domingo, 25 de agosto de 2013

"NICK HORNBY, QUIERO QUE ME GUSTES DE VERDAD"

¿Cómo es posible que un escritor me caiga tan bien, me parezca tan divertido y cercano y perspicaz, y no consiga que me guste de verdad ninguno de sus libros?
Porque Nick Hornby es un tipo estupendo, el típico tío campechano que no sólo le cae bien a todo el mundo sino que encandila y va sembrando carcajadas a diestro y siniestro. Es el perfecto mejor amigo.
Pero...
Nada, no hay forma. Ya he leído cinco libros suyos y con todos me pasa lo mismo. Me siento como en una cita: la chica es guapa, sonrisa bonita, cuerpo prometedor, me parto con ella, me hace sentir bien, es ocurrente, imaginativa, me hace pensar, me descoloca, y justo en el preciso instante en que pienso "ya está, ha sucedido, me estoy enamorando", suelta una parrafada tan fuera de tono, tan increíblemente inverosímil que me quedo boquiabierto. Es la pieza del puzle que no encaja, pero no por un poquito, no, es una pieza tan radicalmente incongruente con el dibujo global del puzle que no me creo que de verdad pueda pertenecer a la misma persona, que esa chica preciosa e inteligente pueda tener una salida tan poco creíble.
La última cita que he tenido con mi querido y frustrante Hornby ha sido hace unos días con un libro que se llama Cómo ser buenos. Y al principio, como de costumbre, todo iba sobre ruedas.
Después de veinte años casada con un hombre cínico y permanentemente ofendido con el mundo, Katie tiene una aventura. Ella es médico, piensa que es buena persona, aunque ¿las buenas personas engañan a sus maridos? - Vale.
Le pide el divorcio, él no la escucha, hay una vorágine de diálogos mordaces, ella se ahoga en un mar de dudas y todo se vuelve más complejo de lo que parece. - Bien.
Y es que su cínico marido toma la repentina decisión de cambiar radicalmente y, tras una terapia, se transforma en un dechado de virtudes. - Genial.
Pero su enloquecida bondad no tiene freno y Katie se ve obligada a tomar el papel de cínica... - ¡Me encanta, me encanta!
...porque de repente decide alojar en todas las casas del vecindario que tengan una habitación libre a todos los sin techo que quepan... - ¿Eh?
...y donar la mayoría de los juguetes de sus hijos y buena parte de su dinero... - ¿¿Cómo??
...todo esto bajo la dirección espiritual de un curandero ex-drogadicto que sana cualquier dolencia con las manos (siempre que el paciente esté suficientemente triste) y tiene una hilera de tachuelas con forma de galápagos (que no tortugas) en las cejas. - ¡¡Nooooooo!!
Y es que siempre me pasa lo mismo, en todos sus libros llego a un punto en que pienso que el escritor más majo del planeta sencillamente se está quedando conmigo. Quizá soy demasiado escéptico y en Londres pasan cosas así todos los días (desayunan bocadillos de judías con bacon, así que cualquiera sabe), pero es que no me lo creo. No, no y no.
Y aun así sigo leyendo, y el tío siempre sale del atolladero más inverosímil con mucha gracia, y todo lo bueno que tiene (la ligereza, la ironía, la sencillez) hace que los finales de sus libros sean sutiles y emotivos y te hagan pensar un poquito mientras te quedas con la sonrisa fijada en la boca. La crisis de los cuarenta, cómo alimentamos nuestra buena conciencia, ¿somos todo lo buenos que podemos o queremos ser? Y todo ello aderezado con la divertida malicia tan propia suya y la simpatía honesta (a veces un poco cruel de tan honesta) con la que dibuja a sus personajes.


Si algún día me animo le mandaré una cartita de amor al escritor más majo del planeta y le diré cuánto me gustan sus libros, cómo me parto con ellos, lo que me hacen pensar, cómo me estimulan, le daré un buen tirón de orejas por sus salidas inverosímiles (con la lista de todas las piezas de sus libros que no encajan en ningún puzle de este lado del planeta), y terminaré diciéndole: "Nick, eres un escritor estupendo, de verdad, hay momentos en que me encantas, pero quiero que me gustes de verdad".


martes, 20 de agosto de 2013

EN AUSENCIA DE BLANCA

A menudo, releer un libro es un desafío. Es volver a un lugar visitado hace tiempo (generalmente hace mucho tiempo), buscando encontrar las mismas cosas que antaño me gustaron y sobre todo encontrar otras nuevas que quizá se me pasaron por alto, o no estaba en condiciones de apreciar. Pero el tiempo nos cambia las perspectivas a todos y lo que hace años me parecía asombroso y revelador, ahora puede parecerme infantil y vacío. Por eso releo con mucho cuidado, casi con recelo, y sólo aquello que sé que aún puede guardar algo escondido, sólo esos libros que esconden en sus páginas perfumes reacios a evaporarse.
En ausencia de Blanca tiene muchos de esos perfumes.
Uno de ellos es el desconcierto, la perplejidad al leer ese principio del libro, igual a la perplejidad de Mario, el protagonista, al descubrir en Blanca una mujer distinta pero casi idéntica, una mujer que no es Blanca pero que se viste con la ropa de Blanca, se mueve al ritmo de Blanca y sonríe y besa con los labios de Blanca. ¿Quién es Blanca, en realidad? ¿Y quién es Mario, su marido, ese hombre que la busca y no acaba de encontrarla?
Blanca es una mujer joven, culta, sofisticada, llena de inquietudes artísticas y culturales, refinada hasta la obsesión y de una belleza pálida y esbelta.
Mario es un hombre sencillo, de pueblo, apegado a sus rutinas, ordenado, meticuloso en sus carencias intelectuales y generoso en su admiración.
Ella es el eterno deslumbramiento, lo inalcanzable, la máxima ambición que puede albergar Mario.
Él es la estabilidad, la cordura, el anclaje a la realidad que la rescata a ella de cualquier naufragio.
Sus vidas pertenecen a mundos que en la realidad nunca se cruzan, pero que el amor deslumbrado de él y la necesidad de protección de ella logran conciliar. Sin embargo el desequilibro persiste. Blanca se ahoga en la rutina y busca siempre lejos de él una vía de escape, y Mario se aferra a su propio sentimiento, al asombroso privilegio de compartir su vida con la mujer de sus sueños, mes tras mes, año tras año, aunque el suyo sea un amor dolido del que Blanca sólo pueda compadecerse, y tenga que aceptar que ella cambie, que su afecto se disperse, que abrace de nuevo el torbellino de su vida inestable en busca de una luz ilusoria, que deje de ser la Blanca conocida aunque lleve su ropa y se mueva como ella, que se instale una ausencia dentro de ella y se convierta en otra Blanca tan parecida a la primera, y quizá más alegre, más desenvuelta, menos perfecta, tan parecida y tan distinta. 

miércoles, 14 de agosto de 2013

LA SOLTERONA

Los libros de Edith Wharton son el refugio perfecto de la buena literatura. Siempre recurro a ellos cuando acumulo varios libros abandonados, por desidia, ausencia de emoción o simplemente mediocridad literaria. Leer a Wharton es siempre delicioso, su lenguaje es exquisito, elegante, preciso, y siempre me sorprende la perspicacia emocional con la que profundiza en las derivas sentimentales de sus personajes. Estos últimos días he encadenado varios libros decepcionantes seguidos y La solterona me ha reconciliado con el verdadero placer de la lectura. Y a eso hay que añadir la cuidadísima edición de Impedimenta, con una traducción impecable y, como siempre,  una estética preciosa. A veces es difícil resistirse a libros con un acabado tan bonito.

