jueves, 19 de septiembre de 2019

UNA MUJER INOPORTUNA

Son ricos. Descaradamente ricos. Llevan tantas generaciones nadando en millones que ni siquiera conciben que se pueda realmente vivir de otra forma. Son elegantes y directos, caminan por el mundo como si este les perteneciera y consideran normal dictar titulares y sugerir a los periodistas qué noticias es mejor que no publiquen. Tampoco tienen reparos en pedirle a un comisario que no investigue esta estafa o aquel homicidio. No hay nada que deseen que no puedan obtener y ningún error o crimen que su dinero no pueda borrar. Son gente acostumbrada a la veneración pública, y si su vida es tan perfecta e intachable es simplemente porque son demasiado importantes como para que sus corrupciones queden registradas en algún sitio.

Son poderosos. Descaradamente poderosos. Pero su poder se asienta sobre la imagen que proyectan en los demás. Sobre el miedo en los ojos del periodista o del comisario cuando escuchan su apellido por teléfono. Su poder depende de la fascinación que provocan. Y no saben que tanto el miedo como la fascinación son volátiles, que esa cosa intangible tan importante para ellos llamada reputación se puede romper en mil pedazos con un simple error. Que un deseo prohibido puede hundir su posición social como una ráfaga de viento haría con un castillo de naipes. 

Dominique Dunne ha retratado en esta novela la vida frívola y desmesurada de las clases altas californianas de los años noventa. El protagonista, Jules Mendelson, es un experto en asuntos financieros, acostumbrado a llevar una vida basada en la respetabilidad y en el poder, en la influencia sobre la sociedad ejercida siempre por detrás, en la sombra, siempre en beneficio propio. Porque lo que es bueno para la familia Mendelson es también bueno para los demás. Y no hay nada en lo que Jules Mendelson crea con mayor fe. Sin embargo, no todo es dinero en la vida de las clases altas. Ni cenas elegantes. Ni cotilleos, ni trapicheos en la sombra. También hay deseo. Y tentaciones. Y un montón de cosas sencillas y normales que la moral cicatera estadounidense consideraría pecado inadmisible. 

Me ha gustado la prosa elegante de Dunne. Escribe con la fluidez de un buen bailarín y he disfrutado de las casi seiscientas páginas de Una mujer inoportuna como de un baile incansable y embriagador. Y me ha hecho pensar en la importancia que damos a la opinión de los demás para definir nuestra identidad. En cómo una decisión íntima puede destruir la vida de una persona. Y cómo la moral, esa moral mezquina y miserable heredada de tantos siglos de mojigatería cristiana, puede hundir en la miseria a las personas que osan desafiar los convencionalismos sentimentales. 

Esta novela me ha enseñado una vida que nunca conoceré, pero que no termina de resultarme ajena. Qué lejos pueden quedar ciertos lujos y cierta omnipotencia. Y qué cerca la furia de los que se ofenden por las intimidades de las vidas ajenas. 




lunes, 16 de septiembre de 2019

LA EDAD DE LA LUZ

Una historia absorbente, intensa, sensual, creativa. Una ficción inspirada en la vida de dos fotógrafos que marcaron historia, Lee Miller y Man Ray. Una relación tormentosa pero fructífera artísticamente que se inició en 1930 y apenas duró tres años. 

Lee (1907-1977) era hija de un fotógrafo alemán que desde niña la utilizó para sus fotografías, incluso en desnudos. Fue violada a los siete años por un amigo de la familia y esa circunstancia marcó, como es tan frecuente, una vida difícil y llena de contradicciones.

A los diecinueve años fue portada de Vogue y durante dos años ejerció de modelo en Nueva York. Asqueada de este tipo de vida, se trasladó a París con el deseo de ser fotógrafa, conoció a Man Ray, quien ya tenía un estudio, y empezó siendo su ayudante, pero en poco tiempo se convirtió en su musa y amante en el excitante y bohemio París de los años treinta.

Participaron ambos en el movimiento surrealista creando imágenes ingeniosas, humorísticas y eróticas. Lee descubrió una técnica que llamaron solarización, que Ray se adjudicó como si hubiera sido una invención solo suya. También muchas de las fotografías que él firmó habían sido hechas por Lee, incluso recibió a su nombre un premio importante en Estados Unidos por una obra realizada por Lee. Ella era su propiedad y todo lo que la concernía era suyo. 

