jueves, 5 de marzo de 2015

FEMINICIDIO

Feminicidio. Sí, la palabra asusta. Varios clientes ya se me han espantado al ver la portada de este libro expuesta bien visible a la derecha del mostrador. Qué horror, qué terrible, hay que ver lo que pasa en el mundo. Y yo les sonrío con el pesar empático que demandan sus comentarios, pensando que tienen razón, que es terrible, pero que esto no pasa en el mundo, al menos no en ese mundo bárbaro que imaginan tan alejado de nuestros sofás cuyas víctimas nada tienen que ver con nosotros. No, esto pasa en este mundo, en el nuestro, en nuestro país, a gente como nosotros, mujeres y niñas como las que amamos y besamos todos los días. Esto pasa aquí y ahora. Y sí, es un espanto. Y aunque poco podemos hacer más que decir qué barbaridad, pasar la mirada por encima de este libro y que el espanto ceda frente a la curiosidad, y que la curiosidad se alimente de indignación, es quizá un buen paso. Luego podremos, como Mafalda, volver a nuestros juegos, a nuestros dilemas, a nuestras pasiones, y aunque se nos chafe un poco la sonrisa, a nuestra vida cotidiana que por suerte no se ve diariamente amenazada de muerte.


El feminicidio es el asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres. La palabra es nueva, lleva usándose apenas treinta años y hace sólo siete que está en el diccionario. Pero la barbarie que describe es antigua como el mundo. Las palabras son importantes. Con ellas nombramos la vida, el mundo que nos rodea, y lo hacemos nuestro. A través de ellas lo comprendemos y tenemos el poder de cambiarlo para mejorarlo. Es difícil luchar contra una injusticia o un crimen si éste no tiene un nombre. Uno tiene la impresión de perseguir a un fantasma, de ser agredido por un ser invisible que golpea una y otra vez desde la impunidad. Este libro pretende acabar con esa invisibilidad, poner sobre la mesa (y sobre el mostrador de las librerías) una palabra que espante, que estremezca, que sacuda a quien la lea, para que el asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres deje de ser ese fantasma incómodo sin nombre del que nadie quiere hablar. 

Nosotros, como libreros, apelamos a la persona que se acerca, nos sonríe y encuentra un placer determinado en dedicar unos minutos de su tiempo a curiosear entre libros. Hablamos con ellos, orientamos, intercambiamos opiniones y, en contadas ocasiones, discutimos cordialmente. A veces colocamos libros contundentes en lugares muy visibles, libros que no necesitan explicación ni recomendación expresa para atraer las miradas. Consideramos que son libros importantes, que aunque no interesen a una mayoría, hay una minoría para la que tienen que estar disponibles de frente y sin tener que buscarlos. Libros como revelaciones, como gritos mudos que apelan a la sensibilidad social y política de cada uno de nosotros. Nuestra responsabilidad para formar criterios es muy limitada. Somos el eslabón final de la cadena de distribución del libro. Pero aspiramos a ser un eslabón lúcido, comprometido y sugestivo. Y con libros como éste ponemos nuestro granito de arena para subrayar nuestro compromiso con lo que consideramos justo y necesario. 

Este libro también apela a la persona que se acerca, nos sonríe y curiosea. Pero no se limita a ese ámbito doméstico. Este libro apela al Estado para que se comprometa a luchar contra la violencia contra las mujeres y reconozca "que el concepto de ciudadanía no se sostiene mientras las mujeres no alcancen la plena igualdad de derechos". Porque "mientras tengamos un modelo de Estado que no se comprometa - en todos los países del mundo y de manera trasnacional - a dar garantías jurídicas para la erradicación de las distintas formas de violencia que acechan a las mujeres: sexual, económica, política, simbólica, mediática, institucional..., la igualdad seguirá siendo una meta lejana". 



martes, 3 de marzo de 2015

UN DISFRAZ EQUIVOCADO

"No soy nada.
Nunca seré nada. 
No puedo no ser nada. 
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo".

Hay editoriales para las que los libreros seguimos siendo la novia difícil. Nos agasajan, nos llaman muy de vez en cuando para no agobiarnos, nos preguntan cómo nos va. Nos hablan de sus virtudes, de sus mejores títulos, con la convicción del que sabe que el producto de su pasión tiene que enamorar si logra encontrar la comunicación adecuada. Pero son conscientes de que los libreros vivimos aturdidos de atenciones, rodeados diariamente de un número vertiginoso de placeres ocultos tras las tapas de todos esos libros irresistibles que nunca tendremos la ocasión de leer. Y apenas tenemos tiempo de atender a todos nuestros potenciales pretendientes. 

Pero a veces, alguna editorial encuentra el camino, las palabras o simplemente el título que acierta de lleno en la diana de nuestra emoción. Nos lo envían por correo de regalo unos días antes de que salga a la venta y, al abrir el sobre marrón, nos sentimos de repente la novia conquistada, la novia deseosa de entregarse a un placer inaplazable. 

Nuestro último placer inaplazable es una antología bilingüe de Pessoa llamada Un disfraz equivocado. El poeta lisboeta de las mil caras nos encanta, cómo no, pero su secreto, sin duda, son las ilustraciones. Simbolistas, melancólicas, oníricas, no pueden no ser nada, porque contienen todos los sueños del mundo. 

Hay editoriales para las que los libreros seguimos siendo la novia difícil. Pero hoy, como tantas otras veces antes, para la editorial Nórdica nos hemos convertido en la novia rendida y feliz que quiere más. 



jueves, 26 de febrero de 2015

TARDE EN LA LIBRERÍA: PATAPÁGINAS

Acaba de irse una madre encantadora con dos niñas.
La hija mayor se ha llevado Fray Perico de la Mancha (lectura obligada de cole) y, como hacemos siempre, le he metido un punto de lectura en la primera página. Al verlo, la pequeña, de tres años, se ha enganchado a la falda de su madre, timidísima y sonriendo con ánimo seductor, diciendo muy bajito: yo también quieo unoooo. Y su madre: pues pídeselo a Óscar, venga, díselo por favor. 
La miro.
Me mira.
Duda.
Hace una caída de ojos que ni Marilyn Monroe.
Me parto de risa por dentro mientras mi sonrisa cálida le da ánimos.
Me mira.
La miro.
Y se lanza:
¿Me... me das un patapáginas, pofavor? 
...
Parpadeo: ¿un qué?
Con la voz diminuta diminuta: un... un... un pata... un patapáginas. 
...
Claro, mira, aquí tienes un patapáginas de gatos azules, igualito al de tu hermana. 

Y cuando ya se iba, toda contenta, se iba metiendo el patapáginas por el cuello del abrigo, diciendo: mira mamá, mira, ¡soy un libro!


(Dedicado a la niña del patapáginas 
y a la amiga al otro lado del ordenador 
que alimenta mi ilusión por las cosas bonitas 
y me recuerda que la librería, a veces, es el mejor lugar del mundo).



miércoles, 11 de febrero de 2015

CONTRA LA MÁQUINA DEL FANGO

No hace falta mirar detenidamente a nuestro alrededor para darse cuenta de que el mundo está un poco loco. Loco para cualquiera que pretenda basar su felicidad en el amor de otro. Y loco para cualquiera que se atreva a denunciar una injusticia ante la que la mayoría calla. 
Quizá sólo el idealismo de los que luchan ingenuamente por amor pueda compararse con el de aquellos que luchan ingenuamente por la justicia. Ambos se comprometen más allá de lo razonable y están dispuestos a renunciar a parcelas de su propia libertad para ser fieles a sus principios. 