Como en la mayoría de sus libros, Wharton comienza su historia con un dilema moral, aparentemente sencillo, que va trenzando, ramificando y volviendo cada vez más complejo e inextricable. Delia Ralston y Charlotte Lovell, dos mujeres de la alta sociedad neoyorquina de mediados del siglo XIX, comparten un secreto relativo a la maternidad de una niña huérfana que marcará sus relaciones familiares, su capacidad para moldear el estricto código moral establecido y sus vidas para siempre.
La aristocracia norteamericana de aquella época era un mundo cerrado. Cerrado para los que aspiraban a entrar en él y cerrado para sus integrantes por su rigidez de buenas maneras y comportamiento. En esta jaula de oro, las mujeres tenían por lo general un papel ornamental, pero las protagonistas de este libro sienten una sensible rebeldía contra ese patrón de vida. "Por aquellos días, las almas sensibles eran como teclados mudos sobre los cuales tocaba el destino una melodía inaudible." Y es a escuchar esa melodía a lo que se van a dedicar Delia Ralston y Charlotte Lovell en los momentos cruciales en los que tengan que decidir su destino y el de la niña cuyo secreto comparten. ¿Hasta dónde puede llegar una mujer sensible en sus sutiles rebeliones cotidianas contra la intransigencia de las convenciones sociales?

Me maravilla en este libro la importancia de lo que no se dice, de lo que la sociedad y las costumbres condenan al silencio y que sin embargo subyace, como una íntima tragedia, a lo largo de todo el libro. La frustración de contemplar cómo ese mundo alternativo en el que podrían actuar sin traicionarse pasa de largo por delante de sus vidas una y otra vez sin que puedan alcanzarlo.
Y también la forma que tiene la autora de utilizar la ironía como color de fondo, convirtiéndola en mordacidad cuando critica la rigidez moral, y en compasión cuando acompaña a sus heroínas en sus íntimas desdichas.
Por último, me ha llamado la atención el papel de los niños en el libro, y la enfermiza devoción que siente por ellos Charlotte Lovell. La inocencia de los niños, ajenos a las tragedias silenciosas de sus madres. Su fragilidad y su luz. Y he recordado este cuadro de Sargent de 1885 que vi por primera vez en la Tate Britain de Londres y que me cautivó instantáneamente, anclándome al suelo durante unos minutos detenidos en el tiempo.


lunes, 12 de agosto de 2013

UN BESO (O LO QUE TENEMOS)

"Una de las trabajadoras sociales me había explicado que no existen las personas guapas o feas; existen sólo aquellas que tienen algo, y al final, todo el mundo, quien más y quien menos, tiene algo, si uno se fija bien. Me había obligado a observar a los demás chicos que estaban conmigo en el orfanato, uno a uno. Uno tenía los brazos; otro, la nariz; otro, el pelo, y había uno que tenía las manos. Ella creía que yo tenía los ojos. Pero tal vez decía eso porque yo no hablaba mucho y le parecía que los ojos eran lo único que tenía.
Antonio tenía la sonrisa."

Me obligo yo también a observar a la gente que viene, la gente con la que me cruzo en las escaleras o en el portal de mi edificio, para intentar descubrir qué es lo que tienen. A veces es instantáneo. Hay alguna vecina que me da los buenos días con una sonrisa y es tan evidente lo que tiene que hasta se me olvida lo que estoy pensando.
Pero casi siempre es un juego bastante difícil. Por supuesto, hay gente que tiene varias cosas a la vez: las muñecas y la nariz, la nuca y las caderas, los hombros y las orejas. Pero en realidad todo depende de los gestos. Así que más que las manos o el pelo o la sonrisa en sí, es la armonía de sus movimientos, o su coherencia, lo que los hace especiales, la forma sutil y precisa en que cada uno mueve esa parte única de su cuerpo y la hace brillar por encima del resto, otorgándole ese poder de fascinación.

Y todo esto a raíz de un librito muy muy grande que acabo de releer, una de esas rarezas mayúsculas que uno guarda en la librería o en la mesilla de noche como un secreto o una conspiración. Lo descubrí hace un par de años (en la web colgué una pequeña reseña) y siempre me fijo bien en la gente a la que se lo recomiendo, buscando la complicidad del secreto, para cerciorarme de que tenga los brazos, la nariz, el pelo... O la sonrisa.


sábado, 10 de agosto de 2013

ROMANCE EN PARÍS

¿Quién no está perdidamente enamorado de París? Es una ciudad que siempre esconde sorpresas, como esos bombones sin etiquetas sólo aptos para paladares intrépidos.
Es una ciudad para perderse y para encontrarse en los rincones y los momentos más inesperados, una ciudad para vivirla hasta el fondo, para mojarse bajo la lluvia que tanto le gusta a Woody Allen en su película. Es la ciudad del eterno deslumbramiento.

Por las calles de «la más carnal de todas las ciudades», pasean un hombre enigmático y una joven alemana que tendría que mejorar su francés. Lotte, la joven, quiere descubrir la «verdadera vida» de la ciudad, y su acompañante se presta, maravillado, a ayudarla en su iniciación. Corre el año 1912 y París vive un momento de ingenua y arrolladora felicidad: es el paraíso de artistas bohemios, escritores de mil lenguas distintas, mujeres alocadas y sus maridos burgueses (o viceversa). Sin embargo, la Primera Guerra Mundial pondrá muy pronto un fin brutal a esta fiesta, y Lotte y su acompañante parecen intuir ya, entre el champagne y las guirnaldas, las grietas de un tiempo y una vida que se deshacen.

"No hay nada más completo, Lotte, que la mera existencia, no puede haber nada mejor. Y deje que sigamos siendo extranjeros en París. Llevo aquí ya cuatro años y sigo siendo un extraño. París es la ciudad más carnal que pueda existir; por eso nos hemos vuelto aquí puro espíritu. Vamos a través de las miles de tentaciones de la realidad como a través de un jardín floral. Lo que otros llaman pecado es para nosotros una mariposa multicolor. ¿Para qué capturar aquello que revolotea? Los muros de piedra, los vestidos de seda, el oropel y las frutas de los mercados son nuestros, y mientras los contemplamos, se apartan de la realidad para ser ya recuerdos. Nuestro deambular por las calles es un deslizamiento soñado, como si no necesitásemos de los miembros para movernos."

martes, 6 de agosto de 2013

CUANDO TE ENAMORAS DE UN LIBRO ANTES DE LEERLO

Este libro y yo llevamos ya algunos meses mirándonos disimuladamente. Paso por delante de él unas treinta veces al día, puede que cuarenta, y no me canso de verlo. Y eso que en realidad es poquita cosa, más bien pequeño y delgadito, todo inocencia. Pero tiene un poder de seducción al que caí rendido desde el primer día en que lo vi. Hasta ahora, él y yo hemos mantenido las distancias, nos hemos estudiado de lejos, evaluando la posibilidad de este idilio, gustándonos tranquilamente, sin pretensiones. Pero, debo confesarlo, estoy harto de esperar. Quiero tomar la iniciativa, limpiar tres o cuatro horas de mi imposible horario y desvelar ya su secreto.
Porque, veréis, todo en él me gusta, empezando por el título. Admito que la primera vez que lo leí, sentí un amago de cabreo por el tufillo de autoayuda insoportable que encierra, del tipo "¡Recíclate!, ¡Reinvéntate!, ¡Renuévate!, ¡sonríe, sonríe, SONRÍE!".
El dolor casi siempre es una basura maloliente y no biodegradable, digan lo que digan.

