miércoles, 30 de octubre de 2013

LA ESPADA Y LA CIMITARRA


Simon Scarrow es conocido principalmente por sus novelas de romanos. Lleva ya una docena escritas y, a una por año, parece que puede seguir con ellas indefinidamente. Las protagonizan Cato y Macro, dos legionarios romanos que, como Astérix y Obélix, se ven envueltos invariablemente en las peripecias más arriesgadas. Son divertidas, ágiles, tienen mucha acción y testosterona guerrera para aburrir. Y, al igual que las aventuras de los dos irreductibles galos, me las he leído todas con verdadera fruición. Mejor no me meto a opinar sobre ellas, soy demasiado fan.
Su nueva novela es bastante distinta. Tiene la intriga, la fluidez y los detalles militares de su serie de romanos, pero deja de lado el humor facilón y socarrón de los legionarios para subrayar la seriedad de los hechos históricos a través de su protagonista, un antiguo caballero de la Orden de San Juan que vuelve a Malta tras la llamada de auxilio de su Maestre ante el inminente ataque de la flota turca. Más seria, más trabajada y más ambiciosa que lo que conocía antes de Scarrow. Y además, una forma ligera de aprender qué pasó en Malta en 1565 (antes de recibir el libro no tenía ni idea) y cómo el desenlace del cerco desequilibró la balanza de poder en el Mediterráneo.
Por momentos, me parecía ver a un Russell Crowe cualquiera vestido de caballero hospitalario con su cruz en el pecho dirigiendo una carga en las murallas derruidas y luego atormentado por las dudas sobre su honor y su amada perdida y recuperada. Si de este libro no hacen una película tipo Gladiator o Robin Hood es que no ha caído en las manos del productor-director-guionista adecuado.

lunes, 28 de octubre de 2013

EN PROPIA VOZ

Este libro es mucho más que unas memorias. Barbara Hendricks nos regala con él muchas cosas: su música en un CD con piezas tan bellas como el Ave María de Schubert, El cant dels ucells, el espiritual negro Go Tell It on the Mountain y otras de Schumann, Beethoven, Granados, Haendel o Billie Holiday...
Nació en 1948, el mismo año en que se firmó la Declaración Universal de Derechos Humanos, y siempre se ha identificado y comprometido a lo largo de toda su vida con la defensa de estos derechos. Desde su Arkansas natal y dentro de una familia humilde, con la referencia de una madre fuerte y un padre pastor de la Iglesia episcopal metodista, luchó siempre por unos ideales humanistas. Ha sido referente en ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), con quien ha colaborado de forma muy intensa durante 25 años y ahora ha creado la "Fundación Barbara Hendricks para la Paz y la Reconciliación". Su nombre figura en colegios, salas de conciertos y paseos, además de haber recibido premios tan importantes como el Príncipe de Asturias en el año 2000, el de Caballero de la Legión de Honor de Francia e innumerables honoris causa universitarios.
Nos cuenta pormenorizadamente su camino desde los inicios en aquella América profunda, donde hasta 1954 no se declaró ilegal la segregación racial en las escuelas, y hasta 1956 no se permitió a los negros compartir autobuses con los blancos, después del famoso episodio de Rosa Parks, negándose a ceder su asiento a un blanco hasta la época actual, con Barack Obama en la presidencia.

Tuvo la gran suerte de encontrar en la Escuela Juilliard de New York a Jennie Tourel, su gran maestra que durante cuatro años decisivos guió su carrera y determinó que esta fuera el gran éxito que ha sido. Para cuando inició sus estudios de canto en la Juilliard ya tenía la licenciatura en Química y Matemáticas por la Universidad de Nebraska. Ha actuado en las salas más importantes del mundo, acompañada por los mejores directores como Von Karajan, Maazel, Barenboim, Metha, y ha creado su propio sello discográfico: Arte Verum. Nos cuenta los entresijos de las compañías discográficas pero también los episodios políticos tan importantes que ha vivido en primera persona visitando zonas en conflicto como Sarajevo, Sudáfrica, Ruanda, Somalia, Eritrea, Burkina Faso, Birmania y Timor, entre otras muchas, donde siempre ha estado como activista humanitaria.

Un libro de referencia para tenerlo como consulta, de gran interés musical, político y humanitario.

sábado, 26 de octubre de 2013

SARAJEVO

El cerco de Sarajevo duró 1336 días, fue el más largo en la historia de la guerra moderna, y el autor de este librito, Izet Sarajlic, pasó todos y cada uno de esos días sobreviviendo junto a su familia en el infierno de esa ciudad. No debe de ser fácil escribir bajo las bombas, bajo la amenaza constante de la bala de un francotirador al salir a la calle, al cruzar corriendo y agachado cualquier cruce para tratar de conseguir algo en el mercado negro. Pero, como dice el propio autor en un poema, la única cosa más difícil que escribir es precisamente no escribir.
Escribir, obviamente, sobre la muerte, pero también sobre lo que queda, sobre los amigos, sobre la suerte de sobrevivir, la suerte de permanecer contra todo pronóstico y toda esperanza.

Los poemas son, como dice Fernando Valverde en el prólogo, cercanos, amigables, directos, casi narrativos, y al leerlos no deja de sorprenderme la ausencia de odio y rabia hacia los serbios y en especial hacia ese general llamado Radovan Karadkic, ideólogo del cerco de Sarajevo y del genocidio de Srebrenica, que una vez fue su alumno y llegó a considerarlo amigo.
Poemas humanos y generosos, de los que me quedo con el que cierra el libro:


UNA CALLE PARA MI NOMBRE
 
Paseo por la ciudad de nuestra juventud
y busco una calle para mi nombre.
Las calles grandes, ruidosas,
se las dejo a los grandes de la historia.
¿Qué hacía yo mientras se hacía la Historia?
Simplemente te amaba.
Busco una calle pequeña, simple, cotidiana,
a través de la cual, sin llamar la atención de nadie,
podamos pasear incluso después de la muerte.
No es importante que tenga un paisaje hermoso,
tampoco que haya pájaros.
Lo importante es que en ella puedan tener refugio
cualquier hombre o perro en peligro.
Sería hermoso que estuviera empedrada,
pero tampoco esto es imprescindible.
Lo más importante es que
en la calle que lleve mi nombre
no le suceda nunca a nadie una desgracia.


Izet Sarajlic

jueves, 24 de octubre de 2013

MONO SAPIENS

Una preciosa opción para regalarnos ahora a nosotros mismos y guardar para las próximas Navidades a nuestros niños, aprendiendo conceptos subyacentes de una importancia muy actual.
Las ilustraciones de Gianluca Folí son una delicia, el formato de tapa dura muy vistoso, 35 x 25 cms. y la historia de ese mono entrañable, tierno, que sueña con ser más, con evolucionar hacia un universo más rico, que descubre como silbar a imagen de los pájaros, hablar como las personas o tocar un instrumento, nos habla de la creatividad, del placer de las cosas bellas y también de la dificultad que entraña ese proceso de evolución para integrarse en ámbitos más elevados, que nos enriquecen interiormente pero también nos alejan de aquellos seres que estaban antes a nuestro lado y que al no haber evolucionado al mismo tiempo que nosotros crean una distancia de difícil solución.

Como siempre, el gran abismo entre la realidad y el deseo, como decía el poeta Luis Cernuda, pero solo hasta que llega el amor y todo lo transforma con su varita mágica.

