lunes, 26 de enero de 2026

REVOLUCIÓN

De esta novela me ha gustado todo: el tono, el ritmo, el tema, los personajes, la historia y hasta el olor, un olor a pinaza y a casa antigua y a lo que el mar le hace a la pintura colorida de las fachadas de las casas. He aprendido un montón de cosas de la historia reciente de Portugal que desconocía y me he reafirmado en mi idea de que es un poco vergonzoso que vivamos tan de espaldas a nuestro país vecino cuando ellos viven por lo general tan de cara al nuestro. He estado una semana entera saboreando Portugal, aprendiendo su historia de hace nada, emocionándome, sufriendo y riéndome con las peripecias tragicómicas de estos tres personajes, estos tres hermanos, que ya para siempre me van a acompañar cuando piense en la revolución de los claveles. 

Porque la revolución del título es esa. La revolución de los claveles. Un hecho histórico que en mi cabeza consistía en la transición admirablemente pacífica que habían conseguido hacer los portugueses para pasar de la dictadura de Salazar a la democracia que disfrutan todavía hoy. Como todas las explicaciones simples de procesos históricos, mi idea se parecía muy poco a la realidad. Aunque este no es un libro de historia ni pretende contar exactamente qué ocurrió, los personajes históricos principales están ahí y la vida que late y vibra y estalla en cada página puede servir quizá mejor que cualquier manual de historia para comprender qué pasó durante esa transición y cómo la vivieron muchos portugueses. 

Como muchas novelas de Almudena Grandes (he pensado mucho en ella al leer esta novela), esta historia cuenta un conflicto entre la familia y la causa política. Para un personaje, «no tener una familia es como estar muerta». Pero ¿qué pasa cuando todo aquello en lo que crees, todo aquello que te hace sentirte viva y conforma tu identidad es incompatible con lo que vives todos los días entre las cuatro paredes de tu casa familiar? ¿Es posible llegar a aprender a conjugar familia e ideología? «Solo años más tarde comprendería que las relaciones familiares eran un laberinto de luces y sombras, crueldad y benevolencia». 

A Maria Luísa, la mayor de los tres hermanos, el compromiso político no tarda en llevarla a conocer demasiado bien a la Policía Interna de Defensa del Estado, la PIDE. Una policía secreta, represora, temida y odiada a partes iguales, que siguió operando en la clandestinidad después del fin de la dictadura. «El objetivo de la PIDE era no solo lograr que el preso hablara, sino también silenciar a todos aquellos que, al otro lado de esos muros, tuvieran intención de alzar la voz contra el régimen. Se agredía de forma preventiva, para que los relatos sobre las torturas mantuvieran a raya a un pueblo supersticioso, temeroso de Dios y la autoridad, que no cuestionaría los poderes casi sobrenaturales de una policía que todo lo sabía, y estaba en todas partes, a todas horas. En casa esquina, un soplón. En cada calle, un agente. En cada casa, un lacayo». 

Y además de la existencia de la PIDE, he aprendido lo poco bucólica que fue en realidad la revolución de los claveles. Al ver las imágenes de los fusiles coronados de flores, cualquiera diría que los portugueses dieron un ejemplo al mundo de pacifismo y entusiasmo al abrazar la democracia. Y aunque en conjunto fue una revolución relativamente pacífica, no faltaron las manifestaciones católicas contra la decadencia de las costumbres que asociaban al comunismo y al fin de la buena y santa dictadura, y que apelaban al «deber católico de actuar contra los que pretendían silenciar la voz de Dios». No faltó la feroz —aunque a menudo chapucera— oposición a la democracia y los sueños de una «nueva reconquista cristiana» ante los procesos de independencia de las colonias portuguesas. No faltaron el terrorismo de extrema izquierda y extrema derecha, los asaltos a los bancos, las bombas en sedes de partidos políticos, secuestros al más puro estilo ETA, batallas campales. En aquellos años, Portugal era un país en un estado de efervescencia y esperanza, pero también «sumido en un caos de hierro, fuego, pedradas, porrazos, disparos y cócteles molotov». «Demasiados años de represión, tortura, guerra. Demasiadas voluntades aplastadas, demasiados gritos ahogados, demasiados ajustes de cuenta que saldar. Nada de eso desaparece de la noche a la mañana». 

De esta novela me ha gustado todo. Pero creo que lo que más me ha gustado ha sido el tono. Quizá solo en Portugal se puedan contar cosas tan serias y terribles y trascendentales sin perder el sentido del ridículo y una sombra de humor en la comisura de la boca. El autor consigue impedir que ningún personaje se suba al altar de sus heroicidades enseñándoles humildad a base de no ocultar nunca sus flaquezas. Y construye una historia tragicómica y un punto desconcertante, como cualquier realidad, más si está bañada en ese carácter portugués que mezcla melancolía con humor, que nunca se toma a sí mismo demasiado en serio y cuya visión trágica de la vida está siempre dispuesta a volverse transigente y suciamente humana, como cualquier vida. 






jueves, 22 de enero de 2026

MIL COSAS

En vísperas de empezar las vacaciones, en un clima de calor asfixiante incompatible con la vida, las cosas se aceleran y aceleran, punteadas por llamadas al móvil que no atienden, como todos silenciamos y dejamos perderse tantas llamadas de números desconocidos. Son una pareja con un niño pequeño a los que la vida les sobrepasa, siempre atentos a las mil cosas que hacer. Siempre «predispuestos a abarcarlo todo, a no bajar la guardia, a no fingir que las cosas no están pasando [...]. Ojalá supiesen vivir como si nada, pero viven como si todo». 

La nueva novela de Juan Tallón es de esas que te sacan varias carcajadas mientras te remueves inquieto en el sillón. Nada felices, las carcajadas. Un poco ansiosas y medio heladas. Te ríes como diciendo uf, uf, venga, dime que esto va a mejorar. Tallón nos cuenta una historia desquiciada y loquísima. Y en la que muchos se reconocerán con una mezcla de diversión y horror, preguntándose qué nos hace la vida para acabar viviendo así. 

Muchas parejas, especialmente aquellas que tengan niños pequeños, se van a ver muy reflejadas en la historia de esta pareja abocada a una velocidad vertiginosa, a hacerlo todo rápido y mal y a sufrir por ello sin poder hacer nada por evitarlo. Una pareja a la que la vida y sus urgencias les pone todos los días de rodillas. «Parece que la vida nunca está hecha y haya que hacerla continuamente». Una vida agotadora, implacable, llena de constantes obligaciones insignificantes que imponen su tiranía sin piedad y que impiden que puedan pensar que vivir es algo más que mantenerse a flote un día más.

La máxima victoria que uno puede rascar de una vida así es conseguir terminar el día sin demasiados contratiempos. Pero ay... 

Filosófica, juguetona, ingeniosa, mordaz, esta historia me ha recordado un poco a Malaherba, de Manuel Jabois, por esa capacidad milagrosa de hacerte subir hacia la risa y, al mismo tiempo, helarte el corazón. 



lunes, 19 de enero de 2026

LOS AMNÉSICOS

Su abuelo paterno fue miembro del partido nazi, y su abuelo materno fue gendarme en la Francia ocupada, así que Geraldine Schwartz sabe bien lo que es tener lo que el historiador José Álvarez Junco llama un pasado sucio. En este libro apasionante la autora reconstruye la parte de su historia familiar vinculada al nazismo en un ejercicio de memoria que defiende la importancia de aceptar la suciedad de nuestro pasado para defender la pluralidad democrática. 

