jueves, 28 de abril de 2016

Abuelo Tomás celebra con nosotros el Día del Libro

Imaginad un abuelo cascarrabias pero encantador, un abuelo al que no le importa mojarse con el agua de la lluvia, al que otra abuelita toma por demente y avisa a la policía y cuando un agente llega, lo reconoce y se ponen a hablar de la vida. Imaginad un abuelo que necesita un bastón, su hija se lo compra pero a él la idea no le entusiasma, discute con el artilugio y, poco a poco, se va haciendo amigo de él. Imaginad un abuelo que tiene dos gatos, Epi y Blas, que son unos granujillas que siempre se salen con la suya: caricias, comer y dormir. Un día a Epi y Blas se les ocurre colarse en la nevera y zamparse una fuente de huevos rellenos. Imaginad un abuelo que es un caballero de los de antes, de los de siempre, y le regala un ramo de flores a una dama desconocida que esperaba sentada en el parque. Imaginad un abuelo solidario que cada miércoles de madrugada sale a colaborar en un comedor para gente sin recursos hasta donde lleva su eterno buen humor a los niños que ya no tienen muchas sonrisas que ofrecer.

Ese es el abuelo Tomás.

María Neila, autora de Abuelo Tomás.
Y nosotros tuvimos la suerte de saber más de él el pasado 23 de abril, Día del Libro, porque la autora de este personaje tan encantador, María Neila, vino a hablar sobre su creación y a deleitarnos con un concierto precioso al final de la presentación.

El acto lo inició nuestra librera madre. Presentó a María Neila, clienta de la librería de toda la vida, y vio en ella a la protagonista de un cuento infantil que al final lograba alcanzar el sueño de que sus palabras se leyeran. En su ópera prima, María ha escogido a un protagonista fundamental en la vida de todo niño, el abuelo. E Isabel no dejó de resaltar la importancia social de los abuelos en la actualidad, en la que son recuerdo, sustento, sabiduría y enseñanza.

Tras las palabras introductorias de Isabel, María le cedió la palabra a Iván, su compañero, quien con todo el cariño del mundo y mucho amor por Abuelo Tomás, la novela y el personaje, nos trató de contar qué era eso por lo que nos habíamos reunido en una mañana festiva de sábado. Abuelo Tomás, nos dijo, se define por lo que no es. Nació como una serie de cuentos cortos y autoconclusivos, como en una serie de televisión, y se convirtió en algo así como una novela que cuenta las anécdotas de un personaje casi mítico, que podría recordar a otros ancianos sabios como Chanquete y David el Gnomo, tal y como citó Iván. Historias con un punto cómico y extravagante que nos hacen querer ir conociendo más y más a este abuelo que ya está en todos nosotros. María nos advirtió de que hay abuelo para rato. Ya ha preparado la segunda parte de la novela y en ella nos contará no solo su presente, sino también anécdotas de su pasado. Nos dijo: "el abuelo se me sentó en el sillón de casa y me ha ido contando su historia; tiene todavía vida para seguir disfrutando de aventuras".

Además de Iván y María, vino invitado también el ilustrador de la portada, un amigo de siempre de María, Gonzalo Muiño, profesional del diseño gráfico de muy largo recorrido y que, a pesar de las indicaciones de María de no incluir en portada al abuelo, ni dibujarlo de frente, hizo un primer boceto en el que aparecía un abuelo con sombrero, bastón y de frente; un abuelo al que se le adivinaban los ojos y la sonrisa, un abuelo que mira al lector y lo saluda con la mano. Justo todo lo contrario de lo que quería María. Sin embargo, nos dijo Gonzalo, al leer el libro supo que la humanidad del personaje tenía que salir en la portada. Creo que a María le gustó tanto como a nosotros ese abuelo Tomás de portada. Y ahí se quedó.

El acto continuó hablando de memoria, de anécdotas, de una página web sobre bancos de recuerdos o la iniciativa Adopta un Abuelo, y la propuesta de Isabel de enviarle anécdotas de abuelos a María, para seguir ampliando el repertorio de su abuelo Tomás.

Una parte interesante de la presentación fue el turno de palabras, cuando a María le preguntaron cómo había logrado, siendo tan joven, alcanzar tan bien la voz del abuelo, que resultaba tan creíble. María nos contó que ni siquiera ella lo sabía; que no se había inspirado en sus abuelos, y que quizá ella en otra vida había sido abuela. Más que en el pasado, nos dijo que ella miraba al futuro, eso que a ella le gustaría vivir es lo que ha servido de fuente de ideas para sus libros.

El acto se cerró con la presentación del proyecto solidario de Kelele África y con un concierto a cargo de María e Iván con varias canciones que nos hicieron cantar, bailar y sentir más de cerca al que desde ahora también es ya nuestro abuelo gruñón. Para finalizar la presentación, María recitó un cuento infantil que nos emocionó muchísimo, presentó a su sobrina de once años, que ya sigue sus pasos como escritora, y firmó ejemplares de su novela a todos los lectores que tuvimos la suerte de pasar la mañana del Día del Libro con ella en la librería Benedetti. Una fiesta para todos.


Por Patricia Bejarano




lunes, 25 de abril de 2016

AMERICANAH

La trayectoria literaria de Chimamanda Ngozi Adichie no puede ser más exitosa. Con 26 años publicó La flor púrpura, con la que consiguió el premio al mejor primer libro de la Commonwealth, reseñado en este mismo blog. Tres años más tarde, su segunda novela, Medio sol amarillo, se alzó con el Orange Prize for Fiction. En 2013 se publica Americanah, que sólo en español lleva ya tres ediciones.

En 2015 el contenido de una conferencia suya se viralizó con más de dos millones de entradas en YouTube y poco después se convirtió en el libro Todos deberíamos ser feministas, que el gobierno sueco ha puesto de lectura obligada en los institutos. En este breve texto, Chimamanda cuenta de forma clara y con sentido del humor lo que significa ser feminista en el siglo XXI, apuntando ideas para hacer de este mundo un lugar más justo, un mundo de hombres y mujeres más felices y más honestos.

Americanah es un relato de 600 páginas que nos introduce en la cultura de Nigeria, donde la falta de salidas profesionales aboca a los estudiantes universitarios a intentar conseguir visados para EEUU o Inglaterra, en un afán por resolver un futuro incierto. Son los años 90 en Lagos, en el marco de una dictadura militar que no ofrece soluciones, y dos personajes espléndidos, Ifemelu y Obinze, a lo largo de tres décadas y tres continentes, que de forma magistral nos introducen en sus vidas.

A través del blog que Ifemelu publica en EEUU, la autora nos ofrece un análisis exhaustivo de las diferencias por causas raciales que se dan en aquel país, siempre con un punto de humor cáustico que denota la inteligencia de esta escritora, de la que espero que podamos seguir disfrutando muchas más historias. 


martes, 19 de abril de 2016

ABUELO TOMÁS

Tenemos una autora en Las Rozas, María Neila Martín, que además de ser joven, canta y escribe relatos positivos y frescos con un lenguaje sencillo y cercano, tan sencillo y cercano como el personaje principal de sus anécdotas: un abuelo entrañable que tiene la suerte de merecer a una hija y a un nieto tan inocentes y bellas personas como él.

La intención de María Neila, una vez publicada esta primera novela, es seguir escribiendo relatos del Abuelo Tomás, ese abuelo que a todos nos gustaría tener y al que ha conseguido dotar de una voz espontánea que consigue la cercanía en situaciones cotidianas muy actuales. Es un libro breve que deja un buen sabor de boca, y más cuando miramos alrededor y vemos la cantidad de desavenencias familiares que existen, quizá debidas a que la situación social por la que pasan tantas familias no propicia esas mejores relaciones que todos quisiéramos poder disfrutar. Un mensaje positivo para mayores y jóvenes que tienen la suerte de contar con abuelos.

Haremos una presentación de este libro en nuestra librería el próximo 23 de abril, Día del Libro, a las 12 del mediodía, con la presencia de su autora, que ha creado una canción dedicada al abuelo Tomás y que la interpretará en directo. 

lunes, 18 de abril de 2016

UNA ENTRE MUCHAS

Coloco este libro en el mostrador, mirando hacia mí. Visible, ahí, sobre el cristal. Lo cojo y lo dejo siguiendo el ritmo fluctuante de la gente que entra, escoge un libro, me pide consejo o curiosea. Para muchos es un libro invisible, no existe. Como tampoco existo yo, más allá de mi función de recibir y entregar una suma determinada de dinero. Una mirada lo acaricia y pasa de largo. Otra lo acaricia y se detiene y sube hacia mí para vincular el libro a la persona que lo lee. Luego vuelve a bajar, lee de nuevo el título, se queda prendida un último segundo del color rojo de la niña, y se suelta para, quizá, olvidarlo al instante. 
Un libro sobre el mostrador de una librería, vuelto hacia dentro con un marcapáginas sobresaliendo, es invisible. Una entre muchas es invisible. Me quedo unos segundos pensando en esa invisibilidad, y en la cantidad de cosas que no vemos, por falta de atención o por no saber interpretar un lenguaje. 
De esto trata, en parte, el libro que ha estado esta tarde en el mostrador de la librería: de una violencia invisibilizada por la vergüenza y el miedo y perpetuada siglo tras siglo por la incapacidad de la sociedad para quitarse la venda y mirarla de frente.