Leer este libro a nuestros niños será un doble placer, el que disfrutaremos nosotros y el que les proporcionaremos a ellos, aprendiendo juntos.

viernes, 18 de octubre de 2013

LA INVENCIÓN DEL AMOR

Por fin. Por fin. Llevaba como dos semanas sin encontrar un libro que me convenciera, que es como decir que alguien lleva dos semanas escuchando monólogos de amigos que en el fondo no le interesan. Un horror. Y he leído (o mejor, he empezado a leer, ya que no he terminado ninguno) libros que tenían una pinta estupenda, que además de un monólogo chispeante, prometían palabras e historias que se convertirían en una conversación. Porque leer un libro no puede ser sólo presenciar, repantigado en el fondo del asiento, cómo el autor junta palabras y palabras y más palabras por las que no puedes entrar. Libros con historias selladas con cinta aislante. Eso no quiere decir que no haya libros-monólogos buenos. Los hay estupendos, brillantes, hilarantes, delirantes, pero si no te provocan las ganas de participar, del modo que sea, es que algo falla.

Por ejemplo:
La vida interior de las plantas de interior (Patricio Pron). El título es resultón, hay relatos que probablemente tardaré en olvidar y el estilo es tan original e incisivo que parece perfilado con un cúter. Pero las historias pertenecen a un mundo cuya coherencia no entiendo, me es totalmente ajeno, lo veo y admiro cómo está escrito, soy consciente de su originalidad, pero me deja frío y con un encefalograma emocional plano.
Mi vida querida (Alice Munro). Pensé de verdad que este premio Nóbel me iba a gustar y quizá no haya leído suficientes relatos para poder opinar de verdad, pero después de cada uno de los cuatro relatos que he logrado terminar, me quedo con una vaga sensación de estafa, como diciendo, vale, ¿y? ¿Qué se supone que querías contarme?
La gente como nosotros no tiene miedo (Shani Boianjiu). Éste sí que tenía buena pinta. La autora es israelí, tiene 25 años y cuenta la vida de tres chicas durante su servicio militar obligatorio en Israel. Post-adolescentes desorientadas tratando de encontrar su identidad con un rifle bajo el brazo en medio del conflicto palestino-israelí. Y la verdad que el libro es un portento, rebosa talento literario, desparpajo, humor, osadía, violencia, pero también una rabia demasiado estridente y, creo, una voluntad de provocar al lector llevando al límite la sordidez y el desprecio por la muerte. Es un libro que tiene unas ganas tremendas de darte un puñetazo y que lo admires por ello. Y, sinceramente, no me convence.

Y por fin, he llegado (los buenos siempre llegan) al libro que me rescata, al mejor libro-conversación que ha caído en mis manos desde el verano. La invención del amor.
Un teléfono suena insistentemente a las cinco de la mañana en el ático de Samuel. Y ninguna llamada que insiste una y otra vez a las cinco de la mañana puede traer buenas noticias. Una voz llorosa de hombre le dice que Clara ha muerto, su Clara, la de Samuel. Un accidente de tráfico, una tragedia, tan joven, y qué vas a hacer ahora. Le da la dirección del tanatorio y la hora del entierro, por si decide ir, a pesar del marido y toda la familia. Samuel se queda sin palabras, mirando por la ventana el lento amanecer sobre Madrid, pensando en Clara, en lo que va a hacer. Samuel se queda sin palabras porque Samuel no conoce a ninguna Clara. Pero ya está pensando en dónde comprar las flores, en qué ropa oscura ponerse, en cómo meterse en una historia que no le pertenece y suplantar la identidad del amante secreto de esa Clara con la que ya empieza a soñar y por la que tendrá que inventar un amor que no ha vivido, una historia de amor improvisada y a ciegas para la hermana de Clara que le pregunta curiosa y un poco enfadada quién es él y de dónde sale, y le acompaña a su apartamento para descubrir a su hermana muerta a través de los ojos de otra persona que la ha querido y volver a estar con ella, rescatarla de la muerte de alguna manera con nuevos recuerdos, aunque estos no concuerden, aunque sean inventados o improvisados o teatralizados en un juego cada vez más peligroso.
Esta historia conocida de recibir una llamada equivocada y decidir suplantar la identidad de otra persona, le sirve al autor para tejer una novela fascinante sobre la necesidad de inventar las cosas (el amor, la soledad, las expectativas, las decepciones de la rutina) para que no vayan poco a poco perdiendo su sentido y contaminándonos la vida. Y me encanta la ambigüedad de muchas partes del libro, en las que Samuel ya no sabe dónde termina la realidad y empieza la impostura, cuáles son sus sentimientos o recuerdos verdaderos y cuáles los que ha inventado para el personaje del amante de Clara. En ciertos momentos me ha recordado a Perdida, la novela de Gillian Flynn, por esa inmersión violenta en los entresijos de la vida de pareja, qué es el amor, en qué te convierte el amor del otro, las distancias insalvables, las luchas, las iras, las coreografías tiernas y agresivas de dos personas cuando creen que se quieren, el perpetuo engaño de querer ser la persona que el otro espera que seas, la total incapacidad por saber qué está pensando el otro cuando no puede dormir y se levanta y se pone a mirar por la ventana, cuánto futuro se estará rompiendo en ese mismo momento sin que nadie se dé cuenta.

Este libro-conversación utiliza un lenguaje directo y preciso que me es muy familiar, es un amigo que no para de lanzar frases que aciertan en la diana, que me descolocan, que despiertan la inmediata necesidad de un diálogo. Frases llenas de significados ocultos que, luego, durante el día, voy desdoblando y descubriendo sin darme cuenta. Y misteriosamente, como todos los buenos libros que emocionan, la historia consigue lo que siempre anhelo inconscientemente, me pone una mano en la nuca y me atrae suavemente a su calor, a su gramática del amor fingido y real, reinventado.

jueves, 10 de octubre de 2013

Cita del día: EL JARDÍN DEL HOMBRE CIEGO

"Trasladan a Mikal a una sala cuyas paredes, techo y suelo están pintados de negro, y le encadenan los brazos estirados en alto a un aro que tiene sobre la cabeza. Cuando los policías militares se van, apagan la luz y la sala se convierte en un perfecto espacio vacío. Es como la oscuridad umbría de la tumba después de la muerte. No está muy seguro de cuándo fue la última vez que vio una estrella o la luz roja del amanecer vibrante como el latido de una criatura viva, pero ahora el tiempo deja de existir por completo mientras se mantiene en pie o se derrumba en un vacío inconmensurable... ¿durante medio día, dos, una semana? Está convencido de que ha habido hombres que han muerto en esa sala, y ve sus fantasmas.
En algún momento se enciende la luz y entra un hombre blanco al que Mikal nunca había visto. Según el Corán el infierno tiene diecinueve guardianes. El hombre se sitúa ante él y de pronto se echa a reír. Y no para. La mirada sin alma se clava en Mikal y se ríe a carcajadas de él por haber hecho sus necesidades en el suelo, por ser despreciable, porque el amor que siente por Naheed es un desastre, por no ser capaz de ayudar a Jeo, por Pakistán y su pobreza, una risa preñada de desprecio hacia él y su nación, en la que los grifos no tienen agua, y las tiendas no tienen azúcar ni arroz ni harina, los enfermos no tienen medicamentos y los coches no tienen gasolina, ese país asqueroso y repugnante en el que parece que todo el mundo quiere matar al prójimo, una tierra de ataques vengativos en la que el carnicero le vende carne podrida al lechero, que vende leche cuyo volumen se ha aumentado con unos productos químicos blancos letales, y ambos venden su carne y su leche al médico, que receta mediamentos innecesarios para cobrar las primas de las compañías farmacéuticas, y el laboratorio donde se fabrican los medicamentos vierte los residuos tóxicos en el sistema de suministro de agua, en ríos y arroyos, lo que mata, deforma, ciega y lacera a los hijos e hijas del policía que muere en un accidente de tráfico mientras acepta un soborno, un accidente provocado por un camión declarado apto para circular por el inspector de transporte después de recibir un soborno, un país lleno de gente cuya absoluta devoción a su fe religiosa es poco más que una lealtad inquebrantable a la infelicidad y la maldad, y el hombre blanco sigue riendo con ojos recriminatorios e inyectados en odio e hilaridad y regocijo por este ciudadano de un país miserable y sin vergüenza lleno de mentirosos, hipócritas, maltratadores de mujeres y niños y animales, cretinos y estúpidos embusteros que querían la independencia de los británicos y un país propio, pero que ahora se mueren de ganas de salir de él, emigrar, emigrar, emigrar a Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Australia, Singapur, Indonesia, Tailandia, China, Noruega, Alemania, Chile, Italia, España, Francia, cualquiera, cualquiera, cualquiera, cualquier país que no sea Pakistán, se mueren de ganas de largarse de allí después de haber reducido su país a un erial, su propio califato de escombros.
Como un dios malévolo, el hombre derrama su risa sobre Mikal, se pone rojo mientras ríe, se le acumula el sudor en la frente, y aunque obliga a Mikal a revivir cada infamia, indignación, humillación, deshonra, derrota e ignominia que ha padecido en carne propia en veinte años, Mikal empieza a susurrarle:
- ¿Y tú? ¿Y tú? ¿Y tú? ¿Y tú...? - Se retuerce atado a la cadena y empieza a gritar -. ¿Y tú qué papel jugaste en ello?
Desearía saber cómo se dice en inglés. "Si estoy de acuerdo contigo en que lo que dices es cierto, ¿estarías de acuerdo conmigo en que tu país desempeñó un papel muy importante, por pequeño que fuera, en la destrucción del mío?" Se pregunta si el hombre es real, a pesar del hecho de que su risa siga inundando la habitación y ruge como una ola gigante a medida que rodea su cabeza. Recuerda que después de que interrogaran a un prisionero durante veinticuatro horas seguidas lo devolvieron a la celda y el hombre sufría alucinaciones, veía gente y cosas que no estaban allí.
Entonces, de pronto, la luz se apaga y se desvanece la risa, y lo único que oye es su propia respiración. El dolor de los brazos es tan intenso que le grita con una voz real, utilizando palabras humanas."