En los años treinta Lee le abandonó y regresó a Nueva York, abriendo allí un estudio propio. En París participó en una película de Jean Cocteau, con quien se consolaba de los desaires de Ray. También conoció a Paul Eluard, Pablo Picasso y Tatiana Yákovleva, la sofisticada moscovita cuya hija escribió aquella estupenda biografía titulada Ellos

Al final de la Segunda Guerra Mundial se involucró como fotógrafa de guerra en dejar constancia de la barbarie que esta había supuesto, los efectos del napaln en el asedio a Saint Malo por el ejército norteamericano a las órdenes del General Patton, que con sus bombardeos destruyeron la mayor parte del pueblo en 1944, la liberación de París, la batalla de Alsacia o el horror de los campos de concentración.

La edad de la luz ha sido una lectura apasionante que me ha trasladado a una época que nunca deja de fascinarme.

Lee Miller




martes, 10 de septiembre de 2019

NUEVAS TARDES EN LA LIBRERÍA

Una de las cosas que más me gustan de trabajar en la librería es la oportunidad de encontrarme con gente peculiar. Buscar el tono y el momento para escribir sobre sus peculiaridades. Y acabar descubriendo que casi siempre son las mismas peculiaridades que todos llevamos dentro.

Todo empezó como si nada. Las frases sueltas se convirtieron en anécdota. Las anécdotas en un género libresco. El género se convirtió en libro. Y ahora el libro ha engendrado descendencia. Y todo esto me ha hecho disfrutar del oficio librero como nunca habría pensado.

Mil gracias a todos los que habéis acompañado las andaduras de estas tardes en la librería. Este es mi pequeño homenaje a las pequeñas librerías y a toda la vida que se esconde en ellas. Brindemos por que vivan una larga larga vida.






lunes, 9 de septiembre de 2019

DESCONOCIDOS (firma invitada)

¡Cómo me cuesta a veces recomendar libros a adolescentes! Siempre tengo miedo a equivocarme y que esa decepción lectora les lleve a abandonar lo que para mí es una pasión. Los jóvenes actuales tienen una forma de ocio muy marcada por el mundo digital y sus amigos, y arrebatarles ese tiempo para poner en sus manos una novela que les defraude puede resultar a veces un desastre.

En eso pienso cuando en el instituto me piden recomendación y quien lo hace no es una persona muy habituada a leer. Sé que la decepción lectora no es la misma en un lector avezado que en uno principiante. Por eso, cuando alguien que no está acostumbrado a los libros da el paso de buscar algo que llevarse a las manos, la responsabilidad es tremenda. También lo es cuando desde los departamentos de Lengua y literatura elegimos la lista de libros obligatorios para el curso. Muchas veces acertamos y otras muchas, no. A veces es cuestión de suerte, de dar con los gustos, pero creo que hay más condicionantes que entran en juego.

Uno de los requisitos fundamentales para saber qué les gusta a los adolescentes es conocerlos bien. Y cada uno es un mundo: no hay un adolescente único, aunque a veces parezca que se disfrazan con la máscara y cumplen su rol. Creo que David Lozano, el autor de Desconocidos, está muy al tanto de esta realidad, por eso en esta novela ha dado con la llave para convencerlos a todos. Creo que su novela encaja a la perfección con diferentes perfiles e incluso con diferentes edades –yo la recomendaría a partir de los catorce años–.

Premio Edebé de literatura juvenil en 2018, Desconocidos es una obra que engancha desde el primer momento porque es capaz de ponerse en la piel de dos jóvenes que acaban de conocerse en persona después de dos meses de charlas nocturnas a través de las redes sociales. La novela juega con esa idea tan manida en la literatura sobre los juegos de identidad y que nadie es quien parece, pero lo hace de una forma nada previsible y que mantiene el interés hasta el final.

La estructura del libro propone dos tramas que se suceden de forma paralela y están unidas por una misteriosa muerte. Así que a la vez que vamos conociendo los sentimientos y emociones de los dos jóvenes, asistimos a la investigación por la muerte de otro chico que parece que tiene algo que ver con ellos.

La novela ahonda en la psicología de los personajes: ¿cómo puede una joven de diecisiete años arriesgarse y dar el paso para conocer a alguien por primera vez sin tener más pistas que unas conversaciones en Twitter?, ¿qué motiva a un universitario a llevar una doble vida?, ¿por qué querría suicidarse un adolescente?, ¿cómo librarse del acoso de un exnovio?