Aceptar y reconocer los errores del pasado es el mejor camino para no volverlos a cometer. Pero es difícil, y lo más habitual es refugiarse en el silencio. Más si cabe cuando el silencio es colectivo y hay un pacto implícito de no romperlo. Esto ha ocurrido con mucha frecuencia después de los traumas colectivos. Existe una vergüenza por lo vivido que comparten víctimas y victimarios. Vergüenza, miedo y un deseo compulsivo de pasar página. Pero se ha demostrado una y otra vez que la memoria hay que preservarla, y para ello es necesario romper los pactos de silencio y exponer la herida a la mirada de todos. La herida como el relato que nos enseñe a no volver a infligirla. 

Berlín es un ejemplo magnífico de ciudad abierta en canal a su memoria histórica. No he visto nunca en tan poco espacio tantas heridas históricas expuestas y explicadas a plena luz del día. La segunda guerra mundial y el muro de la guerra fría palpitan dolorosamente en cada barrio. Y Geraldine Schwartz argumenta que es precisamente este ejercicio de memoria histórica, esta forma de aceptar y reconocer el pasado sucio, lo que fortalece las democracias y las vacuna contra la tentación totalitaria, algo que no en toda Alemania es tan visible (la impunidad de muchísimos nazis y la dificultad para juzgarlos tras el fin de la guerra fueron notorias). Es una teoría interesante, imbricada de forma fantástica en el relato estremecedor de la complicidad silenciosa de tantos millones de alemanes que eligieron mirar para otro lado durante los años del Tercer Reich. Quizás habrá que ver adónde llega el ascenso de la extrema derecha alemana en los próximos años para comprobar hasta qué punto no esconder un pasado sucio y luchar contra la amnesia colectiva puede ayudar a prevenirlo. 

Y tras la lectura del libro me he quedado pensando en otro aspecto que quizá influya en la pervivencia en nuestras sociedades occidentales de una mirada benévola hacia el autoritarismo. No conozco a nadie que prefiera un sistema autoritario frente a uno democrático. Y, sin embargo, tampoco conozco ninguna familia cuyos miembros adultos se relacionen entre ellos con naturalidad de forma democrática. Creo que en la gran mayoría de familias hay una jerarquía que se mantiene cuando los hijos se convierten en adultos, y se podría pensar que esta falta de trato democrático en las relaciones cotidianas de las familias, que no solamente no menoscaba la cohesión y los apegos sino que muchas veces los fortalece mediante la dependencia, puede influir en que muchos vean la sociedad como una extensión de la vida privada y piensen que un sistema similar en la política puede ser perfectamente válido. Quién sabe. Lo que parece seguro es que el ascenso progresivo de los autoritarismos en los últimos años es un alarma que no podemos ignorar, y buscar sus raíces, ya sea en la memoria histórica o en las dinámicas privadas, puede ayudarnos a entenderlo mejor y tratar de combatirlo. 




jueves, 15 de enero de 2026

ESTAR EN SU LUGAR

¿Cuál es nuestro lugar en el mundo? ¿Y en nuestra casa? ¿Dentro de nuestra familia? ¿Cómo se transforma con el paso del tiempo —y de las múltiples experiencias— el lugar que ocupamos entre los demás? Social, geográfico, simbólico, afectivo y político, el lugar que ocupamos determina la historia íntima de todas las personas: nos define como seres humanos. 

La búsqueda de un lugar que nos proporcione bienestar es uno de los mayores retos que enfrenta cualquier persona. Al estar en perpetuo cambio, siempre estamos buscando acomodar un lugar a nuestras transformaciones. Un lugar que, en la medida en que depende de los demás, también se desplaza continuamente. Y no solo buscamos un lugar para nosotros: al establecer vínculos afectivos también aspiramos a convertirnos en un lugar que acoja a los demás. Pero no siempre es fácil. «A veces los lugares que ocupamos nos coartan, nos sujetan a una identidad que ya no es la nuestra. ¿Qué dice aún de mí ese lugar tan familiar? ¿No es solo el recuerdo de quien fui?».

Llegué a este ensayo filosófico de Claire Marin por una cita de Noelia Ramírez en Nadie me esperaba aquí, un librito estupendo sobre ese sentirse siempre un poco fuera de lugar cuando uno se mueve por el ascensor social. Y me ha tocado muchas fibras, igual que a ella, los capítulos que dedica al lugar que ocupamos en los entornos familiares. Claire Marin nos habla de la dificultad de habitar el lugar familiar cuando nuestra educación nos ha alejado de la cultura aprendida. Cómo volver a la habitación de la infancia cuando ya no somos niños. Qué lugar habitar en esas comidas en las que los roles siguen siendo muy parecidos a aquellos que abandonamos fuera de casa años, a veces décadas atrás. Cómo seguir sintiéndonos protegidos por un paraguas que ya no necesitamos, y que nos impide en muchas ocasiones desarrollar las capacidades para aguantar bien a la intemperie. Nos dijeron que nos fuéramos lejos, que viéramos mundo, que viviéramos todas las experiencias que ellos no pudieron vivir, y, al mismo tiempo, nos pidieron que al volver siguiéramos siendo los mismos y aceptáramos ocupar siempre el mismo lugar subordinado dentro de la familia. Cómo aprender a volar y seguir siendo polluelo. Qué lugar puede ser ese. 

Y también, qué lugar queda cuando los hijos alzan el vuelo. El famoso nido vacío puede convertirse en un lugar hostil, un lugar deshabitado que reclama una atención desoladora. Y constante, porque el nido vacío no es solo una habitación cerrada y silenciosa. También es ese lugar en la mesa ocupado por el hijo o la hija que desertó de su lugar familiar y que solo vuelve a regañadientes, ocupando un nuevo lugar esquivo, erizado de recelos, inhabitable. Cómo enseñar a volar y seguir aspirando a acoger en el nido, a proteger una vulnerabilidad que ha cambiado de naturaleza. Qué tipo de nido puede ser ese. 

«Estar en su lugar es una experiencia física. Estoy en mi lugar cuando mi voz es firme, cuando es la mía y no una voz silenciada por la censura o las voces dominantes, una voz prestada, sofocada por la angustia o la coacción. Tal vez estar en su lugar empiece por liberar la propia voz, una voz sepultada cuya tesitura debemos redescubrir». 

Este libro habla de la libertad necesaria para encontrar nuestro lugar entre los demás. Un lugar que sea propio y no invada el de nadie, un lugar que sea refugio para los demás y no encierre ni coarte. Asociamos tener un lugar con echar raíces, pero a veces las raíces también nos impiden ver más allá de nuestra ventana. A veces no tener raíces en ninguna parte podría ser una ventaja. No tener un lugar, ser capaz de trasladarse de un espacio social a otro con normalidad, puede proporcionarnos la capacidad de ponernos en el lugar de los demás con mayor facilidad. «No sentirse nunca del todo en sintonía, percibir en todo momento cierto desfase, es algo que nos protege de la adhesión ciega». Es un desasosiego que a la vez otorga su propia calma gracias a la lucidez que regala. 