El jardín del hombre ciego. (Nadeem Aslam).

lunes, 7 de octubre de 2013

TE QUIERO UN MONTÓN


Un precioso libro que ofrece mucho más y es más inesperado de lo que el título promete. El fondo, efectivamente, es el sentimiento del amor en el corazón de un niño que envía por correo una carta y ésta se convierte en el personaje fundamental, viajando alrededor del mundo en las circunstancias más insospechadas y llegando por fin a su destino, al final de las vidas de sus protagonistas.
Un cuento ideal para contar a los pequeños y para que empiecen a leerlo en cuanto se inicien en la lectura, con cinco, seis, siete años. Disfrutarán de unas ilustraciones muy creativas y una historia llena de aventuras con mucho amor, recreadas por Alain Serres y Olivier Tallec.

viernes, 4 de octubre de 2013

SWINGING CHRISTMAS Y NUESTRA SEÑORA DE PARÍS (Benjamin Lacombe)


Esta semana han salido dos novedades del ilustrador Benjamin Lacombe. La segunda parte de NUESTRA SEÑORA DE PARÍS, de Víctor Hugo (obra completa) y un álbum infantil con forma de vinilo llamado SWINGING CHRISTMAS, un homenaje al jazz y a las historias de Navidad. Con perdón del gran Hugo, la ilustración, más que el texto, es el verdadero valor de estos libros, así que para qué contar de qué van. Os dejo las imágenes, que son lo que importan.






 

lunes, 30 de septiembre de 2013

NADEEM ASLAM Y LA SENSUAL VIOLENCIA DEL ISLAM

Estoy leyendo el nuevo libro de Nadeem Aslam, El jardín del hombre ciego, y no paro de acordarme del primer libro suyo que se publicó en España: Mapas para amantes perdidos. Son dos libros muy distintos: El jardín del hombre ciego transcurre durante la invasión norteamericana de Afganistán en 2001-2002 y la violencia de la guerra es la tragedia que mueve los hilos de los personajes; Mapas para amantes perdidos transcurría en Inglaterra dentro de una comunidad paquistaní y los dos protagonistas desaparecen misteriosamente sin que nadie pueda saber si han muerto o han huido para amarse libremente. Pero los dos tienen en común la religión islámica, en todas sus gradaciones de intensidad, como forma de vida, como hogar donde refugiarse en un exilio hostil en Occidente, o como arma que blandir para reclamar lo que les ha sido arrebatado por la fuerza en su lugar de origen. Y sobre todo, una mirada delicada y sensual hacia todas las cosas, una devoción por todo lo que inspira belleza: los pájaros, las mariposas, los colores sorprendentes, las emociones enclaustradas y la suave violencia con la que aguardan su liberación. El lenguaje es lo opuesto a la rigidez del Islam que retrata, es exuberante y una celebración de la vida que late en todas las cosas. Es uno de mis escritores favoritos, cada libro suyo esconde una multitud de pequeñas revelaciones. Como ejemplo, os dejo el inicio de uno de los capítulos de Mapas para amantes perdidos:

"El lago tiene el brillo apagado del raso viejo. Suraya está sobre el muelle en forma de xilófono y observa los nombres e iniciales que los amantes han grabado sobre su superficie en urdu, hindi, bengalí y también en inglés. Los puntos marcados sobre la madera son del tamaño de los hoyuelos que se ven en los nudillos de una muñeca. La madera es tan suave que, cuando la toca, tiene la sensación de que le devuelve la caricia."

martes, 24 de septiembre de 2013

PETROS MÁRKARIS VS JO NESBO

Septiembre, como siempre, es un verdadero festival de novedades, y dos de mis autores favoritos de novela negra, Petros Márkaris y Jo Nesbo, comparten la mesa de lo más reciente. Los títulos son "Pan, educación, libertad", del primero, y "El muñeco de nieve", del segundo. Los he leído casi seguidos y me han encantado los dos, aunque no deja de asombrarme lo diferentes que son, a pesar de pertenecer al mismo género. Los elementos comunes son obvios: un comisario de policía que tiene que resolver uno o varios casos de asesinato, con cierta predilección por los asesinos en serie, y que generalmente triunfa en su propósito con diversos grados de dificultad. Ahora bien, las diferencias son enormes. Nesbo es noruego y sus personajes son solitarios, pasan frío y comen mal. Márkaris es griego y su protagonista ama a su familia, maldice el tráfico y come de maravilla. Son mundos tan opuestos que parece mentira que pertenezcan al mismo continente. 

Es la sexta novela que leo del autor noruego y no deja de fascinarme la psicología de su protagonista. Harry Hole es un policía que ronda los cuarenta, muy alto, muy delgado, con tendencia a ahogar sus problemas en el alcohol. Y es una tendencia peligrosa, porque problemas tiene muchísimos. A Nesbo le gusta indagar en las raíces de los traumas, en la dificultad para soportar el peso de una soledad inevitable, en cómo se protege uno de las dentelladas de los demonios interiores. Todos sus libros son una mirada hacia dentro y una lucha por encontrar algo de paz en la destrucción que traen consigo las relaciones frustradas. Sus personajes siempre sufren algún desequilibrio emocional y a menudo sus decisiones bordean los límites de lo ético. Y describe esa intensidad con una prosa que por momentos se vuelve lírica y profunda, inesperada y sorprendente en una novela negra. Sus libros son potentes, violentos y dejan huella, plantean preguntas interiores que tienen difícil respuesta. Y a la vez las tramas están bien hiladas, con todo el ritmo y los giros inesperados que se pueden pedir.