David Lozano sigue confirmándose, con esta novela, como uno de los autores de literatura juvenil, dentro del género de misterio, más destacados y que mejores historias nos puede seguir ofreciendo.




jueves, 5 de septiembre de 2019

MANDELA Y EL GENERAL

Hace unos diez años leí aquella maravilla titulada El factor humano, de John Carlin (de la que luego Clint Eatswood hizo una gran película con Matt Damon y Morgan Freeman). Me impactó. Me impactó muchísimo. Me enseñó que la política, el deporte y la ideología no tienen ningún sentido si no es a través de su factor humano. Que lo urgente y lo imprescindible consiste siempre en borrar las ideas y los cálculos para ver a las personas detrás de cualquier decisión, de cualquier empresa. Nelson Mandela, con todas sus contradicciones, es un ejemplo, para mí, de hasta qué punto la capacidad de perdonar y de seducir al adversario puede sanar y unir a una comunidad herida por el odio y la violencia. 

Aquel libro trataba la liberación de Mandela y sus primeros años como presidente a través de una historia de rugby. Me gustó mucho cómo Mandela convirtió el deporte nacional, un deporte de blancos jugado por blancos, en un símbolo que pudiera hermanar a todos los sudafricanos. El rugby, sospecho, no era más que una excusa. Cualquier cosa que pudiera resultar útil para combatir el odio racial debía ser aprovechada. 

En este cómic, John Carlin retoma aquellos años pero bajo un prisma diferente. Mientras que en El factor humano el rugby era el motor de la historia, aquí el eje es la relación que tuvieron Mandela y el general Constand Viljoen, un militar reverenciado por los más fervientes defensores del apartheid. Este general lideró un movimiento armado, de estética e inspiración inquietantemente nazi, que defendía la necesidad de una sudáfrica exclusivamente blanca y que a punto estuvo de provocar una guerra civil.




A principios de los años noventa, Sudáfrica era un país inestable. El odio racial, alimentado por cincuenta años de violencia institucionalizada, había cristalizado en la amenaza de una guerra civil. Mandela comprendió que el peligro consistía en que los blancos, tal y como decían sus proclamas, siguieran pensando que los negros eran unos perros rabiosos, sedientos de venganza, que querían acabar con todos ellos. Para combatir esa idea, se le ocurrió hacer lo que ya le había funcionado otras veces: invitar a Constand Viljoen a tomar el té. Y, de nuevo, ocurrió el milagro. Viljoen descubrió que ese hombre, tras pasar más de treinta años encerrado en una cárcel por culpa de sus ideas, no sólo no estaba sediento de venganza, sino que ofrecía una sonrisa, una inteligencia despierta y las manos abiertas al líder de los que lo querrían muerto, con el objetivo de salvar a su país, el país de los dos, de un baño de sangre. 

Este cómic cuenta esta historia con unas ilustraciones veloces y directas, de trazo afilado y pocos colores. Retrata en pocas páginas aquel momento decisivo, y esa extraordinaria capacidad de Mandela para desactivar el odio con la seducción de las palabras, que tanta falta nos hace a todos siempre.




lunes, 2 de septiembre de 2019

INDESTRUCTIBLES

A menudo es en la alegría donde reconocemos al otro como un igual. En la risa. Las carcajadas son un espejo en el que todos nos miramos y nos reconocemos como iguales. La tragedia, sin embargo, casi siempre encierra el enigma de la culpa. Uno llega al sufrimiento por caminos tortuosos, llenos de tropiezos y de errores, y nunca es fácil saber distinguir cuánta responsabilidad tiene uno en sus propias desgracias. La tragedia nos despierta la compasión, mientras que la risa nos conecta a un nivel más instintivo, más profundo. No hay cálculo en dos personas que se ríen a la vez por el mismo chiste. El espejo es transparente. Tú eres yo y yo soy tú porque nos reímos a la vez y por lo mismo. 

