A Cami nadie la espera en Madrid. Es una joven chilena con la ambición de dedicarse a la escritura que llega a Europa para imponerse una independencia. Quiere que todos sus vínculos sean decisiones y no necesidades. Pero ¿a qué vínculo no le brota una necesidad cuando se vuelve hermoso? De niña aprendió que «la tristeza no podía tener rienda suelta. Que era más amenazante que un perro bravo sin bozal». Así que se contiene. Por si acaso, procura mirar todo de lejos. Cuando la madre la despide en el aeropuerto le dice: «lejos es una palabra muy grande, Cami, es muy importante, no permite ver cuándo se vuelve más cerca o cuándo se convierte en reencuentro. Lejos es incertidumbre, mi niña».
En España hablan su idioma, pero de otra forma. Y tiene que aprender que esa otra forma también es un lenguaje propio. Un lenguaje que le recuerda a cada momento lo lejos que está de casa. De su mamá. Y de sus tres amigas, las cabras. En España tiene que aprender palabras nuevas y nota la pérdida de su rutina lingüística. Se siente rara, un poco como si le hubieran cambiado el patrón de las huellas dactilares. En cada exclamación, en cada gesto de alegría o contrariedad brilla Chile como un faro lejano, débil y parpadeante como la conexión de las videollamadas con sus cabras.
Las cabras es la primera novela de Pilar Asuero y me ha parecido un retrato sutil, tierno y conmovedor sobre la amistad. Describe muy bien la angustia vital que atraviesa a las mujeres de su generación por la falta de futuro y la precariedad insuperable. Nada de lo que imaginaron de adolescentes se cumplirá. Sus trabajos soñados se verán sepultados por salarios insuficientes para emanciparse y por una explotación laboral normalizada. Una realidad hecha para cancelar el futuro. Cualquier futuro. Y, como siempre, para hacer frente a este fracaso de la sociedad para ofrecer un horizonte hay que recurrir a la gente. A la familia, pero sobre todo a las familias elegidas, a las amigas que siempre están dispuestas a serrarle los barrotes a cualquier jaula.
He terminado la novela feliz y emocionado. Con la mirada ensanchada gracias a los ojos de esta Cami y al amor que comparte con sus tres amigas. Quién no querría ser una de las cabras y sentir en sus gestos las huellas de las otras, reírse con sus risas y jurar y amar con sus palabras.
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