Quizá la simpatía es más inmediata al leer las historias de Kostas Jaritos, el comisario cincuentón de Márkaris. Campechano, familiar, ligeramente chapado a la antigua (digamos que casi machista y casi de derechas), sus investigaciones transcurren con parsimonia, son casi pacíficas, sin la violencia explícita de Nesbo, llenas de descripciones de itinerarios urbanos por Atenas y con una ausencia total de conflictos interiores. Kostas es un hombre mayor, estoico, afable y no se cuestiona nunca a sí mismo. Cae bien casi desde el principio por su bonhomía y su ausencia de sombras. Ningún enigma, ningún demonio, ninguna pertubación en su carácter. En las últimas tres novelas, el conflicto ha sido siempre político: la crisis. Y todo la inmundicia pública que trae consigo: corrupción, clientelismo y abusos de poder. Ese es quizá el punto de vista más interesante de las investigaciones, la cantidad de cabreo saludable que exhibe el autor respecto a lo que está pasando en su país y cómo nos hace disfrutar cuando un asesino anónimo empieza a matar a banqueros, sindicalistas, políticos y demás basura pública para impartir su particular justicia. Menos literario e intrigante que Nesbo, su encanto reside en la simpatía del personaje y en el retrato de una Grecia en quiebra, tan actual.
Son dos visiones del género negro que describen caracteres y sociedades contrapuestas. La privada y la política, la dolorosa y la estoica, la intensa y la simpática. Y las dos me encantan.

jueves, 19 de septiembre de 2013

ESPERANDO EL ALBA

Es curioso cómo la velocidad de la lectura, el espacio y la compañía cambian la percepción de un libro. No solamente el estado anímico o las expectativas. Un libro leído en un día, en la soledad de un aeropuerto o de una playa desierta, se digiere de una manera totalmente distinta al mismo libro disfrutado confortablemente en el sofá del salón en un plazo de una semana.  La estructura de la acción gana o pierde nitidez, los personajes se desdibujan o se perfilan mejor en nuestra retina y a veces las lecturas rápidas hacen que un libro penetre más profundamente en nuestra memoria que las reposadas. También depende de los libros. Hay algunos (ciertos ensayos, casi toda la poesía) que no se dejan de ninguna manera leer deprisa. Es como si a la media hora se cansaran de estar abiertos y cerraran sus tapas de un golpe entre tus manos, porque no hay manera de procesar durante tanto tiempo tanta información. Sin embargo, hay otros que si no los lees rápido se aburren y pierden el sentido. Una persecución por las calles de Nueva York de madrugada no puede durar cuatro días a diez páginas diarias.

Por fortuna, Esperando el alba se deja leer de todas las maneras. Estos días de septiembre ningún librero que tenga colegios cerca puede en su sano juicio dedicar muchas horas al día a leer, así que he leído este libro a cucharaditas de veinte o treinta minutos, pequeños ratitos robados a los horarios frenéticos de la temporada. Y me ha parecido una delicia.
Estamos en 1913, en Viena, la ciudad del psicoanálisis, del arte de vanguardia, de un imperio en descomposición. La ciudad donde el suicidio es noble y la decadencia una exquisitez. Nuestro protagonista, Lysander Rief, es un joven actor inglés que visita la ciudad en busca de un tratamiento para un trastorno sexual. En la antesala de su psicoanalista se encuentra con una misteriosa joven llamada Hettie Bull que será la solución para su íntimo problema y a la vez el inicio de una serie de increíbles intrigas políticas en las que tendrá que utilizar una y otra vez su ingenio de actor para salir indemne. Se convertirá en espía, recibirá heridas físicas y sentimentales que dejarán profundas cicatrices, ideará huidas bajo disfraces inverosímiles, luchará a su pesar en varios frentes de la guerra, se cruzará en el camino de hermosas damas y tendrá en sus manos el inmenso poder de los secretos ajenos.

Entretenido, ligero, intrigante, la prosa es de una fluidez maravillosa y describe muy bien un continente abocado a una guerra que cambiaría para siempre la idea de progreso e invulnerabilidad. Un libro de aventuras como los de antes, una novela de espionaje y suspense escrita con esa elegancia británica tan eficaz y reconfortante. Un libro que transcurre casi siempre de noche, en esas horas que se llenan de preguntas y que no nos dejan dormir, las horas en las que todos los azares y las casualidades de nuestra vida confluyen para interrogarnos sobre el sentido de nuestros actos, sobre el poder y la responsabilidad que tenemos sobre ellos, y que nos sorprenden abriendo y cerrando las ventanas, buscando respuestas, trazando planes, ahuecando las almohadas, con los ojos bien abiertos. Esperando el alba.



martes, 17 de septiembre de 2013

FILBERT, EL DIABLILLO BUENO

Había una vez un papá diablo que era feroz y malvado.
Había también una mamá diablo que era fiera y malvada.
Y luego estaba Filbert, su pequeño diablillo, que no es que fuera bueno, era RE-QUE-TE-BUENO.


Un precioso cuento lleno de colorido donde dos monstruos horribles tienen un bebé lleno de bondad que lucha por preservar las diferencias con su familia afirmando su derecho a la propia identidad.
Su encuentro con Florinda, aprendiz de una escuela de ángeles que no se porta suficientemente bien para los cánones, les une en su deseo de preservar su criterio por encima de los hábitos que les han sido establecidos. Bellísimas las ilustraciones de Jimmy Liao, que de nuevo nos hace un regalo para la vista, recordándonos otro relato que ilustró en "El monstruo que se comió la oscuridad".
La literatura infantil se enriquece con estas pequeñas y entrañables obras de arte trasmitidas por un texto y unas ilustraciones muy sugerentes.

lunes, 16 de septiembre de 2013

EL MONSTRUO QUE SE COMIÓ LA OSCURIDAD


¿Cuántos niños en algún momento de su infancia no han sentido miedo de la oscuridad? Es un tema recurrente en la literatura infantil, precisamente porque es alto el número de niños que vive esa sensación y en este cuento el autor y el ilustrador han tratado el tema con ternura, con unos dibujos sugerentes en los que el monstruo de la oscuridad se la va comiendo de la forma más original, untándola sobre tostadas quemadas, poniéndola en bocadillos, en la sopa, en el estofado, sorbiéndola... de una caja donde sólo hay oscuridad.

Pero cuando ya no queda más oscuridad ¡¡¡vaya problema!!! Porque sin oscuridad las luciérnagas no se molestan en salir si ya no va a brillar su luz, los búhos no se despiertan porque no hay noche, los ojos de los gatos no tendrán ese brillo que les hace tan especiales, y además Lorenzo, el personaje de este cuento, no se podrá dormir porque no tendrá la oscuridad necesaria. Menos mal que llega el monstruo que se la comía y le acuna entre sus grandes, suaves y oscuros brazos, tarareándole una nana que consigue por fin dormirle.

Una deliciosa historia para contar a los pequeños llena de creatividad.

viernes, 13 de septiembre de 2013

LA ESCAFANDRA Y LA MARIPOSA

A partir de ahora ya sé lo que voy a responder cuando me pidan libros de autoayuda con voz lastimera:
¿Estás deprimida y el mundo te parece insoportable? Lee La escafandra y la mariposa.
¿Tus hijos te hacen la vida imposible? Lee La escafandra y la mariposa.
¿Te ha dejado la novia? Lee La escafandra y la mariposa.
¿Crees que no eres capaz de hacer nada? Lee La escafandra y la mariposa.
Y también:
¿Estás estupendamente y quieres leer un libro sorprendente y milagroso?
Lee La escafandra y la mariposa.

