lunes, 2 de marzo de 2026

CINCO MESES DE INVIERNO

Diciembre de 1941. En Honolulu, capital de Hawái, la vida es apacible, a pesar de la actividad constante en las bases militares. El capitán del ejército, Joe McGrady, ahora incorporado a la policía de Honolulu, tiene que lidiar con un jefe que no le aprecia ni respeta en su primer caso: un asesinato extraño en un cobertizo apartado. La tensión va en aumento, en paralelo a la preocupación por un ataque japonés, y el caso se va enredando e implicando cada vez a más personas, algunas de ellas muy interesadas en resolverlo cuanto antes... O en no resolverlo de ninguna manera. 

James Kestrel ha escrito una novela que es mucho más que una investigación policial: es una historia épica de cómo impactó la segunda guerra mundial en el Pacífico y sus consecuencias visibles e invisibles en una serie de personajes que buscan respuestas para construir su identidad. James Kestrel vive en Hawái y ha pasado mucho tiempo en Taiwán, Hong Kong y Japón. Y se nota que conoce muy bien estos lugares cuando describe los viajes que se ve obligado a hacer el detective Joe McGrady tras la pista de su sospechoso, mientras la flota japonesa avanza en secreto hacia Pearl Harbor, dispuesta a lanzar el primer golpe de la confrontación militar más cruenta de la historia. 

La historia transcurre durante cinco meses de invierno, los cinco diciembres de 1941 a 1945, entre Hawái, Hong Kong y Tokio. Me ha encantado visitar esos lugares, no muy frecuentes en mis lecturas, y menos en aquella época tan convulsa. La escritura de James Kestrel es evocadora, dura, capaz de detenerse en detalles de una belleza conmovedora, pero siempre ágil en los diálogos y en el ritmo. El equilibrio entre investigación policial y trama histórica me ha parecido estupendo y me ha gustado mucho la indagación en temas universales como la traición, la supervivencia, el sufrimiento o el amor más allá de toda esperanza. Dennis Lehane, Stephen King o Lee Child la han elogiado mucho y no me extraña. Un gustazo de principio a fin. 




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