Roberto Saviano
En este blog no solemos escribir sobre política. Pretendemos promover la literatura que consideramos más valiosa, y es muy raro que el arte y el ejercicio del bien público se lleven bien. 
Pero no puedo evitar pensar en lo que me enseñó mi admirado Roberto Saviano sobre la máquina del fango al leer los periódicos últimamente y constatar que, siempre que se sienten aludidos, ya no digamos amenazados, los partidos tradicionales de este país encaran las injusticias y los crímenes tratando de deslegitimar a quienes se atreven a denunciarlos. 

Es una práctica vieja como el mundo. Consiste en negar nuestros errores culpando de cualquier delito imaginable a quien ose denunciarnos. Quien ostenta algún poder dentro de una comunidad lo sabe. Y es el gran peligro que corren las personas íntegras cuyas convicciones las llevan a comprometerse con la política. 

Parece que la práctica del fango en nuestro país se ha convertido en norma, de la manera grosera y condescendiente propia de la mayoría de los políticos que nos gobiernan. Parece que la hemos aceptado como una actitud extendida y que nos espera un 2015 electoral de guerra de difamaciones. 

Sin embargo, a pesar de la rabia que da vivir en un mundo donde el fango pervierte la frontera entre la mentira y la verdad, hay personas idealistas e íntegras que luchan por preservar nuestra dignidad y nuestro derecho a una justicia que no se venda ni se compre. 
A ellos les pido, desde mi humilde mostrador de vendedor de historias, que no desistan, que no bajen los brazos, que no cedan al desánimo ni a la ira, que se defiendan del fango con ánimo implacable. Y que cuando no puedan más, cuando la fealdad de la política les noquee la sonrisa y se sientan sucios y derrotados, acudan a su novia, a su novio, a su amigo artista, a su sobrinito en la cuna, acudan adonde el fango nunca llega, a la poesía, a la ternura, a los sueños de tinta de los libros, o si no, lean a Saviano, agárrense a su fortaleza diariamente amenazada, y hagan también su lista de cosas por las que merece la pena vivir y luchar contra el fango. 

En su libro Vente conmigo, él hizo una lista sencillísima de diez cosas. Yo hoy me quedo con su razón número diez (sólo él puede saber por qué la puso en último lugar), la razón que sentimos en las entrañas hasta quienes, por suerte, vivimos apartados del fango del mundo:

Después de un día en el que se han recogido firmas contra tu persona, encender el ordenador y encontrar un e-mail de tu hermano que dice: "estoy orgulloso de ti."




sábado, 7 de febrero de 2015

VESTIDO DE NOVIA

Pierre Lemaitre ganó el Premio Goncourt en 2013 con Nos vemos allá arriba, una novela espléndida sobre las secuelas de la Primera Guerra Mundial en dos jóvenes soldados, y cuyo éxito ha llevado a Alfaguara a traducir este libro que acabo de leer. Isabel la recomendó apasionadamente en este blog y desde entonces no hemos dejado de promoverla y de compartir el entusiasmo por lo buena que es. 

Al igual que Nos vemos allá arriba, Vestido de novia trata sobre la venganza. 
Pero en este caso es una venganza mucho más sobrecogedora que aquella. 
No voy a revelar mucho porque la historia está tan llena de sorpresas que es mejor no hablar de ella. Es como esas muñecas rusas que, a medida que las vas abriendo, vas encontrándote réplicas más pequeñas hasta llegar a la más diminuta. En este caso, todas las muñecas son ligeramente diferentes entre sí y la más diminuta es un final que te deja con la respiración agitada y sin poder creerte lo que acabas de leer. 

Nadie está a salvo de la locura. Sophie, la joven protagonista de esta historia, empieza a olvidar detalles, a perder cosas, a confundir situaciones. Lentamente, casi sin darse cuenta, los indicios de su trastorno se acumulan y todo se acelera. ¿Será ella responsable de la muerte de su suegra? ¿Y de la de su marido inválido? En medio de una depresión profunda, se encuentra implicada en varios asesinatos de los que, curiosamente, no recuerda nada. Sólo que estuvo allí. Y decide huir. 

No recuerdo haber leído nunca un libro tan diabólico. Tan bien hilado y tan elegante en su crueldad. Hace que uno se pregunte hasta dónde puede llegar una persona enferma movida por el deseo de venganza. Es perfecto. 


martes, 3 de febrero de 2015

ALMUDENA

No sé, a mí me parece bonito que alguien te dedique un libro de poemas de amor. 
Habrá hombres que le den vueltas a la idea con la incomprensión propia de quien no entiende qué sentido tiene complicarse en amar con frases ambiguas si se puede decir todo de viva voz y más fácil. 
Habrá mujeres que alcen una ceja despectiva y recelosa ante la más que probable estafa emocional que debe de esconderse detrás de cada palabra escrita por esos que se hacen llamar poetas.
Pero a mí me parece bonito. Me parece un gesto importante, aunque no lo sea. Una huella imborrable en la historia conjunta, por pequeña que quede. 
Es una forma de trascender el amor que une a dos personas. De decir: no es un capricho, no es un compromiso, no es una salvación, no es un pacto, no son las cláusulas de ningún contrato, no es ni siquiera una forma de vida feliz. Es mucho más que eso. Es un proyecto enorme y poderoso que se extiende a través de miles de ramificaciones. Y este libro podría ser una de ellas. 

Me parece bonito que alguien te dedique un libro de poemas de amor. 
No tengo ni idea de qué debe de sentirse. Almudena, por ejemplo, podría contárnoslo.
Pero me gusta imaginar que de repente te sientes otro, te ves más guapo o más poderoso, de repente alguien se mete en tu interior y recoloca los muebles y no puedes creerte lo resplandeciente que quedas una vez que te has visto con sus ojos. No sé lo que sucede pero no se me ocurre una seducción más difícil de resistir que la de saber que alguien te ve así y quiere seguir embelleciéndote para siempre. Cómo no aspirar a ser el centro de la mejor emoción de un poeta.

Unos pensarán que es todo falso y otros que en verdad tampoco es para tanto (total, unos poemas).
Pero a mí me parece bonito que alguien te dedique un libro de poemas de amor. 
Y si es alguien que amas, todavía mejor.
Y si además le pone tu nombre al libro y el autor se llama Luis García Montero, y empieza como sigue, ya ni te cuento.

DEDICATORIA

Si alguna vez la vida te maltrata, 
acuérdate de mí,
que no puede cansarse de esperar
aquel que no se cansa de mirarte.




sábado, 31 de enero de 2015

UNA BANDADA DE CUERVOS

Una bandada de cuervos es una recopilación de relatos que describen las terribles condiciones de los soldados japoneses que invadieron Siberia en 1918 para apoyar al ejército blanco contra los bolcheviques. Centrados en los soldados rasos y en los civiles rusos, los relatos ahondan en la indefensión de unos hombres obligados a luchar en un clima extremadamente hostil contra otros hombres por los que la mayoría no siente ninguna antipatía. Rodeados de nieve, hielo y paisajes desolados, sueñan con volver a su hogar, pero en el fondo no esperan regresar. Una parte de ellos ya ha renunciado. Están desesperados. 

La estepa nevada es como un interminable océano blanco en el que los batallones flotan a la deriva, sin mapas ni referencias topográficas para orientarse. Se alimentan de rabia y odio para sobrevivir, y también de la compañía nocturna de campesinas rusas, cuyo calor compran con provisiones que sacan de la cantina. Respiran escarcha, sienten como si se formase una capa de hielo en sus pulmones y nunca les abandona la sensación de que el sol ha huido de la tierra para brillar y calentar en otro lugar. 

Matan a campesinos rusos que se defienden porque prefieren morir de hambre que de una bala japonesa. Se cansan de combatir para nada, de que no haya ni estrategia ni lógica que dé al menos un sentido a la crueldad de lo que hacen. Su humanidad se desdibuja, la supervivencia los convierte en seres sin compasión, en bestias furiosas, en extraños para sí mismos. 