El 8 de diciembre de 1995 Jean-Dominique Bauby era un hombre de éxito de 43 años. Redactor jefe de la revista Elle, padre de dos hijos con una vida sentimental bastante movida, fue a buscar a su hijo en su flamante BMW nuevo, y a la vuelta empezó a marearse, a verlo todo doble y a perder el control de su cuerpo. Como en una alucinación producida por LSD. Pero irreversible. Y con unos efectos secundarios escalofriantes. Consiguió parar el coche pero se sumió en un coma que duraría tres semanas y del que despertaría con el cuerpo inmovilizado a excepción del párpado izquierdo. Todas sus facultades mentales quedaron intactas. Oía, olía, veía, comprendía, recordaba, sentía, pero no podía hablar ni mover nada más que el párpado izquierdo. Estaba cautivo de su propio cuerpo. Encerrado en una escafandra.

Pasados los primeros momentos de incredulidad, furia y terror, le dijeron que un parpadeo era sí y dos parpadeos no, y que para decir algo una ortofonista le recitaría un alfabeto modificado esperando un parpadeo que le indicara una letra, que seguida de otras formaría una palabra, que seguida de otras formaría una frase. A partir de ahí empezó una rudimentaria comunicación con el mundo exterior, escasa y terriblemente frustrante. Y es en este punto donde comienza mi admiración por la fuerza de voluntad de este hombre. Ante esa reclusión yo me habría encerrado más en mí mismo en un rechazo inconsciente a esa figura deforme y grimosa que me devolvía en el espejo y que veía en los rostros de los amigos que se atrevían a venir de visita. Pero él se agarró a su párpado izquierdo con todas sus fuerzas. Y creyó en algo. Quizá en sus hijos, en el vuelo de su mente intacta, en una rehabilitación parcial e improbable. No sé en qué, ni me importa. Pero tuvo la fuerza de creer que había algo más después de ese horror. Y escribió este libro.

Un libro directo, sin concesiones al dramatismo ni al victimismo. Nada de quejas ni de visiones doloridas de la vida (que por otra parte serían absolutamente legítimas). Predominan el buen humor, la cercanía y la sencillez. Y la poesía. Y eso es lo que me ha dejado k.o. Que un hombre que tarda una hora en dictar dolorosamente con el ojo en llamas un solo párrafo se ponga a construir perífrasis poéticas. Si queréis, podéis hacer la prueba mentalmente. Una media de seis parpadeos por palabra mientras te recitan un alfabeto una y otra vez y vosotros hablando de la suavidad de los colores de una puesta de sol o del recuerdo del sabor de un helado de vainilla sobre la piel del muslo de aquella chica alta y morena. Me admira que en medio de la fealdad de todo ese dolor haya guardado tanto espacio en su interior enclaustrado para la belleza. Una belleza que está presente en todos los capítulos del libro, en el lenguaje que se recrea en los recuerdos como medio para volver a vivir situaciones y sensaciones ya para siempre inalcanzables. Una belleza que es la razón de ser de la mariposa que dicta este libro y que vive presa dentro de la escafandra y que no cesa de volar.
Jean-Dominique Bauby murió el 9 de marzo de 1997, pocos días después de la publicación de este libro.

martes, 10 de septiembre de 2013

AL MAL TIEMPO, MEJOR CARA

Una lectura refrescante y optimista en estos tiempos oscuros que corren siempre es de agradecer. Barbara Constantine nos ofrece de forma muy amena fórmulas para enfrentar algunos de los problemas más acuciantes de hoy. La situación económica y la soledad, por medio de la solidaridad intergeneracional en el medio rural francés. También aborda las difíciles relaciones de pareja, las inquietudes de dos pequeños divididos entre los problemas de sus padres y la ternura de su abuelo y la forma de tejer lazos inesperados entre aquellos que se necesitan mutuamente, todo de forma suave, ligera.


Ferdinand, el abuelo, pasará de vivir en soledad a compartir su granja, primero con su vecina Marceline, después con su amigo Guy, a continuación con las octogenarias Hortense y Simone, más tarde con la joven Muriel, el horticultor ecologista Kim y la estudiante Suzanne, sin contar los gatos, el perro y el estupendo burro, todos personajes que acabamos queriendo a pesar de sus defectos.
Con un estilo sencillo, sin pretensiones intelectuales y un lenguaje popular, a partir de esta optimista y humana novela se han creado numerosas actividades solidarias entre jóvenes y mayores en zonas rurales de Francia y la autora ha propiciado un foro en Internet. Un ejemplo a seguir.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Y LAS MONTAÑAS HABLARON

Después del buen recuerdo que nos dejó Khaled Hosseini con Cometas en el cielo en 2003 y Mil soles espléndidos en 2007, ha merecido la pena esperar seis años para poder disfrutar una lectura emotiva, tierna, entrañable, que se recrea en historias humanas y familiares de su país de origen, Afganistán, tan maltratado por años de invasiones. Primero la soviética, luego el dominio de los talibanes, que convirtieron la segregación y el maltrato a las mujeres en ley, por último la ocupación estadounidense que no ha mejorado sustancialmente la situación de los afganos.
El libro cuenta la historia de dos hermanos, Abdula y Pari, separados desde la infancia, cuando los lazos afectivos de la familia son tan fuertes, dando saltos constantes en el tiempo y en los escenarios que se reparten entre Kabul, París, California y de forma ocasional en Madrid.
Hosseini  vuelve a sus orígenes, se marcha, retorna, se distancia, se acerca, observa desde la cercanía y luego en la lejanía, recreando complejos personajes llenos de matices y sobre todo haciendo un retrato sentimental del protagonismo fundamental de la familia, que es el pilar más importante en que se apoya el pueblo afgano. Hosseini se siente en deuda con sus raíces afganas a pesar de que salió de allí con cinco años y pasó su adolescencia en París y luego estudió medicina en Estados Unidos, donde ahora reside. Tiene una Fundación de Ayuda Humanitaria para atender necesidades en Afganistán y sus libros son la  mejor contribución que puede hacer para dar a conocer la realidad de ese pueblo.
Inolvidable sus Mil soles espléndidos y esos dos personajes femeninos, Mariam y Laila, en una historia de amistad y solidaridad entre las mujeres, tan maltratadas.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

CARTAS AL SILENCIO

Para decirlo sin rodeos, acaba de editarse un libro llamado Cartas al silencio que lleva mi nombre. Me dicen que es mejor soltarlo de golpe, como las declaraciones de amor o los diagnósticos médicos, sea lo que sea, bueno o malo, no hay que hacerse de rogar. Todavía no tengo claro si se trata de una declaración o de un diagnóstico, si leéis el libro quizá podáis sacarme de dudas.
Y es que la promoción del libro es algo que me resulta bastante extraño. Contar de qué va, sonreír, argumentar, responder preguntas, intentar convencer, persuadir... Un trabajo agotador y admirable para el cual no estoy ni mucho menos cualificado. Pero como la primera frase no daba para una entrada de blog, os diré que se trata de un libro de poesía (en prosa y en verso) que reúne textos escritos a lo largo de los últimos nueve años, unidos por la importancia del silencio. El silencio como lugar donde escribir libremente y como respuesta contra la que se lucha.
La contraportada dice lo siguiente:
 
Estos textos provienen de cartas y poemas que de algún modo no recibieron respuesta. Nacieron para provocar algo, para generar vida, quizá para trazar un puente hacia otras sensibilidades abiertas y expectantes. Con el paso del tiempo, el silencio las fue solidificando, despojándolas de la anécdota concreta y de su circunstancia, hasta convertirlas en flores secas, en pequeños objetos decorativos, en algo que tiende hacia lo irreal, hacia la magia, en algo que podría ser literatura.
 
Aunque no me dedico profesionalmente a escribir, como la mayoría de los escritores, escribo por necesidad. Las razones son múltiples y agradablemente confusas, así que no intentaré desentrañarlas. Sólo puedo decir que escribir es una forma de sobrevivir, de llenar el silencio. Y sobre todo, un reducto de libertad incuestionable.