La autora del libro es sólo una, una entre muchas. Una chica de Yorkshire nacida a finales de los sesenta que empieza muy pronto a acumular secretos. Se siente culpable, y su culpa la enmudece. Se ve guapa con un vestido tomado prestado de su hermana mayor, un vestido blanco con la espalda desnuda que no esconde los diez años que tiene. Pero él (un ser invisible, una sombra) finge creer que la ve mayor, que el vestido la convierte en algo que puede tocar, probar, coger. 
Secretos. Una guarda secretos. Y empieza a tener miedo. Como si alguien viniera a por ella. Por las noches. Como si alguien la amenazara. Una sombra. Alguien que repta en la oscuridad. Una mano invisible que la toca. Miedo. Y los psicólogos preguntan. Y los psiquiatras preguntan. Alguno sólo escucha. Callado. Atento. Pero cómo hablar. Qué palabras pueden abrir la vergüenza. Qué decir cuando insinuar lo que le pasa provoca incomodidad y vergüenza en su familia. Un profundo rechazo, incluso ira. Qué decir ante su silencio. Quieren saber lo que le pasa, pero no quieren que les cuente eso. Eso no. Cualquier cosa menos eso. Y su rechazo la frustra. Y se recluye en el silencio. Se aísla. Se protege en sus secretos. 

Y la gente piensa: pobrecilla, qué trauma más terrible. Piensa: cómo va a salir adelante. Piensa: nunca lo superará, quedará perturbada para siempre. O bien: exagera, seguro que no fue para tanto, algo habría hecho para que le hicieran eso, y ahora mírala, antes tan guarra y ahora tan loca. Y da igual la compasión que el asco, las palabras vienen de la misma ceguera y todas las miradas que penetran alguna capa de su historia hacen que se sienta culpable, culpable por sentirse mal, por vomitar por las noches, por la ansiedad, por reírse descontroladamente de cualquier cosa, por el descontrol de las emociones, por el miedo pegado al cuerpo como una segunda piel y por la idea que da vueltas y vueltas en su cabeza como un virus fuera de control: cómo va a creer alguien los traumas de una loca.




"Películas, libros, cómics, series de televisión, óperas, cuadros, canciones, chistes... Hay muchas formas culturales que utilizan la violación y asesinato de las mujeres como artefacto narrativo, principalmente por diversión y para causar un efecto dramático. Tal vez se crea que el público se relaciona con eso de forma parecida a como lo hace con el horror imaginario. Porque a pesar de su naturaleza cotidiana, la violencia sexual sigue pareciendo algo hipotético. 
Vivir siendo sensible a ello se convierte en una lucha cotidiana".

La lucha cotidiana de Una está en este libro: un testimonio ilustrado con imágenes delicadas, brutales y simbólicas, casi siempre en blanco y negro, que demuestran un dominio admirable de múltiples lenguajes visuales para contar una historia que se resiste a ser tratada de una sola forma y mediante un solo lenguaje. Su lucha cotidiana es la lucha por visibilizar lo invisible, por ponerle un altavoz a una historia que ha permanecido en silencio durante muchos años y que nos afecta a todos. 
Visibilizar lo invisible: un libro en un mostrador, una niña roja sobre fondo gris, la vida rota de una entre muchas. 



jueves, 14 de abril de 2016

CHOQUE DE CIVILIZACIONES POR UN ASCENSOR EN PIAZZA VITTORIO

Me encantan los libros de tono ligero que esconden congojas profundas y reales. Tragicomedia, llaman a esta delicia los amigos editores de Hoja de Lata. Y no debe de ser fácil, ese tono. Caminar por el finísimo hilo que separa la ironía de la parodia, el humor inteligente de la burda caricatura.
Los personajes de esta obra coral comparten edificio de la Piazza Vittorio de Roma y encarnan, cada uno a su modo, los dramas de la multiculturalidad que crece a un ritmo imparable en las capitales europeas. Parviz, el refugiado de guerra iraní, María Cristina, asistenta peruana, Iqbal, inmigrante bengalí, Benedetta, la portera xenófoba y conspiranoica y por último Amedeo, el hilo conductor de la novela, un caballero de origen enigmático, "más bueno que el zumo de mango", al que todos respetan y veneran por su amabilidad y su capacidad de ofrecer consuelo, no juzgar y tratar de desenredar los malentendidos que tejen la vida cotidiana de estos personajes tan dispares.

Cada uno de ellos nos cuenta sus alegrías y miserias con un tono en apariencia cómico, directo, desprovisto de reflexión, que sin embargo no oculta el dolor y la frustración que sienten por el desarraigo, por sentirse fuera de su lugar, rodeados de extraños que no pueden entenderlos. Así, Parviz, cocinero iraní, odia la pizza de una manera furibunda y llega a pedir en comisaría que prohíban a la gente comerla en lugares públicos por constituir una afrenta a la salud, al paladar y a la estética. Leo su indignación con una sonrisa irónica y me cae simpática su forma de contarla (a mí, un amante incondicional de la pizza) hasta que de repente, sin variar el tono, cuenta que al recibir la denegación oficial de su estatus de refugiado, no puede más y decide, ya que le acusan de inventarse su desgracia, coserse la boca con hilo y aguja en un acto de desesperación y rebeldía. Y se me borra la sonrisa, y me quedo serio y dolorido ante tamaña brutalidad, y emocionado cuando aparece Amedeo, el único amigo de todos, para abrazarle y hacerle volver a la razón.

Esta es una novela sobre la inmigración, sobre europeos miopes y racistas que han perdido (o quizá nunca lo tuvieron) el don de la sonrisa y por lo tanto no tienen sonrisas (ni nada) que ofrecer, sobre vidas huidas e identidades heridas que llevan a la gente a la desesperación y a la ruina. Es una novela agridulce sobre la Europa de hoy, la nuestra, la que cierra sus fronteras exteriores e interiores y deniega a los extranjeros esa misma humanidad que se está negando a sí misma. Una novela, también, sobre el amor, que no es otra cosa que nuestro futuro compartido, quizá el único posible.

Amara Lakhous




lunes, 11 de abril de 2016

CENTENARIOS, AFINIDADES Y ENTRADA 300

Abril tiene un espíritu festivo así que vamos a celebrar cosas.
Hace cuatrocientos años morían un soldado manco llamado Miguel de Cervantes y un empresario sin estudios llamado William Shakespeare. El primero más bien pobre. El segundo más bien rico. Poco o nada sabían uno del otro, pero casualmente ambos escribían para el teatro, dedicaban poemas poco conocidos a musas enigmáticas y nunca tuvieron ni idea de la fama que alcanzarían una vez muertos.

El soldado
Hoy todo el mundo los conoce, aunque poca gente los disfruta. Perviven en las lecturas de los jóvenes a través de adaptaciones con dibujitos y películas que siempre olvidan la razón por la que se hicieron famosos: la maestría apabullante de su escritura. Los molinos de viento, en un lugar de La Mancha y Sancho Panza son casi tan universalmente conocidos como Romeo, Ofelia y Macbeth. Y digo casi porque mientras que en España el patrimonio cultural ha sufrido un desprecio altivo y persistente a lo largo de toda nuestra historia, en Inglaterra lo exponen y lo exportan con orgullo desde que tienen memoria de nación. En cualquier caso, lo shakesperiano y lo cervantino pululan por miles de libros y series de televisión, otorgando a las tragedias y a los dramas dimensiones épicas, cubriendo de una pátina de prestigio aquello que acompañan. Y todo a pesar de que tanto el soldado como el empresario basaron la mayoría de sus historias en obras anteriores, reciclando argumentos y mezclando tramas, ya para burlarse de ellas, ya para satisfacer las expectativas de su público. Pero lo hicieron de una manera inigualable, inventando géneros nuevos o dotando a los antiguos de nuevas formas, y pese a que sus nombres llevan cuatrocientos años siendo manoseados de manera constante para los fines más disparatados, Miguel y William siguen impertérritos en sus respectivos pedestales, ajenos a todo, geniales y a salvo.