Denji Kuroshima
Hay relatos narrados desde varios puntos de vista, también desde los ojos de los campesinos rusos, que no dan crédito a lo que ven. El tono es preciso, cercano, extremadamente contenido. Predomina una humanidad especial en las descripciones y sólo se agita y hierve cuando los desenlaces se convierten en dedos acusadores que señalan y denuncian injusticias. 

El autor estuvo en Rusia en 1919 y durante toda su vida escribió para denunciar los abusos del imperialismo desde el punto de vista del proletariado con un estilo sobrio e impactante. Su única novela, escrita en 1930, sobre la agresión militar y económica japonesa de China, fue censurada en su país y no vería la luz hasta 1970, casi tres décadas después de su muerte. 

martes, 27 de enero de 2015

CAMINO A LA ESCUELA

Marie-Claire Javoy, autora de este precioso libro, es guionista, montadora y realizadora de numerosos documentales de cine y televisión. El trabajo en el que se inspira este relato mereció el Premio César 2014 de la Academia Francesa al Mejor Documental.

Nos cuenta las experiencias de siete niños de distintos países en su odisea para poder acudir al colegio todos los días. Samuel, un niño de India de 12 años, imposibilitado para caminar, quiere ser médico para curar a los niños que padecen enfermedades como la suya y hace un recorrido de cuatro kilómetros en una más que precaria silla de ruedas que empujan sus hermanos de 7 y 9 años durante varias horas. Katia, una niña siberiana de 9 años, nos introduce en un exótico mundo donde sólo a partir de ¡cincuenta grados bajo cero! los niños no van a la escuela. 

Verdaderos héroes infantiles afrontan auténticas odiseas para acceder a una educación que les procure un futuro más prometedor que el que tienen en su casa, con padres y abuelos analfabetos. En Kenia, el pequeño Jackson recorre quince kilómetros con su hermana de seis años, evitando peligros como los elefantes y otros animales salvajes. Carlitos, de once años, baja a caballo desde los Andes a la Patagonia argentina. Zahira hace a pie cada semana veintidós kilómetros para llegar a su escuela. El australiano Trevor, de siete años, tarda dos días en un todoterreno para incorporarse por primera vez a su clase que durante los años anteriores ha seguido a través de radio y vídeoconferencias. Y por último, la chinita Ayi de 13 años sigue la estricta disciplina de su país y elige un mejor colegio que el que tiene en su pueblo, pero tiene que caminar cuatro horas diarias, dos de ida por la mañana y dos de vuelta por la tarde.

Es especialmente llamativa la situación escolar en Australia, único lugar de los representados en el libro donde no hay discriminación de género en cuanto al acceso a la educación: el 97% de las chicas alcanzan la educación superior, frente al 70% de los chicos. 

Cada uno de los relatos viene acompañado por una interesante información sobre la situación de la educación de cada uno de los países, y estas historias también nos permiten conocer la vida cotidiana en cada una de las familias cuyos vínculos afectivos son tan entrañables.

Una lectura más que recomendable para nuestros niños y adolescentes, que gozan de muchas facilidades para poder estudiar y en tantos casos no las aprecian. 

(Recomendado por Isabel)

Samuel y sus hermanos

sábado, 24 de enero de 2015

QUÉ HACER CUANDO EN LA PANTALLA APARECE THE END

Hay poesía que se lee, en la soledad emocionada del que espera un cambio, o recitada en voz muy baja al oído de la persona adecuada.
Hay poesía que se huele, se toca o se escucha, escondida en ese significado con el que hacemos brillar a las cosas y que nace de nuestra forma de sentir y cuidar las expectativas.
Hay poesía que se comparte cuando ya no queda nada por decir, o cuando queda tanto por decir que no hay forma de empezar a romper el silencio.
Hay poesía que se escribe para rendirse o para no rendirse, para seducir o para refugiarse, para entregarse o para tratar de compartir lo que en el fondo no puede compartirse.

La poesía de este libro fluye de las palabras a los dibujos a través de muchas historias minúsculas y sencillas, flashes que iluminan una escena, una despedida, un momento intenso que encerraba posibilidades y que no fue, o que no fue como quizá debería haber sido.
Son hilos de vida que no se tocan, que corren paralelos, desarrollando su emoción por separado. 
Personas que tropiezan con sus propios sentimientos y se levantan y hacen pactos internos para intentar tropezar mejor la próxima vez. Que fingen no conocerse a sí mismas para que las quieran y acaban esperando recompensas que nunca llegan. Que abrazan y besan a personas cuyos sentimientos sólo se entregan por mitades. Que miran y no ven, o no las ven, y el mundo se empaña de rojo.
Deseos que no se rinden, que siguen ahí, empujando, que piden paso, que aprietan como un retortijón, como un dolor que se mueve inquieto por dentro y pide y reclama ser sentido. 
Fogonazos que iluminan una esperanza y desvelan un sentimiento abrumador, para apagarse al instante, provocando unas ondas expansivas en el interior de los personajes que nunca terminan de desaparecer del todo.
Son hilos de vida paralelos, vitales como el corazón que se empeña en latir más fuerte contra el frío, hilos paralelos que, cuando se tocan, explotan en una frase o en la expresión de un dibujo que detienen el tiempo y se quedan ahí, revoloteando en la retina y más adentro, clavándonos a algo bonito y duradero que ya ha pasado a pertenecernos.








martes, 20 de enero de 2015

EL CONDE NEGRO

Alexandre Dumas fue un negro de Haití que a los treinta y un años llegó a comandar legiones del ejército revolucionario de la Francia republicana. Padre del famoso novelista, inspiró buena parte de los sucesos de El Conde de Montecristo y encarnó en su trayectoria el triunfo y la traición a los ideales de igualdad de la Revolución Francesa. Con esta biografía chispeante e ingeniosa, Tom Reiss rinde homenaje a un personaje histórico olvidado y retrata una época turbulenta que cambiaría para siempre la historia de la humanidad.

A mediados del siglo XVIII, las condiciones de los esclavos en las plantaciones de azúcar de las colonias francesas del Caribe se parecían bastante a las de los prisioneros de los campos nazis o de los gulags estalinistas en los años cuarenta del siglo XX. La mano de obra era baratísima y lo que producía se vendía como el oro. 
Sin embargo, treinta años después Francia sería el primer país en la historia en abolir la esclavitud y promover la igualdad racial. Durante doce años, de 1789 a 1801, en teoría los negros tuvieron los mismos derechos que los blancos, optaron a los mismos puestos estatales y se beneficiaron del acceso a una educación similar. Aunque su situación en las coloniales era muy distinta, en Francia hubo diputados negros y generales negros. Y en especial hubo uno llamado Dumas cuyas hazañas militares lo convertirían en una leyenda, en un héroe aclamado independientemente del color de su piel. Llevó al ejército francés a través de los Alpes; pacificó la región de Vendée que se había alzado contra el gobierno republicano y consiguió que se le considerara, tras los desmanes de sus predecesores, un hombre justo por ambas partes; participó en las campañas de Italia de 1797 y acompañó a Napoleón en su aventura egipcia de 1798, donde no dudó en enfrentarse a sus ínfulas de poder y sus reacciones dictatoriales. 

El general Alexandre Dumas

Los ideales de la revolución lo eran todo para él. Significaban todavía más que para otros por el color de su piel y por provenir de donde provenía. Y no toleraba abusos ni desórdenes que pudieran poner en peligro sus principios. Así, al ser acusado por Napoleón de falta de lealtad, no dudó en responderle: "por la gloria y el honor de la patria yo daría la vuelta al mundo, pero si sólo se tratara de un capricho suyo, no daría un solo paso."
Noble e íntegro hasta la muerte, su carácter impulsivo le impidió prever las consecuencias de sus actos. Al volver de Egipto fue hecho prisionero por el Reino de Nápoles, enemigo de Francia, y los dos años de su cautiverio sirvieron de base para el germen de la historia que su hijo escribiría décadas después en El Conde de Montecristo. 