Al igual que hizo con su primer libro, Océano África, Xavier Aldekoa insiste en las historias de Indestructibles en que dejemos de tratar de entender África solamente a través de sus heridas. Que dejemos la mirada compasiva y la sensibilidad blandita y nos acerquemos a sus historias a través de todo lo que no duele, que también es vida. "Si más allá de contar el sufrimiento, las conversaciones giran también alrededor de la vida, algo mágico ocurre: la superviviente se convierte en una niña que odia las espinacas, que baila y canta y que hace trampas al parchís cuando su hermana no mira. Que tiene problemas, miedos y dudas, por supuesto, pero sueños también. Como nosotros". 

Esta voluntad de acercarse al otro para reconocerlo como ser humano, y a la vez reconocerse en él, me parece uno de los grandes retos de nuestros días. Mientras haya gente que siga deshumanizando a los demás en función de su color de piel, de su origen, su clase social, su sexo o su orientación sexual, seguirá siendo necesario esforzarse por revertir esa violencia con historias que nos prevengan contra ella. Y qué mejor forma que hacerlo de la mano de quienes saben contarlas y llegan al fondo de las cuestiones que de verdad importan. Uno de esos contadores de historias es Xavier Aldekoa. Con cada libro suyo lloro. Con cada libro suyo aprendo. Me alegra saber que nunca dejaré de hacerlo. 

En Indestructibles la infancia lo invade todo. A través de pequeñas escenas cotidianas de su hija Lena en su casa de Barcelona, Xavier conecta las inquietudes de los niños a un lado y otro del Mediterráneo. Los juguetes de peluche que vienen y van entre los brazos de Lena y los de los niños africanos de decenas de países son un puente, uno de los puentes más bonitos y directos por los que la vida transita, un puente que conecta dos mundos aparentemente muy diferentes pero que, en lo esencial, se parecen como dos mujeres riéndose a la vez con la misma broma.


Xavier Aldekoa (izquierda)

Para aprender de lo distinto hay que dejar de pensar que nuestra forma de ver y entender el mundo es universal.
Todos podemos adivinar para qué sirve un árbol vivo.
Pero para adivinar la utilidad de un árbol muerto hay que mirar un poquito más allá. 
O ser un pájaro con ganas de dormir. 



viernes, 30 de agosto de 2019

COMISARIO DUPIN

Cuando P. y yo decidimos que Bretaña sería nuestro hogar de acogida para las vacaciones de verano, me acordé de que un señor mayor muy asiduo, lector fanático de novela policiaca, me había hablado con fervor de la serie del comisario Dupin. Es entretenidísimo, tienes que leerlo, me decía cada vez que se llevaba uno. Se nota que el autor vive esa región con pasión, te cuenta cada detalle de las costumbres, la comida, la bebida, ese clima tan loco de las zonas costeras, las leyendas celtas, y hasta hace de guía turístico diciéndote dónde comer la mejor langosta y saborear el lambig más fuerte ¡con lugares con nombres reales! Yo me fui con sus libros en la maleta, me dijo. Y fue un acierto. Viví Bretaña de otra forma, de verdad.

Había un brillo tan bonito en sus ojos cansados que ¿qué iba a hacer yo? Pues hacerle caso, claro.

Y tenía razón. Bretaña es un personaje fundamental en cada uno de estos libros, el sustrato en el que se asienta la trama y que da color y sabor a cada giro argumental. Uno diría que algo así sólo se puede hacer siendo bretón, pero basta con mirar el título original de los libros e indagar un poquito para descubrir que Jean Luc Bannalec es el seudónimo tras el que se esconde el escritor Jörg Bong, un alemán que se enamoró perdidamente de la costa sur bretona hace muchos años y que decidió rendirles homenaje a sus paisajes y sus gentes con esta serie policiaca que le ha convertido ya en un habitual (casi una celebridad) de los cafés y las callejuelas de Concarneau. Digan lo que digan los amantes del nacionalismo cultural (y la mayoría de los bretones de pura cepa descritos en esta serie), no hace falta haber nacido en un lugar para pertenecer a él y amarlo como propio. Basta el amor. 

