Normalmente, mientras leo un libro voy escribiendo la reseña que publicaré después. Es un proceso paralelo: la lectura y la escritura sobre la lectura. Supongo que lo hago gracias a que la distancia que tomo al leer me permite pensar en lo que leo y conectarlo con otras ideas. Sin embargo, con este cómic no he podido tomar esa distancia. No he tomado ni una nota mientras lo leía. Ninguna idea me ha venido a la cabeza fuera de sus páginas. Ha sido una inmersión profunda sin conexión con el mundo exterior. Una inmersión en esos azules oscurísimos, casi negros, de muchas de las ilustraciones: el color de los recuerdos de Emmie Arbel.
Emmie Arbel nació en Holanda en 1937 y con apenas cinco años fue deportada a un campo de concentración. Sus abuelos y sus padres murieron. Ella sobrevivió junto a sus dos hermanos. En tres frases se puede resumir todo el horror del mundo. Un horror visto y leído tantas veces, que, sin embargo, en esta novela gráfica encuentra nuevos modos de expresarse gracias a la maravillosa capacidad de Barbara Yelin para usar los dibujos y los colores, y para situar las palabras y su relación con ellas en un espacio seguro de delicadeza y silencio.
Emmie Arbel vive ahora en Israel. Viaja repetidamente a Alemania para dar charlas como superviviente del Holocausto. Lo hace para dar testimonio. Siente que es su deber, por duro que le resulte. Su infancia y juventud estuvieron marcadas a fuego por la violencia, los abusos, el silencio y la soledad. Pero también por la rebeldía, el humor y una determinación poderosa que la mantuvo a flote en los momentos más difíciles. Hablar es lo que la protegió de la locura. Hablar con su terapeuta, con sus hermanos, con un público extranjero cada vez más ajeno a la tragedia de su vida. Las palabras, y tener con quien compartirlas en un espacio seguro, son las que la salvaron y la salvan.
Por momentos, me ha recordado a Los surcos del azar o El abismo del olvido, de Paco Roca, no tanto por la estética sino por la forma de tratar la memoria histórica con un respeto y un cuidado admirables. Basándose en encuentros personales y numerosas conversaciones con Emmie Arbel, Barbara Yelin, la autora del maravilloso cómic Irmina, ha dado voz y pintura a unas memorias perturbadoras que ofrecen más preguntas que respuestas sobre el poder y el sentido de la memoria.

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