En 1802, enfermo y debilitado, consiguió regresar a Francia, pero no reconoció el país que había dejado cuatro años antes. Napoleón había dado un golpe de estado y había empezado a desmantelar los ideales por los que el general Dumas había luchado y vivido. Un ejército francés cruzó el Atlántico para ocupar Haití y restaurar la esclavitud, se derogaron la mayoría de las leyes igualitarias y el propio general tuvo problemas para evitar que lo deportaran. Napoleón nunca olvidaría el desaire de aquel negro y le negaría la Legión de Honor por sus servicios así como la pensión a su mujer cuando se quedó viuda. 

Murió de cáncer de estómago en 1806 y pasó sus últimos años aislado, olvidado y repudiado por sus antiguos amigos blancos, y sin poder creerse que su país, el país por el que había luchado y que le había llamado héroe, el país de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad, hubiera traicionado hasta tal punto sus principios que pretendiera ahora devolverle a su Haití natal cubierto de cadenas. 



jueves, 15 de enero de 2015

TAMBIÉN ESTO PASARÁ

Milena Busquets ha encontrado la voz necesaria, sutil y sensible para abordar en una novela la apasionada y compleja relación que tuvo con su madre, Esther Tusquets, editora en Cataluña, al igual que ella. Temas universales como el amor, la muerte y la maternidad, tratados en profundidad y desde una perspectiva muy actual, han conquistado a editores de 27 países que compraron los derechos de traducción en la última Feria del Libro de Francfort, algo insólito en la literatura española. 

Las relaciones madre-hija suelen ser de una gran complejidad, especialmente cuando hay inteligencia y amor entre ellas, y se complican aun más cuando la madre es posesiva y tiene una gran personalidad, como cuenta Milena de su madre, aunque lo haga a través de Blanca, el personaje principal de esta interesante novela que nos envuelve como en una crisálida.

En un viaje de Barcelona a Cadaqués, (el mar de todos los veranos al que dedicó Esther Tusquets su primera novela en 1978, y de la que se hicieron cinco ediciones), después del funeral de su madre, Blanca se va con sus dos ex-maridos, sus dos hijos, dos amigas y la pareja de una de ellas y allí queda con su amante casado. Sigue de algún modo la estela de su madre, hija de la burguesía catalana en la que en los años 60 predominaba el glamour, la literatura y el talento, y aspiraba a vivir en una sociedad más libre y abierta, menos gris, que la que ofrecía la dictadura franquista.

Milena añora aquella etapa a pesar de no haberla vivido (nació en 1972), por tantas referencias directas como tuvo. Su madre y su tío Óscar Tusquets formaron parte de aquel grupo mítico y elitista de intelectuales y artistas de izquierda, que bautizó el escritor y periodista Joan de Segarra en octubre de 1969 como "La gauche divine" y al que pertenecieron figuras tan interesantes como Gil de Biedma, Félix de Azúa, Ana Mª Y Terenci Moix, Serrat, Carandell, Ricardo Bofill, Oriol Bohigas, J.A.Goytisolo o Rosa Regás, entre otros.

Muchas páginas de esta novela se impregnan de aquella experiencia que marcó toda una época y que luego se transformó en los 80 en una tolerancia permisiva y una promiscuidad gratuita en el sexo como forma de salvarse, muy presente en este relato. Las madres que supieron de tantas dificultades e injusticias en la forma de relacionarse con los hijos en su generación intentaron por todos los medios cambiar esas formas para construir unas relaciones más humanas, más amorosas, pero la realidad parece que no ha sido todo lo benéfica que se esperaba. En estas confesiones Milena consigue retratar un perfil emotivo de la generación de los 40 años muy interesante.

Mi recomendación más entusiasta para una novela que no se deja abandonar, sus 172 páginas piden luego reflexionar y seguir dentro del ambiente veraniego de ese precioso pueblo que es Cadaqués, en la Costa Brava.

(Recomendado por Isabel)




lunes, 29 de diciembre de 2014

LA TRAMA NUPCIAL

Nadie se enamoraría si antes no hubiera leído sobre el amor. 
Madeleine, la protagonista de esta novela, lee compulsivamente. Le apasionan las novelas del siglo XIX escritas por mujeres, Jane Austen, Edith Wharton, George Eliot, es decir, le apasionan las novelas de amor. Y por lo tanto, enredando la lógica de Roland Barthes que estudia en un curso de semiótica, no puede evitar enamorarse.  

La trama nupcial, con ecos de Paul Auster y Jonathan Franzen, es una novela sobre el amor, sobre la idea del amor en unos jóvenes inteligentes, idealistas y desesperadamente lúcidos que buscan algún tipo de felicidad en medio de la decrepitud de las creencias. 
Es una novela sobre la juventud, esa edad de las transformaciones radicales, último reducto de la libertad total e irresponsable, en la que aún nos podemos permitir fluctuar de personalidad a nuestro antojo, como si fuéramos actores cambiando constantemente de obra y de personaje, de Otelo a Estragon esperando a Godot, de Ofelia a la Señorita Julia esperando a la muerte. Actores buscando una identidad sin máscara en la que descansar sin hallarla nunca, colgando al borde de un abismo entre dos amenazas. Ante ellos se cierne un futuro inabarcable que les ofrece libertad para escoger, para desechar lo que les disgusta y comportarse sin preocupaciones. Pero poco a poco, las decepciones y los pequeños fracasos transforman la ingenuidad en miedo, su optimismo se matiza y pronto empezarán a renunciar a la libertad de perseguir sus deseos a cambio de comprometerse con un trabajo, una pareja, una soledad trágica, cualquier cosa que les dé seguridad y una mínima garantía contra posteriores pérdidas. 

La trama nupcial es una novela sobre dos chicos y una chica, vértices de un triángulo amoroso desigual y volátil, que van a la universidad a aprender a vivir, además de a aprobar exámenes. Escogen las preguntas difíciles, aquello que les hace cuestionarse a sí mismos como seres inteligentes y emocionales, aquello que les ataca con ganchos directos a la base de sus aún tiernas y delicadas convicciones. No buscan argumentos irrefutables para apuntalar sus barricadas ideológicas ni pretenden a toda costa atacar y denunciar y convertir a media humanidad en malvada para reafirmarse en lo que son. Principalmente porque admiten que no tienen ni idea de lo que son. Ni de lo que en verdad quieren. Quieren descubrir. Experimentar. Dejarse llevar por el deseo. Por los impulsos. Viajar al otro lado del mundo. Cuidar a mendigos en Calcuta y comprometerse con una novio bipolar. Entregarse a causas perdidas y a amores enfermos, sublimes e imposibles. Y se lanzan a ello, para demostrarse que no es muy sano tener 22 años y estar siempre a priori de acuerdo con uno mismo.

Jeffrey Eugenides

La trama nupcial es una novela sobre el amor y la enfermedad. Sobre jóvenes que se cuestionan y apuestan por un ideal, por una ilusión que nada más tocarla ya empieza a resquebrajarse, pero que siempre esperan encontrar la oportunidad que la vuelva a dejar nueva y reluciente. Tienen cualidades excepcionales. Viven su vida con una intensidad amplificada, como un equipo de música a un volumen atronador, y a veces, sin darse cuenta, el sonido se les distorsiona y su personalidad se vuelve una amenaza para ellos mismos y las personas que les quieren. Pero viven. Y disfrutan. Es una novela idealista y multidireccional. Que acepta que el amor puede ser una imitación de algo aprendido, un sentimiento de mentira, una convención social. Pero no tiene por qué serlo. No necesariamente. No siempre. No si te esfuerzas en quitarle la máscara y besar a la persona que se esconde detrás del personaje. 




lunes, 22 de diciembre de 2014

NANAS DEL MUNDO

La editorial Kókinos nos ofrece una preciosa colección de libros ilustrados de todas partes del mundo. Incorporan un CD que contiene una selección de nanas, canciones y juegos de los diversos países en los que se han recopilado tradiciones musicales muy interesantes, desde China a Rusia, de Israel al norte de África, de Portugal y Brasil, de Israel, eslavas, de Asia oriental, griegas, armenias y kurdas, con voces melodiosas e instrumentos, en muchos casos, desconocidos para nosotros.