Pero la cita es de Ovidio y dice: "Sé paciente y fuerte, algún día este dolor te será útil". Así que me la tomo como una promesa, una semillita de sabiduría para plantar en la oscuridad con la esperanza de que esa utilidad futura sirva para algo. Y luego pienso en todas las cosas bellas nacidas del dolor, libros como La hora violeta, de Sergio del Molino, o Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan, sin duda dos de los mejores libros que he leído en el último año y que jamás podré olvidar, o música como la Quinta sinfonía de Mahler, o Between de bars, de Elliott Smith, bandas sonoras de todas las desesperanzas, y me doy cuenta de la cantidad de dolor que ha hecho falta para crear obras así, y la cantidad de emoción que nos trasmiten, y cómo ese dolor es algo que, consciente o inconscientemente, hemos aprendido a necesitar para vivir. Así que la utilidad del dolor, al menos la artística, la creadora, es evidente.

Y después de Ovidio viene la cita de Denton Welch, que es la puntilla para terminar de enamorarse:
"Cuando deseas con todo tu corazón que alguien te quiera, nace una locura que despoja de todo su sentido a los árboles y al agua y a la tierra. Y para ti no existe nada, excepto aquello tan profunda y amargamente anhelado".
Cuando te enamoras de un libro antes de leerlo pasan cosas como esta, que uno se pone a escribir párrafos enteros a ciegas por la pura adrenalina de la expectativa. Y por supuesto, nadie me salvará de la decepción más amarga si al final es un chasco. Menos mal que los libros son siempre agradecidos y coherentes, ya sean buenos o mediocres, y no pueden equivocarse, como las personas tan a menudo, al gestionar el amor que se les profesa.


lunes, 5 de agosto de 2013

CONTRA LA NEUTRALIDAD

A menudo, leyendo los periódicos, uno se pregunta si los periodistas tienen alguna opinión sobre lo que escriben, si esconden algún tipo de conciencia detrás de la máscara de objetividad e imparcialidad que esgrimen a la hora de dar una noticia. Hablan de la crisis económica o de las revoluciones árabes como si fueran partes meteorológicos, hechos inmutables e irremediables, sin preocuparse de las causas ni de sus consecuencias, sin víctimas ni culpables, sin siquiera imaginar que pueda haber, que sea necesario e imprescindible buscar algún tipo de explicación más allá de la descripción de la tragedia.
Los periodistas retratados en este libro (John Reed, Ryszard Kapuscinski, Rodolfo Walsh, Edgar Snow y Robert Capa), nunca dudaron en tomar partido, en afrontar el reto de una búsqueda de la verdad periodística desde una postura ética y comprometida. Afrontaron innumerables riesgos y la mayoría de ellos perdió la vida ejerciendo su oficio, pero de esta manera consiguieron llamar la atención del mundo entero sobre injusticias y atrocidades, estar lo más cerca posible de la vida real, con el deseo último de intentar cambiarla.
La lectura de este libro pretende arrancarnos de nuestro sillón y arrojarnos a las calles, a esas tristes y terribles realidades del mundo que todos hemos soñado siempre con poder cambiar. Una buena dosis de compromiso y valentía para hacer frente a cualquier tipo de indiferencia.

viernes, 2 de agosto de 2013

EL AMOR EN "DE A PARA X. UNA HISTORIA EN CARTAS" (JOHN BERGER)

La palabra amor está tan desgastada que a menudo pierde su sentido. A fuerza de aspirar a decirlo todo, termina por no lograr decir nada. Es como un cuchillo que ya no corta, con una estética bonita, sí, y lleno de promesas, pero que ha perdido su utilidad. Un filo romo, vacío y decepcionante.
Este libro es un buen afilador para ese cuchillo, contiene la invención adecuada para volver a insuflar un contenido a esas palabras desgastadas que lo han ido perdiendo.
Las cartas que le escribe A'ida a Xavier hablan de muchas cosas: la vida fuera de la cárcel, los pájaros que se posan silenciosos sobre una casa bombardeada, "como respuestas a unas preguntas que no tienen palabras", las anécdotas de su trabajo como farmacéutica, los colores del cielo o la amabilidad de la noche. Pero sobre todo hablan de amor, un amor que no ha perdido su filo con el paso del tiempo y la separación forzosa (e indefinida) entre los amantes. Un amor que me ha parecido sin duda lo mejor del libro y que me apetece describirlo aquí, darle vueltas como si fuera un prisma e intentar atrapar todos los destellos cambiantes que proyecta:
Amor como lucha, como supervivencia, como la única manera de existir sin traicionarse,
amor como pasado, presente y futuro, como esperanza y expectativa más allá del paso del tiempo,
amor como reacción visceral ante la perspectiva de un mundo en quiebra,
amor ciego y rotundo, apasionado como cualquier ideología, dulce como todas las promesas,
amor como arma y escudo, como refugio donde sobrevivir a la ausencia,
amor como rescate de cualquier naufragio cotidiano,
amor como desafío, como autoafirmación, como rebeldía, como ingenuidad de lo espontáneo,
amor como única forma de percibir el mundo, el filtro a través del cual puede ser imaginado,
amor como la delicadeza necesaria para no pisotear la sensibilidad que nos rodea,
amor como alivio para el desgarro de la separación y a la vez como el dolor que no quiere ser aliviado,
amor como un secreto que no puede destruirse, un secreto tan inmenso que se ha convertido en la promesa que lo habita,
amor tan lleno de significado, con tanta carga emocional que contiene en sí mismo todos los amores del mundo y al mismo tiempo es un universo único y completo.
Mientras leo estas cartas, imagino todo lo que el libro no cuenta, el consuelo que deben de provocarle al que las recibe, lo que sin duda significan para él. Imagino a Xavier leyendo las palabras de A'ida, una y otra vez, en su celda diminuta, alimentándose de ese amor completo, absorbiéndolo con ansia, agarrándose a él para despertar cada día.
Hay muchos libros buenos y redondos que me apasionan, que admiro y recomiendo sin reservas, y que pasan a través de mí sin dejar ninguna huella.
Hay otros libros, desgraciadamente muy pocos, que, independientemente de su solidez o coherencia, de que sean más o menos admirables, por alguna extraña afinidad pasan a través de mí y permanecen.
Éste es sin duda uno de ellos.


lunes, 29 de julio de 2013

LA HORA VIOLETA

Llevo casi una semana leyendo este libro. Leyendo y releyendo, saboreando su dulzura y su veneno, aprendiéndome su íntima gramática para conseguir digerirlo e intentar, sólo intentar, comprenderlo. Es un libro que no se está quieto, que no permite lecturas paralelas, es un libro caníbal que devora cualquier intento de dispersión intelectual, cualquier esparcimiento veraniego, es un libro con la capacidad amenazante de devorarme por dentro.

Con la lágrima asomando, siempre dispuesto el llanto al final de cada página, y un extraño nudo en la garganta, voy leyendo la historia de Sergio del Molino, de este padre casi de mi edad, tan cercano, con tantas ganas de ser un padre normal, torpe y banal, con tantas ganas de no ser el padre trágico, de negar su realidad y salirse del mundo alucinado y terrorífico en el que Pablo, su hijo de diez meses, va a ser lentamente consumido por la leucemia.

La hora violeta es un libro extremo: no es duro, es atroz; no es emotivo, es estremecedor. Es un libro para el que no hay palabras, para el que cualquier adjetivo se vuelve cobarde y se escabulle, un libro innombrable, un libro como un agujero en el lenguaje. Y siento en cada página que paso una inmensa gratitud que me desarma, gratitud por la apabullante capacidad del autor para entregarse, para llenarse de palabras y expandirse en el sentimiento, y también admiración por haber creado una obra de arte tan impactante a partir de un dolor tan íntimo y terrible.

