vida. Y es importante comprender que las familias felices lo son, también, a su manera.

Patricia. 




jueves, 1 de septiembre de 2022

PACHINKO

Desde su estante, esta novela llevaba años poniéndome ojitos. De vez en cuando alguien desprevenido cedía a su seducción y se la llevaba, y yo la reponía fielmente para seguir disfrutando de esa mirada cada vez que pasaba a su lado. Corea, Japón, saga familiar, siglo XX: lo poco que sabía de ella se mezclaba en la nebulosa que desprenden las cosas que nos atraen pero a las que, por algún extraño motivo, no acabamos de acercarnos. Hasta que la librera madre se puso con ella y a las pocas páginas me dijo: basta de miraditas en la distancia, tenéis que quedar de inmediato. Bueno, no me dijo exactamente eso, pero la novela y yo lo entendimos así. Y aquí estoy, para dar cuenta de la consumación del flechazo. 

Todo empieza con la anexión de Corea por parte de Japón en 1910. Este el origen de la historia, y también el origen de buena parte de los males que retrata. Bajo la ocupación japonesa, los coreanos eran tratados como ciudadanos de segunda, y las mujeres protagonistas de esta novela sufren esa discriminación cada día, en las miradas de los hombres al caminar por el mercado, en el futuro cada día más pequeño al que pueden aspirar, con la guerra y el exilio como horizonte. 

Los prejuicios de los japoneses hacia los coreanos es la herida profunda que arrastra la familia protagonista, emigrantes coreanos en Japón desde la guerra. Como miembros de esa "raza maliciosa y artera que envenena las calles", malviven en guetos, no tienen acceso a viviendas ni a trabajos dignos, sufren desprecio y desconfianza constantes y tienen que renovar periódicamente sus permisos de residencia, incluso los que ya han nacido en Japón, bajo la amenaza de ser deportados a una Corea que apenas recuerdan. Pues para los expatriados coreanos en Japón, su patria ya no existe. Corea quedó destruida tras la segunda guerra mundial, desgajada en dos mitades irreconciliables. No quedaba nada de la Corea que recordaban de su juventud. Un país humillado y explotado por el imperialismo japonés y reducido a cenizas y violencia por la guerra. 

"El patriotismo es solo una idea, como lo es el capitalismo o el comunismo. Pero las ideas pueden hacer que las personas olviden sus propios intereses. Los que están al mando siempre tratarán de aprovecharse de los idealistas". 

Pachinko proyecta muchos ecos en nuestra actualidad política. Trata sobre racismo e ideología. Sobre pobreza, lucha de clases y vidas inmigrantes. Sobre gente para la que salir adelante es un imperativo por encima de cualquier otra cosa. La lucha por la supervivencia en un mundo hostil no deja tiempo ni recursos para pensar en ideologías. Aunque sean las ideologías, precisamente, las que construyen guetos, excluyen y discriminan. 

Por la situación de las mujeres coreanas durante la ocupación japonesa, me ha recordado a la novela gráfica Hierbade Keum Suk Gendry-Kim. En los años treinta, bajo la falsa promesa de un trabajo mejor en otro lugar, muchas chicas coreanas dejaron a sus familias y acabaron cayendo en redes de esclavitud sexual para el ejército japonés. Pero a pesar de todo, en cada capítulo brilla una nobleza escondida. Una bondad que brota de los personajes más inesperados y que ilumina la historia de imágenes emocionantes. 

Pachinko ya se ha convertido en uno de esos libros que siempre tengo cerca para recomendar, un miembro más de esta familia libresca. Qué felicidad cuando las seducciones terminan así de bien. 




lunes, 29 de agosto de 2022

SOBREVIVIENDO

Como un mecanismo de relojería, tic tac tic tac, preciso e infalible. Así avanza esta novela breve de Arantza Portabales, encajando pieza tras pieza con precisión milimétrica hasta que todo cuadra, hasta que pones la última pieza del puzle, te alejas sonriente para ver el dibujo completo y resulta que lo que parecía una montaña es un camello, el verde es más bien un azul furioso y las praderas apacibles se han convertido en un mar encrespado que lo devora todo. 