Es un regalo exquisito para estas Navidades, no sólo para los niños. Las voces y la música tranquilizadora sirven como fondo musical para que podamos relajarnos al final del día, ayudándonos a entrar en el mundo de los sueños. Unas bellas ilustraciones acompañan a unos textos que nos introducen en el origen de las canciones, incluyendo el idioma original, desde el árabe al chino o ruso, con su correspondiente traducción y también con información de la procedencia de las canciones y juegos.

Los títulos trasladan nuestros sueños a países exóticos. Se han publicado los siguientes:
A la sombra del olivo (El Magreb en 29 canciones infantiles). Primer premio al libro mejor editado.
Canciones y nanas del Baobad (El África negra en 30 canciones infantiles).
Cancionero del Papagayo (Portugal y Brasil en 30 canciones infantiles).
Cancioncillas del Jardín del Edén (28 canciones infantiles judías).
Canciones infantiles y nanas de Babushka (29 canciones infantiles eslavas).
Canciones infantiles y nanas de los arrozales (29 canciones infantiles de Asia Oriental).
Cancioncillas de miel y pistacho (29 canciones infantiles armenias, griegas, kurdas y turcas).

(Recomendado por Isabel).


jueves, 18 de diciembre de 2014

LA DECADENCIA DE LA MENTIRA

¿Quién se atreve hoy en día a defender la mentira? La mentira, y no esas tergiversaciones que la mayoría de los políticos mezclan con demostraciones y pruebas parciales para convencernos de sus improbables verdades. La mentira, y no esas apresuradas excusas con las que escondemos nuestros defectos, o esos personajes que tomamos prestados de vidas ajenas para camuflar inseguridades, para seducir o satisfacer nuestros deseos. La mentira de verdad, la mentira como creación absoluta, atrevida, irresponsable, que no necesita pruebas ni argumentos porque se basta a sí misma, porque a sí misma se explica. La mentira artística.

Oscar Wilde era un ferviente defensor de la mentira en el arte y en este comentario, escrito en forma de diálogo al modo de Platón (aunque probablemente en las antípodas de su filosofía), expone la terrible decadencia de la mentira que sufría su época en aras de la verosimilitud y del culto a los hechos. A finales del siglo XIX impera la moda literaria de atenerse a la realidad. El realismo y el naturalismo son las corrientes predominantes, con Galdós y sus episodios nacionales y Zola con sus minuciosas descripciones de las clases más desfavorecidas. Los novelistas se embargan de ideología, de luchas sociales, de utilitarismo y materialismo histórico, bucean en los dramas de la clase obrera para denunciarlos y en la psicología de los matrimonios para desenmascarar su falsedad.
El arte se vuelve social e intelectual. De repente, una devoción por los hechos recorre las novelas y la belleza y la fantasía se desprecian porque no sirven para nada. La literatura se convierte en instrumento y pierde su sentido artístico. Los escritores le quitan la máscara a sus personajes para analizar su desnuda psicología sin darse cuenta de que lo interesante de las personas es lo que parecen ser y no la realidad que ocultan. Es humillante confesarlo, pero todos estamos hechos de la misma pasta. Cuanto más analizamos a las personas, más deprisa desaparecen las razones para hacerlo. Antes o después llegamos a esa terrible condición universal llamada naturaleza humana. 

La moda, en realidad, era bastante nueva. En las obras que se presentan como históricas y veraces, desde Heródoto, "el Padre de las mentiras", pasando por Suetonio, Marco Polo y las memorias de Casanova hasta los despachos de Napoléon, los hechos quedan reducidos al lugar subordinado que les corresponde o directamente excluidos a causa de su falta de interés. Sin embargo, a finales del siglo XIX, todo ha cambiado. Los hechos se han puesto de moda, todo el mundo siente verdadera pasión por eso que llaman verdad, y el arte se ha vulgarizado convirtiéndose en una herramienta de lo útil. El arte se contagia del espíritu materialista y pierde su capacidad de imaginar y fabular, su capacidad de mentir y conquistar la realidad a través de su dimensión poética.

Oscar Wilde

Sin embargo, el arte no puede ser un espejo, el arte es un velo. Y en ese sentido, la vida imita al arte, mucho más de lo que el arte imita a la vida. Nuestra percepción de la belleza la modelan los libros que hemos leído y las películas que hemos visto, y lo que otros nos han dicho que es bello. Nos sentimos tristes a través de modelos preestablecidos de tristeza y consideramos romántico el suicidio por amor porque lo hemos leído con fascinación en Werther. Nos declaramos en puentes sobre ríos anchos al anochecer y hacemos diez mil kilómetros para salvar el mundo porque salvar este mundo de aquí es menos heroico. Nos seducen las revoluciones porque hemos visto que la Libertad con mayúscula sale de la barricada con los pechos desnudos (Delacroix), y elegimos letras de canciones para comprometernos con una idea o con una persona porque así es más intenso. Al desesperarnos, coqueteamos con el nihilismo porque hemos leído a Dostoievski y si somos capaces de alimentar un gran amor durante años bajo un defecto físico, es porque la nobleza trágica de Cyrano nos ha hecho llorar. 
Con una frecuencia escandalosa, nos limitamos a hacer realidad, con notas a pie de página y adiciones innecesarias, el antojo, la fantasía o la visión creadora de un gran novelista. 

Últimamente se han publicado varios libros de éxito de autores consagrados en nuestro país que defienden un nuevo tipo de novela. En ella, se describen minuciosamente a sí mismo, perdidos en sus obsesiones con su forma de escribir, sus dilemas sobre si deberían tratar un tema o no, sobre si duermen bien, sobre lo que les dicen sus hijos o qué estaban comiendo cuando se dieron cuenta de que no quieren escribir el libro que están escribiendo, y que aun así terminarán publicando. El escritor como personaje principal contando sus batallitas sobre cómo y por qué o por qué no escribe el libro. Y luego, la historia. Una historia en la que el protagonista es un personaje real, un malvado mediocre al que rodea una moralidad compleja y que es descrito mediante las conversaciones que tiene con los autores o a través de los datos que estos han ido investigando y recopilando rigurosamente. 
Los libros a los que me refiero son El impostor, de Javier Cercas, y Como la sombra que se va, de Muñoz Molina, cuyas historias describen las vidas de Enric Marco, el español que se hizo pasar por superviviente de Mauthausen, y James Earl Ray, el asesino de Martin Luther King. Ambos son libros interesantes, bien escritos, que dan pie a reflexiones sobre cómo construimos nuestras identidades y gestionamos nuestra memoria histórica. En ese sentido podrían ser didácticos, aunque no estoy muy seguro de que aspiren a ello. Lo que es muy probable es que ninguno de los dos sería considerado artístico, ni por tanto estrictamente obra literaria, por Oscar Wilde. Son libros que los autores han escrito para contarse a sí mismos a través de una historia interesante y útil. Pero no mienten. No mienten nada de nada. Como mucho, como hacen los políticos, tergiversan para presentarnos una versión más apetecible de lo que ellos consideran que es verdad. 