 

lunes, 2 de septiembre de 2013

NORTE

Llevaba un tiempo queriendo leer esta novela e inconscientemente la he estado postergando. Otras lecturas se han colado sin pedir permiso en mi fila siempre inabarcable de libros por leer, lecturas más fáciles, más familiares, más inmediatamente comprensibles. Después de leer varias críticas muy buenas y a pesar de que mi instinto no paraba de tirarme de la manga hacia sus páginas, le tenía un poco de miedo a esta novela. Miedo por la dureza del tema y miedo por no ser capaz de entrar en su juego, en un mundo tan aparentemente ajeno al mío. Escritor boliviano, americanismos, coloquialismos, personajes dementes. Miedos todos, afortunadamente, infundados.
Norte es una novela magnífica.
Norte es EEUU, ese país hostil que encierra todas las trampas y todas las promesas.
Norte es la condena del exilio, un lugar transitorio del que nadie vuelve.
Norte es donde la cordura se pierde y la identidad se desdibuja.
El libro cuenta tres historias. La de una estudiante de doctorado de literatura latinoamericana que mantiene una relación agotadora y destructiva con un profesor desequilibrado que la necesita pero no la quiere. La de un inmigrante mexicano en California internado en un hospital psiquiátrico donde desarrollará, pese a su esquizofrenia (o gracias a ella), una obra pictórica que se hará famosa años después. Y la de un asesino en serie que se cree el enviado de una fuerza superior y cruza la frontera entre México y EEUU para elegir a sus víctimas en las mansiones indefensas que jalonan las vías del tren del sur del país. Tres historias que corren paralelas sin apenas llegar a tocarse, y cuyos personajes tienen en común un difuso sentimiento de furia hacia la realidad que les rodea, la creación artística como forma de supervivencia y un deambular sin rumbo por la frontera entre la demencia y la cordura. Son personajes intranquilos, angustiados, nerviosos, que viven unas vidas inasibles que no les pertenecen en un mundo hostil (EEUU) al que no pueden pertenecer.

Norte es un libro sobre la incomunicación, la imposibilidad de llegar de verdad a los demás, y el aislamiento que esa barrera invisible provoca. Toca muchos temas, es como un laberinto lleno de entradas por donde meterse pero con las salidas bastante escondidas. Hay una reflexión que me ha llamado la atención sobre la crítica literaria como aprendizaje. Michelle, la estudiante, se pregunta cómo se puede mantener una genuina pasión por los libros si se pasa uno la vida diseccionándolos como si fueran cadáveres. No entiende la forma clínica de acercarse a los libros de sus compañeros y profesores del doctorado. Y eso es algo que comparto. De hecho, con Norte me ha pasado. Llevo ya un rato exponiendo aquí las razones de mi entusiasmo por este libro, intentando hacer una crítica, argumentar por qué me ha gustado tanto, cuando lo cierto es que no tengo ni idea. En el fondo me ha gustado sin saber por qué. Sin razones. A pesar de todo lo que pueda decir de él, la razón última de mi entusiasmo es una incógnita para mí mismo. Y prefiero dejarla así. Son pocos los libros que me gustan irracionalmente. Y son los mejores.

sábado, 31 de agosto de 2013

MI WATERLOO y RAZONES

Os dejo dos de las piezas que más me gustan de Aquí yacen dragones. Las leo, las releo y las saboreo despacio, como todas las cosas pequeñas que merece la pena disfrutar.
Y ahora, a leer otras cosas.

MI WATERLOO
Minó el pasillo de nuestra convivencia, lo llenó de alambradas. Lanzó la infantería de su desprecio contra los cuarteles de invierno de mi corazón. Despedazó la memoria de nuestros amaneceres juntos con su fuego lento de mortero. Destrozó platos, vasos, cabezas: tomó la cota invencible de mi paciencia. Proyectos comunes, futuro, ilusiones, fueron evacuados a otras relaciones vecinas, moribundos ya.
No tomó prisioneros. Lanzó mis recuerdos al mar sin honores ni últimas palabras, sin último deseo ni primero.
Su olvido desfiló en columnas de a seis entre los escombros de mi amor por ella. Le entregué los mapas y las llaves, el territorio llano y sin defensas naturales de mi corazón. Perdí las batallas y la guerra: la amé como sólo se puede amar al enemigo.
Tenía los ojos de color verde militar.
Mi vida, mi cielo, mi Waterloo.

RAZONES
Escondía palabras en ella. Las dejaba en cada hueco de su cuerpo, aprovechando sus descuidos. En su pelo escondió Cielo, escondió Urgencia. En la curva pronunciada de sus clavículas escondió Deseo, y Amor bajo el lóbulo de su oreja derecha. Escondió Siempre en su ombligo, y quiso esconder también Ternura, pero no pudo porque su ombligo era pequeño, y tuvo que elegir.
Y escondió Celos en su espalda, entre los omóplatos. Y Piedad bajo el brazo izquierdo. Y Violencia primero, tras los dientes, y después Perdón.
Un día, mientras dormía, en sus manos cerradas escondió Pan y escondió Hijos. En el vello rizado de su pubis escondió Miedo, y escondió Luz en lo más profundo de su sexo, donde, calculó, nunca nadie alcanzaría.
Pensaba que así un día, si alguien ocupaba sus lugares en ella, las encontraría. Y al pronunciarlas en voz alta le recordaría, sin proponérselo, las razones de su amor.

Fernando León de Aranoa (extractos de Aquí yacen dragones)


viernes, 30 de agosto de 2013

AQUÍ YACEN DRAGONES

Los libreros somos a veces lectores desconfiados. Inspeccionamos con lupa todos los detalles de un libro, sus solapas, su olor, su peso, su tacto, su inteligencia y su capacidad instantánea de seducción. Debo reconocerlo, podemos ser amantes difíciles. Y tampoco solemos dejarnos aconsejar. Como nos pasamos la vida recomendando, desconfiamos irracionalmente de los consejos ajenos, como si temiéramos vernos reflejados en nuestro propio espejo. Sin embargo, hay excepciones felices, como la de este libro. Una clienta encantadora de toda la vida aprovechó uno de los pocos momentos en los que andaba con la suspicacia descuidada y me convenció del valor de Aquí yacen dragones. Y acertó de pleno. Gracias, Amelia, por el descubrimiento y por darle la vuelta al espejo.

