lunes, 27 de enero de 2020

FACHA

Mucha gente lee el título de este libro y lo entiende como un insulto. Y es que la normalización de la ideología fascista en los últimos años ha consiguido que el término fascista suene excesivo. Siempre asociaremos el fascismo a un pasado que es necesariamente peor que nuestro presente, porque lo vemos como algo absoluto, y no como un horror hacia el que se evolucionó poco a poco desde una cierta normalidad. ¿Exageramos cuando decimos que políticos de extrema derecha como Trump, Salvini, Orbán, Putin, Le Pen o Abascal promueven políticas fascistas? Para saberlo a ciencia cierta, hay que saber qué son las políticas fascistas y compararlas con las que hacen estos señores. He encontrado pocos libros más claros y útiles (y menos insultantes) que este de Jason Stanley. 

Siguiendo el ejemplo de Umberto Eco y su clasificación del fascismo en catorce puntos recogida en Contra el fascismo, el autor defiende que las políticas fascistas se basan principalmente en la promoción de un pasado mítico, de la propaganda, del antiintelectualismo, la jerarquía, la irrealidad, el victimismo, la xenofobia, la meritocracia y una división de la sociedad entre un nosotros y un ellos. Cada capítulo lleva al siguiente porque cada uno de estos aspectos forma parte de una estrategia global en la que todos están conectados y dependen entre sí. 

Muchas cosas me han llamado la atención de este libro. En especial, la idea de la influencia del racismo estadounidense en el auge del fascismo europeo tras la primera guerra mundial, y cómo las políticas racistas norteamericanas en los dos últimos siglos han promovido y siguen promoviendo la normalización de políticas fascistas, no solamente en cuestiones raciales, sino en muchos ámbitos de la sociedad norteamericana. Y me ha resultado asombroso que el libro, centrado en la política estadounidense con ejemplos de Rusia, Turquía, Hungría y Polonia, y escrito antes del ascenso de la extrema derecha en España, describe a la perfección, punto por punto, todas las tácticas usadas por Vox en los dos últimos años. Para cada ejemplo norteamericano o húngaro o polaco, podemos encontrar un ejemplo español. Hasta ese punto entran dentro del mismo esquema, cada uno con sus particularidades, todos los lenguajes fascistas. Hasta ese punto logran dañar las sociedades de la misma forma. 

Que nuestra identidad sólo sea posible a través de la marginación del otro es uno de los objetivos de las políticas fascistas. Jason Stanley insiste especialmente en esta idea: la división de la sociedad entre un ellos y un nosotros. Y aunque esta deshumanización no es una táctica exclusiva de la extrema derecha (no son fáciles de olvidar aquellas alusiones de políticos de Podemos a "los de abajo contra los de arriba"), todos los partidos de corte fascista insisten en ello desde sus ataques a la educación pública, al estado del bienestar, a los sindicatos y a esa defensa natural de la igualdad entre hombres y mujeres que ellos llaman ideología de género. Venden la intención de proteger la libertad y los derechos individuales, pero su objetivo es proteger únicamente la libertad y los derechos de un grupo elegido, su grupo. Un grupo homogéneo que comparte color de piel, idioma, cultura, religión e ideología. Quieren la libertad, pero sólo la de unos pocos. Y siempre a costa de quitársela a los que no son como ellos.

Quienes perciben el título de este libro como un insulto se sienten víctimas. Ellos, hombres blancos occidentales, se sienten amenazados por el creciente ascenso de las minorías que en unos años pueden arrebatarles sus privilegios. La igualdad, ese desafío a las leyes de la naturaleza, es una afrenta a su superioridad. Que las mujeres, el colectivo LGTBI o los inmigrantes puedan llegar a tener tantos derechos como ellos les inquieta. Y no lo aceptan. Sólo hay que ver cómo actúa la derecha de nuestro país cada vez que pasa a la oposición. No lo toleran. Y lo critican todo, hasta las medidas que ellos mismos aprobaron y que, si no son ellos quienes las aplican, pasan de considerarlas beneficiosas a tacharlas de nefastas. 

Me gusta tener este libro en la librería. No como provocación, sino como advertencia. El prólogo de Isaac Rosa lo explica muy bien: las políticas fascistas están normalizando lo que hace unos años considerábamos inaceptable, estamos comprando su discurso, entrando en debates estériles que parten de premisas falsas, estamos dejando que el miedo ante hechos inventados nos divida, tanto en Twitter como en las cenas familiares. Estamos sacrificando la razón para hacer de la emoción el motor de la política. Y ya basta. Desmontemos sus mentiras punto por punto. Una y otra vez. Recuperemos el respeto y la tolerancia, enarbolemos la empatía cada día, en cada conflicto. Pensemos que cada vez que nos definimos por lo que nos diferencia y no por lo que nos une, la convivencia se descompone. Y no nos lo podemos permitir. 




jueves, 23 de enero de 2020

LA FAMILIA AUBREY

Mi madre me dice que esta novela está llena de penurias y yo la miro sorprendido, ¿de verdad? Y sí, tiene razón, pero para mí hay demasiada luz y bondad por todas partes para que las penurias importen. Mi madre me dice que le solivianta ese padre irresponsable que dilapida todo su dinero en apuestas imposibles dejando en la pobreza a su familia, y yo la miro sorprendido, ¿de verdad? Y sí, también tiene razón, pero además de ludópata el padre es tan elegante, afectuoso, apasionado (y despistado, volátil y egoísta, vale) que me resulta muy difícil enfadarme con él. Mi madre y yo hemos leído la misma novela. Pero no. La misma novela nos ha leído a los dos, con nuestras diferencias, con nuestras expectativas. Hemos entrado en ella por caminos distintos y hemos visto y sentido cosas diametralmente opuestas. Y lo mejor es que estoy convencido de que si volvemos a entrar en ella, nos encontraremos caminos nuevos constantemente, sendas que esta vez han quedado ocultas, y que leeremos otras familias Aubrey, cada una la suya, cada una distinta.  

La familia Aubrey, primera parte de una trilogía emblemática publicada en los años 50, es una novela inabarcable. Es un juego de luces con cientos de colores. Podría ponerme a describir uno por uno todos los que he conseguido ver, pero creo que me voy a limitar a dos. El color de la música. Y el color de la infancia. 

Ante la decepción de una vida que nunca llega a convertirse en lo que ellas desean, Clare y sus hijas se refugian en el arte. Estamos en los primeros años del siglo XX y su arte es la música. Cada día, cada hora, en su casa suena una pieza musical. Igual que en cada página de esta novela siempre hay un piano cantando. Una sonata de Mozart, un estudio de Chopin, Rose y Mary practican con ahínco bajo la agudísima vigilancia de su madre para convertirse en su sueño: concertistas de piano. Vivir de la música. Y para la música. 

Pero Cordelia, su hermana mayor, no comparte su don. Por más que estudia y estudia, no logra arrancarle a su violín más que quejidos lastimeros. Toca como si estuviera enamorada de la música pero esta fuera incapaz de corresponderle. Inconsciente del peligro, como si entrara con un cigarrillo encendido en una librería. Y por más que sus hermanas y su madre se llevan las manos a la cabeza y la atraen a otras ocupaciones, por más que insisten que tocar así es una profanación del sagrado templo de la música, ella insiste e insiste, lo que le da pie a la autora para una serie de reflexiones profundas y asombrosas sobre qué significa tocar un instrumento, tener talento y vivir por y para algo tan maravillosamente intangible como la práctica musical. 

