Un día de primavera, al despertarse de su gran sueño, el oso se encontró con un huevo. ¡Mmm!, ¿el desayuno? Pero no, no era el desayuno, ¡era un pollito de ganso! Una gansita. Que, lejos de asustarse, estaba la mar de contenta de verle. ¡Hola, papá!, exclamó. Y empezó a seguirle por todas partes. El oso le decía una y otra vez que no era su papá, que no era una osita, pero una y otra vez la gansita le seguía adonde quiera que fuera. ¿A buscar unos tubérculos? Voy con papá. ¿A subirse a un árbol a por miel? Me subo con papá. Y daba igual que la miel en sus alas la dejaran un poco pegajo...sita. Estar con papá era lo mejor del mundo.
Pasaron los meses y llegó el verano. Gansita ya no era un bebé, pero seguía a su papá oso a todas partes. Y no dejaba de meterse en un lío tras otro. ¡Eres un dolor de cabeza!, decía el oso, que no terminaba de creerse lo difícil que se había convertido ser padre... de una gansita crecidita. Una gansita con alas cada vez más fuertes y más grandes que estaban pidiendo volar.
El nuevo cuento de Julia Donaldson, la autora de El grúfalo, es una historia divertida, ingeniosa y tierna sobre una familia inesperada. ¡Quién le iba a decir a una diminuta gansita que iba a tener la suerte de adoptar a un enorme oso como papá!
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