El director de cine Fernando León de Aranoa ha escrito un libro muy curioso. Son 113 piezas breves (para un total de 196 páginas) en las que predominan la fantasía y el gusto de jugar con el significado de las palabras. Me ha recordado al Galeano de El libro de los abrazos por el concepto de pincelada breve que deja tras de sí una potente onda expansiva y por la denuncia social y política de alguna de sus piezas (saharauis, indígenas sudamericanos, bipartidismo). También, en ocasiones, a Benedetti, por cierto humor cercano y sutil y por el ritmo poético de muchas frases. Y para completar el cuadro de reminiscencias, no he podido evitar pensar en el gran Gianni Rodari de los cuentos de fantasía, especialmente al leer cómo un personaje se pierde en otras historias y busca desesperadamente la manera de volver a su cuento sin conseguirlo.
Me ha encantado la forma que tiene el autor de darle la vuelta a la realidad más previsible. Cuando las palabras, los besos, los personajes de cuento, las brújulas, la lluvia, los mapas cobran vida y empiezan a tomar decisiones por su cuenta, la vida se convierte en una aventura impredecible. Y mucho más interesante.
Ya he apuntado mis piezas favoritas, aquellas que me han dejado más poso y que no se gastan con las relecturas, aquellas que tienen el misterioso y raro poder revelador de las epifanías. Como ejemplo, os dejo con la que empieza el libro. Y que levante la mano quien, después de leerla, no se queda con ganas de más y de más y de más.
EPIDEMIA
Se decía en los cafés, en las plazas, en los mercados: las palabras están muriendo.
Murió Eucalipto, murió Colectivo, murió Paraguas, tan querida por todos. Murió Curioso y murió Rebelión. Murió Ditirambo, pero a pocos les importó, porque pocos la conocían. Agonía tuvo una muerte coherente, larga y dolorosa. Al entierro de Pan acudieron millones en masa.
Caían por docenas, contagiadas.
Alarmadas, las autoridades racionaron las palabras. Cada ciudadano podrá utilizar treinta al mes. Se persiguieron las perífrasis y los circunloquios, se declararon proscritos los rodeos: el lenguaje se volvió exacto, los oradores, cirujanos. Los locuaces fueron encarcelados y puestos a disposición de los jueces en vistas que nunca más volvieron a ser orales. Incomunicaron a los charlatanes y los mudos se erigieron al fin en modelos sociales, pero lo celebraron en silencio.
Se pusieron de moda las medias palabras. Los enamorados aprendieron a decírselo todo con la mirada, los amantes, con las manos.
Lingüistas, académicos y semiólogos trataron de explicar el origen de la epidemia, pero no encontraron las palabras. Las autoridades pusieron protección a algunas de ellas en virtud de su relevancia: Democracia, Quiniela y Sistema Financiero serían escoltadas en todo momento desde sus domicilios hasta las frases donde a diario se ocupan.
Y el lenguaje se llenó de ausencias. Los diccionarios se convirtieron en cementerios: morgues de papel alfabéticamente ordenadas, necrológicas encuadernadas de la A a la Z.
En secreto, los enamorados guardaron diez, doce palabras, para decírselas en el momento exacto.
También los poetas hicieron provisión. En un sótano húmedo, sin ventanas, amontonaron trescientas palabras. Se sabe que entre ellas estaba Mañana, estaba Mantel, estaba Esperanza. Y se sabe también que, apostados sobre ellas con sus rifles, se aprestaron a defenderlas con la vida.

miércoles, 28 de agosto de 2013

NADA SE OPONE A LA NOCHE

Un testimonio de Delphine de Vigan deslumbrante, sobrecogedor, que después de terminar su lectura te persigue por su intensidad, te obliga a leer lentamente, porque a medida que avanza, la implicación emocional es tan alta que necesitas parar para asimilar tanta devastación y al tiempo tanto coraje.
Es la historia de una familia francesa numerosa aparentemente feliz, entre 1960 y 2008, contada de forma excepcional, especialmente en el perfil de Lucille, la madre de la autora, recreación que alcanza un nivel magistral en su retrato psicológico. Reconstruye su vida de una forma casi detectivesca a través de documentos, conversaciones con sus hermanas, casettes y vídeos de acontecimientos y vacaciones familiares, además de la vivencia personal a su lado.

Un testimonio lleno de sentimientos a flor de piel, escrito en un tono intimista y con un dolor contenido pero tan palpable que salta de las páginas para impactar directamente en el corazón. La historia de Lucille duele al leerla pero no puedes dejarla y vives a su lado contemplando una y otra vez la fotografía de la portada, bellísima, que te atrapa la mirada intentando desentrañar esa vida que desconcierta en una época en la que creíamos que la libertad femenina iba a ser conquistada fácilmente.

Deja una huella indeleble, necesitas reflexionar sobre todos los temas fundamentales de la vida, el amor, la muerte, las relaciones familiares, el incesto y su repercusión en los trastornos mentales, las drogas, el alcoholismo...

Una de las lecturas más impactantes y enriquecedoras que he disfrutado en los últimos tiempos. Ganó cinco importantes premios literarios en Francia y ha sido uno de los libros más vendidos. Totalmente justificado.

domingo, 25 de agosto de 2013

"NICK HORNBY, QUIERO QUE ME GUSTES DE VERDAD"

¿Cómo es posible que un escritor me caiga tan bien, me parezca tan divertido y cercano y perspicaz, y no consiga que me guste de verdad ninguno de sus libros?
Porque Nick Hornby es un tipo estupendo, el típico tío campechano que no sólo le cae bien a todo el mundo sino que encandila y va sembrando carcajadas a diestro y siniestro. Es el perfecto mejor amigo.
Pero...
Nada, no hay forma. Ya he leído cinco libros suyos y con todos me pasa lo mismo. Me siento como en una cita: la chica es guapa, sonrisa bonita, cuerpo prometedor, me parto con ella, me hace sentir bien, es ocurrente, imaginativa, me hace pensar, me descoloca, y justo en el preciso instante en que pienso "ya está, ha sucedido, me estoy enamorando", suelta una parrafada tan fuera de tono, tan increíblemente inverosímil que me quedo boquiabierto. Es la pieza del puzle que no encaja, pero no por un poquito, no, es una pieza tan radicalmente incongruente con el dibujo global del puzle que no me creo que de verdad pueda pertenecer a la misma persona, que esa chica preciosa e inteligente pueda tener una salida tan poco creíble.
La última cita que he tenido con mi querido y frustrante Hornby ha sido hace unos días con un libro que se llama Cómo ser buenos. Y al principio, como de costumbre, todo iba sobre ruedas.
Después de veinte años casada con un hombre cínico y permanentemente ofendido con el mundo, Katie tiene una aventura. Ella es médico, piensa que es buena persona, aunque ¿las buenas personas engañan a sus maridos? - Vale.
Le pide el divorcio, él no la escucha, hay una vorágine de diálogos mordaces, ella se ahoga en un mar de dudas y todo se vuelve más complejo de lo que parece. - Bien.
Y es que su cínico marido toma la repentina decisión de cambiar radicalmente y, tras una terapia, se transforma en un dechado de virtudes. - Genial.
Pero su enloquecida bondad no tiene freno y Katie se ve obligada a tomar el papel de cínica... - ¡Me encanta, me encanta!
...porque de repente decide alojar en todas las casas del vecindario que tengan una habitación libre a todos los sin techo que quepan... - ¿Eh?
...y donar la mayoría de los juguetes de sus hijos y buena parte de su dinero... - ¿¿Cómo??
...todo esto bajo la dirección espiritual de un curandero ex-drogadicto que sana cualquier dolencia con las manos (siempre que el paciente esté suficientemente triste) y tiene una hilera de tachuelas con forma de galápagos (que no tortugas) en las cejas. - ¡¡Nooooooo!!
Y es que siempre me pasa lo mismo, en todos sus libros llego a un punto en que pienso que el escritor más majo del planeta sencillamente se está quedando conmigo. Quizá soy demasiado escéptico y en Londres pasan cosas así todos los días (desayunan bocadillos de judías con bacon, así que cualquiera sabe), pero es que no me lo creo. No, no y no.
Y aun así sigo leyendo, y el tío siempre sale del atolladero más inverosímil con mucha gracia, y todo lo bueno que tiene (la ligereza, la ironía, la sencillez) hace que los finales de sus libros sean sutiles y emotivos y te hagan pensar un poquito mientras te quedas con la sonrisa fijada en la boca. La crisis de los cuarenta, cómo alimentamos nuestra buena conciencia, ¿somos todo lo buenos que podemos o queremos ser? Y todo ello aderezado con la divertida malicia tan propia suya y la simpatía honesta (a veces un poco cruel de tan honesta) con la que dibuja a sus personajes.