Leer a Arantza es un poco como viajar a casa. Viajar porque es Galicia y no tengo la suerte de vivir allí. Y a casa porque esa tierra la siento mucho más cerca de lo que soy y de lo que quiero que esta planicie seca y abarrotada en la que leo. Pero no solo es Galicia lo que me atrae de sus novelas. Es el ritmo. La forma de perfilar los personajes. Esa forma que tiene de enlazar los capítulos y profundizar poco a poco en la historia que es como meterse en una sonda e ir bajando a las profundidades del mar. Unas profundidades oscuras, inquietantes y llenas de vida. Como los fondos marinos. Como la vida secreta de cualquiera. 

La autora escribió esta novela en 2015, y ahora la ha reescrito para darle una nueva vida a su protagonista, una mujer de ambición arrolladora perseguida por un secreto de su adolescencia. Y no he dejado de pensar en qué pasaría si los secretos de nuestras adolescencias, esos en los que apenas nos atrevemos a pensar y que no contaríamos ni a nuestras mejores amigas, salieran un día a la luz y nos persiguieran con toda su desnudez y toda su violencia. Qué haríamos con ellos. Qué sería de nosotros si un buen día ya no pudiéramos seguir escondiéndonos bajo las máscaras del trabajo, la familia y esa gruesa pátina de buena educación con que nos protegemos del pasado. 

Dos días. No me ha durado más esta novela entre las manos. Y ya estoy deseando que Arantza se saque más historias de la manga y nos las sirva en bandeja fría, con su ritmo implacable y su mecanismo de relojería, tic tac tic tac. Por más Galicias y oscuros fondos del mar. 




jueves, 25 de agosto de 2022

LAS QUE FALTABAN

La portada de este libro me atrajo, es preciosa, imágenes de bordados con la palabra "mujer" en inglés, que parecen sobresalir del papel. El título era sugerente porque ¡cuántas mujeres han faltado en la historia, no se han contado, apenas han existido! Cuando fui al índice y analicé las elegidas (Cleopatra, Juana de Arco, Malinche, Sofonisba Anguissola, Mary Wollstonecraft, Jane Austen, Marie Curie, etc.), no me parecieron precisamente que fueran estas las mujeres que "faltaran" porque a mí me parecía que sí habían sido muy conocidas. Aun así, me sumergí en esta historia del mundo femenino y descubrí, poco a poco, que Cristina Oñoro efectivamente había escrito una historia diferente de cada una de ellas, más desenfadada, en algunas ocasiones divertida, y siempre muy sugerente. El orden es cronológico y el interés va aumentando a medida que nos vamos acercando a etapas más cercanas. Es una celebración del feminismo que va engarzando todos los personajes de una manera quizá poco ortodoxa, una mirada diferente a tantas como yo he leído en tantos años de acompañar a las distintas olas del feminismo, el mayor y más importante movimiento por los derechos humanos y la igualdad.

Una de las historias más relevantes, para mí, es la de Rosa Parks, a la que casi siempre nos hemos acercado con información escasa y circunscribiéndola al movimiento racial. Cristina ha profundizado en todo lo que rodeó a la famosa anécdota del autobús y ha enriquecido el perfil de esa tierna y dulce Rosa al tiempo que recreaba el entorno de aquel movimiento que, con toda su carga y su trascendencia, se olvidó del feminismo.

Otro personaje que me ha llevado a indagar mucho es Simone Weil, de la que nos ofrece datos muy interesantes, quizá tantas veces imaginados, hay mucha ficción en estos relatos, ficción declarada de forma explícita y sin tapujos por Cristina.

El objetivo que consigue es estimular la curiosidad por conocer un poco mejor la trayectoria de las cuatro olas que, desde sus inicios, ha recorrido ese feminismo cada día más necesario para dignificar la vida en este mundo marcado desgraciadamente por el machismo y el patriarcado. Un mundo que necesita ser más luminoso y al que necesitamos aportar ese plus que por derecho nos corresponde a las mujeres, más del 50% de la humanidad.