La familia Aubrey es una novela sobre música protagonizada principalmente por niños. La infancia está por todas partes. Todo el libro vibra con una inocencia encantadora, es dulce y naif como una niña que no se malea con la edad, que permanece inmune al cinismo y a los reproches, siempre dispuesta a acudir rauda a los abrazos y a cualquier llamada de lo nuevo y de lo excitante. Las niñas, con sus juegos, difuminan la frontera entre realidad e irrealidad con una excentricidad elegante muy británica. Son niñas que han tenido que sujetar sus anhelos para no caer demasiado a menudo en la frustración, y han aprendido de su madre y de su amiga Rosamund a mimetizarse totalmente con aquello que desean. "Cuando mamá admiraba un diamante en un escaparate de una joyería, emanaba luz como la misma joya; cuando Rosamund expresaba el deseo de que fuésemos todos juntos a la costa, era como una playa a mediodía". 

Rebecca West
Me ha gustado especialmente el personaje de Clare, una madre capaz de mirar a sus hijas "con la sencillez de una niña que abre a otra su corazón". Una madre resuelta, bondadosa y desmañada que mantiene unida a su familia frente a todos los tropiezos mediante la fascinación ante cada pequeño aspecto de la vida, inculcándoles la necesidad de atesorar cada pequeño instante de placer, de degustarlo, de exprimirle todo el jugo posible para convertirlo en asidero cuando vengan malos tiempos.

Es muy fácil caer en el encantamiento y leer la prosa fluida y luminosa de Rebecca West con el mismo arrobo ensimismado con el que uno escucharía una versión delicada de las Variaciones Goldberg. La sofisticación más deliciosa aparece envuelta en la apariencia más sencilla. En un momento de la novela, Clare le dice a una de sus hijas: "debes creer que la vida es tan extraordinaria como afirma la música". Y ahora, cerremos los ojos y escuchemos. La vida, esa vida extraordinaria, está en cada página de esta novela, en cada nota. 




lunes, 20 de enero de 2020

POESÍA COMPLETA. MAYA ANGELOU

Cuando Patricia y yo viajamos a Nueva York nos alojamos en Harlem, así que un día entramos por curiosidad en una iglesia para escuchar una misa góspel. Nos sentamos atrás, tímidos occidentales poco creyentes, y esperamos. No recuerdo nada de lo que pasó durante la primera media hora. Sólo sé que no hubo música. Porque cuando una mujer imponente salió al escenario y se puso a cantar, desapareció todo lo demás.

"Puedes inscribirme en la historia
con tus amargas y retorcidas mentiras,
puedes aplastarme en el fango
pero, aun así, como el polvo, me levantaré". 

No sé si la voz portentosa de aquella mujer nos estremecía a Patricia y a mí con este himno de Maya Angelou, pero creo que cualquiera de los que salieron a cantar aquella mañana habría abrazado las palabras de esta mujer y nos habría llevado al cielo con su grito de lucha. 

"Como lunas y como soles,
con la certeza de las mareas,
como las esperanzas que brotan poderosas,
así, me levantaré". 

Recuerdo aquella música como una fiebre, como un torbellino. Una mano extendida tiraba de algo dentro de mí, algo que acostumbraba a reposar dormido y que con el calor de esa mano despertaba y se sacudía y pedía movimiento y voz y unirse a un coro y a una comunidad de iguales en la que florecer y gritar y exigir un lugar y una dignidad y una esperanza en este mundo. 

"Puedes dispararme con tus palabras, 
puedes herirme con tus ojos,
puedes matarme con tu odio
pero, aun así, como el aire, me levantaré". 

La voz de Maya Angelou es esa comunidad, es esa voz, es esa esperanza capaz de despertar a los dormidos y de curar a los heridos. Es el pájaro enjaulado que no deja de cantar y, a la vez, es la mano capaz de abrir, con su alegría insistente y feroz, la jaula que retiene enclaustrados todos nuestros cantos. 

"Dejando atrás noches de terror y miedo
yo me levanto
en un amanecer maravillosamente claro
yo me levanto
trayendo los regalos legados por mis ancestros
yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.
Yo me levanto
yo me levanto
yo me levanto". 

Y con el corazón expandido, y la euforia brillando en nuestros ojos, Patricia y yo aplaudimos aquella mañana en Harlem al ritmo de los cantos, y unimos nuestra voz a la voz de una comunidad que, a través de una música alegre y fiera, dice basta y se levanta. 


jueves, 16 de enero de 2020

DESIERTO SONORO

"Si pudiera subrayar simplemente ciertas cosas con el pensamiento, lo haría: esta luz que entra por la ventana de la cocina, inundando la cabaña entera con una calidez ambarina mientras pongo la cafetera; esta brisa que sopla a través de la puerta y me acaricia las piernas mientras enciendo la estufa; ese sonido de pasos -pies diminutos, desnudos y tibios- cuando la niña sale de la cama y se acerca a mi espalda para anunciar: Mamá, ¡me desperté!"

Creo que este pequeño párrafo contiene buena parte de las cosas que más me han gustado de esta magnífica novela: el afán de la pareja protagonista por documentar aspectos de la vida para tratar de entenderlos (o rescatarlos del olvido); la delicadeza de las descripciones y el inmediato impacto visual que provocan; y los niños, con toda su vitalidad, extravagancia e inocencia, cuya vida interior se despliega en multitud de escenas irresistibles. El otro tema fundamental de la novela es quizá el de los niños emigrantes que tratan de entrar en Estados Unidos desde México, tema que ya trató en su anterior libro, Los niños perdidos, una crónica fantástica sobre la xenofobia estadounidense basada en su experiencia como intérprete en la Corte Federal de Inmigración de Nueva York. 

Esta novela resuena dentro de mí. La terminé hace ya unos días y todavía la siento vibrar por dentro cada vez que pienso en su historia o releo alguna página. Escucho sus ecos, la coreografía cotidiana de cada gesto de esta pareja que viaja por el sur de Estados Unidos con sus dos hijos pequeños en busca de una historia que documentar, en busca de un posible arreglo para su propia relación que se descompone. Los niños, en el asiento trasero, escuchan las historias de los niños perdidos que les cuenta la madre, mezcladas con las historias de los últimos apaches que les cuenta el padre, y en su imaginación unas y otras comienzan a formar parte confusamente de un mismo relato de aventuras, de heridas y de resistencia. 

Las conexiones entre la actitud del gobierno de Estados Unidos con los indios nativos en el siglo XIX y la actitud actual con los inmigrantes centroamericanos son muy evidentes. Pero Desierto sonoro no me ha parecido una novela política. De hecho, diría que con sus capítulos oníricos, con su poesía en las descripciones y ese aire de intimidad luminosa en cada escena, es lo contrario de un panfleto. Es una novela cautivadora sobre la infancia, sobre los niños que un día entienden que ese universo sólido e inmutable de amor y seguridad en el que viven no sólo no es común a todos los niños, sino que puede volverse quebradizo y saltar por los aires y tienen que estar listos para ello. 

He leído esta novela como quien mira hablar a alguien con los ojos fijos, atentos y admirativos, y piensa: qué maravilla, ojalá no dejaras de hablar nunca, sigue, sigue, por favor, aunque a veces no termine de entenderte del todo, aunque mi inteligencia no te alcance, tú sigue, porque el tono de tu voz y esas palabras que eliges para mecerme en tu historia me llenan de alegría y lucidez. 



lunes, 13 de enero de 2020

LOS DÍAS DE LA NIEVE

En el conservatorio tuve una vez un profesor de música de cámara muy mayor. Entraba en el aula a pasitos cortos, e invariablemente se quedaba mirándonos desde el umbral, levantaba el índice y nos decía: a sus puestos, señores. Hacía años que había pasado la edad de jubilarse y se le notaba frágil y aturdido. Sólo nos dio un trimestre, creo, o incluso menos. Y, aunque sus clases eran caóticas y nos volvía un poco locos diciéndonos un día una cosa y al siguiente lo contrario, lo cierto es que todos le guardábamos un respeto especial y mucho cariño. La profesora que vino a sustituirle fue todo lo contrario. Rígida y canalla, nos daba unas clases que parecían palizas de fisioterapeuta. Salíamos de allí con el orgullo hecho trizas pero con el cuerpo henchido de una nueva sensación de libertad y página en blanco. Nunca nos habló de su predecesor. Ni siquiera una vez le nombró, hasta varios años después, en la cafetería, después de un concierto, y cuando todos teníamos ya un pie en las vacaciones, nos contó que aquel viejo señor admonitorio, aquel caótico abuelete, le había enseñado todo lo que sabía. Que había sido una leyenda viva, un ejemplo de dignidad en épocas oscuras que había hecho florecer vocaciones profundas en sus alumnos menos fértiles. Había un brillo apasionado en su relato, mezcla de admiración y de pena por el maestro perdido, un homenaje emocionado que abría una nueva ventana por donde recordar a aquel hombre que poco a poco habíamos ido olvidando.