El empresario
Debo reconocer que me siento mucho más cerca del empresario que del soldado, quizá porque los personajes del inglés me parecen humanos, terrible y deliciosamente humanos, mientras que a los del español me cuesta verlos como algo más que caricaturas (y aquí es cuando mis profesoras de literatura se arrepienten amargamente de aquellos aprobados y notables con que obsequiaban mis exámenes de lengua y desearían con toda su alma atizarme con un buen Quijote en tapa dura). Hamlet, Julieta y Shylock me parecen escandalosamente cercanos y actuales y creo que gozan de una actualidad y una universalidad que nunca desaparecerán. Y además, prueba irrefutable del genio de su autor, no recurren nunca a la religión ni al honor para legitimarse. Eso me parece sencillamente maravilloso. Casi escalofriante.

Que hace cuatrocientos años un autor de éxito no nombrara nunca al dios católico en sus obras (ni una sola mención, señores, ni una), y la única ocasión en que aparece el honor sea en un monólogo irónico (Falstaff), es para hacerle una reverencia tras otra. Mientras tanto, en España, nuestros genios del Siglo de Oro llevaban a dios y al honor por bandera en cada obra, tanto que los convertían casi en protagonistas, firmando así la fecha de caducidad de su interés. Bien es cierto que la Inglaterra isabelina había roto con la iglesia católica y vivía en una especie de humanismo pagano mientras que en España la Inquisición hacía de la quema de herejes el espectáculo más exitoso del reino, pero aun así, obras como La Tempestad o Sueño de una noche de verano son producto de una libertad de credo y una inventiva lírica que creo que están fuera del alcance de cualquier genio español contemporáneo. 

Pero mi predilección por el empresario inglés también se debe a mi afinidad por todo lo que venga del norte: desde Asturias, Inglaterra y Escandinavia hasta los caminantes blancos más allá del muro en Juego de Tronos. Y fruto de esta afinidad, hemos elegido a Nórdica como editorial del mes de marzo, con un espacio propio y el mimo que sale espontáneamente cuando uno se dedica a aquello que sólo da placer. Y así hemos vivido el inicio de la primavera, chapoteando en autores escandinavos, en pequeños libros de poesía ilustrados con primor, especialidad de nuestros amigos nórdicos, y recomendando a diestro y siniestro una joyita de Edna Ferber llamada ¡Así de grande! que ya reseñamos por aquí y que sin duda se va a convertir en nuestro libro del 23 de abril y del día de la madre. 

Y por último, termino con un agradecimiento para todos aquellos que hayan tenido la bendita paciencia de llegar hasta aquí: esta es la entrada 300 de este blog y la verdad es que nunca habríamos tenido la osadía de escribir esta cantidad obscena de recomendaciones literarias sin vuestros clics, comentarios y entradas triunfales a la librería exclamando: "dame el libro ese que has recomendado en el blog". Gracias, de corazón. 


jueves, 7 de abril de 2016

TÚ NO ERES COMO OTRAS MADRES

Angelika Schrobsdorff ha construido a lo largo de casi 600 páginas la vida de su madre Else, una mujer controvertida, adelantada a su tiempo, que vivió la primera mitad del siglo XX entre Alemania y Bulgaria. Los alegres y divertidos años veinte los disfrutó en un ambiente distendido, dentro de una familia judía acogedora que le ofreció todo el amor que necesitaba.

Se casó con el hombre del que se enamoró, rechazando al candidato de su familia, con él tuvo un hijo y cuando descubrió que su marido le era infiel, aunque seguía queriéndola, su reacción fue imitarle, algo completamente inusual en aquella época (yo diría que incluso en ésta). 

En ese escenario, qué fácil fue para ella volver a enamorarse de otro hombre, sin dejar de convivir con su marido. Tuvo una hija con su nueva pareja, compartiendo hogar con su marido que también había encontrado otra pareja, viviendo todos juntos en armonía.

Años más tarde, de nuevo la pasión y el amor llamaron a su puerta y su tercera pareja fue el padre de Angelika, la autora de esta narración, un personaje complejo y valiente que se retrata a sí misma en las condiciones más dispares. En su infancia, viviendo en la superficialidad y el amor que le ofrecieron sus padres y sus abuelos, y cuando en 1933 Hitler llegó al poder y empezaron las dificultades para los judíos, compartiendo con su madre y hermana el exilio en Bulgaria.

Muy interesante el ambiente de Berlín antes de la Segunda Guerra Mundial, un mundo como el que describió Stefan Zweig en su inolvidable El mundo de ayer y todavía más interesante el relato de las calamidades que tuvieron que soportar a partir de la deportación de los judíos. Se han escrito infinidad de experiencias de esa terrible época pero ésta es una variante distinta, desde la perspectiva de quien no fue internada en ningún campo y consiguió gracias a mil triquiñuelas escapar en el momento oportuno, pero no por ello dejó de sufrir consecuencias nefastas. Un testimonio importante para añadir a los ya existentes sobre el peor acontecimiento de la Historia.

lunes, 4 de abril de 2016

EL INFIERNO DE LOS JEMERES ROJOS

Lo fácil es callarse. Tras sobrevivir a cualquier tragedia, uno quiere olvidar, pasar página, cambiar de aires, reír y vivir de nuevo. Por un lado, recordar es doloroso, a veces es como regresar a aquel infierno; y por otro, la gente tiende a desviar la vista cuando escucha ciertas cosas, por vergüenza, por pudor, por egoísmo o por el motivo que sea. Duele, y además es difícil encontrar a alguien que quiera escuchar. 
¿Por qué contar una historia como esta, entonces?
Quizá porque ocupa tanto espacio en el interior de uno que es imposible mantenerla en silencio durante toda la vida. 
La autora de este libro se calló durante veinte años. Hasta que un día escuchó a un señor respetable negar que su sufrimiento hubiera tenido lugar mientras alababa la humanitaria labor de sus torturadores, que tantas cosas buenas hicieron por su país. Y ya no pudo más. La indignación prendió la chispa y decidió romper sus años de silencio, alzar su voz contra la mentira política y el lavado de cerebro para defender una cierta idea de justicia, para calmar la ira y el ansia de venganza, sentimientos urgentes e inaplazables, para no volverse loca, también, y poder seguir diferenciando lo que sucedió de verdad de eso que algunos decían que había sucedido, incapaces de mirar más allá de sus simpatías políticas.

Camboya, protectorado francés, se independizó en 1953 y sufrió una dictadura militar durante la guerra de Vietnam, país vecino, desde 1970 hasta 1975. El gobierno anticomunista, con apoyo de Estados Unidos, reprimió a los vietnamitas de su territorio y a cualquier sospechoso de colaborar con los comunistas hasta que fue derrocado por el ejército de los jemeres rojos, nacionalistas camboyanos, que crearon una república popular de inspiración maoísta. Evacuaron por la fuerza las principales ciudades de Camboya y confiscaron los bienes de la población urbana, a la que trasladaron a campos de trabajo en comunidades agrícolas. Sus principales mandamientos, que toda la población debía repetir cada día hasta aprender de memoria, eran:

- Diréis siempre la verdad.
- No robaréis.
- No expresaréis sentimientos. 
- Vestiréis de negro. 
- Os raparéis el pelo.
- Andaréis descalzos. 
- Comeréis arroz del Estado y lo que podáis cultivar en vuestro tiempo libre. 
- Trabajaréis doce horas diarias en los campos, seis días a la semana. 

Los jemeres rojos quisieron purificar a la población mediante el trabajo. Y es difícil no pensar en aquella inscripción de la puerta de entrada a Auschwitz: Arbeit macht frei, el trabajo libera. Nazis y jemeres tenían visiones parecidas de lo que significa la liberación mediante el trabajo. Pero en realidad los jemeres rojos fueron mucho más lejos que los nazis. Abolieron las escuelas y la educación, prohibieron los libros y la gafas, símbolos de la decadencia capitalista, acabaron con el comercio, la propiedad privada y el dinero y clausuraron los hospitales, cerraron los aeropuertos, las estaciones de tren y las fábricas en un intento de convertir Camboya es un estado agrícola, primigenio, habitado por camboyanos purificados, libres por fin del veneno del capitalismo. 

Denise Affonço, la autora de estas memorias, sufrió el régimen de los jemeres rojos durante los cuatro años que duraron en el poder. Secretaria del antiguo consulado francés en la capital, Phnom Penh, de nacionalidad francesa, se vio expulsada de su casa y obligada a trabajar en diferentes campos de trabajo agrícolas, donde perdió casi la mitad de su peso. Aprendió a fingir sumisión, a no pronunciar ni una palabra de otro idioma que no fuera el jemer, a responder correctamente, a ocultar las emociones y a soportar las continuas humillaciones por su nacionalidad y su condición de intelectual capitalista. Tras la desaparición de su marido, cuya muerte nunca llegó a confirmarse, veía "todas las tardes, después del trabajo, multitud de cadáveres bajar por el río, atados desnudos a troncos de plátano, secretamente rezando para que entre esos cuerpos no estuviera el de mi marido".