De la mano de escritores como Georges Perec o Annie Ernaux, Claire Marin nos invita a pensar sobre cómo habitamos nuestro lugar en un libro para leer despacio: un viaje íntimo, filosófico y transformador. 




lunes, 12 de enero de 2026

KING Y LAS LIBÉLULAS

«Estarás bien. A veces no lo parece, ¿verdad? Lo sé. Lo sé. Pero hay plumas y música y luces, un montón de luces como estrellas, y estarás perfectamente». 

A King le gustaba mucho escuchar a su hermano mientras dormía. Escucharle hablar en sueños, a veces palabras ininteligibles, a veces frases enteras enigmáticas y bellas como un paisaje al amanecer. Un paisaje sacado de un sueño, con libélulas de colores, firmamentos de color púrpura. Le gustaba escucharle porque lo sentía cerca, más cerca que nunca, con todo ese borbotón de palabras saliendo libres de su imaginación, solo para él. Ya no puede sentirlo así. Cada día que pasa lo busca en el bayou, en las libélulas que alzan el vuelo a su paso. En las palabras misteriosas que escribe para preservar su recuerdo. 

Los padres de King hablan de él pero nunca en su presencia, como si fuera demasiado frágil para escuchar lo que piensan. Como si no tuviera doce años, sino tres y no supiera aún que su hermano Khalid ha muerto. Como si no sintiera su presencia cada día en su sitio vacío de la mesa. En una Luisiana atravesada por los bayous, ríos tan lentos que casi parecen pantanos, y por las viejas heridas de la segregación racial, King tiene que afrontar una vida erizada por el duelo, los roles de género de sus padres, el racismo y la homofobia, con la compañía de un amigo que aparece cuando menos se lo espera y con la fuerza inagotable que parece emanar de él como la humedad del suelo. 

«Pienso en Jasmine. Tiene la piel como la mía, incluso más oscura. ¿También la teme el mundo? Pienso en Sandy. En cómo dijo que recibe el mismo tipo de odio. ¿Y él qué? ¿Lo teme el mundo? ¿Es distinto porque a mí se me ve el color de la piel, pero nadie puede saber a quién quiere Sandy solo con mirarlo? ¿Y yo? ¿A quién quiero?».

King y las libélulas es un libro triste y feliz, frágil y poderoso, que aborda temas cruciales para la identidad en construcción de los adolescentes con una sensibilidad que emociona. 





jueves, 8 de enero de 2026

NADIE ME ESPERABA AQUÍ

Al igual que le sucedió a muchas personas de mi generación, cuando terminé la carrera nadie me estaba esperando. El final de aquel camino largo de especialización académica era una soledad inesperada. Un limbo. Vi que el camino podía seguir, pero no llevaba a ninguna parte que a mí me compensara ir, en parte porque continuar habría supuesto tener que fingir que podría asimilarme en la docencia, y en parte porque las personas que había dejado atrás llevaban tiempo reclamándome que volviera. Y volví. Pero, en realidad, de un camino así no se vuelve. Mi sitio no era la enseñanza, pero tampoco estaba ya allí, en ese origen perdido con el que ya no me identificaba, cuyo lenguaje me sonaba ya extraño y, de alguna forma, irrecuperable. 

Este breve ensayo de Noelia Ramírez toca muchos temas en los que creo que mi generación se puede ver muy reflejada. Además, conecta con libros que me han abierto muchas ventanas (como La mala costumbre, de Alana S. Portero, o Yeguas exhaustas, de Bibiana Collado Cabrera) y ese unir las voces como puntadas de un mismo hilo me ha parecido maravilloso. El desclasamiento de los millennials se produce a muchos niveles, y quizá no siempre hace falta compartir biografías para sentirte como un extraño tanto en tu familia como en los círculos profesionales a los que te ha llevado tu formación. Es un sentimiento de no pertenencia, de ambigüedad vital, que es difícil de habitar. 

La lectura de este libro coincidió con la boda de unas amigas y contemplar la mezcla de familias biológicas y elegidas en un mismo espacio me dio para reflexionar sobre cómo nuestros apegos nos definen. Sobre la emancipación de los orígenes familiares y afectivos que la mayoría vivimos a partir del final de la adolescencia y la imposibilidad de terminar de emanciparnos del todo de esos vínculos que tiran y tiran de nosotros hacia atrás, tratando de retrasar todo lo posible nuestra entrada en el mundo adulto. Y cómo esa emancipación a menudo es vista como una traición propia de quien se cree superior a sus orígenes. 

El anhelo de encajar es un fantasma que nos sobrevuela sin cesar. Encajar en una comunidad que te acepte plenamente y que puedas reivindicar como tuya. Qué difícil es encontrarla. Y, llegado un momento, después de muchas decepciones y soledades no deseadas, se acaba vislumbrando la necesidad de abandonar esa ansia de aceptación, y nos planteamos dejar de aspirar a un nosotros homogéneo, porque esa comunidad como tal no existe y allá donde vayamos seremos de alguna manera extranjeros, siempre con un pie fuera, siempre hablando con acento porque hemos perdido nuestra lengua materna y la nueva que hemos desarrollado no la habla nadie. 

Cuando ves que tus viajes, reales e interiores, te han exiliado involuntariamente y que ya no perteneces de verdad a ninguna comunidad, cuando en todas partes te sientes desplazado y un poco intruso, te das cuenta de que «es en los umbrales donde hallarás refugio». Creo que aprender a habitar esos umbrales, esos limbos, y encontrar a quienes quieran habitarlos contigo para transformar la vergüenza en orgullo, es una tarea imprescindible y preciosa: la tarea de una vida. 




jueves, 18 de diciembre de 2025

NUESTROS DIEZ FAVORITOS INFANTILES 2025

Niñas y niños, aquí llegan nuestros diez favoritos infantiles. Diez nuevas aventuras publicadas este año que nos regalan momentos muy locos, muy bonitos y muy especiales para empezar el 2026 con toda la ilusión del mundo. 

En nuestros diez favoritos desfilan tres gatos revoltosos, dos ratoncitos que cuidan de un arbolito, dos mejores amigas sirenas, una niña que viaja para buscar un nuevo hogar, animales que danzan formando figuras en el aire y en el agua, una caja misteriosa que esconde todo lo que uno sea capaz de imaginar, ¡y mucho, mucho más!

¡Cosecha Benedetti!


1. Primeras veces, de Émilie Chazerand y Amandine Piu (Pijama Books, 19,95€). 

El año pasado nos enamoramos de Juntos, un libro infantil de Émilie Chazerand y Amandine Piu que mostraba, con unas ilustraciones preciosísimas y un ingenioso troquelado, que la compañía siempre multiplica la diversión, el aprendizaje y el placer. Ahora, estas dos autoras han vuelto con estas Primeras veces en las que, retomando la idea de su anterior libro, nos sorprenden con un juego de equívocos sobre todas esas primeras veces que probamos la vida y nos sorprendemos. 
La primera vez que viajamos puede ocurrir sin movernos de sitio. La primera vez que nos enamoramos quizá sea de dos maravillas a la vez. La primera vez que hacemos amigos puede que ellos no nos contesten, y nos caliente el corazón como si lo hicieran. 
Sean como sean las primeras veces, se quedan para siempre. 
  