Isabel.




lunes, 22 de agosto de 2022

GRAND HOTEL EUROPA

"Europa se ahoga en su propia historia. En este continente hay tanto pasado que ya no hay sitio para el futuro". Y sin embargo, cómo vivir sin pasado. Quiénes somos sin los castillos, las iglesias, las murallas, las ruinas magníficas que desfilan orgullosas como divas en la película de cada una de nuestras vacaciones. Quiénes somos sin las tradiciones y las fiestas populares, sin las historias de las abuelas que sacan el hilo constante de sus palabras de los pozos de un pasado inagotable. Frente a la pujanza imparable de Asia en este siglo XXI desenfrenado, Europa es un continente que naufraga. Y este novelón le rinde un formidable homenaje, cual orquesta haciendo frente a las mareas de la historia.
 
Un escritor que se llama como el autor, se viste como el autor y tiene el mismo físico de vikingo elegante que el autor, pero en modo alguno puede ser el autor, se refugia en el Grand Hotel Europa para poner orden en su pasado reciente. Su plan es recluirse en su habitación para escribir sobre la dolorosa ruptura sentimental que acaba de sufrir y así poder pasar página y decidir qué rumbo va a darle a su vida. Rellenar la ausencia que ha dejado en su vida la turbulenta Clío parece tarea imposible, a pesar del ambiente exquisitamente decadente del hotel, que ensalza todos los valores de la vieja Europa que parecen ya más propios de un museo que de la vida real de nuestro siglo, y en los que el protagonista se siente tan a gusto. 

Grand Hotel Europa es una novela de ideas. Es un homenaje apasionado a un continente que ha aprendido a decaer con elegancia. Y un manifiesto virulento contra el triunfo del egoísmo y la misantropía. Contra la vulgaridad y la ramplonería de las nuevas clases dominantes que imponen su estética de bar de gasolinera en la comunicación política. Contra la falta de civismo y de respeto y de sostenibilidad del turismo de masas. Contra los que viajan no para disfrutar ni para aprender ni para escapar de una rutina sino ante todo para decir que han viajado, como quien va marcando tics en una lista mental de cosas por hacer. 

Es una novela política, también. Describe con pavor cómo la extrema derecha se nutre de una nostalgia por un mundo pasado sin decadencia que nunca existió, y cómo su afán por blindar fronteras y enfrentar ideologías nos aboca a un futuro agrio de odio y exclusión. Y uno de los temas centrales, ejemplificado en la ciudad de Venecia, es el turismo de masas y su capacidad para destruir la infraestructura social de nuestras ciudades y volverlas escaparates sin vida de un museo condenado a naufragar. 

Por supuesto, es una novela de viajes. Venecia, Génova, Cinque Terre, Malta y Skopie son lugares por los que transita el protagonista en busca de un pasado o de una esencia perdida, tratando de encontrar un equilibrio imposible entre la herencia cultural de la vieja Europa y la modernidad deshumanizada por el turismo de masas. Y en busca, también, de un cuadro perdido de Caravaggio junto a su idolatrada Clío, misterio que va marcando el ritmo de la historia con una sutil intriga artística. 


Ilja Leonard Pfeijffer



Clío, en su papel de musa de la historia, ilumina para el protagonista todos los lugares que visitan. "El amor en tiempos del turismo de masas" podría ser el título de su historia. Y me ha gustado especialmente el maravilloso paralelismo entre el viaje del botones Abdul desde su pueblo africano en llamas hasta la escalinata desde la que espera a los viajeros en el Grand Hotel Europa y el viaje de Eneas relatado por Virgilio desde la Troya en llamas hasta su nueva patria en Italia. 