Denise Affonço

En alguna pausa de lectura, hablo con P. de esta historia y me cuenta alguna impresión del viaje que hizo hace años por el sureste asiático. Me habla de la bondad, de las sonrisas constantes y la extraordinaria sencillez de la gente camboyana que ella conoció. Y me confirma lo que leo en el libro, el estupor de la autora al preguntarse cómo fue posible que de un pueblo de naturaleza afable, generosa y pacífica, en su mayoría budista, hubiera podido salir tal cantidad de asesinos dispuestos a dejarse llevar por un sadismo tan extremo. 

Al volver al libro, sin encontrar respuestas a esta mutación de un carácter nacional (carácter que, por las impresiones de P. en su viaje reciente, aún se mantiene), Denise no para de hablar de comida. De la obsesión por encontrarla. Come arroz, y a menudo sólo caldo de arroz, con algo de sal. A veces, sapos. Cuando hay suerte, espinacas salvajes, juncos, tallos duros de bambú. Y más caldo de arroz. El hambre se convierte en el único motor de su cuerpo. A través del hambre todo cambia. La degradación física destroza los valores humanos. Y Denise confiesa, desesperada, "¿qué orgullo podía quedarme cuando llegaba a pelear por la comida de los animales con los propios animales?"
Perdió a su marido, vio morir de hambre a su hija de nueve años, convivió con el espanto durante cuatro años, y cuando las tropas vietnamitas liberaron Camboya en 1979, se unió como pudo, arrastrándose junto a su hijo mayor, a la multitud de zombis que desfilaban por la carretera de vuelta a las ciudades y al mundo de los vivos. 

Después de haber leído sobre el holocausto judío, uno tiende a pensar que esos horrores ya no podían repetirse. Que, de alguna manera, la crueldad había llegado a su límite, había probado su fuerza y su locura, y que volvería a una forma de expresión más comprensible. Pero al leer lo que ocurrió en Camboya entre 1975 y 1979, al leer este relato de Denise Affonço, me doy cuenta de que aquel holocausto no sirvió como advertencia, que los seres humanos pueden seguir alcanzando unas cotas de sadismo inimaginables si se les da poder, libertad e impunidad para matar. 

Hace falta imaginación para vencer la incredulidad con la que uno se protege inconscientemente de historias como esta. No puede ser verdad, en mi mundo no, en mi realidad no. De inmediato se establece una distancia. Y esa distancia amortigua la empatía, convierte los datos en literatura, en la historia de otros, en la vida de otros. Pero ¿quién nos dice que esta historia no podría pasar más cerca, que en nuestra sociedad occidental estamos ya definitivamente inmunizados contra la violencia? Los camboyanos eran pacíficos y probablemente sigan siendo más pacíficos, bondadosos y risueños que nosotros. Y aun así aniquilaron a dos millones de personas, la cuarta parte de su población, por una idea. Una idea loca, perversa, desquiciada. Una idea tristemente conocida. Y yo me pregunto: ¿estamos nosotros a salvo de maltratarnos por una idea?

Hace falta valentía para contar una historia de horror como esta. Coraje para sacar los recuerdos de su baúl y enfrentarse de nuevo a los gritos, al hambre y al infierno.
Hace falta valentía para hablar y escribir esta historia. Mi admiración por Denise Affonço y su relato. Lo fácil es callarse. 



jueves, 31 de marzo de 2016

VIKINGO. EL MANUAL DEL GUERRERO NÓRDICO

Los vikingos están de moda. Una serie de éxito cuenta, de forma muy libre, la vida de Ragnar Lodbrok, un héroe semi legendario del que no se sabe gran cosa, aparte de que dedicó su vida a saquear las costas de Inglaterra y Francia, tener hijos con guerreras descendientes de dioses y aterrorizar con los relatos de sus hazañas las noches de muchas generaciones de niños cristianos con miedo a la oscuridad. La serie cuenta con actores escandalosamente guapos, va por su cuarta temporada y tiene la virtud de profundizar en la vida cotidiana de los vikingos con el fin de despojarlos de esa fama de rubios-salvajes-barbudos-sedientos de sangre con la que nos los han pintado siempre a casi todos los que hemos nacido al sur de Escandinavia.

Me gustan los vikingos. Me gusta verlos administrar justicia en sus tribunales populares, primitivos, con códigos intuitivos que me parecen siempre más justos y saludables que sus contemporáneos cristianos, supeditados al poder de una nobleza legitimada por un dios inaccesible. Me gustan sus dioses, también, Thor, Odín, Loki, seres poderosos y temibles pero también interpretables desde múltiples puntos de vista. Sin libros sagrados, sin miedo constante al castigo, sin penitencias, sin símbolos que representan debilidad, miedo y tortura. 

Me gustan tanto los vikingos que estoy pensando seriamente convertirme en uno. Y lo mejor es que ya he encontrado manual para aprender todo lo que necesito saber sobre salir de expedición por el Atlántico norte hacia costas desconocidas, sentir la adrenalina del combate hirviendo en mis venas, saquear tesoros escondidos, quemar monasterios, recibir fortunas de grandes señores cristianos por no atacar sus miserables tierras y convertirme en un guerrero famoso en todo el mundo conocido. Bueno, algo así. 


miércoles, 16 de marzo de 2016

LA HABITACIÓN

Para Jack, un niño de cinco años, la Habitación es el mundo entero, el lugar donde nació, donde come, juega y aprende. Por la noche, Mamá lo pone a dormir en el Armario, por si viene el Viejo Nick. Para su madre, la Habitación es el cubículo donde lleva siete años encerrada. Con gran tesón e ingenio, ha creado en ese reducido espacio una vida para su hijo, y su amor por él es lo único que le permite soportar lo insoportable. Pero la curiosidad de uno crece a la par que la desesperación de la otra. Sólo queda urdir la huida, un plan más arriesgado de lo que ambos puedan imaginar.

Un libro demoledor sobre cómo afrontar el horror del cautiverio y al mismo tiempo un libro lleno de una ternura inimaginable. La voz del narrador, un niño de cinco años, es como un velo de colores que distorsiona nuestra percepción de la realidad, y al terminar el libro nos damos cuenta de que hemos incorporado esa distorsión en nuestra vida para siempre, que la realidad a través de ese velo es infinitamente más rica y sorprendente.

Hace unos días fuimos a ver la película basada en este libro, y me alegré muchísimo cuando Brie Larson se llevó el Oscar a la mejor actriz. El libro se publicó en español en 2010 y con el paso de los años parece que había ido cayendo en el olvido. Nosotros lo recomendamos mucho cuando salió pero otros libros muy buenos fueron llegando, pilas y pilas y pilas de novedades frescas e invasoras ocuparon su espacio y relegaron esta maravilla a un fondo de biblioteca con más polvo del que debería. Y me alegro por esta nueva vida que la película le ha dado a esta historia. Porque es impactante y emotiva y remueve muchas cosas que nunca deberíamos dejar que se durmieran en nuestro interior. Y porque el mundo se vuelve más complejo después de leerlo. Y mucho, mucho más interesante.



viernes, 11 de marzo de 2016

QUÉ VEMOS CUANDO LEEMOS

Leo un libro sobre una ruta a pie por los Apeninos. Me imagino los pinos, los bosques, los crujidos que provocan los animalillos en la maleza, el calor (aunque no recuerdo que el autor precise la época del año), veo el caracol que intenta cruzar imprudentemente el camino, toco su caparazón. Veo todo eso. Es decir, me lo imagino. Como nunca he estado en los Apeninos y cuando los crucé lo hice por los túneles de la autopista que va de Florencia a Bolonia, sustituyo sus bosques y su realidad por bosques y realidades similares que con los años he ido almacenando en mi memoria. Cambio los restos de la Via Flaminia por los restos de la calzada romana que más conozco, la que parte de Cercedilla; cambio aquellos pinos por los pinos de la Sierra de Guadarrama, o quizá los de Menorca, por aproximarme un poco más a Italia; rebusco en la galería de fotos y sensaciones de mi memoria para imaginar lo que estoy leyendo y así, poder verlo. Y lo hago, reconstruyendo el libro a mi manera. En el fondo, inventándomelo. Así, mi lectura de la ruta a pie por los Apeninos nada tiene que ver con la tuya,  lector de este blog, porque tu galería de recuerdos es otra. Ni, por supuesto, con la del autor, que sí que ha estado en los Apeninos, y además ha vivido el viaje antes de contarlo. 