Hay muchas vidas latiendo en este libro: la vida de los hospitales, con su geografía hostil y desoladora, ese microcosmos extraterrestre cuyo horror cotidiano termina, a pesar de todo, por convertirse en un hogar; la vida de la gente que trabaja en ese horror, las doctoras, las enfermeras, las celadoras (en el libro siempre son mujeres), cuya empatía y dedicación las convierten en heroínas de la compasión, del sentimiento humano donde Pablo no es un niño, ni un paciente, ni un caso, ni una estadística, sino simplemente Pablo; la vida de los enfermeros veteranos que llevan años "barriendo los rincones más sucios de la condición humana", rincones que esconden probablemente muchas otras horas violetas que ninguno queremos oír nombrar.

Hay otras vidas, también: las vidas de los padres, de Sergio y Cris, la emoción pura que causa su coraje y su tenacidad y su inmenso amor en medio de la debilidad de la tragedia, ese dolor primario, animal, que comparten, y la terrible impotencia y furia instintiva al contemplar la agonía de su cachorro herido sin poder ayudarle; y la vida de Pablo, ese ser indefenso, incapaz de imaginar el concepto de enfermedad y de muerte, su rostro pálido, la fiebre continua, y contra todo pronóstico sus ganas de jugar y sonreír, su bello cráneo brillante y delicado, luchando solo en la inmensidad de la leucemia, rodeado de monstruos a los que tiene que enfrentarse solo y desarmado, sin ninguna esperanza de vencer.

Leo este libro sin precaución, imprudentemente, pero a pequeñas dosis. Veinte minutos y una pausa, un parpadeo, una mirada a lo lejos para limpiar la retina y respirar, quizá una canción, una de esas canciones para llorar tranquilamente en la oscuridad que componen la banda sonora del libro, y de nuevo la inmersión en la historia, a pelo, sin protección, a corazón abierto. Lo leo así para poder digerirlo, para que no me consuma. Y también para no perderme nada, para degustar su brutalidad. Porque este libro es una fiera salvaje, violenta y avasalladora, que me agarra del cuello y me inocula en la yugular la rabia, el sollozo, la ternura más desconsolada y me colma las venas de un violeta crepuscular lleno de muerte.

Es un libro repleto de colores oscuros, colores crepusculares anunciando constantemente una claudicación próxima, colores doloridos sobre los que destacan brillantes los pequeños instantes de luz, diseminados y minúsculos, la luz de la ternura, del inmenso amor, la luz de las manos anchas de Sergio acariciando el cráneo vulnerable de Pablo en un abrazo interminable, la magia de los instantes felices en el que los padres aún pueden pensarse como familia, pequeñas burbujas aisladas en el relato que conmueven todavía más por el contraste con la muerte que las circunda, y que contienen la semilla de toda la improbable felicidad futura, de toda la esperanza por arrancarle a la enfermedad la posibilidad de una felicidad cualquiera.

Creo que por mucho que siga leyéndolo, este libro siempre va a tener un significado oculto inasequible para mí. Es un libro que leo intuyéndolo, intentando gobernarlo, pero noto como a menudo se me escapa, su intensidad se me descontrola. Hay algo detrás de estas palabras que en realidad no pretendo entender, que me emociona, me clava al asiento, me petrifica, me desconsuela, me maravilla, me abre los ojos salvajemente a un mundo de una belleza terrorífica, de un amor desconocido, me deja sin defensas, palpitando a merced de cualquier oleaje, asustado y vulnerable, me ataca con su brutal ternura la fragilidad de la emoción.
La hora violeta es mucho más que un libro. Es un abismo. Un espejo en el que veo reflejado mi propio dolor, mi propio aullido, mi propia hora violeta. Aunque no tenga la capacidad de hundir las manos y mancharme con la suciedad espesa de su desesperanza, La hora violeta es un viaje del que ya no voy a poder, ni querer, regresar.


sábado, 27 de julio de 2013

A PARTIR DE AQUÍ, MONSTRUOS. (LA HORA VIOLETA)

La verdad, no tengo ni idea de cómo escribir una reseña de este libro.
Y ahora me doy cuenta de lo fácil que es escribir sobre libros que me gustan sin más, escoger los aspectos más relevantes de una trama, subrayar las sorpresas y cómo su estilo o su ritmo o sus personajes inciden en mi estado de ánimo y me animan o me atrapan o me conmueven.
Ahora pienso lo fácil que es escribir sobre cualquier otro libro y lo imposible que es escribir sobre éste.
En realidad no me atrevo a aspirar a recomendarlo, ¿cómo hablar de él? ¿Cómo vencer la resistencia del pudor y compartir con vosotros el dolor explícito de su lectura? ¿Cómo mostraros el libro como si os tendiera la mano abierta y una sonrisa? ¿Cómo invitaros a cruzar el umbral de todos los horrores para embarcaros en un viaje del que nadie que sea mínimamente sensible va a ser capaz de regresar indemne?
Quizá la solución momentánea sea limitarme a mostraros la primera página, el camino que se interna en el dolor sin nombre de este libro, más allá del cual hay un bosque denso y asfixiante donde viven los monstruos más inimaginables, para que vosotros valoréis la idoneidad de una huida o el riesgo del viaje.
Prometo que cuando haya conseguido asentar un poco mejor esta historia en mi estómago y me vea capaz, cuando me recupere del trance de su lectura y consiga encontrar el camino de vuelta, intentaré hacer la reseña imposible e impúdica que requiere La hora violeta.
El camino empieza así. Y lo dicho, a partir de aquí, monstruos.

Este libro es un diccionario de una sola entrada, la búsqueda de una
palabra que no existe en mi idioma: la que nombra a los padres que
han visto morir a sus hijos. Los hijos que se quedan sin padres son
huérfanos, y los cónyuges que cierran los ojos del cadáver de su
pareja son viudos. Pero los padres que firmamos los papeles de los
funerales de nuestros hijos no tenemos nombre ni estado civil. Somos
padres por siempre. Padres de un fantasma que no crece, que no se
hace mayor, al que nunca vamos a recoger al colegio, que no conocerá
jamás a una chica, que no irá a la universidad y no se marchará de
casa. Un hijo que nunca nos dará un disgusto y a quien nunca
tendremos que abroncar. Un hijo que jamás leerá los libros que le
dedicamos.
Que nadie haya inventado una palabra para nombrarnos nos condena a vivir
siempre en una hora violeta. Nuestros relojes no están parados, pero
marcan la misma hora una y otra vez. Cuando parece que el segundero
va a forzar a la manija horaria a saltar a la siguiente hora, ésta
vuelve a la anterior. Vivimos atascados en ese
no-man’s time,
en un pleonasmo de nosotros mismos, y en él evocamos aquel relato
fantástico e inverosímil, aquella tragedia barata llena de
artificios de guionista zafio, que nos encerró aquí. Yo la evoco
por escrito. Recuerdo este año de mi vida con la esperanza de fijar
su relato y no convertirlo nunca en un lugar común.
Mi hijo Pablo tenía diez meses cuando ingresó en el hospital, y estaba
a punto de cumplir dos años cuando arrojamos sus cenizas. Ese es el
tiempo que cabe en nuestra hora violeta. Ese es el tiempo que cabe en
este libro, que contiene todas las palabras que hacen falta para
nombrar mi condición.