Al leer este monólogo teatral de Alberto Conejero sobre Josefina Manresa, la viuda de Miguel Hernández, he recordado aquella anécdota de conservatorio, y me he dado cuenta de que a veces la mejor forma de acercarse a la memoria de alguien es a través de los recuerdos de aquellos que mejor supieron amarlo.  

Josefina Manresa (1916-1987) apenas llegó a disfrutar de la compañía de su marido. Debido a la guerra civil, la suya fue una relación a distancia, alimentada por el millar largo de cartas que se intercambiaron y breves encuentros en los permisos aislados que pudo tener Miguel Hernández. Josefina perdió a su padre, guardia civil, asesinado por los milicianos al inicio de la guerra. Perdió a su madre un año después. Perdió a su primer hijo, muerto a los diez meses. Y por último perdió a su marido, el ilustre poeta, muerto de tuberculosis en las cárceles franquistas. Todas esas pérdidas, cuando aún no había cumplido veintisiete años, surcaron en su rostro una profunda tristeza, que este monólogo recrea en su canto melancólico, arrullado por la canción incesante de una máquina de coser. No cuesta entender que a veces recordar su pasado conllevara un dolor demasiado agudo. "Una tiene derecho a los recuerdos. Pero más derecho tiene a los olvidos."

Josefina Manresa
Hay una honradez y una bondad profundas en esta recreación de la vida de Josefina Manresa. A través de su voz, y de su amor por las palabras ("pienso en las palabras, como si las cosiera y las descosiera"), cobra vida de nuevo la risa de su marido, su pasión por la vida y por la tierra y su esperanza por un futuro limpio de dentelladas y de duelo. Esta es una historia de amor, al fin y al cabo, de amor más allá de la derrota y de la muerte. Del amor de una joven herida que, entre la ropa de cama en el fondo de un baúl, protegió y cuidó la memoria de su marido, el legado literario de uno de los mejores poetas de la literatura española de todos los tiempos. 

"Yo elegí estar del lado del amor. Quedarme con Miguel, y Miguel conmigo. Abrazarnos, resistir juntos la miseria, el hambre y los días de la nieve."
Eligió el amor, sabiendo que era la única fe posible, quizá, para sobrevivir a tanta muerte. 



viernes, 10 de enero de 2020

¿DE QUIÉN ES LA CULPA?

Gracias a ella, Tolstói tuvo la libertad para escribir todo lo que escribió. 
Gracias a ella, según muchos críticos, personajes femeninos como Anna Karénina o Kitty alcanzaron toda su profundidad y complejidad. 
Gracias a ella, a su labor como traductora y representante, Tolstói tuvo acceso a mucha literatura extranjera y sus obras tuvieron mayor difusión y se libraron de la censura. 
Se llamaba Sofia Tolstaia y, además de ser la mujer de Lev Tolstói, fue la madre de sus hijos, su secretaria, su representante, su traductora y la gestora de toda su obra. Hasta la publicación de esta novela en agosto de 2019, muy pocos sabían de su existencia. Tras leerla, hoy podemos decir que, además de todo lo que fue, y por lo que nunca obtuvo ningún reconocimiento, también era una excelente escritora. 

¿De quién es la culpa? se publicó por primera vez en 1994, setenta y cinco años después de la muerte de su autora. Es la respuesta literaria a Sonata a Kreutzer, una novela corta en la que Tolstói, a través de su protagonista, carga contra las mujeres, "que esclavizan y explotan al noventa por ciento del género humano". En ella asocia el sexo a vileza, suciedad y corrupción física y moral, y la sensación que he tenido tras acabar su lectura es la de haber leído los delirios de un gruñón fundamentalista, de un asceta fanático. 

Sofia Tolstaia
A Sofia Tolstaia tampoco le gustó mucho Sonata a Kreutzer, en la que vio un brutal ataque a su vida conyugal. Y dos años después de su publicación escribió en unos cuadernos escolares su propia versión de la historia escrita por su marido. Frente al machismo generalizador de este, que denigra a las mujeres como colectivo, ¿De quién es la culpa? es un lamento incisivo sobre la fragilidad y vulnerabilidad de una mujer que nunca pensó que el matrimonio sería esa brutal desposesión de su identidad y de sus esperanzas. 

"¿Es este el destino de la mujer?, pensaba Anna. ¿Poner el cuerpo a disposición de un niño de pecho y luego del marido? Uno detrás de otro, ¡siempre! Pero ¿dónde está mi vida? ¿Dónde está mi yo? ¿Ese auténtico yo que una vez aspiró a elevarse y a servir a Dios y a sus propios ideales?"

En la modernidad de su reivindicación feminista, esta novela de Sofia Tolstaia me ha recordado a El cuaderno prohibido, de Alba de Céspedes, o a los relatos de Pardo Bazán sobre la violencia contra las mujeres recopilados en El encaje roto. En todos ellos vibra ese lamento universal de una mujer que se resiste a someterse del todo a la violencia con que la trata su marido. 

Sonata a Kreutzer y ¿De quién es la culpa? representan un diálogo explícito sobre la sexualidad, el matrimonio y el lugar de las mujeres en el mundo que resulta sorprendentemente moderno para la época en la que fueron escritos. Y la segunda novela no solamente es una espléndida refutación del sermón de la primera, sino, en mi opinión, un clásico de la literatura universal, con una heroína a la altura de Emma Bovary o Anna Karénina. 



martes, 7 de enero de 2020

LA MISIÓN DE ALOU. UNA MATERNIDAD ROJA

Alou encuentra un día una estatuilla de madera que se ha salvado milagrosamente de la destrucción yihadista en su país, Mali. Ya se sabe que su devoción fanática persigue todo aquello que no se ajuste a su estrechísima concepción del mundo, ya sean personas o representaciones artísticas. Cuando se entera de la antigüedad de la estatuilla, llamada Maternidad roja, y de su valor incalculable, decide esconderla para ponerla a salvo. Pero, ¿cómo conseguirlo si su propia vida corre el mismo peligro que la Maternidad roja que se ha propuesto salvar de la destrucción?

Este cómic cuenta la historia del viaje de Alou desde Mali hasta Libia, sorteando los peligros del desierto y de los que controlan y se benefician del éxodo de millones de africanos que huyen de sus vidas imposibles. Y una vez en Libia, en patera hasta Lampedusa y dirección norte por toda Italia y Francia hasta el Museo del Louvre, donde se encuentra otra Maternidad roja, hermana de la que Alou lleva escondida en su mochila, custodiada por el mimo de los restauradores. París: el lugar más alejado de la furia destructiva de los yihadistas de su Mali natal, una ciudad en la que tanto su estatuilla como él podrán sentirse a salvo, y mirar hacia el futuro. 

Esta historia de Christian Lax mezcla conservación artística e inmigración, dos temas que no es frecuente que vayan de la mano. Plantea el drama de los refugiados con trazos delicados y violentos, usando colores oscuros, y no es difícil sentir la angustia y el frío calando hasta los huesos de Alou y sus compañeros de exilio en la descripción gráfica de la travesía de dos días por el Mediterráneo hasta alcanzar la isla de Lampedusa. También es una crítica al colonialismo europeo, y explica cómo durante más de un siglo se ha justificado el expolio indiscriminado del arte africano con la excusa de la incapacidad de su gente para salvaguardarlo. 