Leer es crear. Es inventar. Es trasladar a nuestra realidad una realidad que, en buena medida, nos resulta totalmente desconocida. O mejor, sustituir esa realidad desconocida por nuestra propia experiencia. 
¿Qué vemos cuando leemos? 
¿Vemos las facciones de Anna Karenina? Tolstoi nos habla de manos delgadas, de elegancia en los gestos, de impulsividad. ¿Cómo es un rostro elegante, impulsivo y de manos delgadas? 
Aunque pensemos que sí vemos las facciones de Anna Karenina, en realidad no es así. Vemos una idea, un concepto construido en nuestra percepción mediante datos imprecisos: manos delgadas, elegancia, impulsividad. Anna Karenina es una abstracción, reducimos el personaje a un símbolo en nuestra cabeza (un símbolo que se va transformando a medida que vamos avanzando en la lectura y añadiendo información) para hacerlo comprensible. 

A casi nadie le gusta una película basada en un libro que ya ha leído. La ambientación, y sobre todo los actores, a menudo traicionan la idea que nos habíamos hecho de ellos. Y la traicionan no porque sean en sí mismos inexactos o poco fieles al original, sino porque nuestra lectura del libro los había convertido en nuestros. Al leer, nos apropiamos de la historia. Los Apeninos del autor son mi Sierra de Guadarrama, y no quiero que me la quiten. El rostro de Anna Karenina es una nebulosa en mi cabeza, un concepto casi abstracto que difícilmente podré materializarlo en unas facciones concretas, sin embargo sí sé que no puede ser el rostro de Keira Knightley, por mucho que me guste la película.

Sobre estos temas, y muchos otros relacionados con lo que significa ese cotidiano acto de leer, trata este libro. Meterse en él es como mirarse hacia dentro y analizar qué hacemos cuando leemos. A simple vista, parece que poca cosa. Pero observado de cerca, con el microscopio que nos facilita la argumentación escrita y visual de Peter Mendelsund, los engranajes mentales que se ponen en marcha cuando leemos son verdaderamente fascinantes. 



martes, 8 de marzo de 2016

MUJERES

Erasmo de Rotterdam: "La mujer es mujer, es decir loca, sea cual sea el disfraz que adopte".
Aristóteles: "La mujer es inferior por naturaleza, es un varón mutilado".
Santo Tomás de Aquino: "La mujer es un error de la naturaleza: nace de un esperma en mal estado".

La tradición cultural ha sembrado de agujeros la historia de la Humanidad. Ha tratado a las mujeres como personas inferiores, con capacidades inferiores, relegando sus vidas y sus logros al menosprecio, y de ahí, al olvido. Recuperar la presencia de las mujeres en la historia requiere a menudo un esfuerzo arqueológico. Sus vestigios están en ruinas, rotos y desperdigados por siglos de indiferencia masculina, y para llegar a ellos hay que apartar los restos de los hombres, abrumadores, totalizadores y con una estúpida e infantil tendencia a querer ocupar toda la atención y todo el espacio. 

La historia de la civilización occidental es un gran puzle cuyas piezas femeninas han sido sustituidas, sistemáticamente, por piezas masculinas. Y este libro de Galeano se propone devolver a su sitio alguna de esas piezas robadas y olvidadas, arrebatando del olvido pequeñas historias de mujeres conocidas por su talento (Camille Claudel, Marie Curie, Frida Kahlo) o por su lucha por una causa (Rosa Luxemburgo, Rigoberta Menchu). Y también, historias de mujeres anónimas, que nunca entrarán en los libros de historia, mujeres que participaron en hazañas colectivas como la Comuna de París o la revolución mexicana, prostitutas, modelos, actrices o panaderas que en algún momento de sus vidas se negaron a obedecer, servir y callar y se atrevieron a salir a la calle, a no atender a soldados que hubieran participado en represiones de obreros, a cantar y actuar y enseñar cuando la Iglesia lo prohibía y a desafiar a Aristóteles, San Pablo, Erasmo y demás eminencias misóginas de la historia para reivindicar que ellas también tenían alma, sabían impartir clases y no, señores filósofos, no estaban locas. 



lunes, 7 de marzo de 2016

LA FLOR PÚRPURA

Hay una autora de nombre imposible de recordar cuyos libros se venden como si estuvieran prohibidos. La gente se los lleva con ansia, con secretismo y ojos encendidos. A veces los envuelvo para regalo y, al pegar el último trocito de celo en el papel estampado, la clienta me lo quita de las manos y se lo mete en el bolso con premura, rechazando la bolsa que le ofrezco, como si alguien se lo fuera a arrebatar y no quisiera que nadie viera lo que ha comprado. Los títulos de sus libros sugieren colores fogosos, nombres exiliados y plantas exóticas. Y también, una actitud ante uno mismo y ante la vida que, como ella bien dice, todos deberíamos compartir. 

Acabo de terminar su primera novela, La flor púrpura, escrita con 25 años, y ando fascinado. ¿Qué vivencias se esconden tras una escritura tan serena, tan sabia, tan desprovista de ira y de afán de venganza? Lo más lógico sería esperar que esta historia hubiera sido contada para saldar cuentas; desde el dolor, por ejemplo, para asumir el papel de víctima que ansía reconocimiento, o desde la rabia, para asumir el papel de vengadora que reclama justicia. Pero no. La voz de la protagonista, una adolescente de quince años, es de una inocencia desarmante, una inocencia rota que sabe mucho más de lo que quiere admitir, pero que no busca redimirse ni encontrarse en su herida sino contar una historia que realmente merece ser contada. 

Eugene es un héroe en Nigeria. Defensor de la democracia en tiempos de revueltas militares, empresario de éxito, generoso con los pobres, un perfecto producto colonial en su devoción por lo inglés y la educación. Poderoso, influyente y carismático de puertas afuera. Dictador, maltratador y represor con su mujer y sus hijos. 
Eugene es un padre modélico. El padre que todas las chicas querrían tener. Y Kambili lo venera como a un ser superior. Y se adapta a las normas, al silencio de su vida cotidiana, al estricto horario diseñado por su padre para que nunca dude qué debe hacer o en qué tiene que emplear su tiempo para convertirse en la mejor estudiante de su instituto, en la futura mujer perfecta. Se adapta a la violencia escondida detrás de cada gesto de amor, otorgado como un regalo que debe devolverse de una manera determinada, una inversión que debe ser retribuida. Se adapta a una exigencia siempre en busca de cotas más altas de sacrificio hasta que pasa unos días con su hermano en casa de su tía Ifeoma y al volver, la superficie impoluta de su rutina, con su ritmo invariable de éxitos y castigos, empezará a resquebrajarse hasta desmoronarse por completo. 

La tía Ifeoma es el contrapunto de Eugene. Viuda, profesora de universidad, enérgica, descarada, exuberante, llena de vida. En su casa, los niños preguntan, los niños gritan, se increpan. En su casa, las preguntas se abren como mangos maduros y nadie admite que se queden sin respuesta. Kambili, por primera vez en su vida, ve cómo en las comidas sus primos hablan libremente, se dirigen sin temor ni vacilación a cualquiera y respiran aire a voluntad. Se ríen. En casa de Ifeoma se ríe y ella dirige la alegría de sus hijos con el orgullo de un entrenador de fútbol contento con su equipo. Y el aprendizaje de esa risa y de esa complicidad será un viaje del que Kambili regresará transformada para siempre. 

Chimamanda Ngozi Adichie

La flor púrpura es una novela de iniciación. De iniciación a la vida, al amor, a la brutalidad, a la búsqueda de preguntas que conformen su identidad, a la pérdida de un referente paterno y la necesidad de encontrar algo sólido que pueda rellenar ese vacío. La violencia del padre, aislada en fogonazos que llegan de improvisto y dejan al lector aturdido por su intensidad, es producto de la enfermedad que genera el fanatismo religioso: Eugene se considera en el deber de establecer lo que es correcto y lo que es impío, impartiendo castigos para expiar el pecado de cada conducta de sus hijos y de su mujer que él cree que debe corregirse. Con golpes, con latigazos, con quemaduras, con una violencia que él ejerce con dolor, con lágrimas en los ojos, convencido de que es lo mejor para ellos, que deben aprender a corregir sus errores. Una violencia que deja en su familia vidas interiores hechas pedazos, personas rotas que nunca logran recomponerse del todo porque los lugares en los que encajaban dichos pedazos han desaparecido. 

Sin embargo, cuando ya no queda nada, cuando Ifeoma emigra del país en busca de un futuro mejor, o agua potable, o electricidad, o una vida un poco más digna para sus hijos, Kambili sabe que siempre podrá volver adonde fue feliz, al lugar donde conoció la libertad de preguntar y de amar, un lugar que lleva ya incorporado en su interior y que "tenía el poder de liberar algo atrapado en el fondo de su estómago que subía hasta la garganta y surgía en forma de canción de libertad. En forma de risa". 


viernes, 4 de marzo de 2016

MOIRA

Una literatura inquietante la de Julien Green, nacido en París de padres norteamericanos con raíces sureñas. Nació en 1900 y murió en 1998, así que prácticamente abarcó todo el siglo XX. Fue el primer miembro no francés (nunca perdió la nacionalidad norteamericana ni aceptó la francesa que le ofrecieron) que perteneció a la Académie de France. Escribió una obra ingente que incluye novelas, ensayos, teatro, cuentos, hagiografías, diarios, etc.