miércoles, 24 de julio de 2013

SI DECIDO QUEDARME y LO QUE FUE DE ELLA

Estos dos libros me han recordado muchas cosas buenas, entre ellas las tres maravillosas películas que han protagonizado Julie Delpy y Ethan Hawke a lo largo de los últimos dieciocho años (Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes de medianoche). Tienen en común con las películas que ambos transcurren en apenas veinticuatro horas, que esas pocas horas cambiarán para siempre la vida de los dos protagonistas y que, aunque los libros son más descriptivos y explican los antecedentes con flashbacks continuos, ambos contienen diálogos verdaderamente memorables, frases y escenas enteras para apuntárselas y verlas y leerlas una y otra vez.
Mia es una chica de diecisiete años, con un talento fuera de lo común para tocar el cello y vivir la música al límite. Adam, su novio, toca en un grupo de rock y comparte ese entusiasmo, esa forma de ver la vida a través de la música, sea del género que sea.
En Si decido quedarme, Mia tiene un accidente que da un vuelco irreversible a su vida, hasta el punto de llegar a dudar si dejarse ir o quedarse, si después de lo ocurrido todavía quedan cosas que merezcan el dolor y el esfuerzo de permanecer. En Lo que fue de ella, Adam se ha convertido en un precoz músico de éxito pero su pasado con Mia le persigue a todas horas, en las letras de sus canciones y en todo lo que pudo o debió haber sido, hasta que una noche, en unas pocas horas, tendrá la oportunidad de decidir si quiere intentar reescribir su futuro.
Como decía, estos dos libros me han recordado muchas cosas buenas, películas, otros libros, historias escuchadas y vividas... Tienen un poder evocador considerable, están bien escritos, bien dirigidos a cualquiera que tenga menos de veinte años o no le importe volver a tenerlos leyéndolos (¡para todos!), quizá a veces traicioneramente emotivos pero en realidad esa es su debilidad y su atracción, como ese momento detenido en que los dos se sientan en un banco a las siete de la mañana para ver amanecer, con dos cafés hirviendo contemplando sin prisa los perfiles cambiantes de Manhattan, hablando despacio, buscando las palabras que los salven, ordenando todo el dolor del pasado para calmarlo y poder compartirlo y renacer de nuevo en otra historia más esperanzadora.

martes, 23 de julio de 2013

EL AMOR NO LO ES TODO

Me encuentro este poema al inicio de un libro juvenil, Lo que fue de ella, un libro sobre el amor a lo largo de un tiempo que parece interminable, el amor como algo a lo que hay que renunciar para seguir adelante y que al mismo tiempo se resiste a marcharse. El amor no lo es todo, cierto, pero aun así...


Love is not all: it is not meat nor drink
Nor slumber nor a roof against the rain;
Nor yet a floating spar to men that sink
And rise and sink and rise and sink again;
Love can not fill the thickened lung with breath,
Nor clean the blood, nor set the fractured bone;
Yet many a man is making friends with death
Even as I speak, for lack of love alone.
It well may be that in a difficult hour,
Pinned down by pain and moaning for release,
Or nagged by want past resolution's power,
I might be driven to sell your love for peace,
Or trade the memory of this night for food.
It well may be. I do not think I would.


Edna Saint Vincent Millay (1892-1950)


El amor no lo es todo: no es carne ni bebida
ni descanso ni un techo para la lluvia,
ni una tabla salvadora para hombres que se hunden
y se alzan y se hunden y se alzan y se hunden otra vez;
el amor no puede llenar el ahogado pulmón de aliento,
ni limpiar la sangre, ni recomponer el hueso;
aun así muchos hombres hacen amistad con la muerte
ahora mientras hablo, sólo por falta de amor.
Podría ser que en momentos difíciles,
atenazada por el dolor y suplicando la liberación,
o empujada por el deseo más allá de la determinación,
me viera impelida a vender tu amor por paz,
o a cambiar por alimento el recuerdo de esta noche.
Podría ser, pero no creo que lo hiciera.

miércoles, 10 de julio de 2013

PONERLE UN BOZAL AL CORAZÓN

Esta mañana ha venido un cliente preguntando por libros de poesía. Y empieza a preocuparme que me extrañe tanto, que casi me emocione tanto que siga habiendo gente que quiera leer en verso, que quiera buscar significados entre líneas y de repente comprender el mundo en una frase. Y se ha sorprendido y alegrado de encontrar un librito de Belén Reyes, prácticamente inencontrable ya, que guardo en la librería con ese ruinoso afán romántico de los libreros por conservar aquello que, por razones muy largas de explicar, de verdad necesitamos en nuestra vida. La poesía como un misterio, como ese extraño lenguaje que es capaz de darnos las respuestas que ningún otro puede...
El librito (el diminutivo va en serio, tiene 58 páginas) se llama Ponerle un bozal al corazón. Un bozal para esos momentos en que si recordamos demasiado se pone a gritar y se enfurece y puede llegar a mordernos...
Gracias, Amado, por rescatar para nosotros este poema.
Vengo de olvidarte...
pero llego a casa y me tropiezo contigo,
en las cosas que me miran con tus ojos,
en las pelusas del pasillo
que me enredan leves,
con tu olvido.

Vengo de olvidarte...
y puede
que cambie de casa
y siga viniendo de olvidarte,
que cambie de cuerpo
y te siga deseando,
que cambie de vida
y te siga viviendo.

Vengo de olvidarte.
Tiro el bolso
y se cae el pintalabios,
un beso metálico en el parquet
me recuerda la ausencia de tu boca.

Con vocación de olvidarte
me muevo.
Cada minuto y centímetro
que salgo de mí misma
hago eso, insisto en ello.

Mi obstinación es olvidarte,
mi trabajo es olvidarte,
mi verso es olvidarte,
mi insulto es olvidarte,
mi presente y mi futuro es olvidarte.

Y vengo y voy
para olvidarte.

Me duermo y me despierto
para olvidarte.
Soy lo que soy
para olvidarte.

Me voy a otras cosas,
a otras casas,
a otros seres,
a otras páginas.

Me voy a otros versos,
a otras voces,
a otros canales,
a otros ríos.

Me voy, me voy, me voy
continuamente.
Y cuando vuelvo…
abro la puerta,
tiro el bolso,
el pecho,
la careta
y el tabaco…
y sé que vengo de olvidarte.

martes, 9 de julio de 2013

LA VIDA A VECES

Este libro parte de la idea de que las historias más reales y cotidianas son el material perfecto para una novela o, como en este caso, un libro de relatos cortos. La vida nuestra, la de todos los días, es la mejor ficción que puede existir.
Las historias de La vida a veces son melancólicas, alegres, reconfortantes, emotivas, tiernas como el dulce dolor de los viejos recuerdos, siempre buscando el punto de vista sentimental que da sentido a una vida, o a un pedacito de ella.
Por ejemplo:
La vida sencilla vivida con plenitud y el maravilloso amor de los finales felices que acompaña a una encantadora pareja de viejecitos hasta su muerte.
Personajes con ojos de naufragio, dolidos de desamores intempestivos, que se apartan de la vida para escapar del sufrimiento y quedan sepultados por la certeza de que nadie les va a volver a echar nunca de menos.
El curioso ecosistema de las salas de espera de los aeropuertos, donde los besos son más sonoros y todo se vuelve más explícito y cada persona que espera esconde una historia en permanente estado de alerta, una historia a punto de cambiar.
Parejas que siguen encontrando en las palabras escritas un lenguaje constantemente renovado, un universo independiente, y continúan escribiéndose cartas de amor toda su vida a pesar de amanecer siempre juntos.
Ese lugar mágico donde se almacenan los besos que no lograron llegar a su destino.
Tu voz en la noche contando un cuento como la mejor banda sonora de cualquier sueño.
Este es un libro imaginativo, original, hasta nos sorprende metiéndonos en la piel de una entrañable pareja de esos 30000 patitos de goma amarillos que surcaron todas las corrientes del Océano Pacífico buscando un dueño amable que no les separara.
Carlos del Amor ha conseguido atrapar la magia de lo cotidiano con una facilidad de aplauso, como aquél que se pasea por los lugares y emociones que todos hemos vivido y encuentra pequeños tesoros escondidos en los que ninguno habíamos reparado.
Y al final del libro, unas páginas en blanco que nos invitan a escribir esa historia de nuestra vida que no podemos permitirnos olvidar.

lunes, 24 de junio de 2013

MARIE BONAPARTE

¡Que personaje singular! Marie Bonaparte era sobrina nieta de Napoleón y se casó muy enamorada con el príncipe Jorge de Grecia, que mantuvo una relación homosexual con su tío Valdemar durante toda su vida. Una anécdota curiosa fue que cuando murió Jorge con más de 80 años, Marie colocó dentro de su ataúd una cajita con el pelo de su tío amante que había fallecido años antes.