Paralelamente al sufrimiento del viaje de Alou, seguimos la pista de un restaurador francés del Louvre, cuya pasión por el arte africano resulta contagiosa. Y me ha llamado la atención ese contraste, tan común en nuestra sociedad occidental, entre el interés por las cosas que vienen de África y el desinterés por sus habitantes. Como si una cultura se pudiera entender sin establecer contacto con los que han nacido en ella y la han hecho posible. 

Esta historia me ha abierto dos puertas: una hacia el Louvre y su colección de arte africano, que desconozco a pesar de haber visitado muchas veces el museo. Y otra, hacia el origen de ese arte, hacia el lugar donde quizá debería estar, hacia las personas y el contexto que lo hicieron posible, hacia esa herida que entre todos deberíamos tratar de curar. 






jueves, 2 de enero de 2020

EL VALS HACIA ATRÁS (Firma invitada)

Normalmente leemos y recomendamos historias intensas y duras, esas que llenan estantes y mesas de novedades en las librerías. Reconozco que me encantan los dramas protagonizados por mujeres; las novelas con parejas infelices que buscan salir de sus rutinas o las historias tremendas ambientadas en lugares y épocas remotas. Pero también soy feliz hincándole el diente a una novela aparentemente ligera, de esas que saben sacarte una sonrisa tras otra. Llevaba meses sin asomarme por aquí a compartir lo que he leído últimamente y me parece que El vals hacia atrás es un ejemplo extraordinario de la novela que mezcla dureza y ligereza.

El título de este libro no nos da, a simple vista, muchas pistas de lo que encontraremos en sus páginas y, sin embargo, en esas cuatro palabras se condensa parte de la historia que hay en él. Hay movimiento, hay pasado y Austria es un personaje más. El joven protagonista, Lorenz, está viviendo un momento difícil profesional y personalmente cuando sus tías le implican en la aventura más estrafalaria que jamás habría podido imaginar: un viaje en un Panda rojo desde Viena hasta Montenegro con sus tres entrañables tías y un cadáver congelado.

En principio, estas premisas pueden hacernos pensar que se trata de una comedia sin más, pero en realidad hay más complejidad en sus páginas. Para compensar la extravagancia de la historia que ocurre en el presente, su autora –Vea Kaiser– plantea una estructura narrativa en la que asistimos, de manera intercalada con la actualidad, a momentos de la vida pasada de la familia Prischinger.

Vea Kaiser
Como en las mejores sagas familiares (y esta en concreto me ha llevado en ocasiones a los Estados Unidos rurales de Cuatro hermanas), los secretos, la culpa y la complejidad psicológica de sus protagonistas son los ingredientes principales para tejer una trama que, de atrás adelante y viceversa, moldea las necesidades vitales de sus personajes. Las tres tías de Lorenz guardan, cada una de ellas, fragmentos de vida que se irán descubriendo poco a poco en esas retrospecciones al pasado, desde el más lejano de 1953 hasta el de solo unos pocos años atrás, en 2001. 

El vals hacia atrás recrea, por tanto, cincuenta años de vida familiar diseminados en los mil kilómetros de distancia entre Viena y Kotor, la ciudad montenegrina hacia la que se dirigen los personajes de la novela. El viaje a Montenegro es una excusa y transportar a un cadáver en el vehículo no es más que un puro artificio literario para cargar de humor la narración de cuatro vidas marcadas por el dolor de la infancia y la juventud. Las peripecias de la familia Prischinger hacen ligeras la soledad, el miedo, la culpa, el desamor, las dificultades de las relaciones familiares y la muerte.

Una historia deliciosa para terminar o empezar el año de la mejor manera posible.



lunes, 30 de diciembre de 2019

EL RESTO DE SUS VIDAS

Este blog es un resumen de nuestras lecturas. A menudo, de nuestras lecturas dolorosas, que salen de un compromiso batallador hecho de rabia y pena, por más luz que escondan. Buscamos en los libros el disfrute de una buena historia, pero también un instrumento que transforme y amplíe nuestra forma de ver el mundo. Y que lo haga a través de todo aquello que en el día a día se nos queda fuera de encuadre. Reseñamos libros, a menudo, como quien tira dardos para señalar alguna enfermedad social. Como quien tiende una mano para tratar de aplacar el dolor inabarcable de tantos. 

Pero a veces hay que parar. Dejar reposar todo ese compromiso doloroso en la pila siempre creciente de libros por leer y regalarse una lectura amable. Una carcajada sin consecuencias y un beso dulce en los labios para irse a dormir con la conciencia ronroneante. 

Para despedir con alegría el 2019 con esta última reseña, la número 100 este año, esta novelita de Didierlaurent es perfecta. Recuerdo con cariño aquella primera novela que leí de este autor, El lector del tren de las 6.27, allá por 2015. Era una mezcla estupenda de comedia extravagante e intriga amorosa que se dejaba leer como un cuento al calor de la chimenea, con una sonrisa y sin sobresaltos. Esta es igual, con sus temas importantes (la vejez, la muerte, la eutanasia, los abismos familiares) siempre aderezados de esa gracia ligera que quizá sólo brote espontáneamente de los franceses. 

Ella es una ayudante a domicilio. Una hora al día va a la casa de personas mayores que ya no pueden realizar ciertas tareas debido a su salud. Y siempre se las apaña para hacer que esa hora sea algo más que un trabajo rutinario. Algunos la desafían dejando un billete de cincuenta euros, siempre el mismo, en distintos lugares de la casa. Otros prefieren que dedique su tiempo a jugar al Scrabble, que es mucho más útil y necesario que cocinar o pasar el polvo. Y luego está Samuel, con sus números tatuados en la muñeca y sus tartas selva negra de los jueves, para quien Manelle es la nieta que nunca tuvo, una bocanada de alegría y aire fresco en su vida recluida.

Él es tanatopractor y maquillador de una troupe de teatro amateur. Oscila entre el mundo de los muertos y el mundo de los vivos, embelleciéndolos a los dos. Entiende que la belleza salva del dolor y dulcifica la memoria, y que todos tenemos el derecho de poder llevarnos el recuerdo de nuestros seres queridos sin el espanto que deja la muerte en los cuerpos que invade. No se habla con su padre pero adora a su abuela, con sus dulces bretones rebosantes de espumosa mantequilla, sus ideas locas sobre cómo detectar a las buenas personas y su amor generoso y vivaz como una cancioncilla infantil.

Cada capítulo de esta novela tiene la redondez de un relato corto. La vejez y la muerte planean por toda la historia y, sin embargo, la he terminado como si me hubieran regalado una caricia bondadosa y una inmensa carcajada llena de vida. Ojalá el 2020, y el resto de nuestras vidas, sigan siempre llenos de los gestos cotidianos de amor que tan bien describe Jean Paul Didierlaurent.



viernes, 27 de diciembre de 2019

BOY ERASED (IDENTIDAD BORRADA)

Una palabra que se repite mucho en este libro es "abominación". No sé si es porque su uso es relativamente infrecuente o porque quienes más la pronuncian son los cristianos, pero a mí me suena con una rotundidad terrible, me suena a maldición bíblica, a condena eterna. En este libro, la palabra tiene la connotación más habitual en el mundo cristiano radical: la abominación es el pecado del cuerpo, es la tentación del placer, es cualquier desviación de la heterosexualidad monógama tradicional: la abominación es, para muchos, simplemente atreverse a amar. 

Garrard Conley (1985) es un chaval al que sus padres, al descubrir que es gay, meten en una terapia de conversión de la homosexualidad para tratar de curar su particular "abominación". Allí tratarán de borrar su identidad, de extirparle la emoción, las sensaciones y la percepción de su propia sexualidad hasta el punto de volverle loco. "El miedo a la vergüenza, seguido del miedo al infierno, era lo que realmente impedía que nos suicidáramos". 