2. El viaje de Abril, de Annamaria Piccione, Luis Amavisca y Francesc Rovira (Nubeocho, 14,90€).

El viaje de Abril es el viaje de miles, millones de niños. Un viaje que ninguno habría querido hacer. Un viaje que hacen con sus padres, pero que a veces también tienen que hacer por su cuenta. Un viaje para encontrar un nuevo lugar donde vivir porque el lugar donde han vivido antes ya no sirve para vivir, se ha vuelto gris y triste e inhabitable. Abril parte en busca de una nueva casa, lejos de las bombas. Con Coco, su conejo de peluche, camina bajo la lluvia. Camina bajo la nieve. Del viento aparece Julio, que camina como ella, con su mochila de recuerdos. Juntos llegan al mar y siguen más allá, buscando un nuevo hogar en el que descansar, por fin, y soñar con la paz. 
Un libro conmovedor que retrata una realidad demasiado habitual. 



3. Hay gatos en este libro, de Viviane Schwarz (Nubeocho, 19,90€). 

Hay gatos en este libro. Es importante saberlo. Porque no hay solo uno, ni dos, ¡hay tres gatos! Y cada gato tiene su personalidad y sus gustos. Se llaman Chiqui, Luna y Andrés y, si quieres jugar con ellos, solo tienes que pasar la primera página, alguna solapa, despertar a Chiqui de su siesta, tener una fuerza hercúlea para descubrir a Andrés debajo de su enorme panza, digo, de la enorme solapa que lo tapa, y Chiqui te dirá que sigas pasando páginas, que hay lana bonita con la que jugar, ¡lana, lana, viva la lana! Eso es, ¡hurra, qué bien sabes pasar las páginas!, pero sigue, sigue, porque hay todavía más lana, y más y más, hala, pero mira eso, ¿y esas cajas de cartón? ¿Pero dónde se han metido Chiqui, Luna y Andrés? ¿No había gatos en este libro? Ah, que se han escondido en las cajas, los bribones. ¡Cómo les gustan las cajas! ¿Te animas a abrirlas para buscarlos? ¿Y a hacer una pelea de cojines? Vamos, ¡pasa la página, pasa la página!



4. Coreografías animales
, de Núria Solsona (Zahorí, 22€).

Este es el libro infantil-juvenil (quizá a partir de ocho años) más original y más bonito que hemos recibido en estos últimos meses. Y es que ya solo el formato, estrechito y alargado, te deja con un cosquilleo en la tripa que dice «pero cómo será por dentro, qué emoción, a ver, a ver». Y es un espectáculo. Un espectáculo por la calidad de la ilustración, por la maquetación preciosísima, por los mil y un pequeños detalles y por lo que me dejó con la boca abierta cuando lo abrí por primera vez: las hojas desplegables a izquierda y derecha que expanden el libro y te descubren en todo su esplendor la capacidad de los animales para danzar en el agua, en el aire y en la tierra con unas coreografías de una belleza inverosímil.
El año pasado la editorial Zahorí dedicó este formato maravilloso a los viajes de Humboldt. Este año son las coreografías animales. Dos bellezas para no cansarse de mirarlas. 



5. Un año entero, de Leo Lionni (Kalandraka, 16€). 

Un año entero cuenta la historia de Guille y Greta, dos ratoncitos gemelos que, el primer día del año, salen a dar su primer paseo por la nieve. Nada más salir se encuentran con un árbol que al principio confunden con el bastón de un muñeco de nieve. Pero el árbol, que se llama Fito, les saca pronto de su error. ¡Un árbol parlante! Y, a partir de ese momento, todos los meses del año vuelven a ver a este árbol tan particular, que se hace amigo suyo, y le cuentan los lugares por los que han pasado, cómo son las vacas, los caballos y las gallinas del granero donde viven, y el árbol les cuenta todas las cosas que vive él, sin moverse del sitio. Los ratones lo cuidan cuando el fuego lo amenaza y, a cambio, el árbol les regala su sombra en verano y sus frutos en otoño. Un año entero es la historia de amistad entre dos ratones y un árbol parlante, una historia bonita y tierna para los más pequeños. 


6. Una semillita, de Hector Dexet (Kókinos, 17,90€). 

En cuento precioso cuenta la historia de una semillita que vive esperando el momento, quizás una ráfaga caprichosa de viento, o el pico curioso de un pájaro, que la lleve a una tierra donde pueda germinar. Con páginas desplegables hacia los lados, hacia arriba y hacia abajo, llenas de ratoncitos en sus madrigueras, hojas, setas, pájaros y flores en el aire, el libro acompaña a la semillita desde un campo cubierto del frío del invierno y vigilado por los ojos redondos de un búho, hasta las profundidades de la tierra, donde echa raíces y espera. 
Y la semillita crece y se transforma y de pronto se encuentra ella misma dando semillas que otro viento caprichoso u otro pájaro curioso llevará lejos de ella en un ciclo que se repite y repite año tras año y que nos da la vida que vemos y que somos. 


7. Mi mascota y yo, de David Hernández Sevillano y Alejandra Estrada (Kalandraka, 14€). 

Cuidar de una mascota no es tarea fácil. Requiere paciencia, responsabilidad y mucho amor. Hay pocas cosas más enriquecedoras y a la vez más exigentes. Este álbum inteligente y delicado, narra con humor e ironía la relación de amistad entre Coco y su «mascota» desde un punto de vista diferente, invitándonos a acompañarlos a lo largo de un día repleto de aventuras, juegos y complicidades. Con solo tres colores y unas ilustraciones que dialogan sutilmente con el texto, nos hace plantearnos qué relación tenemos con los animales que cuidamos y hasta qué punto también son ellos los que nos cuidan a nosotros. 

8. El palacio de cristal, de Hélène Druvert (Maeva, 24,90€).

Haize es una niña solitaria y soñadora. En la ciudad en la que vive le gusta pasear en busca de tesoros: una pluma caída del cielo, una hoja arrastrada por el viento, una flor que se abre entre los adoquines. Los pega con mucho cuidado en su cuaderno rojo, que hojea todas las noches antes de dormirse. Un día encuentra un tesoro muy especial. Un árbol que no es como los demás. Unos matorrales densos como un laberinto. Y, detrás, un palacio. ¡Un palacio de cristal!
Este es un libro infantil con un troquelado láser de una belleza irresistible sobre la importancia de preservar y alimentar el sentido del asombro, sobre la naturaleza salvaje y lo que las sorpresas más increíbles pueden despertar en nosotros. 

9. La luna de las estrellas, de Briony May Smith (Corimbo, 15,50€). 

Una vez había dos mejores amigas. Una era del mar, una sirena llamada Marta, y otra era de la tierra, una humana llamada María. Por supuesto, Marta nunca ha estado en la casa de María; ¿cómo puede visitarla si debe permanecer bajo el agua?
En este mágico libro ilustrado perfecto para todos los jóvenes amantes de las sirenas, dos mejores amigas (una que vive en la tierra y la otra en el agua) comparten una emocionante aventura en la noche de la Luna de las Sirenas: la única vez al año en que las sirenas pueden abandonar el mar. Pero no solo ellas pueden hacerlo. 
Una perspectiva imaginativa y novedosa, con una preciosa ilustración, de un cuento clásico de sirenas.