La época que le tocó vivir (1882-1962) fue de una intensidad que ella supo vivir de la misma forma, apoyada en la inmensa fortuna que su familia materna le había legado, de la que una de las más conocidas posesiones era el Casino de Montecarlo. Su dinero le permitió vivir viajando por todo el mundo, financiando revistas, instituciones y libros relacionados con la psicología y apoyando a Sigmund Freud, del que fue discípula y paciente, además de benefactora. Consiguió salvoconductos para que se trasladaran de Viena, donde estaban asediados por los nazis, para él, su familia y amigos. Basada en esta relación se rodó una película en 2004 "MARIE" protagonizada por Catherine Deneuve.

Comprometida con muchas causas perdidas, se implicó en la lucha contra la ablación y la pena de muerte. También consiguió rescatar a muchos intelectuales judíos y especialmente la correspondencia de Freud, del acoso nazi. Amante, entre otros, de un primer ministro francés, ejerció un papel fundamental en la difusión del psicoanálisis en Francia y descubrió en el mundo de la cultura un bálsamo que la consolaría de la soledad de su infancia y de un matrimonio frustrado.
Una espléndida recreación de esos años turbulentos en los que tantos personajes interesantes formaron parte de la vida de esta mujer, como Lou Andreas-Salomé, Dreyfus, Anatole France, Anna Freud, Rudyard Kipling, Stefan Zweig, Lacan, Roosevelt, a quien propuso la creación de un estado judío en el sur de Estados Unidos y toda la realeza europea con la que estaba emparentada.


jueves, 20 de junio de 2013

KIOTO

La literatura de Kawabata en Kioto es casi pictórica, las estaciones, los colores, los sonidos, las texturas de las telas, la nieve o la delicadeza estética de un juego de té, nos transportan a ese Japón de las tradiciones, donde la protagonista Chieko es una joven adoptada por Takichiro, un comerciante de telas, y Shigue, su mujer.
Cuando Chieko descubre que fue abandonada por sus padres y se encuentra con su hermana gemela, Naeko, el tema en manos de cualquier escritor que no fuera Kawabata fácilmente se convertiría en melodrama, pero él consigue una profundidad y complejidad estéticas que hacen fluir el relato al ritmo de las estaciones y nos trasmiten su belleza.
Este libro nos propone un acto no sólo de contemplación estética, en su más extenso significado sino también un acto de reflexión y de búsqueda de la identidad. Diseña exquisitamente el perfil de la naturaleza domesticada en Chieko, y en estado puro, la de los grandes árboles, las montañas, lo salvaje, en su hermana Naeko.
Para saborear lentamente una literatura que me ha recordado otro título espléndido de este autor, Lo bello y lo triste, más que recomendable.

miércoles, 12 de junio de 2013

PERDIDA

Perdida es una abrumadora historia de amor. Y la mayoría de la gente que conozco se llevará las manos a la cabeza, ¿una historia de amor? ¿eso, eso es amor? Para mí, sí, desde luego. Amor omnipresente y sobrecogedor, casi terrorífico, pero AMOR con mayúsculas.

La historia es en principio muy sencilla, muy clásica: tenemos una desaparición, sangre derramada, dinero e infidelidad como presuntos móviles, codicia, pasión, policías testarudos y el sospechoso habitual. Y tenemos por supuesto una víctima, o mejor, varias posibles víctimas, porque nada es en realidad lo que parece, no hay héroes ni personajes entrañables ni ningún modelo perfecto de conducta. Además, la estructura del libro es muy inteligente, con la alternancia de la voz femenina en forma de diario y la voz masculina en presente, tan definidas y convincentes las dos. Hasta aquí, thriller al uso, novela negra de manual.

Pero Perdida es mucho más que eso. Perdida utiliza la historia cotidiana de un matrimonio para sumergirnos en un mundo complejo, escalofriante y también desconcertantemente lúcido. A la vez que nos quita la respiración con una trama perfecta, disecciona hasta el hueso la evolución de un amor perfecto, la embriaguez de las primeras semanas, la certeza de haber llegado por fin a ese sueño del amor absoluto, la necesidad de exigirte ser mejor de lo que has sido, ser mejor de lo que en realidad eres para estar a la altura de la admiración del otro, y de ahí pasar a ese encantador fingimiento, a incorporar todos los gustos del otro a los tuyos en busca de una desenfrenada perfección, como si nada pudiera desagradarte, ceder constantemente a la agotadora exigencia del amor, una y otra vez, indefinidamente, hasta sorprenderte pensando que quizá, como Amy le dice a Nick, "la única temporada de tu vida en la que te sentiste a gusto contigo mismo fue fingiendo ser alguien que a mí me podría gustar".

Si aceptamos que el amor no puede ser una línea recta entre un principio y un final felices, si aceptamos que el amor a largo plazo es un juego muy muy peligroso, entonces Perdida es sin duda una maravillosa, implacable y abrumadora historia de amor.  




lunes, 27 de mayo de 2013

Y POR ESO ROMPIMOS

Cuando no puede dormir, Min se sube al tejado de su casa y enciende cerillas en la oscuridad. Cada pequeño estallido de luz es un recuerdo que se incendia, que alumbra por un momento las mejores secuencias de su día: sus besos en la boca, riendo como locos, corriendo por los jardines de la mano, felices y descontrolados, sintiendo su vida, la de los dos, inflamarse y expandirse hasta el infinito. Con cada cerilla intenta recuperar ese momento concreto, esa sensación nueva, iluminar el sentimiento en medio de la noche para que no se pierda, para volver a vivirlo e intentar comprenderlo y grabarlo en su interior hasta quemarse los dedos y la memoria.

En el tejado de su casa, Min enciende cerillas para repasar las secuencias de su día, las tomas de la película en la que vive y que nunca deja de proyectarse en su cabeza. Porque la película de su vida es compleja, es extraña, es casi extravagante y quiere vivirla como se la imagina, quiere creer que su vida son secuencias que bullen en su cabeza esperando su momento para florecer.
"Y por eso rompimos" es la historia de un amor maravilloso, el gran amor de los dieciséis años, ese en el que todas las cosas suceden por primera vez y el mundo empieza de nuevo cada mañana, virgen y ansioso y ciegamente esperanzado. Y por supuesto, como el título indica, también es la historia de un gran desengaño, de la inmensa humillación que supone quitarse la venda violentamente y constatar que el mundo de repente ha envejecido, que ese chico es en realidad como parecía ser y no como ella deseaba con toda su alma que fuera.