En su comunidad de cristianos bautistas, la heterosexualidad ha de estar presente en cada pequeño aspecto de la vida de cada uno, desde tu forma de andar o vestir hasta tu tono de voz o el vocabulario que usas. El mundo, para no ser abominable, debe estar perfectamente dividido entre lo masculino y lo femenino, y ambos deben ser dos polos opuestos que se atraigan, por el bien de la especie y de Dios. En su comunidad, como en tantas otras, ser homosexual es una enfermedad que hay que corregir. Es una identidad falsa que no debe existir, y que debe ser sustituida por la identidad correcta, la identidad que Dios ha querido que cada uno tengamos. 

Cuando Garrard Conley entró en esta terapia tenía apenas diecinueve años. Era un chaval en su primer año de universidad, un chaval que no había aprendido todavía el lenguaje adecuado para expresar sus sentimientos, las palabras necesarias para defenderse. Como cualquier chico de su edad, le desesperaba ser aceptado por los demás. Buscaba esa euforia que sintió la primera vez que salió con una chica, por probar, y vio la aprobacion en la mirada de los demás. Una aprobación que le costaría un esfuerzo sobrehumano conseguir, como no fuera forzándose a hacer lo que no quería, a ser quien no era. 

Estas memorias me han recordado a Una educación, las memorias de Tara Westover sobre su infancia en una comunidad mormona en Estados Unidos. Ambos cuentan cómo el fanatismo religioso puede destrozar la vida de las personas al intentar que quepan en la estrechez de una idea insensata. Ambos insisten en el sufrimiento que supone tener que elegir entre la cordura y el amor de tu familia, en la rabia que sienten los que se ven expulsados de una comunidad simplemente por querer estudiar, ver mundo, o simplemente amar libremente. 

A Conley Garrard le dijeron que el sexo gay era lo mismo que violar, que los homosexuales eran todos depredadores, pederastas. Le dijeron que la homosexualidad y la permisividad de nuestra cultura occidental eran los culpables del terrorismo y de las enfermedades y de los ciclones y de las desgracias del mundo. Le dijeron que confiara en Dios y obedeciera. Que pidiera perdón, que se arrepintiera, que suplicara por su alma, que fuera un buen siervo del Señor y dejara de pensar por sí mismo. Le dijeron que tenía que desprenderse de su tara, de su adicción, de su pecado. Que abandonara ese capricho que a ojos de Dios siempre sería una abominación. 

Cartel de la adaptación cinematográfica
Esto ocurrió en 2004 en Estados Unidos. Love in Action, el centro de terapia al que acudió Conley, llevaba en activo varias décadas promoviendo estas terapias, con la aprobación de las comunidades del sur del país. Centros como estos también existen en Europa, promovidos por la Iglesia Católica. Sin ir más lejos, el Obispado de Alcalá de Henares promovió y amparó durante mucho tiempo cursos clandestinos e ilegales de conversión de la homosexualidad.

Toda idea incuestionable es una cárcel. Con su insistencia en "lo natural" de la heterosexualidad, los homófobos sólo demuestran su incapacidad para aceptar las realidades que no pueden imaginar. Libros valientes y contundentes como este, junto a editoriales tan necesarias como Dos Bigotes, muestran no sólo que algunas doctrinas religiosas vulneran los derechos humanos más básicos, sino que la intolerancia también se puede vencer con amor. Que toda idea incuestionable, si se combate de la forma adecuada, puede volverse cuestionable, relajar sus barrotes y soltar a sus presos de una vez y para siempre. 




viernes, 20 de diciembre de 2019

NUESTROS DIEZ CÓMICS FAVORITOS

Hace unos cuatro o cinco años decidimos ponernos al día con los cómics, invitarlos a la librería con una sección decente y dedicarles la atención que se merecen. Y cada día disfrutamos más ese momento entre novela y novela, entre ensayo y ensayo, en el que nos zambullimos en esta otra forma de literatura, de contar historias con ilustraciones que tantísimas posibilidades tiene. Cada vez más diversos, más expresivos, más audaces, no dejamos de encontrar en los cómics verdaderas obras de arte capaces de transmitir emociones potentísimas y de contar historias universales aunando de mil maneras literatura e ilustración.
Esta es nuestra selección de lo mejor que hemos leído en 2019.

¡Cosecha Benedetti!



1. Jonas Fink, de Vittorio Giardino (Norma, 35€).

Vittorio Giardino ha dedicado a esta obra más de veinte años de su vida. Una obra sobre la historia de Praga desde 1949 hasta 1968, sobre los muros que los hombres levantan entre países y entre personas, por miedo a que su idea del mundo pueda ser puesta en entredicho.
Jonas Fink es hijo de un médico condenado a prisión por negarse a ser cómplice de la dictadura comunista que se impuso en Checoslovaquia a partir de 1949. Expulsado de la escuela, condenado a trabajar para escapar de la miseria, pronto encuentra en los libros una forma de evasión y de traer a casa un sueldo de subsistencia. También es un homenaje a las librerías como focos de resistencia. Librerías como refugios, como trincheras desde las que defender la palabra y la idea de futuro.



2. El día 3, de Cristina Durán y Miguel Á. Giner Bou (Astiberri, 18€).

El día 3 de julio de 2006, un vagón de metro descarriló entre las estaciones de Jesús y Plaza de España de Valencia debido a que circulaba a más del doble de la velocidad permitida.
El día 3 de julio de 2006, 43 personas fallecieron y 47 resultaron heridas en el accidente de metro más grave de la historia en España.
El día 3 de julio de 2006, la vida se paró para decenas de familias que vieron cómo ningún representante de la compañía ferroviaria ni del Gobierno valenciano tenía intención de asumir ninguna responsabilidad.
El día 3, Premio Nacional de Cómic 2019, es a la vez un dedo acusador y una mano abierta compasiva, un grito de rabia y una canción de consuelo. 


3. La balada del norte, volúmenes 1, 2 y 3, de Paco Roca (Astiberri, 18€).

Zapico, uno de los más brillantes historietistas españoles, está creando una obra impresionante sobre la Revolución de 1934. A través de una ambigua historia de amor entre el hijo del dueño de una compañía minera y la hija de uno de los líderes de la revolución, retrata de forma magnífica el clima de violencia, la angustia de los trabajadores, el desprecio de los empresarios y el caos que reinaron en Asturias durante aquel mes de octubre, dejando para el tercer tomo, presumiblemente, las consecuencias de la represión y el destino de esa pareja improbable. La revolución de octubre de 1934 fue la última revolución social de Europa Occidental. Y aunque fracasó, pronto se convirtió en un mito para la izquierda, a la altura de la Comuna de París o de la Revolución Rusa.


4. Intisar en el exilio, de Pedro Riera y Sagar (Astiberri, 22€).

Este cómic furioso, divertido, directo y moderno es un puñetazo en el centro de la cara del machismo salvaje que impera en la cultura yemení. Con su desparpajo, Intisar nos acerca Yemen a nuestro sofá, a nuestra ciudad occidental donde, a pesar de la distancia con los países árabes, las mujeres siguen estando lejos de haberse liberado de ser juzgadas desde niñas por aspectos que no pueden controlar. También es un puñetazo en el centro del machismo de nuestra sociedad, aún tan visible, tan cotidiano. De repente, Yemen ya no es el desierto árido y medieval que muchos imaginan, sino un país en guerra poblado por gente con inquietudes muy parecidas a las nuestras. Y con la necesidad de libertad y justicia que todos compartimos en todos los países del mundo.