Moira es una novela a medio camino entre el género negro y el relato gótico y me ha recordado algunos de los perfiles de los personajes de Dostoievski. Una obra maestra de la literatura en la que Julien Green nos adentra en la mente desquiciada de un personaje que hace de la religión un fanatismo y una desmesura.

Joseph Day, el protagonista, es un joven hipersensible y paranoico que se inicia en la universidad con una fijación fanática religiosa pero que llegamos a conocer y a sentir muy próximo, con una conciencia que le aboca a la marginación y a sentimientos encontrados de soledad y exaltación. Una vida que busca lo absoluto a través de dios, volcada en el lado oscuro de la religión, ignorando que hay un abismo entre el yo ideal y el yo cotidiano. Busca formas de evasión en su necesidad vital de encontrar espacios que den un significado a su existencia y aboca su vida a la tragedia.

Profundidad y amenidad en un relato que te absorbe hasta la última línea, con un final inesperado.



martes, 1 de marzo de 2016

Editoriales afines (II): Nórdica

Hay una viñeta en los libros de Astérix que me encanta. Se repite en unas cuantas historietas y cada vez que la veo me parto. Aparece la nariz de Obélix en primer plano, girada en un ángulo casi imposible hacia el olor a jabalí que acaba de llegarle, proveniente del bosque. A veces no puedo evitarlo y mi nariz cobra vida propia y hace cosas parecidas al volver a casa cuando el olor de la cena inunda la escalera hasta el portal. Pero no solamente sucede con el olor a comida (o a futura comida, como en el caso de Obélix). También ocurre con la visión de cosas hermosas. A mí me pasa, en concreto, con la visión de libros hermosos. De muchos libros hermosos juntos. Me pasa, por ejemplo, cada vez que paso por delante de los libros de la editorial Nórdica, todos bien juntitos en su sección, y cometo la imprudencia de mirar sus portadas. Se me olvida si iba o venía de la trastienda o la novedad que justo en ese momento estaba recibiendo y sólo pienso que quiero leer éste de Kipling y ése de Irving (pero ¿lo has visto?) y aquél de Dostoievsky (¡pero qué pintaza!).

10 años.
200 títulos.
Una editorial que nació con la ambición de convertirse en un "referente de las diferentes literaturas de los países nórdicos", por citar a Diego Moreno, el editor, y que con los años ha ido incluyendo clásicos de otras procedencias en libros ilustrados editados con una calidad excepcional.
A mí me admira su trabajo. Editar veinte libros al año, lograr una selección cuidada, inteligente, exquisita, reunir a los mejores ilustradores para convertir cada título en una joya y conseguir que nos apetezcan sus libros, sean cuales sean, simplemente porque los editan ellos.

Me admira su trabajo.
Al igual que muchos clientes me dicen con envidia que siempre han querido ser libreros y que qué trabajo más bonito, ahí, tan a gusto, rodeado de libros, yo a veces sueño con crear una editorial así como Nórdica, con un proyecto definido y generoso que dé sentido a unas cuantas ambiciones y haga felices a libreros y lectores exigentes y curiosos. Y ya, si es capaz de estimular los sentidos como los jabalíes la delicada nariz de Obélix, sería la gloria.

De Nórdica nos gustan muchos libros, decenas de ellos. Aquí os dejamos las reseñas que hemos escrito de algunos imprescindibles:












jueves, 25 de febrero de 2016

PARIS-AUSTERLITZ

Leo en la faja de este libro: 
"El mejor escritor español del siglo XXI". 
"El cronista moral de la realidad española reciente".

Y a raíz de su muerte en agosto de 2015, escuchaba: 
"La gran pérdida de las letras españolas". 
"La literatura española se ha quedado huérfana". 
Y me callaba, ante tanto aplauso unánime, el hecho de que el único libro que había empezado de él, En la orilla, no había podido terminarlo.

Todas las reseñas que he leído de Paris-Austerlitz, su librito póstumo, publicado en enero, se centran en la obra del autor, en su importancia, en que aunque sin duda este es un libro menor dentro de su imponente legado, está lleno de su más íntima esencia, y se lanzan a trazar análisis comparativos, a destacar temas comunes y subrayar sus triunfos más logrados. 

Yo poco puedo añadir al respecto. De En la orilla recuerdo un mundo oscuro, sórdido, moralmente envenenado que me repelió al instante y del que quise alejarme instintivamente, sin meditar mucho las razones. Y algo de eso he encontrado también en Paris-Austerlitz, pero enfocado de otra forma, o quizá con otros caminos más transitables para mi sensibilidad. He encontrado algo en esta historia, algo que sé que no me pertenece, un paisaje que, aunque no me acoja ni refleje nada de lo que soy, me es familiar, como una vieja canción cuya melodía podría tararear pero de la que jamás podría recordar la letra. En el mundo literario de Chirbes podría vivir, pero sólo de paso, de visita. Admiro su lenguaje, las imágenes, las dobleces sutiles y perfiladas de su fluidez narrativa. Releo ciertos párrafos y me gustan, me gustan de verdad. Pero de lejos. Con cuidado. Espero no llegar nunca a vivir ni sentir como sus personajes. Su París no es mi París (que conozco, como Chirbes, por haber vivido un tiempo). Su París es una ciudad gris perla, color pastis, invernal, que me afecta y que visito como un invitado fascinado y a la vez intimidado por su rudeza y su hostilidad.

Paris-Austerlitz cuenta la relación sentimental entre un hombre maduro, de clase obrera, agonizante en una cama de hospital, y un joven pintor extranjero cuyo amor ha languidecido hasta convertirse en compasión, o desagrado, o responsabilidad. Es una historia de amor desigual, de amor que se hunde en palabras emborronadas y dispersas, en una vida de bares, de suspicacias y desencuentros. Ambos son víctimas en busca de afecto, de una piel, la que sea, contra la que hundir sus miedos y su deseo; un calor en la cama, un cuerpo sobre el que dormirse cada día, una compañía para tratar de olvidar. Ambos aman, quizá, para pedir auxilio, para no estar solos, para no ceder a la evidencia de que el amor caduca y el deseo se extingue. 

Es posible que lea algo más de Chirbes. Crematorio, cuyo tema me apasiona. O alguna de sus primeras novelas. Pero si lo hago, ya estoy avisado de que será una lectura de visita, un viaje con el billete de vuelta sacado de antemano. 


lunes, 22 de febrero de 2016

¡ASÍ DE GRANDE!

¡Un gozoso descubrimiento en la librería! Hacía meses que ¡Así de grande!, una novela de Edna Ferber publicada por Nórdica Libros, estaba ahí sin que nadie le dedicara una mirada. Óscar me la ofreció sin haberla leído, pero confiando en la excelente opinión que le merece esta pequeña y exquisita editorial.

Este fin de semana tormentoso se iluminó para mí gracias a la lectura de esta novela deliciosa que hizo vibrar todas las cuerdas de mis emociones. Me enamoré de Selina, su principal personaje, una mujer fuerte, personalísima, de carácter firme e ideas claras que ama la belleza y no decae en el esfuerzo, que busca la verdad allí donde se encuentre.

No conocía nada de esta escritora estadounidense, hija de judíos húngaros y mi sorpresa ha llegado cuando veo que esta novela, escrita en 1924, ganó el premio Pulitzer el año siguiente. Además, fue llevada al cine en tres ocasiones: la primera en versión muda, la segunda en 1932 y la tercera en 1953, protagonizada por Jane Wyman. En 1942 se hizo una versión radiofónica.
En Estados Unidos se le dedicó una serie de sellos postales y en su ciudad natal, una escuela de primaria lleva su nombre. Escribió cuentos, novelas cortas, musicales, guiones, obras de teatro, una obra amplísima que tuvo mucho éxito. Películas tan famosas como Cimarrón y Gigante están basadas en sus novelas. No se casó nunca y en la amplia bibliografía sobre la autora y también en sus dos autobiografías se hace eco de su lesbianismo.

¡Así de grande! está inspirada en la vida de Antje Paarlberg. Ocurre en un suburbio de Chicago, y Selina, su protagonista, se inicia en la vida al lado de su padre, un jugador que cuando dispone de ganancias ofrece a su hija lo mejor: restaurantes, teatros, una buena vida..., y cuando pierde, hace lo posible para adaptarse a lo que tienen. Muere su padre cuando ella tiene 18 años y decide irse de maestra a un núcleo rural cercano a Chicago donde ejerce la profesión durante un curso en condiciones miserables. Se enamora de un granjero bondadoso pero de pocas luces y ahí empieza su lucha por salir adelante, puesta su ilusión en su hijo Dirk a quien de bebé llama "So big" ("Así de grande"). Ese niño será el motor de todos sus esfuerzos. Cuando se queda viuda consigue transformar una pobre granja en una exquisita explotación que aunque es pequeña le sirve para poder dar estudios a su hijo.