"Y por eso rompimos" es la larga carta que Min le escribe a Ed para despedirse; decide hacer de su dolor algo "hermosamente memorable" y contarle su versión de la historia a través de todos los pequeños objetos que les pertenecieron: una entrada de cine, pétalos de rosas, un libro de recetas, objetos que meterá en una caja y dejará en la puerta de la casa de él para deshacerse del dolor y empezar de nuevo. Una carta, una historia, impregnada de resignación pero también de alegría y de fuerza y de la rabia necesaria para poner su mundo de nuevo en su sitio.
Es un libro especial, distinto al resto, por las bonitas ilustraciones de los objetos que encabezan cada capítulo y que jalonan la carta, y sobre todo por la historia en sí, la historia de un primer amor que explota como una revelación, sin los filtros de la experiencia, directo a la fragilidad del sentimiento puro.

domingo, 26 de mayo de 2013

UN CUARTO PROPIO

Siempre me ha parecido más interesante el personaje de Virginia Woolf que sus escritos y quizá eso me ha impedido acercarme a su obra con la suficiente apertura mental para disfrutarlos. Hoy he retomado una especial edición que Lumen ha tenido el acierto de publicar, no solo de este título, sino de toda la obra de Virginia. Es un verdadero placer disfrutar de un libro no solo por su contenido sino también por la bella encuadernación, un papel precioso y unas ilustraciones que acogen amorosamente el texto de Un cuarto propio.
Icono de la literatura femenina del siglo XX, es un elegante ensayo cuyos temas siguen hoy vigentes a pesar de haber transcurrido casi un siglo desde 1929, fecha en que se publicó por primera vez. No existe acción como tal, sino una descripción de situaciones, expresión de todo lo que su imaginación elabora, contemplando las escenas de la vida cotidiana de Londres, valorando las diferencias sociales, domésticas, económicas, en las que se desenvuelven las mujeres para explicar el contenido de una conferencia que se comprometió a dar sobre las mujeres y la novela.
El breve prólogo de Kirmen Uribe añade valor a esta nueva edición que recomiendo leer saboreando despacio un texto que es auténtica literatura.

jueves, 23 de mayo de 2013

EL SR. PENUMBRA Y SU LIBRERÍA 24 HORAS ABIERTA

No sé si será casualidad o no, pero últimamente no paro de toparme con novelas sobre librerías y libreros:
- históricas (TIEMPO DE CENIZAS, ambientada en Roma en la época de los Borgia)
- divertidas-bucólicas (LA LIBRERÍA AMBULANTE, recorriendo los caminos rurales de la América de los años 20)
- divertidas-detectivescas (LA LIBRERÍA ENCANTADA, tras la pista de una extraña conspiración en Manhattan, continuación de la anterior)
y un montón más que aún no he leído.
Es como si los escritores se hubieran asustado con el tema de la crisis y trataran de camelarnos convirtiéndonos en héroes para que recomendemos más los libros en los que somos protagonistas. Y como en todos los géneros, hay libros buenos y otros malos, y sobre todo, libros más creíbles que otros.
El libro que acabo de leer es, con diferencia, el que más me ha sorprendido de todos. Para empezar, el librero se llama Sr. Penumbra, es venerable, tiene los ojos más azules y la sonrisa más bonita del mundo, su librería es muy estrecha y muy muy alta ("imaginaos la forma y el volumen de una librería normal vuelta sobre un costado") y contiene mundos misteriosos ("tuve la sensación de encontrarme en el lindero de un bosque, pero no de un amable bosque californiano, sino de uno viejo de Transilvania, repleto de lobos y brujas y bandidos con puñales, agazapados donde la luz de luna ya no alcanza").
Pero lo más increíble es el protagonista, un programador informático, un veinteañero friki de la literatura fantástica y las nuevas tecnologías que, aunque hace años que sus manos no tocan un libro de papel, acaba siendo contratado para el turno de noche de la librería siempre abierta del Sr. Penumbra.
Y en las interminables estanterías que suben y suben hacia la oscuridad del techo encuentra una sección de libros extraños escritos en clave que esconden un misterio sólo apto para ser desvelado a los iniciados de la secta centenaria Festina Lente.
Libros antiguos, mensajes cifrados, lectores excéntricos en busca de la vida eterna y unos chicos californianos con toda la tecnología del siglo XXI (y la del XXII, que ya bulle en sus cabezas), dispuestos a ayudar a Penumbra a desvelar el misterio, corriendo desenfrenadamente por la frontera entre la fantasía más delirante y la realidad más inimaginable.
Una mezcla inteligente y sin complejos del mundo literario y de la era digital, un libro genial, en todos los sentidos, con una carcajada esperando detrás de cada página, irreverente y lleno de chispa, al leerlo uno siente espontáneamente una simpatía irresistible por todos los seres raros y extravagantes que pueblan el mundo.

lunes, 13 de mayo de 2013

LA DECISIÓN DE SOPHIE

Stingo es un chico sureño que se instala en Nueva York soñando con convertirse en un gran escritor. Tímido, humilde, por el día se adentra en la gran ciudad con los ojos abiertos por un asombro genuino, y por las noches busca las palabras de su gran historia en medio del golpeteo furioso de su máquina de escribir.
Nathan es un chico judío con una personalidad arrolladora: brillante, encantador, visionario, es un verdadero virtuoso de la vida. Sin embargo, la pasión que le gobierna va poco a poco devastando su equilibrio emocional y los millones de judíos asesinados en la reciente guerra habitan su mente llenando sus noches de pesadillas.
Sophie es una chica polaca recién llegada de la guerra: bella, pálida y frágil, parece venir de un mundo muy lejano y terrible, un mundo de atrocidades secretas que es mejor esconder y tratar de olvidar. En Brooklyn aprende poco a poco a vivir de nuevo, y gracias al amor de Nathan y a la amistad de Stingo, la vida y la esperanza vuelven a nacer en ella, aunque también los recuerdos de un pasado que no cesa de atormentarla.
A través de los vínculos que se van tejiendo entre estos tres personajes, William Styron recrea un mundo complejo y fascinante de relaciones humanas: esperanza, redención y amor intoxicados por un exceso de recuerdos.
Una novela arrolladora y maravillosa, escrita en 1980, que es ya un clásico de la literatura universal y cuya adaptación al cine dos años después brindó a Meryl Streep uno de los mejores papeles de su carrera.


jueves, 9 de mayo de 2013

ABRAZOS

"Mi querido amigo,
¿cuánto hace que no abrazas a nadie?

¿Recuerdas cuánto tiempo ha pasado?
¿Siete días?
¿Cuatro semanas?
¿Seis meses?
¿Un año y medio?"




Érase una vez un león pelirrojo que sabía leer, un niño que le echaba de menos y un libro que cayó del cielo para tratar de devolverles todos sus abrazos perdidos. ¿Alguna vez imaginaste el abrazo de un oso panda? ¿Y el de un cocodrilo? ¿Y el de un pulpo? ¿Un delfín, un puercoespín, un elefante?
Abrazos perezosos, furtivos, saltarines, bailarines, violentos, soñadores, abrazos de todos y para todos, porque "todos los abrazos nos deslumbran con emocionantes secretos".

martes, 7 de mayo de 2013

LA VIDA CUANDO ERA NUESTRA

La nueva novela de Marian Izaguirre nos invita a dar un precioso paseo por los ambientes burgueses franceses e ingleses de principios del siglo XX de la mano de Rose, un personaje entrañable, producto de la hipocresía que tan arraigada estaba en la moral de la época. Con un punto de intriga, referencias literarias y un salto en el tiempo que nos lleva al Madrid de la posguerra, dos maravillosos personajes, Matías, un librero vocacional, antiguo editor represaliado y su mujer Lola, nos hacen revivir esa dura etapa, en una representación de la sociedad maltrecha, llena de prejuicios que tanto dolor ocasionó.

El amor de Matías y Lola trasciende toda la narración que se lee con gran placer y cuando se va acabando se ralentiza para no separarse tan pronto de unos personajes que durante unas horas consiguen incorporarse a tu vida, enriqueciéndola. Un mérito de la buena literatura.

martes, 23 de abril de 2013

¡FELIZ DÍA DEL LIBRO!