Grand Hotel Europa es erudita y divertida. Derrocha una elegancia un puntito irreverente y su prosa es fluida e hipnótica, llena de meandros y de vueltas en torno a una historia de amor perdido y una nostalgia llena de vitalidad por una cultura que se hunde. Al terminar de leerla me ha quedado una sensación de paz y de vacío. Como después de la última nota de un concierto que deseabas que durara un poco más. Y las ganas de recorrer esa vieja Europa una y otra vez, esa vieja Europa que da tanto sentido a lo que somos y que no concibo ver cómo naufraga. 






jueves, 4 de agosto de 2022

EL COMPLEJO DE CAÍN

"Bala, veneno o juicio: a esto se enfrenta cualquier reportero independiente en la Rusia contemporánea". Una bala mató en 2006 a Anna Politkóvskaya, la periodista más crítica con la política de Putin en Chechenia; un mes después el veneno mató a Aleksandr Litvinenko y en 2020 casi hace lo propio con Alekséi Navalni; y hoy, en plena guerra de Ucrania, cualquiera que critique públicamente la política rusa se enfrenta a multas y cárcel. La palabra lleva dos décadas amenazada y secuestrada en Rusia. Y de eso trata este breve ensayo: de la difícil relación entre la libertad de las palabras y un estado autoritario que quiere que solo se oigan las suyas. 

Y también de la relación entre Rusia y Ucrania a través de su literatura. Chéjov y Némirovsky, Aleksiévich y Gógol, Grossman y Politkóvskaya puntean de citas y anécdotas estas páginas en las que Marta Rebón, escritora y traductora especializada en lenguas eslavas, analiza la difícil convivencia entre estos dos pueblos y señala las toneladas de mentiras que llevan años intoxicando la mente y el corazón de los rusos para deshumanizar a los ucranianos. Siempre con el mismo lema: nuestra causa es justa. El mismo lema que ya emplearon los soviéticos contra los nazis en la segunda guerra mundial. Si su causa es siempre justa, sea la causa que sea, los demás siempre estarán equivocados. Y el mundo queda reducido a nosotros contra ellos, los buenos contra los malos: nosotros los buenos, los justos, los esforzados, los valientes; contra ellos los malos, los traidores, los cobardes, los nazis. 

"Suele suceder que las guerras se desatan por un fracaso previo de la imaginación". Solo renunciando a la idea de la superioridad del carácter nacional se puede tratar con dignidad a otros países. Solo imaginando otros mundos tan válidos y fértiles como el nuestro, como tan bien hicieron los escritores rusos y ucranianos que tanto admiramos, podremos construir los puentes que la convivencia pacífica exige. 

"Con el fin de la Unión Soviética, Rusia no se enfrentó a su pasado y sigue enrocada en la negación, el victimismo y en esa idea tan dañina de creerse valedera de un destino propio, único, luminoso". Marta Rebón termina este libro con una emocionante carta a Vasili Grossman, el escritor ruso que mejor documentó los horrores de la segunda guerra mundial desde el lado soviético. Qué poco le gustaría saber de la guerra de Ucrania y de cómo la historia se repite en la tierra de su infancia, tan empapada, entonces y ahora, de vida y de sufrimiento. 




lunes, 1 de agosto de 2022

BASURA

Esta novela vibra, llora, ríe y sangra. Es emoción incómoda que elimina nudos en la garganta y pone otros nuevos. Es un dolor nuevo que sustituye a otro viejo, para renovar el desconcierto con el que uno mira al mundo. 

A través de las voces de tres mujeres, cuenta la frontera como herida. La desigualdad como herida. Los juguetes y libros que la criada se lleva a casa regalados por los dueños de las casas ricas que limpia: heridas. De otro tipo, estas. De las que hacen ilusión y ayudan a construir y se parecen a la solidaridad y a las manos tendidas. Pero heridas, también, a su manera. 

Mientras escribo esta reseña, con la mitad de mi atención en la frontera de Ciudad Juárez, veo a un niño que se ríe. Deja el libro que estaba ojeando y se ríe, no porque entienda la broma, sino porque su madre se está riendo. Se ríe como quien se funde en un abrazo que no espera, como quien se sorprende de haber ganado una carrera y pega un salto incrédulo de victoria. Su risa, no como algo que responde sino como algo que se suma, un leño a la hoguera, un acto de entrega. Su risa, un cheque en blanco a su madre que dice: haz lo que quieras pero ríete para que mi risa sea yo contigo, los dos un mismo ser, un mismo fuego. Un mismo latido.