10. Una caja misteriosa, de Jordi Gastó y Christian Inaraja (Kalandraka, 12€).

¿Una caja es solo una caja? ¿Qué puede caber dentro de una caja? ¿Qué misterios puede esconder? «Quizás confetis y dulces. Globos y patines. Puede que un gorro de lana y un loro de colorines». Pero la caja puede ser también otras cosas además de escondite. Un avión, un submarino, tres gaviotas y una foca. Un castillo con banderas y un dragón muy enfadado. Y también, por qué no, una música sinfónica que deje a cualquiera embelesado. 
Cuando abrimos un regalo, ¿qué maravillas imaginamos? Este cuento sencillo y chiquitín nos habla de una niña que se disponía a abrir una caja. Una caja misteriosa. Y, en el fondo, lo de menos era descubrir su contenido. En su imaginación ya estaba en la mejor compañía. 






lunes, 15 de diciembre de 2025

NUESTROS DIEZ FAVORITOS 2025

Pues ya está aquí nuestra lista anual de los libros publicados en 2025 (con una excepción publicada en 2024) que más nos han gustado. Este año, siete traducciones y tres originalmente en español, seis autoras y cuatro autores, con un especial enfoque en la calidad literaria y en el compromiso social para denunciar injusticias y proponer alternativas constructivas. Hay novelas históricas, dos ensayos sobre desigualdades sociales, una novela poética y una novela río que, a pesar de haberse publicado en 2024, hemos colado en esta lista porque es sencillamente maravillosa. 

De nuestro país viajamos a un Japón íntimo y enigmático en cinco partes como los paneles de un biombo, al Sarajevo de 1992, al París de la ocupación, a la Ruanda del genocidio y a la actual, a un pueblito en las montañas francesas, al norte de Irak y al Támesis londinense, sin olvidarnos de la España actual con sus violencias domésticas y habitacionales. 

Lo decimos siempre, pero no está de más recordarlo: pensamos que jerarquizar el gusto es un despropósito. Así que nuestra lista de favoritos, año tras otro, no sólo no es jerárquica (tan bueno es el primero como el décimo) sino que ha estado cambiando hasta el último momento y seguirá cambiando a partir de enero, a medida que vayamos enamorándonos de nuevas lecturas.

Aquí están, por méritos propios, nuestros diez favoritos de 2025. 
¡Cosecha Benedetti!



1. Comerás flores, de Lucía Solla Sobral (Libros del Asteroide, 19,95€).

Hay libros que te tocan una tecla y, sin saber muy bien cómo, toda la música se te despliega por dentro sin parar. La protagonista de esta novela aprende a querer dramáticamente, con exageración y con la prisa de a quien se le agota la vida. Y la historia de su amor al borde de la cordura se lee casi de una sentada y te llena el cuerpo de flores y de peligro. Solo cuando sales de ahí, de ese peligro y de ese miedo, te das cuenta de que te has pasado semanas, meses, años conteniendo el aliento, bajo observación constante, y que es una increíble —y dolorosa y lenta— maravilla reaprender a llenar los pulmones como una persona normal y saborear las flores libre ya de su veneno. 
Una primera novela fresca, apasionada y electrizante. 



2. La sombra del cardo, de Aki Shimazaki (Nórdica, 29,50€).

Shimazaki escribe sobre la cantidad de vida que se esconde en los márgenes de lo establecido. Los cinco protagonistas de esta novela insisten en ampliar esos márgenes, en profundizar en esa zona de secreto donde pueden vivir más libremente, elegir nuevos mimbres con los que trenzar sus emociones. Cada uno de ellos está relacionado con una flor y su significado en la cultura japonesa, y también con una canción que la menciona. La naturaleza, la música y la memoria son tres de los hilos con los que la autora va ligando delicadamente el devenir de cada personaje, dejando siempre mucho espacio al lector para que imagine la historia a su manera. Una novela llena de significados que permanecen en la sombra, esperando que una persona sensible sepa descifrarlos y hacerlos suyos. 




3. El barman del Ritz, de Philippe Colin (Galaxia Gutenberg, 21€).

Mientras que en París reina el frío y el hambre, el bar del Ritz funciona como siempre. El hotel pone carteles de completo todos los días. En una atmósfera caldeada, alemanes y franceses ríen, beben, brindan, bailan, ajenos a la hecatombe que les rodea. Es el búnker del glamour, una cápsula del tiempo que parece detenido, pero que no lo está. Basta mirar con detenimiento las miradas de ciertos camareros, o del barman que sirve con impecable cortesía un cóctel tras otro a esos hombres en uniforme que no dudarían ni un segundo en mandarlo al exterminio en un vagón de ganado si supieran su secreto. Una novela trepidante sobre el París de la ocupación nazi protagonizada por unos personajes fascinantes. 


4. El secuestro de la vivienda, de Jaime Palomera (Península, 17,90€).

El abismo entre el precio de las casas y el poder adquisitivo de la población no deja de crecer. Es el problema fundamental de las generaciones nacidas a partir de 1980. Lo que define si tienes o no tienes acceso a una vivienda en propiedad ya no es tu preparación o tus estudios, sino tus padres. Sí, esos padres que hablan con orgullo de la cultura del esfuerzo, pero que no necesitaron estudios ni preparación específica para acceder a una vivienda asequible. Millones de personas de clase obrera nacidas antes de los sesenta ya eran propietarios con la hipoteca pagada a los cuarenta años. Un sueño inimaginable para sus hijos y sus nietos. Pero hay soluciones. Jaime Palomera, con más de veinte años dedicados a los problemas de la vivienda, las describe con claridad meridiana en este libro. Y concluye que «la única manera de vivir con dignidad y libertad pasa por defenderte y poner en jaque a quien especula con tu vida».  



5. El jacarandá, de Gaël Faye (Salamandra, 21€).

El protagonista de esta historia es un chico de doce años que vive en Versalles y está empezando a descubrir el mundo. De madre ruandesa y padre francés, apenas sabe nada del origen del color de su piel. Ha vivido una infancia llena de silencios, de asuntos de los que no se puede hablar, como la vida y la familia que dejó su madre en su Ruanda natal, o la relación ambigua entre sus padres, construida sobre unos andamios a menudo demasiado frágiles. Un día de 1994 su madre llega a casa con un chico escuálido y herido, su sobrino, según les dice. Es un superviviente del genocidio que ha golpeado Ruanda y se va a quedar con ellos de momento. Ahí empieza para el protagonista el inicio de un viaje a sus orígenes que le llevará a buscar los secretos familiares a la sombra violeta de un jacarandá, un árbol capaz de florecer tras la tormenta. 
 


6. Las mariposas de Sarajevo, de Priscilla Morris (Duomo, 19€).

Esta novela te tiene al borde del asiento con el corazón en un puño a lo largo de sus 250 páginas. Con una prosa desnuda y cercanísima, por momentos turbadoramente bella, Priscilla Morris (escritora británica de ascendencia bosnia) ha escrito una historia de ese 1992 en Sarajevo, el primer año del cerco, desde el punto de vista de una pintora serbia atrapada en la ciudad. Retrata a la perfección cómo una intranquila normalidad se va transformando, poco a poco, en un infierno sin que la gente logre de verdad salir de su estupefacción. Se decía que tratar de separar a bosnios, croatas y serbios sería como separar la harina y la leche en un bizcocho ya hecho. Y, sin embargo, esa fue la tarea que se propusieron los serbios nacionalistas. ¿Quién iba a imaginar que la harina de la leche se podía separar con fuego? Una novela oscura y esperanzadora sobre las consecuencias del nacionalismo y del odio al diferente. 