¡Feliz día del libro!
Para nosotros este es un día muy especial.  Es como si fuera nuestro cumpleaños, celebramos estar aquí, trabajar en este lugar privilegiado rodeados de libros, rodeados de historias maravillosas conocidas y por descubrir, de vidas enteras escondidas bajo las tapas de los libros. Y celebramos también que vosotros, lectores, vengáis hoy con esa ilusión de regalar una o varias de esas vidas, que compartáis una historia y unas risas con nosotros y os dejéis seducir y convencer por alguna recomendación, descubrir ese libro especial que no sabíais que estabais buscando.
Gracias por vuestro entusiasmo y vuestras ganas de seguir soñando historias.
¡Feliz día del libro!

martes, 16 de abril de 2013

EL MALENTENDIDO

Con cada nuevo libro que nos llega, la figura de Irène Némirovsky se engrandece. Con este que acaba de salir, ya son once los libros traducidos al español de esta autora (¡qué maravilla que quede casi otra docena por traducir!), y siento que cada uno de ellos es una nueva estela de un mosaico subyugante, un color, un elemento nuevo que añadir al cuadro de una obra que a medida que se nos revela, se va mostrando más compleja, más llena de matices y sutilezas.
Némirovsky escribió este libro en 1926, con apenas 23 años, meses antes de casarse con Michel Epstein, en una unión que aparentemente fue feliz a lo largo de toda su vida. Y es su juventud lo primero que desconcierta, esa increíble capacidad de profundizar en la relación de dos personas que se aman pero no logran encontrar la distancia o la intensidad o la generosidad necesarias para convertir ese amor en una felicidad. Es como si con 23 años, la joven Irène hubiera vivido ya varias veces una historia así, como si hubiera acumulado durante años, relación tras relación, todos esos sentimientos confusos e ingobernables y hubiera alcanzado la sabiduría y la clarividencia necesarias para modelar su experiencia en una obra de ficción. Aunque quizá no fuera así, quizá tenía el don de comprender la complejidad humana a la primera y la intuición literaria para despojar a sus personajes de todos sus pudores y mostrar sus pasiones y miserias en toda su desnudez. Después de leer Suite Francesa, en realidad pienso que Irène Némirovsky no necesitaba perspectiva para comprender las cosas, le bastaba vislumbrar un solo instante una situación humana, fuera cual fuese, para atrapar su verdad oculta y que de inmediato surgiera en su cabeza una escena, un argumento, la trama de una tragedia y de una novela entera.
Esta su primera novela es la historia de una pasión desigual, de una mujer que ansía lo sublime, la ternura infinita y todas las palabras de amor, y de un hombre que busca seguridad, algo a lo que aferrarse en un mundo que se derrumba bajo sus pies. Es la historia de un incendio, de un deseo inmenso que se muere de amor y renace en la indiferencia, y a los dos besos vuelve a morirse de nuevo para volver a nacer quién sabe bajo qué forma o con qué sonrisa escéptica en los labios. Es la historia de una confusión, del terrible malentendido que se crea al pensar que siempre merecemos lo que ansiamos, que si cerramos los ojos con la suficiente intensidad para pedir un deseo, éste siempre se hará realidad.

domingo, 14 de abril de 2013

MÚSICA DE CÁMARA

Rosa Regás ha merecido con esta novela el Premio Biblioteca Breve 2013, una historia comprometida políticamente e iluminada por una potente historia de amor que actúa de bálsamo y nos deja al final un buen sabor a pesar de los entresijos.

La primera parte transcurre en la Barcelona del año 1949, época oscura, triste, de miseria no solo material sino también moral, especialmente en la burguesía catalana en connivencia con la dictadura franquista y la jerarquía católica, donde el dinero no faltaba nunca por las prebendas que esos estamentos disfrutaron. La segunda parte en 1984 nos ofrece el retrato completo de los dos protagonistas, Arcadia, hija de exiliados republicanos y Javier, hijo del primer alcalde que tuvo Barcelona, en un reencuentro en el que las reflexiones políticas y morales dan profundidad a este relato que consigue diseccionar el ambiente de aquella España compleja en transición.

Valor añadido son muchos datos que las generaciones posteriores desconocen en buena medida de una historia de España contemplada desde las dos partes con pasión.

sábado, 13 de abril de 2013

EN LA CORTE DEL LOBO y UNA REINA EN EL ESTRADO

Con su trilogía sobre el reinado de Enrique VIII, Hilary Mantel está revolucionando el panorama de la novela histórica. De momento ha publicado los dos primeros volúmenes (el tercero está previsto para el 2014), y ya ha hecho historia al ser la primera escritora galardonada con dos premios Man Booker. Y la verdad, tengo que decir que se los merece.

Ha escogido al principal ministro del rey, Thomas Cromwell (antepasado indirecto del más famoso Oliver Cromwell), para descubrirnos a través de sus ojos una de las épocas más turbulentas, sangrientas y trascendentes de la historia de Inglaterra.

Este Cromwell nunca había sido objeto de mucha atención por los historiadores; permanentemente a la sombra, su figura tenaz y escurridiza, eficaz como nadie en anticiparse a los deseos más turbios del rey, había sido comúnmente eclipsada por otras más estelares como la de Ana Bolena o Tomás Moro. Y aunque es cierto que su presencia en los asuntos de estado duró apenas quince años, fue el poder en la sombra más influyente de toda una generación, y el verdadero artífice, entre otras muchas cosas, de la caída de Ana Bolena y la erradicación del poder de la Iglesia Católica en Inglaterra.




A través de los ojos de Cromwell, Hilary Mantel nos abre el telón de un Londres en plena ebullición: aspiramos los olores más variopintos (la mayoría casi insoportables) de los mercados y las calles adyacentes al Támesis, oímos los suspiros de las damas de la corte al leer una nota de amor entregada a escondidas y los gritos furibundos de todo un pueblo contra esa Bolena a la que todos ya llaman "la puta del rey", vemos una corte siempre pendiente del humor de un rey tirano y errático, sofocada y temblando en su jaula de oro, conspirando, mintiendo y traicionando para poder seguir viviendo un día más.

Y por encima de todos, por encima incluso del rey, la inteligencia asombrosa de nuestro Thomas Cromwell, moviendo los hilos de todo el país, como en una representación de marionetas, sin olvidar ni un solo instante que el capricho sanguinario de su rey puede convertirle en una marioneta más, sacarle del escenario y cortarle también a él su brillante cabeza.

Apasionante y brillantemente escrita, esta trilogía no ha hecho más que reavivar mi absoluta devoción y fascinación por la época de los Tudor.




martes, 2 de abril de 2013

LA LLAVE DE SARAH

París, 16 de julio de 1942. Son las cuatro de la mañana y toda la ciudad duerme. Toda la ciudad excepto los 9000 policías franceses que ya se dirigen a las direcciones proporcionadas por la Prefectura donde van a detener a más de 12000 judíos en la mayor redada en Francia durante la Segunda Guerra Mundial.
Sarah es una niña de diez años que se despierta sobresaltada por unos fuertes golpes y gritos de policías en la puerta. Son voces francesas, no alemanas, así que no tiene demasiado miedo, pero al levantarse y ver a su madre llorando y temblando junto a la ventana, echa a correr y esconde a su hermanito de cuatro años en un armario oculto, cerrándolo con una llave que se mete en el bolsillo. "En unas horas vuelvo a buscarte, no hagas ningún ruido", le dice, sin saber que ese acto cambiará su vida y la de su hermano para siempre.

He leído esta novela sin parar, casi sin respirar, en uno de estos días de Semana Santa, oyendo llover y llover contra la ventana, totalmente absorbido por la historia. Es admirable cómo los franceses se enfrentan con los actos criminales de su pasado, en este caso, la participación activa del gobierno de Vichy y de la policía y administración francesas en el genocidio de los judíos residentes en Francia, sin rubor, sin disputas ideológicas, a diferencia de España, que parece incapaz de hacer un ejercicio de memoria histórica valiente y sincero.
La escritura de Tatiana de Rosnay es sencilla, sin grandes pretensiones ni sutilezas, pero enormemente eficaz a la hora de contar esta historia sobrecogedora y emocionante. Este es uno de esos libros con los que aprendes algo del pasado que profundiza y sensibiliza tu percepción del presente y espero, del futuro.