Y de la simplicidad intrascendente de un niño que se ríe sale todo el párrafo anterior. Eso provoca esta novela. Un río de una gota. Una epopeya redonda de tres voces frágiles y duras que sobreviven en el filo de una frontera. Que sobreviven en los márgenes de la sociedad. En la basura. Un ecosistema cerrado. 

Lo que pasa en el basurero se queda en el basurero. Ay de quien se ponga a chismorrear sobre los cuerpos que caen en medio de la noche, que se quejan bajito y luego callan. Y a la mañana ya no están. Solo la ternura, la risa de un niño o una mano que desordena un pelo recién cortado pueden vencer a la muerte en un mundo de frontera. 

En un mundo donde los basureros son como ciudades. Con sus casas, sus calles, sus gentes, su ajetreo. Un hormiguero humano paralelo al otro hormiguero humano en el que vive la gente que puede pagarse su supervivencia. Paralelo, clandestino, salvaje, ilegal. Despiadado. Y pestilente. La boca de un monstruo cuyos vómitos alimentan a sus habitantes. 

Hurgar en la basura para sobrevivir te lleva al borde de un precipicio. Tú ya no eres tú, eres otra persona. Desnuda, vulnerable. Fiera. Has cruzado un umbral. Y quizá ya no puedas volver. 

Esta novela es una trenza de tres hilos, tres historias entrelazadas. Tres mujeres. Tres tonos distintos. Tres lenguajes. Es un libro para leer despacito, con cautela. Como quien se palpa una herida para amansarla y que cure rápido. Como quien susurra un hechizo para que no duela. 




martes, 26 de julio de 2022

CIRCE

Madurar significa reinterpretar. Volver la vista atrás, recoger un recuerdo del pasado y girarlo a la luz para verlo desde un ángulo distinto, entenderlo de otra manera más completa. Más sabia. Más profunda. Madurar significa preguntarse por qué, indagar en las motivaciones, en los mecanismos ocultos que mueven nuestras acciones, y no arredrarse ante las consecuencias. Madurar es aceptar que el pasado puede contarse de otra forma. Puede tejerse con otros colores. Y tener protagonistas inesperados que hasta ahora habíamos visto siempre a través de la mirada de otros. 

Madeline Miller ha rescatado de su sombra a una hechicera mítica para darle una nueva vida como protagonista. Ha cogido el prisma de su historia y lo ha observado bajo una nueva luz. En sus palabras Circe es la misma Circe de siempre, hace lo que sabemos que hace, se ajusta a las historias que llevan miles de años contándola con la suavidad y perfección de un vestido hecho a medida, y sin embargo todo parece nuevo: su forma de moverse, los reflejos de sus ropas, la intención de cada gesto. Circe es la misma Circe de siempre y, sin embargo, nunca había sido tan humana. Madeline Miller parece haber aprendido hechicería de su protagonista y haber dotado a esta novela de un encantamiento especial. Es poética, vigorosa, arrebatadora. Nunca los dioses y héroes griegos habían estado tan cerca de nuestros sentidos para tocarlos, olerlos, escuchar sus anhelos y temores y poder acompañarlos en sus aventuras y sus desdichas. 

Circe es una ninfa insignificante entre las miles de ninfas del reino de los dioses, la hija desfavorecida de Helios, el dios solar. Sin embargo, ha nacido con un poder muy especial, incluso para los dioses: el poder de transformar las cosas y las personas a su antojo. Desterrada para siempre a la isla de Eea por usar su poder, Circe se convertirá en Circe, la hechicera. Y sabremos de ella por los relatos de Hermes, el dios mensajero, o de Odiseo, el héroe que la enamoró en su regreso a Ítaca. Sabremos que transforma a los hombres en cerdos y que es una diosa furiosa y vulnerable. Pero, ¿cuál es su voz? ¿A quién anhela en las interminables noches de su vida eterna y solitaria? ¿Se acordará de su padre y de su familia y de su vida anterior en el mundo de los dioses? 