Últimamente, parece que contar historias rigurosamente reales vuelve a estar de moda. Además, contarlas con su realidad descarnada, como en las novelas llamadas de no-ficción. Y siento una angustia parecida a la que sentía Wilde por esta aparente decadencia de la invención. 
Cuando los escritores tratan de presentarnos las cosas como son y no como las imaginan, pierden la capacidad de asombrarnos, para provocarnos, a lo sumo, interés. 
Cuando el arte sacrifica su belleza en aras de una supuesta verdad, deja de ser arte. 
Cuando el arte renuncia a ser imaginativo, renuncia a todo. 




martes, 16 de diciembre de 2014

EL REBAÑO

Miguel no puede dormir.
Y como todo niño bueno, hace caso de lo que le aconsejan: se pone a contar ovejas. Tiene la suerte de contar con un equipo personal de ovejas estupendo. Nunca se equivocan, son muy disciplinadas y saltan su valla con una eficacia perfecta.
Pero la oveja nº 4 es diferente. No quiere saltar, ¡es muy aburrido! Imaginaos, toda la noche saltando una y otra vez una estúpida valla hasta que Miguel se duerma.

La oveja nº 4 es obstinada. No salta y no salta. Hasta que llega un irresistible cartero luciendo un irresistible bigote con una carta para la oveja nº4. De Miguel.
Y entonces la oveja rebelde dará un salto grande, grandísimo, un salto impresionante y enorme más allá del mundo onírico de las ovejas, que dejará a sus compañeras con la boca abierta y a Miguel con una sonrisa de paz, feliz y, por fin, profundamente dormido. 


viernes, 12 de diciembre de 2014

NOTICIAS FELICES EN AVIONES DE PAPEL

Desde "Últimas tardes con Teresa" en los años 60, no había leído nada tan bueno de Juan Marsé como esta novela corta. En noventa páginas retrata los perfiles de la violencia soterrada, la miseria infantil, la falta de responsabilidad y compromiso de un padre que no asume su paternidad y los extravíos de la memoria cuando conserva recuerdos tan terribles como los vividos en el gueto de Varsovia.

Bruno es un muchacho de 15 años que vive en Barcelona con su madre. Esporádicamente recibe la visita de su padre, que jamás se ocupó de él, a quien llama de usted y por su segundo apellido, Raciocinio, para establecer la distancia que necesita. Ruth, su madre es una mujer dócil, suave, que intenta conciliar el abandono sufrido y su lucha por sobrevivir con la compasión y la ternura que todavía ha podido conservar y la señorita Pauli, quizá el mejor personaje, es una superviviente del gueto de Varsovia que vive en el piso de arriba.

La señorita Pauli es una viejecita dulce y cariñosa que aún lleva los labios pintados y sus zapatos de tacón, como cuando era bailarina de los Ballets de Viena. Durante años actuó en el Paralelo de Barcelona pero en los desvaríos de su memoria se cuelan los fantasmas de las escenas vividas en su juventud en el gueto de Varsovia y trata de combatirlas con los aviones de papel que lanza desde su balcón a la calle, llenos de mensajes dulces y positivos. Pero no sólo lanza aviones, también plátanos, galletas, yogures y todo aquello que piensa, en su desvarío, que alguien puede aprovechar. Su loro, Oskar, y Jan son tres personajes más que completan un universo trasladable a cualquier país del mundo.

Juan Marsé, a punto de cumplir 82 años, nos regala una obrita maestra que Lumen ha preparado con cariño en una edición muy cuidada y que recomiendo especialmente como regalo de Navidad para aquellas personas que, por sus ocupaciones, piden relatos breves.

(Recomendado por Isabel)


martes, 9 de diciembre de 2014

MATAR A PAPÁ

Pongo la portada original porque la
española es infame (sorry Seix Barral)
Él se quiere y se odia a través del control que ejerce sobre los demás. 
Y ella siempre le ha hecho caso. 
Siempre se ha quedado en la sombra, asintiendo cuando debía, intuyendo las palabras que tenía que decir para no añadir ninguna llama más al incendio de su violencia. Dándole la razón. Acariciando en el sentido impredecible de su paranoia. Y siempre le resulta difícil explicarse el terror cuando no ha llegado aún la violencia física. Cuando todo es cuestión de matices. Tonos de voz. Una suposición infundada que se convierte en acusación que se convierte en ira que se convierte en dolor. La espiral enloquecida de la perversión del lenguaje. Una marca blanca que siempre aparece en su labio inferior mordido. Unos ojos grises que, al oscurecerse, hacen que el mundo se detenga. 
Con su obediencia, con su mansedumbre aterrada, ella le da la razón, y a veces, hasta consigue calmarle. 

Pero no siempre. 
Y cuando llega el golpe, el golpe físico de verdad, ha habido tantos golpes previos, intangibles, que ni siquiera tiene ya verdadera importancia. Duele, sí, humilla, rompe cosas por dentro. Y es increíble que aún queden cosas por romper. Un desgarrón en su camisa, un puñetazo, un moratón. Pero el terror ya estaba inoculado, corriendo desbocado por sus venas, arrebatando al dolor físico su sorpresa y dejándola incluso sin el consuelo de la indignación.
Ella, y antes de ella, su madre. Y sus hermanos. Y después, su próxima mujer. Con sus próximos hijos. Que también acabarán huyendo. Y después la siguiente. 

Hasta que un día, ella dice basta. No puede seguir aceptando que quiere a alguien que la maltrata. Es demasiado humillante. Son las 15:51 del 2 de enero. Ha tomado una decisión. Ha llegado el momento. El momento de dejar de fantasear con su muerte. El momento de planearla. 

Carina Bergfeld

Matar a papá es una novela negra fría y rabiosa. Atrevida, diferente. Es una historia de venganza. De ajuste de cuentas. Todos sabemos, o intuimos con nuestra moral aproximada, que tomarse la justicia por su mano y matar a alguien no está bien. Nos decimos que para eso están los policías y la justicia y las cárceles. Para eso existe lo que llamamos, tratando de no parecer irónicos, estado de derecho. Secuestrar a alguien está mal. Aunque haya hecho muchas maldades, incluso aunque haya estado a punto de matar a muchas personas y haya destrozado la autoestima de sus familias a base de violencia. Matar a alguien está muy mal, aunque sea a un hombre malo a quien nadie nunca ha puesto una denuncia por puro terror a las consecuencias, terror a que terminara cumpliendo esas amenazas de muerte que repartía a diestro y siniestro, unas veces histérico, otras calmado, para doblegar cualquier queja. Matar por venganza, definitivamente, no es una opción. Pero seguimos leyendo. Y la historia nos atrapa, nos seduce, nos intriga demasiado. Y cuando queremos darnos cuenta y enarbolar de nuevo aquellos principios morales aproximados, una vocecita interior, quizá un poco incómoda pero arrolladora, no deja de preguntar: ¿y cómo lo va a hacer para que no la pillen? Porque lo va a hacer, ¿verdad? Venga, dime que lo va a hacer. Dime que lo va a hacer. 




jueves, 4 de diciembre de 2014

EL BALCÓN EN INVIERNO


Hace más de veinte años que leí el primer libro que publicó Landero, Juegos de la edad tardía, y tras el deslumbramiento que me produjo, siempre espero con expectación y curiosidad sus siguientes libros.

El balcón en invierno es un relato intimista, con un lenguaje delicado, en el que el autor recuerda su infancia a través de los olores, sabores, colores y costumbres en un pequeño pueblo rural de Extremadura. En 18 capítulos, saltando de forma aleatoria en tiempos y lugares, crea un inventario del desván de su memoria que inicia en la época de los años treinta del siglo XX. Su objetivo es que no se pierda del todo y las generaciones actuales tan lejanas, aunque no en el tiempo, puedan captar los destellos, los ecos de las vidas de nuestros cercanos antepasados. 