5. Mandela y el general, de John Carlin y Oriol Malet (Debolsillo, 15,95€).

A principios de los noventa, el odio racial en Sudáfrica, alimentado por cincuenta años de violencia institucionalizada, había cristalizado en la amenaza de una guerra civil. Mandela comprendió que el peligro consistía en que los blancos, tal y como decían sus proclamas, siguieran pensando que los negros eran unos perros rabiosos, sedientos de venganza, que querían acabar con todos ellos. Para combatir esa idea, se le ocurrió hacer lo que ya le había funcionado otras veces: invitar a Constand Viljoen a tomar el té. Y, de nuevo, ocurrió el milagro. Viljoen descubrió que ese hombre, tras pasar más de treinta años encerrado en una cárcel por culpa de sus ideas, no sólo no estaba sediento de venganza, sino que ofrecía una sonrisa, una inteligencia despierta y las manos abiertas al líder de los que lo querrían muerto, con el objetivo de salvar a su país, el país de los dos, de un baño de sangre.



6. Bajo un nuevo cielo, de Kei Fujii y Cocoro Hirai (Ponent Mon, 22€).

Bajo un nuevo cielo cuenta cuatro historias. Cuatro historias en las que a los protagonistas les quitan algo y tienen que aprender a vivir con esa carencia, cuatro historias en las que sólo el amor y la perseverancia pueden abrir las puertas de un mundo nuevo, bajo un nuevo cielo.
Hemos revivido con este cómic lo que sentimos con El pájaro azul: una avalancha de emociones. En pocos cómics hemos visto primeros planos tan expresivos y una capacidad de expresar júbilo, angustia o desesperanza tan poderosa. 




7. La divina comedia de Oscar Wilde, de Javier de Isusi (Astiberri, 29€).

Un escritor genial sin ninguna obra genial, así le describían sus amigos. Decían que bastaba estar a su lado un par de horas para darse cuenta de que nada de lo que había escrito podía compararse con su genialidad como conversador. Puso su genio en su vida, y solamente su talento en su obra, como él dijo. Y se pasó los últimos años de su vida, desde su salida de la cárcel, sin escribir nada. Sólo viviendo. Viviendo y contemplando las estrellas desde el fango.
Este cómic cuenta las andanzas por París durante los últimos años de su vida. Lo había perdido todo, pero seguía siendo un imán, un genio caído en desgracia, un ejemplo para cualquier letraherido que se dejara embriagar por la bohemia de la ciudad más bonita del mundo. 



8. Niño prodigio, de Michael Kuppermann (Blackie Books, 19,90€).

Joel Kupperman fue quizá el niño más famoso de Estados Unidos para toda una generación. Entre los años treinta y cuarenta participó en centenares de programas del Quiz Kids, primero en la radio y después en la televisión, respondiendo correctamente a todo tipo de preguntas imposibles. Desde los seis años era capaz de resolver de cabeza cualquier cálculo matemático imaginable, y se convirtió en un ídolo de masas yanqui durante la Segunda Guerra Mundial. Pero, ¿de verdad quería estar todos los viernes delante de todo el país respondiendo preguntas? ¿De qué le servía a él toda esa inteligencia disparatada?
Este cómic es la historia de la infancia de Joel Kupperman contada por Michael Kupperman, su hijo. Una indagación en los traumas silenciados de un hombre que parecía haber nacido teniendo una respuesta correcta para todo. Excepto para las preguntas que no era capaz de imaginar.


9. Irmina, de Barbara Yelin (Astiberri, 27€).

Irmina, la joven alemana protagonista de esta historia, se enamora de un universitario negro llamado Howard en el Londres de los años treinta, y ve cómo la situación política de su país, junto a su situación personal, la alejan con fuerza de él. Cuando un día el correo le devuelve la última carta dirigida a Howard, se da por vencida y, poco a poco, empieza a dejarse llevar por el torbellino social de su país. Hasta entonces nunca se había interesado por la política. Había decidido no querer ver ni saber las consecuencias del terror nazi. Se había puesto la venda que voluntariamente se pusieron millones de alemanes hasta el final de la guerra para no tener que cargar después con el peso del horror del que de alguna manera habían sido cómplices.



10. La misión de Alou, de Christian Lax (Ponent Mon, 32€).

Alou encuentra un día una estatuilla de madera que se ha salvado milagrosamente de la destrucción yihadista en su país, Mali. Ya se sabe que su devoción fanática persigue todo aquello que no se ajuste a su estrechísima concepción del mundo, ya sean personas o representaciones artísticas. Cuando se entera de la antigüedad de la estatuilla, llamada Maternidad roja, y de su valor incalculable, decide esconderla para ponerla a salvo. Pero, ¿cómo conseguirlo si su propia vida corre el mismo peligro que la Maternidad roja que se ha propuesto salvar de la destrucción?






miércoles, 18 de diciembre de 2019

NUESTROS DIEZ FAVORITOS INFANTILES

Este año tenemos a un superratón detective que juega a ser Sherlock Holmes, a una langosta encantadora que quiere cenar pero no convertirse en cena, a una foca y una tortuga que por nada del mundo quieren volverse humanas, a unos ratoncitos minúsculos que van saltando de viaje en viaje, a una gallina llamada Manuela sedienta de aventuras, ¡y de que la dejen bañarse en el mar! Y a Perro Apestoso, el perro callejero más bueno, tontorrón y simpático que hemos conocido nunca. Pero no todos los protagonistas de nuestros diez favoritos son animales. También tenemos a unos niños que deciden que el mejor sitio para vivir puede ser en la copa de un árbol, a un violín que en las manos de Patrick hace magia con sus melodías y a todo un continente llamado África que alberga miles de sorpresas para niños de todas las edades. 

Niños y niñas, preparaos, porque un año más os volvemos a llevar de viaje por los mundos de fantasía y realidad que pueblan nuestros diez favoritos infantiles.
¡Cosecha Benedetti!



1. La ola de estrellas, de Dolores Brown y Sonja Wimmer (Nubeocho, 15,90€).

Un día, Mimbi y Kipo, una tortuga y una foca, estaban jugando tan felices que no se dieron cuenta de la hora ni de la tormenta y cuando salieron a la superficie contemplaron un enorme arcoíris lunar. Intentaron cerrar los ojos pero, oh, era demasiado tarde. Cuando los volvieron a abrir, sus aletas se habían convertido en manos y sus pulmones les pedían todo el rato aire y aire y más aire. 
Así empieza esta historia mágica de amistad y fantasía, que llevará a Mimbi y Kipo a buscar la famosa ola de estrellas en una aventura que recordarán siempre. Acompañada de unas ilustraciones preciosas y emotivas, esta leyenda es de las que no se olvidan fácilmente. 


2. Lenny Langosta se queda a cenar, de Fin Buckley, Michael Buckley y Catherine Meurisse (Libros del Zorro Rojo, 14,50€).

Lenny Langosta es un tío formidable. Qué bigotes, oye. Qué porte. ¿Has visto cómo mueve las caderas? Ni un dandi francés le iguala en elegancia. Y es que se dirige a una cena de gala. Ni más ni menos. ¡Una cena de gala! ¡Y qué recibimiento! Todos le esperan con una alegría nunca vista. Sin duda, se lo merece. Lenny es el mejor. ¡Pero si los comensales incluso llevan un barbero con su foto!
"¡Espera, Lenny! ¿Seguro que te quieres quedar a la cena?"
¿Y tú, lector? ¿Qué piensas? ¿Debería el bueno de Lenny quedarse a cenar? Según lo que decidas pasarás de una página a otra del cuento y verás qué sorpresas esperan a Lenny en la cena de gala más glamurosa, salvaje y divertida que te puedas imaginar. 