Esta es una novela de amor: "Cuando se lleva una vida solitaria, se dan pocos y preciosos momentos en los que un alma se sumerge junto a otra, del mismo modo que, una vez al año, las estrellas rozan la tierra. Para mí, Dédalo fue esa clase de constelación". 

Esta es una novela de añoranza por un paraíso perdido: "Todos los años que había pasado en su compañía eran como una piedra arrojada al fondo de una laguna: todas las ondas habían ya desaparecido". 

Esta es una novela de desafío: "Antes era una tejedora sin lana, un barco lejos del mar: mira dónde navego ahora". 

Esta es una novela de combate feminista: "Novias, ninfas nos llamaban, pero no era así como el mundo nos veía realmente. Éramos un festín interminable servido sobre una mesa, hermoso y siempre joven, y al que se le daba muy mal huir". 

Creo que nunca había leído una novela igual. Nunca una historia de la mitología griega había entrado con esta fuerza en los moldes de la novela lírica y psicológica, fantástica y de aventuras. Madeline Miller nos ha regalado a una heroína atemporal que refleja todo lo que somos, una Circe esplendorosa para el siglo XXI. 






jueves, 21 de julio de 2022

UN AÑO EN EL BOSQUE DE RATÓN

A Ratón le encanta dar paseos por el bosque, descubrir sus tesoros escondidos, visitar a sus amigos Zorro, Ardilla Roja, Nutria, Tejón. Compartir con ellos los cambios que les regala la naturaleza: el olor de las flores en primavera, el sabor de los frutos en verano, el esplendor de los colores en otoño y el calor del hogar en la quietud blanca del invierno. 

Si observas con atención, descubrirás la diversidad de animales y plantas que habitan el bosque mes a mes. Y bajo las solapas podrás asomarte al interior de las casas de los amigos de Ratón y aprender cómo viven y qué hacen en cada época del año. 

Alice Melvin ha ilustrado de una manera espectacular este precioso texto de William Snow sobre el paso de las estaciones por un bosque. Cada página es un mundo en miniatura lleno de vida y de color y de pequeños detalles en los que es un placer detenerse. Y las solapas de distintas formas y tamaños sorprenden a cada paso con las maravillas de la naturaleza. 

Un álbum ilustrado delicioso para peques a partir de tres años. Después de leerlo ya solo falta salir al bosque más cercano para buscar en la realidad lo que este libro ha hecho germinar en nuestra imaginación. 



lunes, 18 de julio de 2022

LA GRAN SERPIENTE

"Gruesa y lenta, con la vista no tan buena como antes, sudando en cuanto llega el calor, conduciendo a cincuenta centímetros del parabrisas, parece cualquier cosa menos lo que realmente es". 

Parece una adorable abuelita. Un poco gruñona y cascarrabias, pero adorable. Me recuerda a mi abuela, piensa una chica joven cuando se sienta a su lado en el tren. Un ama de casa inofensiva, concluyen los dos policías que van a interrogarla al verla hablar con su perrito mientras les prepara diligentemente un café. Una señora mayor que, además de no inspirar sospecha en nadie, está empezando a tener despistes poco habituales en ella. Lapsus de atención. Fallos de memoria. Lo cual no sería demasiado grave si no tuviera guardado un arsenal de armas de gran calibre en su casita con jardín y no se dedicara a lo que se dedica. 

Pierre Lemaitre escribió esta novela en los años ochenta y nunca la llegó a publicar. Está ambientada en aquellos "tiempos felices de las cabinas telefónicas y los mapas de carreteras", en un mundo que parece tan lejano (han pasado cuarenta años y parecen cien) y al que me encanta volver. Más aún si lo hago de la mano del Pierre Lemaitre más salvaje. 