 

7. Caída de las nubes, de Violaine Bérot (las afueras, 16,95€).

¡Cómo se puede decir tanto con tan poco! Ya lo demostró Violaine Bérot en su anterior novela, Como bestias, un prodigio de obra coral que alternaba interrogatorios policiales con un misterioso coro para crear un moderno y poderoso cuento de hadas rural. Y ahora, en Caída de las nubes, aquel enfoque fragmentario se potencia con párrafos cortos de siete personajes que cuentan cada uno su versión de la historia de una mujer que ha dado a luz sin parecer embarazada. Cada uno con su registro lingüístico, con su empatía y su prejuicio, dan cuenta de su sorpresa y su recelo. Y la autora propone, en lo que parece un guiño encantador a la Rayuela de Cortázar, dos formas de leer esta historia: la convencional, del principio al fin; o por personajes, saltando al párrafo indicado con un número. 
Una historia dura y amable, desconsolada y feliz, abrumadora y sencilla, que aprieta y reconforta el corazón. 


8. ¿Y los hombres qué?, de Caitlin Moran (Anagrama, 21,90€).
Este divertidísimo libro de Caitlin Moran habla de los hombres desde el feminismo, en un intento por comprender qué les pasa, por qué están tan enfadados con tantas cosas, por qué se identifican como víctimas si se supone que forman parte del colectivo más poderoso, por qué no saben hablar entre ellos de lo que sienten y por qué, si se sienten tan mal, no tienen un movimiento empoderador en el que refugiarse y que los hermane en una lucha colectiva, como sí tienen las mujeres desde hace más de un siglo. 
Como siempre, Caitlin Moran es desternillante. Y, también como siempre, da en la diana de muchos problemas acuciantes y globales provocados por los estereotipos de género.




9. Hasta que empieza a brillar, de Andrés Neuman (Alfaguara, 20,90€).

¡Qué belleza esta vida de María Moliner! Cuando se cumplen ciento veinticinco años de su nacimiento, Andrés Neuman nos cuenta su vida desde la ternura y el humor, desde la calidez poética con la que se rinden los mejores homenajes. 
La vida de María Moliner, que en este libro descubrimos que va mucho más allá del famoso diccionario, proyecta en nuestro presente ecos de absoluta actualidad. «Quienes recomendaban no politizar la lengua solían hacer justo lo contrario, avalando silencios y promoviendo olvidos. Si nombrar con propiedad constituía una actividad sospechosa, entonces la lexicografía se merecía pasar enterita a la clandestinidad». Y la voz de Andrés Neuman nos la trae con toda su fragilidad y complejidad, con sus contradicciones y su fortaleza. Como quien mira por la ventana y, mientras riega sus geranios, echa a volar. 


10. Hay ríos en el cielo, de Elif Shafak (Lumen, 23,90€).

Esta es una novela lírica, delicada, sensorial, apasionada. Un gozo continuo de lectura. Da ganas de hacer cosas un poco locas y te hace vivir en un tiempo paralelo, el tiempo de los cuentos. Esta es una novela sobre un hombre de origen humilde que a mediados del siglo XIX se convirtió en el descubridor del lenguaje más antiguo de la humanidad. Es una novela sobre una mujer con un pasado traumático que se va a vivir al agua porque piensa que se quiere morir. Es una novela sobre una chica que se está quedando sorda y se embarca con su abuela en el viaje más ilusionante de su vida. Pero, sobre todo, y siempre, es una novela sobre el agua. El agua como bendición y como maldición. Como hilo conductor entre la antigua Mesopotamia y el Londres actual.
Elif Shafak, escritora de origen turco, le canta en esta historia al poder transformador de las canciones. Necesitamos las canciones como el agua y el pan. Como todo lo que nos alimenta la capacidad de asombrarnos y maravillarnos. 




viernes, 12 de diciembre de 2025

MANSFIELD PARK

Cada cierto tiempo vuelvo a los clásicos para leer a otro ritmo. Para leer sin impaciencia, sin la presión de conocer para recomendar, sin la urgencia de añadir un tic a otra novedad más para tratar de cumplir con la imposible tarea de estar al día de lo que se publica. Cada cierto tiempo paro la rueda y me dedico a leer algo atemporal sin prisa. Este final de otoño, para celebrar el 250 aniversario del nacimiento de Jane Austen, he leído Mansfield Park

Hay muchas ediciones de Mansfield Park, y aunque la edición de Alba me atraía por tener la traducción más recomendada, la belleza de la edición de Ediciones Invisibles me conquistó a la primera. Y la traducción de Ana Mata Buil ha sido un gustazo también. Nunca me canso de apreciar hasta qué punto influye la estética de un libro en su lectura. Es como el influjo de una cafetería en el café que te tomas en ella. Todos sabemos que un cruasán mirando al Sena no sabe igual que en casa. 

De esta novela me han gustado muchas cosas. He encontrado deliciosas la elegancia y la naturalidad en el tono. Y esa leve ironía que es como un aroma imperceptible que estimula y acoge. He leído toda la novela imaginando a la propia Jane Austen leyéndosela en voz alta a su familia, con una cadencia medio dramatizada llena de intención, algo que solía hacer la autora, como cuenta Cristina Oñoro en Jane. Y esa calidez y complicidad imaginadas han sido como una manta calentita para los días glaciales que se han sucedido mientras leía esta historia. 

Me han gustado la agudeza en la descripción psicológica de los personajes, la enorme empatía por sus debilidades y la generosidad al esforzarse por captar los múltiples puntos de vista de todas las situaciones. Escribo esforzarse, aunque en realidad no se percibe ningún esfuerzo. Lo mejor de todo es que es muy probable que Jane Austen fuera así de generosa de forma natural. Y defendiera naturalmente valores como la bondad, la gratitud o la humildad, que no son mera fachada en la historia, sino motor de las acciones más transformadoras de los personajes. 

Una de las críticas que se le hace a las historias de Jane Austen es que hay poco que se pueda extrapolar a la sociedad actual. Ciertamente la forma de relacionarse que tienen los personajes hoy en día sería un poco impensable. Pero creo que no hemos avanzado en todo. Por ejemplo, me ha llamado la atención la gratitud. Están todos todo el rato dándose las gracias de formas indirectas y elegantísimas. Me ha hecho pensar en la gratitud como amor, pero también como deuda, otro de los temas importantes de la novela. Y he pensado que la gratitud es un valor en declive hoy en día, un valor que hemos aprendido a confundir con la afectación, o incluso con la sumisión. Y generaciones enteras se han educado en que solo se da verdaderamente las gracias a los extraños, porque cuando hay confianza el agradecimiento molesta. De hecho, esto es particularmente notorio en España: vivimos en uno de los pocos países en los que en vez de dar las gracias, regañamos o abroncamos: para qué decir con alegría «qué detalle, muchísimas gracias» cuando puedes decir con el ceño bien fruncido «pero bueno, no tenías por qué haberte molestado, ay que ver» (poco se ha estudiado, me parece a mí, el impacto en la autoestima y en el cultivo de la humildad que produce educarse en una cultura en la que es normal afear la conducta o quejarse sistemáticamente de quien pretende agradar). 