La relación que en el inicio estableció con Roelf, un niño de 12 años, hijo del matrimonio que el primer año de maestra la acogió, es el punto de inflexión que marca la búsqueda de la belleza que durante toda la vida de Selina será una utopía. Un importante personaje final, Dallas O´Mara, pondrá a Dirk ante el espejo de la verdad que representa su madre y el éxito económico pero falso que le hizo abandonar su carrera de Arquitectura por bonos financieros.

Una pequeña obra de arte de 293 páginas que da pena que se nos termine.

viernes, 19 de febrero de 2016

LOS ASESINOS DEL EMPERADOR

Casi nunca releo un libro. ¿Para qué? Hay tantísimos libros maravillosos que nunca tendré tiempo de leer, que releer me parece un vicio indefendible. Aburrido, además. Es como viajar siempre al mismo lugar, esa idea tradicional que nunca entenderé de los veraneos en la casa de la playa. Con lo estimulante que es salir a conocer sitios nuevos, arriesgarse con los destinos y dejarse sorprender por lo que venga. 
Releer es como refugiarse en ideas antiguas con las que ya estuvimos de acuerdo para huir de aquellas más nuevas que pueden ponernos en un aprieto. Arrebujarse en el sofá de siempre a ver fotografías ya vistas. 

Sí, releer es un vicio indefendible. Así que no voy a tratar de defenderlo ahora. Y menos cuando acabo de releer un mamotreto de 1224 páginas con una excitación que me recuerda a cuando me embarqué por primera vez junto a la tripulación de Long John Silver rumbo a la isla del tesoro.
Despertarme, desayunar, leer leer leer, ir a trabajar, comer, volver al trabajo y contar las horas que faltan para volver a leer leer leer. Un frenesí de chiquillo, de deslumbramiento ante una historia que no pierde encanto ni frescura con la relectura. Debe de ser una cuestión de química neuronal provocada por la evocación de la antigua Roma. Sí debe de ser eso: la construcción del Coliseo, guardias pretorianos, traiciones, envenenamientos, la erupción del Vesubio, gladiadores y gladiadoras, emperadores conspiranoicos y unos asesinos armados hasta los dientes reptando sigilosamente por las cloacas de la ciudad más populosa del mundo para llevar a cabo un plan imposible. Todo eso junto y bien contado es como la chispa que enciende una hoguera, como escuchar el tema musical de La Comarca al inicio de la película El Señor de los Anillos y volver a un estado de excitación infantil que no se experimenta casi con nada más. 

1224 páginas. 
P. me mira entre curiosa e incrédula: ¿en serio? 
Sí, porque es el primer volumen de una trilogía sobre la vida de Trajano, el primer emperador romano de origen hispano, y no he leído la continuación, Circo Máximo, y el tercero sale ya, el 23 de febrero y no me acuerdo bien de éste, y es que me lo paso bomba. 
Y poco importan, al final, las pequeñas torpezas lingüísticas del texto, las erratas aisladas y el hecho un poco incomprensible de que ni el autor ni el corrector de las pruebas sepan que en español, además de "porque", "porqué" y "por qué", existe también "por que". La historia y el pulso narrativo de Posteguillo lo pueden todo. Y me olvido de la precisión literaria (como me olvido de los gazapos de mis películas favoritas) porque hay muy pocos libros, poquísimos, que tengan el poder de hacérmelo pasar tan bien. 

En la librería lo suelo recomendar como el mejor escritor español de novela histórica. Lo suelto sin más, sin pretender herir a nadie ni arriesgarme a muchas comparaciones. Porque es una evidencia. Nadie escribe con el rigor histórico, la pasión y la eficacia de Santiago Posteguillo. 
Sus libros son como monumentos. Novelones a los que uno regresa con admiración infantil, con los ojos de acercarse, por ejemplo, al acueducto de Segovia o al teatro romano de Mérida, acariciar las piedras y mirar hacia arriba mientras viajamos en el tiempo.


martes, 16 de febrero de 2016

CARTAS A KATHERINE WHITMORE

Con un placer especial, esta semana he vuelto a tener en mis manos una nueva edición de las Cartas a Katherine del poeta Pedro Salinas, unas cartas que se publicaron por primera vez en 2004 después de que hubieran transcurrido veinte años de la muerte de Katherine, según fue su voluntad. Abarcan desde 1932 a 1947.

Esas maravillosas y apasionadas cartas cambiaron la perspectiva que hasta entonces se había tenido de la vida de Salinas y especialmente de la identidad de la persona que había inspirado lo mejor de su poética, la trilogía formada por La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento.

Cuando las leí por primera vez hace doce años me deslumbraron. Antes había leído su poesía, pero después de leer las cartas tuve que volver de nuevo a ella con otra mirada porque su significado cambió. En esa correspondencia y también en la que mantuvo tantos años con su mejor amigo el poeta Jorge Guillén, con su mujer, Margarita, con sus hijos, con tantos amigos poetas de la Generación del 27 donde también estaban las mujeres, aquellas que llamaban "Sin Sombrero" como María Zambrano o Rosa Chacel, descubrí su nostalgia, su profundo amor por España y también su dolor por el exilio, por no haber podido regresar a su país, del que se marchó de forma provisional para realizar un curso como profesor invitado y al que la guerra civil impidió regresar, como le pasó a la mayoría de la disidencia intelectual. 

Escritores, poetas y artistas tan importantes como Alberti, León Felipe, María Zambrano, Jorge Guillén, Luis Cernuda, Max Aub, Ayala, Bergamín, Buñuel, Sender, Pau Casals, Halffter, Madariaga, Margarita Xirgu..., todos tuvieron que exiliarse.

Una reflexión sobre su poesía que refleja la nostalgia del exilio: "estos poemas los escribí lejos de mi país, cada vez más mío en mi querer y sueño..., abrazado a mi idioma como incomparable bien".

En estas cartas, Salinas refleja de forma bellísima y explícita el "amor en vilo" que en su madurez le inspiró Katherine, una profesora norteamericana de literatura con la que compartió un tiempo breve pero intenso de esa vida poética, donde exponía y deshacía sus juegos intelectuales, sus pasiones, sus temores y sus esperanzas más recónditas.

Dentro de mí, Pedro Salinas sigue viviendo en su poesía. Ha sido uno de los regalos más importantes que he recibido en mi larga travesía como lectora y librera.


domingo, 14 de febrero de 2016

SPOTLIGHT

Ayer fui al cine a ver Spotlight. Me alegró mucho ver la sala llena y formar parte del silencio sepulcral en el que se quedó el público al terminar la película. Está nominada a seis Oscars. Se los merece todos. 

Esta no es una reseña de un libro, porque lamentablemente no hay ningún libro disponible actualmente, ni en inglés ni en español, sobre este caso. Si lo hubiera, no dudaría en llenar escaparate, mostrador y estanterías con decenas de ejemplares. Cualquier cosa, cualquiera, para contar esta historia.

Un cura escoge a un niño, preferiblemente pobre, de familia desestructurada, con pocos recursos y dependiente de la beneficiencia católica. Le demuestra afecto, le protege, le acaricia, le sonríe. Y al cabo de unas semanas, le viola. Durante meses. Un año. Dos. La curia lo sabe y antes de que la familia se queje o el niño crezca lo suficiente como para reunir coraje para denunciarlo, lo traslada a otra ciudad. Donde el cura escoge a otro niño, preferiblemente pobre, de familia desestructurada, le demuestra afecto, le protege, le acaricia, le sonríe. Y le viola. Al cabo de otros dos o tres años, otro traslado. Y así, una y otra vez. Diez curas. Cincuenta, cien, quinientos, miles de curas en todo el mundo. Miles de curas abusando de niños, violando niños.

A veces, algún niño saca fuerzas suficientes para superar el trauma y la vergüenza y denunciar a su violador. A veces, tiene la suerte de encontrar a un abogado con la fortaleza y la sensibilidad necesarias para llevar el caso a los tribunales. Entonces, la curia se reúne con la parte demandante para llegar a un acuerdo, con un cheque encima de la mesa y un pacto de silencio sobre un hecho aislado, "una manzana podrida", según sus palabras, que no merece salir a la luz y enturbiar la buena obra de la Iglesia en la sociedad. 