Esta es una novela gamberra. Descarnada y burlona. Me ha gustado muchísimo el tono malicioso del narrador y cómo a menudo se confunde con la voz de la protagonista, una mujer de carácter tan estrafalario que bordearía lo inverosímil si no fuera tan humana. Describe muy bien el aburrimiento de las clases burguesas francesas, y un aburrimiento muy particular: el de una antigua combatiente de la Resistencia que no sabe qué hacer con la adrenalina que en su juventud le daba la posibilidad de morir en cualquier momento. Con la seguridad de que ya nunca le pasará nada ni remotamente parecido, nada emocionante. Nada como emboscar y matar nazis. 

Con la publicación de esta novela Pierre Lemaitre ha querido despedirse del género negro para dedicarse a escribir otras cosas. No importa. Su tono mordaz, ese que ya me atrapó tantísimo en Recursos inhumanos, sigue intacto, afiladísimo como siempre. Una marca de la casa inigualable. 




jueves, 14 de julio de 2022

CONTRA LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

Este ensayo me ha tenido una semana tomando notas, con la cabeza ocupadísima. Me ha hecho repensar la economía, la educación, la política, la sociedad y las relaciones familiares y de pareja. Es erudito, fluido, ocurrente, a ratos divertido y a ratos aterrador. Pero sobre todo es esperanzador. O al menos así lo quiero pensar. Trata sobre una sociedad donde triunfan la ambición y la competitividad. Donde importa más destacar el mérito que difuminar las desigualdades. Donde los exámenes son vitales, no para verificar que todo el mundo aprende, sino para separar ganadores de fracasados. Pero donde hay espacio, mucho espacio, para cambiar las cosas y apostar por la igualdad. 

"Para cambiar la política, primero debes cambiar la cultura". Esto lo decía Steve Bannon, el famoso ideólogo de extrema derecha, y tenía razón. La cultura de la igualdad, predominante entre 1945 y 1973, se ha ido convirtiendo poco a poco en un reducto ideológico de la izquierda del que una mayoría de la sociedad ha aprendido a desconfiar. Ese es el triunfo del neoliberalismo que nos gobierna, y es un triunfo ante todo cultural, que ya ha empezado a triunfar en la política. Contra la idea de igualdad, que las élites conservadoras asocian cada vez más a un autoritarismo comunista, nos han vendido un tipo de libertad muy concreto: la libertad de aspirar a disfrutar de los derechos de las élites y convertirnos en ellas. Algo que, por supuesto, las élites nunca dejarán que ocurra.

Pero este triunfo neoliberal también nos enseña el poder del cambio a corto plazo. En 1935 nadie podría haber soñado con el estado del bienestar que ya era una realidad en muchos países europeos en 1960. 
¿Quién habría dicho en 2019 que en 2020 una pandemia mundial provocaría una crisis económica agudísima y que la receta esta vez no sería la austeridad sino la inversión pública? Las sociedades pueden cambiar muy rápidamente. Es una cuestión de voluntad política y de asumir el riesgo de apostar por el cambio. 

Otro cambio brutal ha sido la revolución de la igualdad de género y de trato. Hoy en día los hombres cambian pañales y las mujeres dirigen naciones, algo totalmente impensable hace cien años. Y ha desaparecido casi del todo la deferencia de trato hacia personas poderosas, con la excepción de la monarquía, que también ha vivido su propia revolución igualitaria, al menos en la comunicación y en las formas. 

El mayor reducto de desigualdad de género por desgracia sigue estando en las familias. Los núcleos familiares son los más reacios a cambiar dinámicas de dominación y dependencia que llevan en vigor muchos siglos y que han evolucionado mucho más despacio de lo que ha evolucionado la sociedad. Así, de puertas para afuera los miembros de una familia pueden declarar abiertamente su adhesión a la igualdad de género y votar a partidos de izquierdas que promueven políticas activas de igualdad, pero de puertas para adentro mantener una rigurosa separación de tareas domésticas y responsabilidades por género, con lo que eso supone para la falta de independencia y desarrollo personal de sus miembros. 