Muchas cosas han cambiado en dos siglos. Apariencias, expectativas, conductas, casi todo se ha transformado, pero si hay un personaje de esta novela que sigue siendo tragicómicamente reconocible hoy en día, ese es la señora Norris. Una viuda inquieta y hacendosa, siempre insatisfecha, siempre dispuesta a ponerle una pega a todas las experiencias, siempre organizándolo todo y previendo todo tipo de contratiempos y desgracias para, en los raros casos en que se producen, arrogarse el mérito de haberlas predicho. Ningún defecto se escapa a su mirada alerta y, cuando no hay defecto, lo inventa para no perderse nunca la satisfacción de erigirse en juez de todo lo que la rodea. Y lo mejor de todo es que la cálida y humanísima mirada de Jane Austen pinta hasta a su personaje más irremediablemente irritante con la ironía más bondadosa que se pueda imaginar, para que la espontánea tirria que provocaría en cualquiera un carácter así se evapore transformándose en una socarrona sonrisita. 

En fin, por algo Mansfield Park es un clásico de la literatura universal. Y ya tengo nuevo propósito: dedicarle diez días cada trimestre a leer una novela de Jane Austen, diez días de viaje a otra época donde vivir más despacio, donde devolverle el lustre a algún valor en decadencia, reírme sin malicia de las miserias humanas y disfrutar de una elegancia que nunca dejará de mirarnos a los ojos con la sonrisa despierta. 



 

martes, 9 de diciembre de 2025

VENECIA

Venecia no es una ciudad, es un espejismo. Un espejismo que emerge del agua como si fuera una ciudad llena de palacios. Un espejismo esquivo y bellísimo, cuya belleza consiste en estar siempre más cerca de su representación artística que de su realidad. Una belleza de postal antigua, entre Oriente y Occidente. De canción de la infancia. Del romanticismo legendario de los sueños. 

Venecia no es una ciudad, es un sueño. Y este libro de Jan Morris, a menudo admirado como el mejor libro de viajes jamás escrito, es su mejor homenaje. Lo que hace la autora no es nada fácil. ¿Cómo se viaja a un sueño? ¿Cómo se describen el agua, las calles, las gentes, las costumbres de un mundo regido más por la imaginación que por la naturaleza? ¿Cómo traer a los lectores los sonidos, los olores y la luz de una ciudad que parece flotar en una laguna mítica, a la vez efímera y eterna, siempre dispuesta a desaparecer para siempre?

Delicioso, encantador, erudito, amenísimo, desde su primera aparición en 1960, este libro de Jan Morris se convirtió en un éxito arrollador y en una guía íntima y romántica, una mirada imprescindible que ha guiado a millones de viajeros por las calles y canales de Venecia. Hay descripciones para subrayar en cada página, siempre traducidas con la sabiduría y la delicadeza que pone Concha Cardeñoso en todo lo que escribe. 

Empañada por una humedad constante, reluciente como una visión recién salida del agua, mecida y asediada por las mareas, decadente y maloliente, saturada de historia, encantadoramente decrépita y a la vez lujosa y exquisita, Venecia es un lugar archiconocido, fuera de toda norma y comparación, que, a pesar de la masificación turística que ha expulsado a los venecianos y todos los días amenaza con acabar con su identidad, mantiene inexplicablemente intacto su misterio y capacidad de fascinación. 



jueves, 4 de diciembre de 2025

HOY

Este libro de Agustina Guerrero es una cosa bonita que calienta el corazón. Sí, tiene frases de autoayuda, y sí, el carpe diem nos lo sabemos todos, pero en estos tiempos rotos donde parece que la desesperanza ha pasado a convertirse en un elemento fijo del paisaje, todos los bálsamos que nos acerquen a algún tipo de felicidad son bienvenidos. 

La autora nos habla de un mal muy conocido. Es el ansia de tenerlo todo bajo control y que las cosas sucedan siempre tal y como las planeamos. La incapacidad para dejarnos llevar por lo imprevisto, a pesar de ser conscientes de que son precisamente los momentos improvisados los que se convierten en los mejores recuerdos. Para mitigar esa ansiedad cotidiana, la autora busca el refugio de las plantas, el cariño de tu familia y un paseo inesperado por preciosos rincones de Barcelona. 

Esta ansiedad no es algo nuevo de las generaciones más jóvenes. En la librería veo que la ansiedad hace estragos incluso con mayor intensidad en las personas mayores. La ansiedad de estar siempre pendientes del reloj. De tener una voz en nuestra cabeza que nos repite durante todo el día: se hace tarde, se hace tarde. ¿Y cómo respondemos a esa voz? ¿Cómo luchamos contra ella si nos da orden en el caos y aparentemente cuida de nosotros? Si nos olvidáramos de la hora que es y pusiéramos toda nuestra atención en el aquí y el ahora, ¿qué sucedería? ¿Qué cataclismo se  nos vendría encima?

Es la rueda inacabable de hacer, hacer, todo el rato estar haciendo algo. No poder estar parados porque estar parados es perder el tiempo. Con la atención constantemente puesta en las cosas por hacer o en cumplir las cosas programadas, es imposible percibir el entorno: el canto de un pájaro, la luz dorada del otoño sobre las plantas del salón. Es imposible recibir algo imprevisto con ilusión, cualquier interrupción en nuestro orden cerrado la percibimos con irritación porque nos frena, nos invade y nos hace perder el tiempo. El nuestro, que siempre es más importante que cualquier otra cosa. 

En un fantástico paseo improvisado por Barcelona, Agustina Guerrero nos invita a disfrutar de la soledad sin hacer nada, algo en apariencia sencillo pero que a veces se vuelve toda una hazaña en este mundo acelerado donde imperan la productividad y la ansiedad. «No suelen enseñarnos a mirar». La mirada siempre está pensada para extraer algo del objeto, una información con la que formarnos un juicio. Mirar por el placer de mirar es otra cosa. Es detener el tiempo para ver lo que elegimos ver. Para hacer de lo que miramos una parte de nosotros. 

Hoy es un homenaje a los momentos de calma y silencio que necesitamos para mantener viva la capacidad de maravillarnos ante las cosas cotidianas y reales que nos rodean, disfrutarlas sin pensar en nada más, ni en lo que vino antes ni en lo que viene después. Aunque no haya ninguna urgencia real, todo nos impulsa a vivir corriendo. Y, sin embargo, en el fondo sabemos muy bien que «el verdadero lujo es vivir despacito». 



lunes, 1 de diciembre de 2025

PRIMERAS VECES

El año pasado por estas fechas me enamoré de Juntos, un libro infantil de Émilie Chazerand y Amandine Piu que mostraba, con unas ilustraciones preciosísimas y un ingenioso troquelado, que la compañía siempre multiplica la diversión, el aprendizaje y el placer. Ahora, estas dos autoras han vuelto a enamorarme con estas Primeras veces en las que, retomando la idea de su anterior libro, nos sorprenden con un juego de equívocos sobre todas esas primeras veces que probamos la vida y nos sorprendemos. 

La primera vez que viajamos puede ocurrir sin movernos de sitio. La primera vez que nos enamoramos quizá sea de dos maravillas a la vez. La primera vez que hacemos amigos puede que ellos no nos contesten, y nos caliente el corazón como si lo hicieran. 