Miles de curas católicos que violan a niños bajo la protección de sus superiores. Con la complicidad de sus superiores. Y cuando estalla el escándalo, cuando un grupo de cuatro periodistas de The Boston Globe publica un reportaje con los datos de 87 curas pedófilos solamente en la ciudad de Boston que violaron a niños durante décadas con la connivencia de sus superiores, el cardenal Law, máximo responsable de la impunidad de estos violadores, dimite de su cargo en la ciudad y es nombrado, apenas dos años después, arzobispo de la Basílica di Santa Maria Maggiore en Roma por el papa Juan Pablo II, en lo que éste último calificó de "un paso importante en el proceso de curación". 

No sabemos a qué curación se refería, si a la de la pobre alma atormentada del viejo cardenal o a la imposible curación de los miles de niños violados por curas católicos de todo el mundo, niños que vivirán ya toda su vida con ese trauma y cuyos violadores han quedado y siguen quedando, en su inmensa mayoría, impunes, protegidos por una Iglesia corrupta y criminal. 


viernes, 12 de febrero de 2016

ELLA, TAN AMADA

Melania G. Mazzucco ha llevado a cabo una recreación memorable en esta novela inspirada en la apasionada y azarosa vida de Annemarie Schwarzenbach, uno de los personajes más inquietantes de la intelectualidad europea. Escritora, arqueóloga, fotógrafa, periodista, pianista y viajera, excepcional por su valentía, siempre huyendo y también siempre en espera de algo que nunca alcanzó porque una muerte temprana y accidental se la llevó con 34 años.

Su madre Renée, en un fatal juego de espejos, la amó y la odió profundamente, primero haciéndola exactamente como ella hubiera querido ser y después, cuando su hija se manifestó libremente sin prejuicios ni ataduras al convencionalismo de la época, no aceptó sus pasiones y siempre la castigó incluso con violencia, cuando se dio cuenta de que establecía relaciones demasiado íntimas con profesoras, compañeras o primas.

Renée siempre había respetado las apariencias encerrando en el sagrado círculo de lo privado sus secretos, el más importante la relación sentimental que mantuvo con Emmy Krüger, cantante de ópera que formó parte de la familia más tiempo que su propio matrimonio.

Huyendo del papel que su madre le había asignado, tuvo una apasionada relación con los dos hijos de Thomas Mann, Erika y Klaus, y se casó con Claude Clarac, un diplomático francés con el que convivió durante seis meses en Irán y con el que tuvo una peculiar relación casi fraternal. 

Mi primer contacto con Annemarie fue a través de El camino cruel, libro escrito por Ella Maillart donde relata un viaje desde Suiza hasta Afganistán que realizaron estas dos mujeres solas en 1939 en un Ford huyendo de la barbarie nazi que se estaba extendiendo por toda Europa. Como periodistas y fotógrafas, emprendieron un camino de huida, en el caso de Annemarie que pasaba por una etapa de intoxicación por drogas. Parece que hubo una forma de amor platónico.

Es una novela intensa, apasionada, de 560 páginas, que me ha dejado con frecuencia sin aliento y he tenido que aparcarla por un tiempo, sabiendo que no podía dejarla, que me estaba esperando, porque una vida como la de Annemarie no puedes perdértela y si te la cuenta Melania G. Mazzucco, además es una obra de arte.

lunes, 8 de febrero de 2016

CANSASUELOS

Me gustan los libros que te mueven a hacer cosas. Se meten en tu circuito sanguíneo con algún párrafo especial o una ocurrencia insólita y la adrenalina que te inoculan ya no te deja en paz. Libros cojoneros, a veces, que se te quedan zumbando en la cabeza y hasta que no vas a visitar a tu tía la del pueblo que hace mil años que no ves o te decides por fin a adoptar un perro bonachón que no suelte mucho pelo, no hay forma de que se callen. Libros que no están hechos para leer en plan erudito, con la tacita de té y el bloc de notas y la barbilla ligeramente levantada para pretender mirar el mundo desde un poco más arriba. Libros que te pinchan las ganas y están dispuestos a darte una buena patada en el culo como te rindas a la pereza dominguera de acumular lecturas sin terminar en el sofá. 

He leído este libro en ratitos robados a un sábado en la librería. A veces entraba un cliente silencioso y tardaba en darme cuenta, o no me daba cuenta en absoluto, hasta que venía al mostrador con cara de no quería molestarte, pero... y me sacaba de la historia para consultarme sobre un autor. Ojalá muchos más libros se dejaran leer así, a ráfagas, con deleite y vorazmente, sin sentir que el autor te obliga a pensar cada frase y admirar la arquitectura artística de sus juegos literarios. Una primera frase resultona. Un propósito. Un placer para compartir. Y adelante con tu viaje. 

Este libro tiene muchas historias. Seis días a pie por los Apeninos, en buena compañía, dan para mucho. Sobre todo si viajas, como Ander, con la imaginación alerta para distinguir nazis entre la maleza, penes minúsculos que según desde dónde los mires pueden recuperar su tamaño verdadero, exprimidores de limones en cúpulas renacentistas y sutiles dilemas morales sobre qué hacer con un caracol que cruza un camino de montaña. He señalado pasajes para leérselos a P. en nuestras pausas, con la voz de mira mira mira esto, que no te lo puedes perder, y eso no lo hago casi nunca. Y sobre todo, Cansasuelos me ha transmitido el virus de la montaña, ese que te hace desear a toda costa desgastar suelas por senderos no asfaltados y respirar la naturaleza al ritmo silencioso de tus pasos. 

Me gustan los libros que te mueven a viajar. Y éste es uno de ellos. 
De hecho, si me quedaran un poquito más cerca los Apeninos y tuviera seis días libres seguidos, no habría dudado en proponerle a P. una escapadita para triscar por los montes y buscar todas esas ruinas antiguas, vestigios nazis, trocitos de calzadas romanas y naturaleza casi virgen que invita al silencio que describe el autor de este libro. De momento, nos conformaremos con esperar a las próximas vacaciones y tirar para el norte de España con mapa, provisiones y cantimplora, para añadir nuestras huellas a todas las huellas de viajeros que a lo largo de los siglos han probado a cansar el suelo sin conseguirlo y, por qué no, terminar de decidir qué hacer con los caracoles suicidas que se lanzan a cruzar los caminos sin mirar. 

Ander Izagirre

miércoles, 3 de febrero de 2016

SHAKESPEARE Y LA BALLENA BLANCA

No tengo ni idea de cómo nació este libro, pero me imagino que pudo ser algo así: un escritor joven llamado Jon Bilbao, fascinado con Shakespeare y con Melville, decide meter a los dos autores en el mismo saco como si fuera un prestidigitador itinerante, removerlo todo bien, decir sus palabras mágicas (esas que nadie más que él conoce) y sacar esta fábula asombrosa de la chistera para encandilarnos y dejarnos a todos con la boca abierta.
Lo he pensado despacio, le he buscado un poco las cosquillas a la estructura de la novela, y aún no sé cómo lo ha hecho. ¿Shakespeare soñando con llevar la historia de Moby Dick a las tablas de su teatro? ¿Convertir a una ballena y la obsesión de su perseguidor en protagonistas creíbles de una función? ¿Shakespeare soñando los sueños de Melville? ¿En serio?
Pues sí.

La historia transcurre en 1601 a bordo de un buque de guerra vaciado de sus componentes bélicos para transportar una misión diplomática a Dinamarca. Marineros curtidos, viejos soldados, un puñado de nobles entre los cuales se encuentra Henry Wriothesley, probable inspirador de los sonetos del dramaturgo, si no de otras pasiones más mundanas, y el propio William Shakespeare. En medio del Atlántico, unas nubes densas y de color extraño se ciernen sobre el buque y acercan tanto el cielo y el mar que ambos acaban confundidos en una misma humedad azul verdosa. Este hecho sume en el desconcierto a todos los tripulantes y, como si fuera un heraldo de sucesos extraordinarios, anuncia la llegada de la gran ballena blanca, monstruo fabuloso que el dramaturgo ya no podrá sacarse de la cabeza. Es lo que siempre había ansiado, un protagonista excepcional, un ser portentoso que llegaran a conocer incluso aquellos que nunca hubieran pisado un teatro. Un Aquiles moderno, un Edipo, "un personaje que fuera sinónimo de una actitud. Un personaje de nombre contundente y sonoro, al mismo tiempo un grito y un lamento". 

Moby Dick. 
Shakespeare. 
El sueño de una obra de teatro en la que aparezca una ballena en escena, con la locura logística y conceptual que eso supone.
Una historia poderosa que no se deja representar, como si "poseyera vida propia y anduviera a la búsqueda de un cuerpo en el que encarnarse, pero ninguno se ajustara a sus dimensiones". 
Y una travesía en barco de la que nadie, ni los posibles personajes en la cabeza del autor, conseguirán salir ilesos. 

Jon Bilbao ha escrito un libro originalísmo. Una fiesta de los sentidos y de la imaginación.