3. Cómo hacer una casa en un árbol, de Carter Higgins y Emily Hughes (Libros del Zorro Rojo, 13,90€).

Todo lo que necesitas para hacer una casa en un árbol es tiempo, mirar hacia arriba, abrir los ojos de la imaginación... y leer este libro. Sí, sí, leer este libro, porque es un pequeño manual de instrucciones para dejarse llevar por el juego de vivir en otros lugares menos aburridos que una simple y banal casa. Para ello hacen falta sin duda clavos, madera, almohadas y bocadillos. Pero también un gorro de pirata y una noche estrellada. Todo está en este libro. Y en la mente de todos aquellos que quieran ver en la naturaleza no solamente un decorado, sino un entorno vivo, hermoso y excitante lleno de posibilidades para vivir aventuras salvajes.



4. Perro Apestoso, de Colas Gutman y  Marc Boutavant (Blackie Books, 12,90€).

Perro Apestoso vive en un cubo de basura con Gatochato, su amigo del alma, que debe su nombre a que un día un camión le atropelló y se quedó más chato que una radiografía. El nombre de Perro Apestoso se debe a que..., bueno, creo que se explica por sí solo. Parece una moqueta rasposa y es tan desgarbado que a veces ni siquiera parece un perro, pero lo cierto es que Perro Apestoso es el animal más bueno y entrañable y divertido que te puedes encontrar por la calle. Y por los libros.
No se me ocurren mejores amigos que Perro Apestoso y Gatochato. Así que, niños de cinco a ocho años, escuchad: si queréis revolcaros de risa y encontrar felicidad hasta en los cubos de la basura, leed las aventuras de estos dos amigos. Las recordaréis toda la vida.


5. Perro Apestoso va al cole, de Colas Gutman y  Marc Boutavant (Blackie Books, 12,90€).

Mientras que en su primera aventura Perro Apestoso salía a buscar a un amo que lo quisiera, en su segunda aventura, Perro Apestoso irá en busca del conocimiento. "Sueña con el día en que por fin sabrá leer para contarle cuentos a Gatochato". Pero la realidad de la escuela, la prestigiosa Royal Perrins School, exclusiva para perros, tampoco es como la había imaginado. ¿Cómo es posible que todos esos perros pijos y relamidos no le dejen jugar a fútbol con ellos, a menos que haga él de pelota? Al final, Gatochato le viene a recoger con unas migas de cruasán de chocolate como premio, "¡incluso ha encontrado un trozo de chupachups por el suelo!", y se vuelven a casa, digo, a su cubo de la basura, donde Perro Apestoso podrá enseñarle a su amigo lo que cuesta aprender a leer, y donde podrán seguir soñando "con todas las aventuras emocionantes que les depara la escuela de la vida".



6. Superratón y el robo del gran queso, de M. N. Thal y Mark Chambers (Edelvives, 14,90€).

La noticia del robo del Gran Queso está corriendo como la pólvora por Ratonópolis. ¿Quién ha sido el ruin ratero que ha robado este magnífico manjar? ¿Podrá nuestro héroe enmascarado, Superratón, capturar al malévolo malhechor antes de que sea demasiado tarde?
Este cuento es para pequeños detectives con el olfato muy fino. Encierra montones de secretos tras montones de solapas y es que la tarea es importantísima: no hay crimen peor que robarle un queso a una colonia de ratones. Superratón es un irresistible Sherlock Holmes con capa de superhéroe dispuesto a todo. ¿Le acompañas en su aventura?



7. Ratones de viaje, de Oli y Natalia Colombo (Kalandraka, 13,00€).

Este el cuento para más peques de nuestra selección. Y no sólo porque los encantadores ratoncitos que lo protagonizan son diminutos, sino porque está escrito con una rima que no te suelta y no hay que hacer nada para que por sí solo pueda transformarse en canción. En la caravana de estos viajeros cabe de todo, trajes de galas, maletas y mucho sol. Y las aventuras de sus ocupantes irán enlazándose unas con otras como las rimas del cuento, que toman la última palabra de cada página para empezar la siguiente, subiendo dunas, volando en parapente, buceando en el mar, y haciendo lo que todo ratoncito hace todos los días: pasárselo requetebién. 



8. La extraordinaria historia de la gallina Manuela, de André Bouchard (Edelvives, 10,90€).

La gallina Manuela está sedienta de aventuras, ¡y de que la dejen bañarse en el mar! Y es que trabaja de sol a sol, la pobre, no para ni un segundo, poniendo huevos a diestro y siniestro, y se merece un poquito de descanso. Y aunque el niño de este cuento no termine de creerse que la gallina Manuela se lava los dientes, lee por las noches y sabe volar, lo cierto es que la gallina Manuela puede y sabe hacer todas estas cosas estupendamente, tan bien como cualquiera. Puede hasta bañarse en el mar sin bañador ni nada, aunque si hace falta se calza un bañador en un segundo y listo. ¿Un simple bañador le va a impedir bañarse en el mar? ¡Ja!



9. El violín de Patrick, de Quentin Blake (Blackie Books, 14,95€).

Quentin Blake es único. Dibujante de cabecera de Roald Dahl, comparte con este su gusto por la fiesta, la excentricidad y la explosión de humor puro e inocente que en ocasiones se tiñe de una encantadora mala uva. El protagonista de esta historia es un chico llamado Patrick que un día sale en busca de un violín. Va de puesto en puesto hasta que en el de Don Cebolla encuentra justo el que busca, y se lo lleva a cambio de su última moneda de plata. Tan contento está que se va al campo a tocarlo y cuál no es su sorpresa cuando ve que el sonido del violín llena de colores la naturaleza. 
"El mundo puede ser un lugar muy gris, muy serio, muy pobre". Pero a veces basta con el sonido de un violín y unos dedos alegres para llenarlo de fiesta, de humor y de colores. 



10. ¡Esto es África!, de de Atinuke y Mouni Feddag (Geoplaneta, 19,95€).

África es inabarcable. Y es mucho más que la serie de dramas que vemos en las noticias. Bien lo sabe nuestro querido Xavier Aldekoa que, desde el prólogo de este libro, resalta lo que las autoras han querido mostrar: "una mirada hacia otras Áfricas alegres, sabias, cargadas de historia y donde la gente se divierte. Es un libro lleno de optimismo, de alegría, de costumbres extraordinarias, de tradiciones antiguas y de fauna asombrosa. Este es un libro sobre el África de verdad. Por eso hay mil colores". 
Aquí cada país tiene su espacio y es una ventana fantástica para que los niños y niñas a partir de seis o siete años puedan adentrarse en ese mundo mágico, tan distinto al nuestro en muchas cosas y tan igual en lo esencial, que es África. 




lunes, 16 de diciembre de 2019

NUESTROS DIEZ FAVORITOS

Ya lo decíamos el año pasado: jerarquizar el placer y el gusto es un despropósito. Así que este año nuestra lista de favoritos, una vez más, no sólo no es jerárquica (tan bueno es el primero como el décimo) sino que ha estado cambiando hasta el último momento y seguirá cambiando a partir de enero, a medida que vayamos enamorándonos de nuevas novelas.

En 2019 hemos seguido muy pendientes de África, en esta ocasión a través de la literatura de dos autores europeos que nos encantan. Nos hemos ido dos veces al París de los años veinte siguiendo la pista de artistas y banqueros. Hemos atracado cientos de bancos y joyerías con el ladrón más prolífico y encantador de la historia de Estados Unidos. Hemos vivido la violencia contra las mujeres en la piel de una mujer latinoamericana que se hace pasar por una muerta y en la de una chica criada por la fuerza en lo más profundo de la naturaleza de Carolina de Norte. Hemos disfrutado de la tensión psicológica de un noir gallego rompedor, hemos aprendido a amar todavía más los libros a través del exquisito ensayo de nuestra querida Irene Vallejo, y por último no hemos podido resistirnos a incluir una novela irónica, bella y fastuosa que, aunque publicada a finales del 2018, nos ha dado toda la felicidad del mundo a lo largo de todo este 2019. 

Aquí están, por méritos propios, nuestros diez favoritos de 2019. Aunque quizá la semana que viene caigamos rendidos ante nuevas novelas y la lista cambie. Como la vida y las cosechas, que nunca se están quietas. 
¡Cosecha Benedetti!