Sean como sean las primeras veces, se quedan para siempre. 





jueves, 27 de noviembre de 2025

COMERÁS FLORES

Hay libros que te tocan una tecla y, sin saber muy bien cómo, toda la música se te despliega por dentro sin parar como una serpentina de emociones. Sin parar, no podía parar. He leído esta novela en poco más de un día. Con fruición, con ansia, con la fascinación y el vértigo que da asomarse a un espejo que te refleja de formas inesperadas. Leía tan rápido que a veces dejaba de prestar atención al lenguaje, y entonces volvía atrás para no perderme detalle: que la voracidad nunca nos robe la belleza. He pasado poco más de un día comiendo flores con Lucía Solla Sobral. Este otoño va a volverse primavera en mis recomendaciones. 

La protagonista de esta novela eres tú, soy yo, somos todos. Bueno, todos no, porque hay gente que ni siente ni padece e increíblemente también les late un corazón —qué corazón será ese—. Pero la mayoría somos ella. En fin, todos. La protagonista de esta novela aprende a querer dramáticamente, con exageración y con la prisa de a quien se le agota la vida. Y, sin saber muy bien cómo, se ve inmersa en «una relación que rueda tan rápido que tengo miedo a que se resquebraje por el camino y vaya soltando pedazos y que todos los pedazos sean míos».

Y, saliendo del duelo por la muerte de su padre, el amor la arrebata y le pinta la vida de serpentinas de colores y de luces de neón que brillan como las fiestas populares, como la alegría y el éxtasis y la felicidad inexplorada, y también como las alarmas, las sirenas y las chispas de los cables pelados. Un amor fabuloso y tan perfecto que cómo quejarse. Y de qué quejarse. ¿De su enfado si no responde de inmediato a los mensajes? ¿Del reproche velado por no prestarle la debida atención? ¿De la corrección cortante si cuenta algo que no se ajusta exactamente a su recuerdo?

Y la historia sigue y los ecos se multiplican en mi cabeza —en tu cabeza, en la cabeza de todos—. Su silencio cuando estás fuera, el silencio cuando mandas fotos de un viaje en el que él no está, el profundo desinterés por cualquier anécdota en la que él no participe de alguna manera, la opinión sobre todo, sobre tu ropa, tu familia, tu trabajo, tus amigos, tu comida, tus vacaciones, tus libros, tus gastos, tus elecciones, tus principios, tu ocio. Hazme caso, elige esto, yo sé lo que te pasa, tienes que escucharme, no puedes seguir así. La jerarquía que se note todo el rato pero que sea invisible, la naturalidad de responder por ti cuando te hacen una pregunta, preguntarte siempre siempre siempre quién te ha llamado, quién te ha escrito, de quién es esa nota de voz, qué le has respondido, y las muecas de aprobación y de rechazo, los juicios sumarísimos que se expresan con una ceja levantada o una boca torcida o un simple ceño mejor y con más daño que con mil frases llenas de adjetivos hirientes. 

Y el amor, ese amor. La cara de felicidad con que lo exhibes y cómo todo el mundo te felicita. ¡Es que es perfecto, pero qué suerte tienes! Ese amor que te eleva a las nubes y anula toda alternativa. Que dice o estás conmigo en el paraíso o no existes. Ese amor basado en el cuidado que fiscaliza y alecciona. Ese amor hecho de paciencia y resignación ante la posibilidad de tus dudas, veteado de un miedo invisible pero recurrente, que se vende a los demás como el mejor amor posible, la devoción absoluta, qué bien cuida, qué detallista, qué suerte, y que se basa en una crítica constante y el miedo como el color de fondo de cada día.  

He leído este libro casi de una sentada y se me ha llenado el cuerpo de flores y de peligro. He recordado el peligro de quedarte al otro lado del miedo, de ignorar los desplantes, los avisos, los abusos, de perdonar las regañinas y los gritos porque te convences de que todo sigue mereciendo la pena, el peligro de elegir no ver y conformarte con seguir comiendo flores, aunque seas incapaz de retener su dulzura en el estómago. Solo cuando sales de ahí te das cuenta de que te has pasado semanas, meses, años conteniendo el aliento, bajo observación constante, y que es una increíble —y dolorosa y lenta— maravilla reaprender a llenar los pulmones como una persona normal y saborear las flores libre ya de su veneno. 





lunes, 24 de noviembre de 2025

HAY RÍOS EN EL CIELO

Mientras leía esta novela me miraba la cara interna del antebrazo y pensaba en hacerme un tatuaje. Yo, que siempre he recelado de los tatuajes. Un tatuaje con un símbolo del agua. Y en escritura cuneiforme, para rizar el rizo. Mientras leía esta novela pensaba en el agua. En que la crisis climática es una crisis del agua. Y en que el agua se transforma y una misma gota se puede beber dos veces. ¿Perdón? Mientras leía esta novela aprendía sobre los yazidíes, sobre cómo las minorías perseguidas viven en un tiempo diferente del nuestro. Y, según en el capítulo que estuviera, quería dejarlo todo para convertirme en arqueólogo, irme a vivir a un barco en el Támesis, aprender a detectar manantiales subterráneos y mirar las nubes con la intensidad necesaria para descubrir ríos en el cielo. 

Esta es una novela sobre un hombre de origen humilde que a mediados del siglo XIX se convirtió en el descubridor del lenguaje más antiguo de la humanidad. Es una novela sobre una mujer con un pasado traumático que se va a vivir al agua porque piensa que se quiere morir. Es una novela sobre una chica que se está quedando sorda y se embarca con su abuela en el viaje más ilusionante de su vida. Pero, sobre todo, y siempre, es una novela sobre el agua. El agua como bendición y como maldición. Como hilo conductor entre la antigua Mesopotamia y el Londres actual. 

Todo se transforma, todo está constantemente transformándose. Como el agua, que pasa de sólido a líquido, de líquido a vapor, y vuelta a empezar, manteniendo su esencia molecular. Permanece años, siglos, encerrada en la tierra repleta de fósiles, para un día subir al cielo y regresar poco después en forma de bruma, niebla, monzón o granizo, o quizá incluso de lágrima, constantemente desplazada y reubicada. «El agua es la inmigrante consumada, atrapada en tránsito, sin tener nunca la posibilidad de asentarse». Quizá por eso le atrae tanto a Zulika, una de las protagonistas de esta novela. Una mujer británica de origen persa que ha dedicado su juventud a estudiar la ciencia del agua y que, como el agua, vive en permanente cambio, sin poder asentarse ni echar raíces en ningún lugar. 

El agua, como los personajes de esta novela, tiene una asombrosa resiliencia, y al mismo tiempo una gran fragilidad. Elif Shafak, escritora de origen turco, le canta en esta historia al poder transformador de las canciones. Necesitamos las canciones como el agua y el pan. La música, la belleza, las historias. Sin ellas nuestra imaginación se marchita y se muere. Nuestra capacidad de sentir asombro y curiosidad se apaga. 

Hay ríos en el cielo es lírica, delicada, sensorial, apasionada. Es un gozo continuo de lectura. Da ganas de hacer cosas un poco locas y te hace vivir en un tiempo paralelo, el tiempo de los cuentos. Porque «el tiempo de los relojes, por muy preciso que pretenda ser, está distorsionado y es engañoso. Discurre con la falsa impresión de que todo avanza firmemente hacia delante y que, por lo tanto, el futuro siempre será mejor que el pasado. El tiempo de los cuentos entiende la fragilidad de la paz, la mutabilidad de las circunstancias, los peligros que acechan en la noche, pero también aprecia los pequeños actos de bondad. Por eso las minorías no viven en el tiempo de los relojes. Viven en el tiempo de los cuentos».