Historias, curiosidades y anécdotas en un Madrid al que llegó con sus padres en los años 60, desde los sentimientos nos cuenta cómo se vivía y se soñaba en una adolescencia marcada por un padre maltratador. En aquella época era casi la norma, en su casa sólo se reía o cantaba cuando él no estaba, y por mal estudiante le sacó del colegio y a los 14 años le puso a trabajar en las más variadas ocupaciones. Nos recuerda momentos de nuestra propia vida a la mayoría de los que hemos cumplido ya los 60 años.

Su etapa de juventud, en la que se dedicó profesionalmente a la guitarra, nos depara momentos tan divertidos como el que sucede en Moscú, donde tiene la oportunidad de bailar con Sofía Loren, y unos inicios en la literatura tan poco ortodoxos. Su casa era una casa sin libros y unos padres que en ningún momento alentaron la lectura y mucho menos la escritura.

Uno de los primeros trabajos que realizó fue en una tienda de ultramarinos del barrio de Salamanca en Madrid, barrio de ricos y tienda de súper lujo, donde en los años 60 había cosas que jamás había visto ni imaginado: cortes de rosbif, chuletas de Sajonia, jamón de Parma y de Virginia, asado de gallo relleno de bogavante, pavo con melocotones, con pistachos, con arándanos, con bayas de mirto, con trufas, con ciruelas y piñones, con setas, salchichas de Lyon, de Bolonia, hígado con hierbas, hojaldres de langosta, de berberechos, de pulpo, de aguacate con gambas, de sesos de liebre, de mollejas de alondra, de sardinas con salsa de ostras, vinagre de violetas, de frambuesa o de menta, castañas en almíbar de tomillo, sopa de galápago con huevos de codorniz, perdices con chocolate..., y claro le despidieron por llevarse cosas para que su familia las viera.

¡Bienvenido de nuevo Luis Landero a nuestra literatura!

(Recomendado por Isabel)


lunes, 1 de diciembre de 2014

CÓNDOR

CÓNDOR, el plan secreto de las dictaduras sudamericanas, es un libro espeluznante. El fotógrafo Joao Pina ha reunido centenares de fotografías junto a decenas de testimonios de supervivientes, madres con hijos desaparecidos, hombres y mujeres encarcelados, torturados, sometidos a aislamiento durante años, personas todas ellas consideradas subversivas por las dictaduras de Paraguay (1954-1989), Brasil (1964-1985), Bolivia (1964-1982), Uruguay (1973-1985), Chile (1973-1990) y Argentina (1976-1983). 


En 1975, todo el cono sur sudamericano estaba dominado por dictaduras militares, y los jefes de estado de dichos países se pusieron de acuerdo en coordinar sus esfuerzos para acabar con un supuesto "complot internacional marxista" que amenazaba con corromper su soberanía y destruir lo que ellos llamaban "el último bastión de la civilización cristiana". El objetivo era localizar a los opositores de izquierda, sindicalistas, comunistas y cualquier oponente político a las juntas de poder. Con la colaboración y asesoramiento en técnicas de localización, seguimiento, captura y tortura por parte de antiguos oficiales de la Gestapo y de las SS, ocultos y protegidos en estos países desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, a principios de los años 80 el Plan Cóndor había asesinado o hecho desaparecer a más de 60.000 personas dentro y fuera de Sudamérica. 

Cuando en 1979 se filtró a la prensa la participación activa de EEUU en el Plan Cóndor, muchos consideraron que se trataba de una teoría de la conspiración. Pero lo cierto es que el gobierno de EEUU, desde la crisis de los misiles de Cuba en 1962, había estado apoyando a cualquier régimen que abrazase principios anticomunistas, ya fueran movimientos políticos de derecha, grupos paramilitares o simples déspotas asesinos. Como nos cuenta Jon Lee Anderson en el prólogo, "de manera perversa, algunos de [estos movimientos] abrazaron ideologías políticas que se acercaban más a las de los fascistas que EEUU había luchado por derrotar en la Segunda Guerra Mundial que a los principios democráticos que esta nación decía defender". 


Con el fin de la Guerra Fría y la vuelta a la democracia en los años ochenta en todo el cono sur, se optó por olvidar y perdonar este plan criminal. Sus ejecutores nunca fueron juzgados y los que estaban en la cárcel fueron amnistiados. Durante muchos años incluso se negó que un plan llamado Cóndor hubiera existido alguna vez. Las víctimas fueron incluso puestas en duda: algo que no ha existido no puede provocar ningún daño. 

Este libro de Joao Pina es un homenaje visual a todas esas personas cuyas vidas fueron borradas en secreto, una forma de sacarlas del olvido para que vuelvan a existir y nadie pueda ponerlas en duda de nuevo. En las últimas páginas también aparecen las fotografías de los verdugos, de los cómplices y de los culpables. Miran al suelo, o hacia un lado. Se tapan la cara con las manos, para que no les veamos. Como Pinochet, no admiten su culpa. Pero tienen miedo. Quieren que dejen de juzgarlos. 
"En estas imágenes uno siente la victoria definitiva del concepto de memoria histórica, que es no obstante una victoria pírrica, puesto que nada devolverá la vida a aquellos que la perdieron."

En este enlace se puede ver el contenido fotográfico del libro. 


Joao Pina


jueves, 27 de noviembre de 2014

NOTICIAS DE BERLÍN

Hace unas semanas se cumplían veinticinco años de la caída del Muro de Berlín y la editorial Siruela lo recordaba publicando unas crónicas escritas por Cees Nooteboom en los meses previos e inmediatamente posteriores al acontecimiento. 
Me llama mucho la atención la curiosidad desapegada con la que el escritor, un holandés que nunca ha parado de viajar y que ha vivido en infinidad de lugares, describe su sensación de extrañeza al cruzar el Muro a principios de 1989 para instalarse en Berlín Este. Era un viaje al pasado, a un mundo que en otro tiempo estuvo lleno de inspiración y entusiasmo y ahora se encontraba momificado, peleando desde su realidad enloquecida y alienante por seguir anunciando un porvenir en el que hacía décadas que ya nadie creía. 
En Occidente, todo el mundo hablaba del comunismo, de la situación de la gente tras el Telón de Acero, pero casi nadie cogía su maleta y se iba a vivir un año al otro lado para verlo y conocerlo desde dentro. Nooteboom lo hizo, primero en 1963 durante unos meses, con el Muro recién construido, y después en 1989, cuando, sin que él lo supiera, estaba a punto de desaparecer, y sus primeras impresiones fueron muy parecidas: un país desligado de la realidad, un futuro heroico constantemente prometido pero que parecía pasado de moda, hostil y desolador. 
Era difícil hablar con la gente, y los pocos alemanes convencidos de las bondades de su gobierno esgrimían las mismas ideas una y otra vez sin creer en nada de lo que un forastero pudiera decirle. Había un muro invisible, muy parecido al de hormigón que cruzaba la ciudad como una herida abierta, entre sus dos formas de vida, y todos los argumentos rebotaban en sus convicciones para acabar en el suelo, inservibles, a sus pies. 
Entre la infinidad de situaciones cotidianas, deprimentes, desquiciantes e inverosímiles que describe, me quedo con la distancia insalvable entre la descomunal certidumbre de tener razón de los políticos comunistas como Walter Ulbricht y los ciudadanos de a pie con los que se cruzaba Nooteboom en el metro o en las colas de las panaderías, gente hermética, recelosa y sobre todo, muy harta de mentiras y de vivir con miedo. 