La igualdad dentro de casa se percibe como buena educación y la igualdad fuera de ella como amenaza para la libertad. No toleramos la competitividad abierta entre nuestros hijos porque entendemos que fomenta el egoísmo y envenena los vínculos familiares. Sin embargo, fomentamos la competitividad en el trabajo y en la sociedad porque estamos tan acostumbrados a ella que no pensamos que hay otras formas de relacionarnos con desconocidos que no tengan que pasar forzosamente por salir victoriosos de las comparaciones. 

Nuestro mundo funciona mediante un sistema que permite que una minoría se enriquezca sin límite a costa de aumentar la diferencia entre su riqueza y la de la mayoría. Y pensamos que este sistema es inevitable. Que la desigualdad creciente no solo es inherente a nuestra forma de entender el mundo, sino deseable para que este prospere. Este libro demuestra que basta mirar a nuestra forma de actuar con familia y amigos para entender que la desigualdad sistemática nos repugna moralmente. Y que otras formas más igualitarias no solo serían más justas y más éticas, sino más productivas y enriquecedoras para el conjunto de la sociedad. 

A mayor número de trabajadores sindicados, mayor igualdad salarial. El debilitamiento de los sindicatos provoca desigualdad y empeoramiento de la calidad de vida. La decadencia de los sindicatos y de la defensa activa de los derechos de los trabajadores es tal que hoy en día una barricada es sinónimo de terrorismo y caos, no de defensa de ningún derecho. Esa ha sido una de las victorias del capitalismo del siglo XXI: convencernos de que las protestas colectivas no solo son peligrosas sino que son moralmente inaceptables. Ahora solo nos permiten quejarnos individualmente, y ya sabemos qué resultado tiene eso: nulo poder de presión, sometimiento a la empresa. En algún momento dejamos de pensar que el camino de la igualdad tenía que ser por fuerza colectivo. Y es una tragedia, porque solo entre todos podemos construir un mundo más igualitario, es decir, más próspero para todos. 

Hoy en día, "entendemos la igualdad como el derecho a disfrutar de los privilegios de las élites, no como nuestra obligación de compartir con nuestros iguales". En nuestra mano está cambiar esta dinámica. Cada día. Con nuestro voto y nuestros actos. 






lunes, 11 de julio de 2022

CARTA BLANCA

Qué historias más bonitas me regala P. Cada cierto tiempo (cuando se le olvida lo insensato que resulta regalarle libros a un librero), me sorprende con un cómic, siempre un cómic. Y siempre digo lo mismo: no sé cómo lo hace, pero nunca falla. Como tampoco falla nunca a la hora de elegir restaurante cuando estamos de vacaciones. Hay intuiciones que no hay que tratar de desentrañar. Lo mejor es aceptar su misterio y dejarse llevar: los sentidos siempre lo agradecen. 

De intuiciones también va esta historia. De un flechazo instantáneo en el camarote de un barco y de toda una vida cuidando de un amor imposible por si, en un futuro, aparece la tierra adecuada donde pueda germinar. 

A quién no le ha pasado. Quién no ha vivido una historia de amor truncada y ha fantaseado, al cabo de los años, con lo que pasaría si aquello volviera a despertarse. La vida nos va llevando de un lado para otro, nos junta con personas maravillosas con las que construimos historias duraderas y fiables y hermosas, y nada de esto impide que otras vidas fantasmas pueblen a veces nuestras vigilias y nos susurren otras posibilidades, canciones imposibles de vidas paralelas en mundos que solo existen en los recuerdos. O en la imaginación, que es lo mismo. 

Esta historia empieza por el último capítulo y va poco a poco hacia atrás en el tiempo hasta terminar con el primero. Esto no solo le da un juego muy sugestivo a la lectura, sino que te permite luego leerlo otra vez en el orden cronológico convencional y descubrir nuevos detalles que quizá en la lectura inversa propuesta por el autor pueden quedar menos evidentes. La ilustración es una maravilla de delicadeza y expresividad. Rezuma ilusión y ternura. Y una pizca de humor pícaro que me encanta. Más historias de amor expansivo como estas, por favor. Bendita intuición la tuya, P.