1. El infinito en un junco, de Irene Vallejo (Siruela, 24,95€).

Irene Vallejo ha escrito el ensayo más adictivo y conmovedor que hemos leído este año. Un ensayo sobre el origen de los libros en el mundo clásico, sobre cómo los libros y nuestra relación con ellos a lo largo de la historia nos han hecho ser quienes somos. La autora ha conseguido algo poco común en los libros de historia: que interese, enseñe y conmueva a partes iguales. Se nota que escribe desde la pasión y el amor, que escribir para contar historias no sólo es su trabajo, sino una vocación con raíces profundas. Ella lo dice así de bonito: "Escribo porque [...] me fascina la delicada urdimbre de las palabras. Me siento heredera de esas mujeres que desde siempre han tejido y destejido historias. Escribo para que no se rompa el viejo hilo de voz".
Querida Irene, el viejo hilo de voz lo has convertido en río inagotable.



2. Belleza roja, de Arantza Portabales (Lumen, 19,90€).

Los seres humanos tenemos entre cuatro y seis litros de sangre en el cuerpo. Suficientes para cubrir el suelo de una habitación de diecinueve metros cuadrados. Sé lo que mide la habitación porque ayudé a Sara a amueblarla. Diecinueve metros cuadrados cubiertos de sangre.

Así comienza la novela de intriga que ha revolucionado a toda la familia este verano. Llaman a su autora la nueva dama de la novela negra española y nos parece que, como punto de partida en su carrera literaria de misterio, este libro es un cohete que ha llegado a la luna.



3. Estoy contigo, de Melania G. Mazzucco (Anagrama, 19,90€).

Esta novela cuenta una historia de dolor. Una historia real que empieza en el Congo, pasa por la selva y un campo de tortura hasta terminar en la estación de Termini, en Roma, en la piel de una mujer llamada Brigitte que lo ha perdido todo excepto su vida, y que no sabe qué va a poder hacer a partir de ahora con ella. Estoy contigo es una mano tendida, una frase de aliento para ofrecérsela a todos los que llegan a Europa, naufragados de vidas imposibles, y no tienen a nadie que esté con ellos. Porque llegar a Europa es su objetivo. Pero también el principio de otro viaje no menos doloroso y aterrador para los miles y miles de refugiados que llegan a nuestras costas para buscar una vida mejor, o para salvarse, como Brigitte, de una muerte segura.



4. La edad de la luz, de Whitney Scharer (Salamandra, 20,00€).

El París de los años veinte, vaya época para soñar. Esa fiesta perpetua que describió Hemingway quizá sirviera de imán para que una jovencísima norteamericana llamada Lee Miller cruzara el charco y se enamorara perdidamente de esa bohemia francesa tan distinta de la vida neoyorquina en la que se había criado. De la bohemia, y de Man Ray, por supuesto, el famoso fotógrafo del que aprendería a convertir su mirada de esteta en arte. A través de esta historia de amor, turbulenta donde las haya, acompañamos a Lee por una época llena de vaivenes sociales y políticos en una novela cercana y sensible, íntima y vibrante. 




5. A plena luz, de J. R. Moehringer (Duomo, 19,80€). 

Pasó de enemigo público número uno a héroe popular. Convirtió el atraco de bancos en un arte elevado que requería estudio, preparación, técnica, y a la vez innovación y creatividad. Se fugó de tres cárceles de máxima seguridad y se pasó la vida rehuyendo al FBI, que iba tras él con una mezcla de inquina y fascinación. Célebre por no recurrir nunca a la violencia, Willie Sutton fue el ladrón que nunca disparó un tiro.
J. R. Moehringer, que ya nos fascinó hace algunos años con El bar de las grandes esperanzas, ha recreado la vida de este hombre inigualable en una novela con chispa, socarrona y ocurrente, vitalista y jovial.



6. La chica salvaje, de Delia Owens (Ático de los libros, 17,90€).

¡Son tantos los temas actuales que aborda esta novela! Está ambientada en los años cincuenta y sesenta en unas marismas en Carolina de Norte, pero cada aspecto de la trama tiene ramificaciones que nos llegan a la actualidad de todos los días. El maltrato dentro de la pareja y, por extensión, en la familia, el machismo exacerbado, la indiferencia de la sociedad ante la vulnerabilidad de los niños, la violencia sexual en la adolescencia, el racismo, el alcoholismo. Toda esa carga negativa se equilibra en Kya, un personaje valiente y entrañable que desde los seis años se ve obligada a sobrevivir en las más difíciles circunstancias. La naturaleza en las marismas de Carolina del Norte es protagonista omnipresente y toda la novela transmite es una oda a la naturaleza como refugio, como fuente de vida y de belleza. 



7. La hija de la española, de Karina Sainz Borgo (Lumen, 18,90€). 

Esta es la novela más dura, más implacable de nuestra selección. Y, a la vez, quizá la más lírica, también. Sucede en una ciudad al borde del colapso. Quizá Caracas, quizá cualquier otra. Una ciudad regida por una violencia imprevisible que condena a la mujer protagonista a tomar decisiones imposibles para lograr sobrevivir. Abrirle la puerta a esta novela entraña cierto riesgo. Su voz, esa voz de una conciencia que relata la crónica de un derrumbe social, araña y desgarra, no se está nunca quieta. Permanece en la memoria, una vez acabada la historia, como el lamento profundo y universal de los supervivientes. 



8. Indestructibles, de Xavier Aldekoa (Península, 17,90€). 

Al igual que hizo con su primer libro, Océano África, Xavier Aldekoa insiste en las historias de Indestructibles en que dejemos de tratar de entender África solamente a través de sus heridas. Que dejemos la mirada compasiva y la sensibilidad blandita y nos acerquemos a sus historias a través de todo lo que no duele, que también es vida. "Si más allá de contar el sufrimiento, las conversaciones giran también alrededor de la vida, algo mágico ocurre: la superviviente se convierte en una niña que odia las espinacas, que baila y canta y que hace trampas al parchís cuando su hermana no mira. Que tiene problemas, miedos y dudas, por supuesto, pero sueños también. Como nosotros".



9. Los colores del incendio, de Pierre Lemaitre (Salamandra, 20,00€). 

Volvemos al París de Lee Miller pero, en este caso, siguiendo la pista de la familia Péricourt, que ya conocimos en la novela más famosa de nuestro admirado Pierre Lemaitre, Nos vemos allá arriba. Aquí planea la idea de venganza, la venganza de una mujer, perteneciente a una familia de banqueros, a la que la crisis deja despojada de todo por lo que ella pensaba que merecía vivir. Es una novela de aventuras un poco al estilo de Dumas sobre la ambición desmesurada de una generación que se creía con derecho a todo, sobre la corrupción política como norma y sobre una pasión vengadora capaz de erizar la sensibilidad más dormida y convertirla en seguidora apasionada de su causa.



10. Un caballero en Moscú, de Amor Towles (Salamandra, 24,00€).

Esta novela es un tesoro. Un chute de chispa, ironía y vivacidad. Un homenaje a la ligereza inteligente para compensar esa fastidiosa tendencia de los seres humanos a tomarnos a nosotros mismos demasiado en serio. A través de la mirada delicada y ocurrente de Alexander Rostov, vemos pasar las décadas en Moscú y desfilar por el hotel en el que vive a esos jefecillos bolcheviques que se llaman camarada y se dicen tan modernos y tan iguales cuando siguen lamiendo la bota que se cierne cada día sobre sus cabezas y se siguen volviendo locos por cenar con cubertería de plata. Nada escapa a la vista y al oído del bueno de Rostov: desde los chismorreos en las cocinas hasta las miradas silenciosas que desatan guerras en los salones privados, todo lo atesora en su memoria, porque todo es vida, relato, anécdota, y, quién sabe, todo puede un día servir para cambiar una vida.