sábado, 22 de noviembre de 2014

PRÓXIMA ESTACIÓN: FINAL DE TRAYECTO

Estamos en 1975 y Jacques Rainier tiene 59 años. Es un hombre culto, intenso, triunfador. Y está enamorado. Sus negocios van mal, puede perder su empresa, pero tiene a su lado a una joven maravillosa a la que quiere y que le quiere. Un día, en Venecia, un amigo de su edad, obsesionado con el mito de la virilidad, le contagia su angustia y su miedo a entrar en un declive sexual irremediable, así que decide consultar a un especialista, un humanista venerable de más de ochenta años, que le recibe con una de esas sonrisas jóvenes y despiertas, llenas de bondad, que hacen pensar en la muerte como si se tratara de un mundo de hadas. Jacques tiene miedo. Miedo de la muerte en vida, de provocar desconcierto y, más tarde, compasión en su pareja, miedo a sentirse desposeído de su potencia, de su virilidad y por qué no, de su honor. Le dice:

- Quiero a una mujer como quizá nunca haya querido a nadie en mi vida.
- ¿Y ella os corresponde?
- Sinceramente, creo que sí.
- Pues bien, dele la oportunidad de que os quiera todavía más. Ábrase a ella.
- Tengo miedo de perderla. Y además, está la piedad, ¿sabe? "Pobrecito mío", y todo eso.
- Vaya, creía que me hablaba de amor. [...] Pero compréndame, soy muy mayor y reconozco que con lo que usted llama potencia tengo una relación, digamos, irónica.

Pero ni siquiera la sabiduría de este hombre feliz aplaca su obsesión. No logra desembarazarse de la idea de que sólo a través de la posesión del cuerpo de una mujer puede poseer el mundo. Es un vencedor, un hombre de éxito, y está desesperadamente enamorado. Empieza a soñar con delirios: un personaje oscuro emerge de sus recuerdos, convertido en un hombre que le pone un puñal en la garganta, un hombre que encarna la muerte y que satisfará en su lugar a su amada cuando él ya no pueda, un hombre que odia y que desea, que es parte de sí mismo, de su miedo, de su angustia y, de una manera enfermiza, también de su esperanza. Poco a poco, la amenaza de la impotencia sexual le llevará a la idea de la desposesión de sí mismo, de la pérdida de su propia identidad y se sentirá al borde de recurrir a la solución más radical para acabar de una vez por todas con su inseguridad existencial. 

Romain Gary y Jean Seberg, con quien estuvo casado desde 1962 hasta 1970

Se pueden hacer muchas lecturas de este libro. Una (o un) feminista criticaría con una lógica actual la pobreza de espíritu del personaje, y su evidente egoísmo, al reducir la sexualidad a una mera cuestión de potencia. Un hombre conservador llegaría al final del libro con una angustia teñida de animadversación hacia el autor, por desvelar con tanta crudeza los detalles de la miseria sexual de ese hombre (que es todos los hombres) o bien dejaría el libro a la mitad con esa suficiencia despreciativa que dice: lo siento por ti, viejo, pero yo siempre podré. Una mujer conservadora se echaría las manos a la cabeza: ¡qué desvergüenza, cómo se atreve! 

Su publicación en 1975 generó una gran controversia. No era nada habitual por entonces (y sigue sin serlo cuarenta años después) hablar de la decadencia sexual masculina con tantos pelos y señales. Pero el punto de vista de este libro no es ni feminista ni conservador. Lo que Romain Gary quiere contarnos es una historia de amor, con un lenguaje poético, a veces exasperado y casi siempre tierno y apasionado, la historia de un hombre acostumbrado a triunfar que un día siente que ya no puede dejarse llevar por el placer sexual ni por las perspectivas gloriosas de su pasión porque la amenaza de la impotencia le ha atrapado en un estado de ultraconsciencia de sí mismo y de su propia decadencia. Y es una sensación desoladora, como él dice: una sensación de fin del mundo. Tiene la impresión de que un fracaso le sigue la pista, ultimando los detalles para llevarle a una emboscada perfecta y definitiva. 

Menos mal que uno siempre puede sustraerse a esa fatalidad pensando, con la sabia ironía del humanista venerable del libro, que el sexo, el amor y la felicidad en realidad no tienen demasiado en común con eso que llamamos honor y potencia



martes, 18 de noviembre de 2014

STONER

- ¿Has leído Stoner? ¿Sí? ¿Me lo recomiendas?
- Sí, es buenísimo. Léelo, por favor, ya verás, te va a encantar.
- ¿Seguro? No sé, ¿de qué va?
- Pues, mmm, transcurre en la primera mitad del siglo XX, en EEUU, y es la historia de un hijo de granjeros muy humildes que va a la universidad y se convierte en profesor. Y, bueno, la verdad es que es eso, principalmente. Y le pasan muchas cosas. Se casa, tiene una hija. Cuenta su relación con la literatura, el amor por los libros, su honestidad a prueba de todo, y también podría ser un libro de denuncia, porque describe muy bien los tejemanejes políticos y corruptos dentro del profesorado, el favoritismo y los chanchullos. Pero en realidad no lo es. También habla de las guerras mundiales vistas por los que no quisieron alistarse, y hay una historia de amor espléndida y un poco triste. Y...
- Vale, me lo llevo, aunque...
- En realidad, fíjate, es un libro casi sin argumento. Es simplemente la historia de un hombre que va a la universidad y se convierte en profesor, es la anti-épica perfecta. 
- ¿Me estás vendiendo un libro sin argumento y sin épica?
- ¡Sí! Pero lo lees y te envuelve, te atrapa y te lleva por donde menos te lo esperas. Es duro y frío, y el protagonista es de una contención emocional absoluta, pero te emociona. Y no me preguntes cómo, que no tengo ni idea. Al terminarlo, no sabes muy bien qué te ha contado. La historia, de tan sencilla, parece que se te escapa de las manos. Pero no. Permanece. Y no se te olvida. 
- Bueno, ya te contaré. 
- Vendrás a por uno para regalar, ya lo verás.



viernes, 14 de noviembre de 2014

TOCANDO EL CIELO

Una sencilla y preciosa autobiografía de una jovencísima bailarina africana de ballet, adoptada a los cuatro años por una familia norteamericana. 

Michaela de Prince es hoy una bailarina clásica cuyas actuaciones se pueden conocer y disfrutar a través de los vídeos que tiene en Youtube. Tiene solo diecinueve años y recrea el tercer acto del Grand pas de deux del Quijote acompañada por Aaron Smyth de una forma magistral. Pero lo que hace doblemente interesante este libro es la trayectoria y el origen de esta niña nacida en Sierra Leona. Hija de unos padres que se amaban y creían que su hija, por haber nacido con unas feas señales en la piel, necesitaría disponer de medios para defenderse en el futuro, le enseñaron a leer y a escribir con apenas cuatro años.

La desgracia de la guerra mató a su padre, excepcional en su criterio, y Michaela y su madre pasaron a depender de su tío, prototipo de hombre con varias mujeres y muchos hijos que consideraba a las mujeres como un objeto de uso. Consiguió matar de hambre a la madre, cogió a Michaela y en un viaje a una población cercana, la vendió a un orfanato.

A veces parece que los milagros existen: en la vida de Michaela apareció un matrimonio que llegó junto a otros muchos para adoptar a una parte de los niños del orfanato, con la suerte de que se la llevaron a ella y a su mejor amiga juntas. Fueron a parar a una familia entrañable, afectuosa, que consiguió hacer de esas vidas que parecían destinadas, como tantos millones, a la miseria y el sufrimiento, un motivo de alegría y esperanza.

La foto de una vieja revista con la imagen de una bailarina fue el punto de apoyo para que una niña de cuatro años supiera ya que de mayor quería ser también ella bailarina. Y lo consiguió.

Es un canto de esperanza y solidaridad ante adversidades especialmente duras. Necesitamos urgentemente saber que existen casos como éste para que iluminen ese camino oscuro por el que transitan tantos niños en lugares desprotegidos de todo el mundo.

(Recomendado por Isabel)

Michaela De Pince