Si algún día me animo le mandaré una cartita de amor al escritor más majo del planeta y le diré cuánto me gustan sus libros, cómo me parto con ellos, lo que me hacen pensar, cómo me estimulan, le daré un buen tirón de orejas por sus salidas inverosímiles (con la lista de todas las piezas de sus libros que no encajan en ningún puzle de este lado del planeta), y terminaré diciéndole: "Nick, eres un escritor estupendo, de verdad, hay momentos en que me encantas, pero quiero que me gustes de verdad".


martes, 20 de agosto de 2013

EN AUSENCIA DE BLANCA

A menudo, releer un libro es un desafío. Es volver a un lugar visitado hace tiempo (generalmente hace mucho tiempo), buscando encontrar las mismas cosas que antaño me gustaron y sobre todo encontrar otras nuevas que quizá se me pasaron por alto, o no estaba en condiciones de apreciar. Pero el tiempo nos cambia las perspectivas a todos y lo que hace años me parecía asombroso y revelador, ahora puede parecerme infantil y vacío. Por eso releo con mucho cuidado, casi con recelo, y sólo aquello que sé que aún puede guardar algo escondido, sólo esos libros que esconden en sus páginas perfumes reacios a evaporarse.
En ausencia de Blanca tiene muchos de esos perfumes.
Uno de ellos es el desconcierto, la perplejidad al leer ese principio del libro, igual a la perplejidad de Mario, el protagonista, al descubrir en Blanca una mujer distinta pero casi idéntica, una mujer que no es Blanca pero que se viste con la ropa de Blanca, se mueve al ritmo de Blanca y sonríe y besa con los labios de Blanca. ¿Quién es Blanca, en realidad? ¿Y quién es Mario, su marido, ese hombre que la busca y no acaba de encontrarla?
Blanca es una mujer joven, culta, sofisticada, llena de inquietudes artísticas y culturales, refinada hasta la obsesión y de una belleza pálida y esbelta.
Mario es un hombre sencillo, de pueblo, apegado a sus rutinas, ordenado, meticuloso en sus carencias intelectuales y generoso en su admiración.
Ella es el eterno deslumbramiento, lo inalcanzable, la máxima ambición que puede albergar Mario.
Él es la estabilidad, la cordura, el anclaje a la realidad que la rescata a ella de cualquier naufragio.
Sus vidas pertenecen a mundos que en la realidad nunca se cruzan, pero que el amor deslumbrado de él y la necesidad de protección de ella logran conciliar. Sin embargo el desequilibro persiste. Blanca se ahoga en la rutina y busca siempre lejos de él una vía de escape, y Mario se aferra a su propio sentimiento, al asombroso privilegio de compartir su vida con la mujer de sus sueños, mes tras mes, año tras año, aunque el suyo sea un amor dolido del que Blanca sólo pueda compadecerse, y tenga que aceptar que ella cambie, que su afecto se disperse, que abrace de nuevo el torbellino de su vida inestable en busca de una luz ilusoria, que deje de ser la Blanca conocida aunque lleve su ropa y se mueva como ella, que se instale una ausencia dentro de ella y se convierta en otra Blanca tan parecida a la primera, y quizá más alegre, más desenvuelta, menos perfecta, tan parecida y tan distinta. 

miércoles, 14 de agosto de 2013

LA SOLTERONA

Los libros de Edith Wharton son el refugio perfecto de la buena literatura. Siempre recurro a ellos cuando acumulo varios libros abandonados, por desidia, ausencia de emoción o simplemente mediocridad literaria. Leer a Wharton es siempre delicioso, su lenguaje es exquisito, elegante, preciso, y siempre me sorprende la perspicacia emocional con la que profundiza en las derivas sentimentales de sus personajes. Estos últimos días he encadenado varios libros decepcionantes seguidos y La solterona me ha reconciliado con el verdadero placer de la lectura. Y a eso hay que añadir la cuidadísima edición de Impedimenta, con una traducción impecable y, como siempre,  una estética preciosa. A veces es difícil resistirse a libros con un acabado tan bonito.

Como en la mayoría de sus libros, Wharton comienza su historia con un dilema moral, aparentemente sencillo, que va trenzando, ramificando y volviendo cada vez más complejo e inextricable. Delia Ralston y Charlotte Lovell, dos mujeres de la alta sociedad neoyorquina de mediados del siglo XIX, comparten un secreto relativo a la maternidad de una niña huérfana que marcará sus relaciones familiares, su capacidad para moldear el estricto código moral establecido y sus vidas para siempre.
La aristocracia norteamericana de aquella época era un mundo cerrado. Cerrado para los que aspiraban a entrar en él y cerrado para sus integrantes por su rigidez de buenas maneras y comportamiento. En esta jaula de oro, las mujeres tenían por lo general un papel ornamental, pero las protagonistas de este libro sienten una sensible rebeldía contra ese patrón de vida. "Por aquellos días, las almas sensibles eran como teclados mudos sobre los cuales tocaba el destino una melodía inaudible." Y es a escuchar esa melodía a lo que se van a dedicar Delia Ralston y Charlotte Lovell en los momentos cruciales en los que tengan que decidir su destino y el de la niña cuyo secreto comparten. ¿Hasta dónde puede llegar una mujer sensible en sus sutiles rebeliones cotidianas contra la intransigencia de las convenciones sociales?

Me maravilla en este libro la importancia de lo que no se dice, de lo que la sociedad y las costumbres condenan al silencio y que sin embargo subyace, como una íntima tragedia, a lo largo de todo el libro. La frustración de contemplar cómo ese mundo alternativo en el que podrían actuar sin traicionarse pasa de largo por delante de sus vidas una y otra vez sin que puedan alcanzarlo.
Y también la forma que tiene la autora de utilizar la ironía como color de fondo, convirtiéndola en mordacidad cuando critica la rigidez moral, y en compasión cuando acompaña a sus heroínas en sus íntimas desdichas.
Por último, me ha llamado la atención el papel de los niños en el libro, y la enfermiza devoción que siente por ellos Charlotte Lovell. La inocencia de los niños, ajenos a las tragedias silenciosas de sus madres. Su fragilidad y su luz. Y he recordado este cuadro de Sargent de 1885 que vi por primera vez en la Tate Britain de Londres y que me cautivó instantáneamente, anclándome al suelo durante unos minutos detenidos en el tiempo.


lunes, 12 de agosto de 2013

UN BESO (O LO QUE TENEMOS)

"Una de las trabajadoras sociales me había explicado que no existen las personas guapas o feas; existen sólo aquellas que tienen algo, y al final, todo el mundo, quien más y quien menos, tiene algo, si uno se fija bien. Me había obligado a observar a los demás chicos que estaban conmigo en el orfanato, uno a uno. Uno tenía los brazos; otro, la nariz; otro, el pelo, y había uno que tenía las manos. Ella creía que yo tenía los ojos. Pero tal vez decía eso porque yo no hablaba mucho y le parecía que los ojos eran lo único que tenía.
Antonio tenía la sonrisa."

Me obligo yo también a observar a la gente que viene, la gente con la que me cruzo en las escaleras o en el portal de mi edificio, para intentar descubrir qué es lo que tienen. A veces es instantáneo. Hay alguna vecina que me da los buenos días con una sonrisa y es tan evidente lo que tiene que hasta se me olvida lo que estoy pensando.
Pero casi siempre es un juego bastante difícil. Por supuesto, hay gente que tiene varias cosas a la vez: las muñecas y la nariz, la nuca y las caderas, los hombros y las orejas. Pero en realidad todo depende de los gestos. Así que más que las manos o el pelo o la sonrisa en sí, es la armonía de sus movimientos, o su coherencia, lo que los hace especiales, la forma sutil y precisa en que cada uno mueve esa parte única de su cuerpo y la hace brillar por encima del resto, otorgándole ese poder de fascinación.

Y todo esto a raíz de un librito muy muy grande que acabo de releer, una de esas rarezas mayúsculas que uno guarda en la librería o en la mesilla de noche como un secreto o una conspiración. Lo descubrí hace un par de años (en la web colgué una pequeña reseña) y siempre me fijo bien en la gente a la que se lo recomiendo, buscando la complicidad del secreto, para cerciorarme de que tenga los brazos, la nariz, el pelo... O la sonrisa.