Jörg Bong
De las siete novelas publicadas hasta el momento, he leído las dos primeras. Y he pisado, junto a P., las calles y cafés que describe en las dos, como buen seguidor de este comisario perspicaz y ensimismado con un aire a Maigret. Pont Aven y Concarneau no necesitan de excusa novelesca para merecer una visita. Son dos joyitas de cuento, con sus esquinas pintorescas, sus casitas medievales y los barcos destellando su blancura al sol. Pero si a la belleza de todo le podemos sumar la emoción de un comisario siguiendo pistas imposibles sobre pintores célebres, cuadros robados o desapariciones en la playa, el viaje se vuelve doblemente interesante. Me quedan cinco novelas. Y me las voy a dosificar para disfrutarlas despacio, como mejor se disfruta todo lo bueno. Cinco novelas. Cinco viajes más por hacer, figurados y reales, para seguir descubriendo Bretaña. 




miércoles, 28 de agosto de 2019

MONTAIGNE

Torre del castillo de Michel de Montaigne
Era principios de agosto y el sol pegaba fuerte. Los grillos cantaban con furia en las cunetas de la carreterilla secundaria que nos llevaba al pueblito de Saint Michel de Montaigne, en el Périgord. Los carteles con el retrato de Montaigne anunciando su famosa torre compartían espacio con publicidad de innumerables viñedos. En la tierra del Burdeos, ni los filósofos se libran de la asociación vinícola.

Cuando empezó la visita, éramos apenas diez personas alrededor de la guía, y todo invitaba a la calma y a la introspección. Ella nos hablaba de guerras y de incendios pero cuando uno sacaba la cabeza por una de las estrechas ventanas de la torre, la sensación era de que todo seguía igual que cuatro siglos atrás. Las frases latinas y griegas parecían recién talladas en las vigas del techo y no costaba nada imaginar aquella biblioteca, ahora vacía, atestada de libros, y a Monsieur de Montaigne dando vueltas y vueltas a sus treinta metros cuadrados mientras dictaba sus pensamientos a Marie de Gournay, su jovencísima fille d'alliance. 

No se puede pensar sentado en una silla, decía el francés. Si el cuerpo descansa, los pensamientos se duermen. Sólo en movimiento las ideas se despiertan y se conectan unas a otras. Quizá tampoco se puedan entender del todo los escritos de Montaigne desde un sillón a mil kilómetros, y haga falta estirar las piernas, acercarse a su torre por esas carreterillas secundarias llenas de grillos y de calor, y subir a su biblioteca para ver con sus ojos los paisajes que él vio, y disfrutar la solidez de ese silencio, esa piedra y esa paz. 

Antes de visitar su castillo, ya había llegado a Montaigne por carreteras secundarias. La primera fue la biografía de Zweig, por el que siento tal afinidad que es casi imposible que un libro suyo no me interese. Como hizo con Castellio en su Castellio contra Calvino, Zweig subrayó de Montaigne su constante búsqueda de libertad y su rotunda negativa a plegarse a dictados y normas de ningún tipo. Desde su encierro voluntario en la torre de su castillo, escribió sobre sí mismo escribiendo sobre el mundo, fue alcalde de Burdeos por aclamación popular y medió en varias ocasiones entre reyes protestantes y católicos en unos años en los que la religión era motivo de las mayores masacres. Todo un héroe visto desde los tiempos turbulentos del nazismo que vivió Zweig. Y desde cualquier época, en realidad.

Después cogí otra ruta, esta todavía más directa: Un verano con Montaigne. Antoine Compagnon, que ya me encantó en su ensayito ¿Para qué sirve la literatura?es un compañero de viaje estupendo, ya sea para decirte por qué debes seguir leyendo novelas pasados los cuarenta o para abrirte ceremoniosamente la puerta, cual devoto mayordomo, de ese castillo inabarcable que son los Ensayos de Montaigne. Cuarenta capítulos cortos, cuarenta ideas sobre una variedad sorprendente de aspectos vitales, desde el amor por los libros o la fascinación por la belleza hasta los peligros del sobrepeso o nuestro pudor al hablar de sexo, que se leen en un suspiro y te llevan más cerca de la esencia del bueno de Michel que horas y horas intentando descifrar los enigmas de su prosa. El libro, por cierto, fue en origen un programa radiofónico retransmitido en verano que tuvo un éxito descomunal en Francia. Quizá sólo los franceses puedan disfrutar en masa escuchando filosofar sobre Montaigne a la hora del aperitivo en vacaciones.

De momento, el volumen de Ensayos lo he cogido poco. Media horita aquí, veinte minutos allá. Siento que ya lo conozco, por boca de otros, pero cada capítulo que empiezo me resulta radicalmente nuevo. Como si hubiera cambiado de la noche a la mañana. Como si el libro fuera algo vivo, un jardín que crece, un riachuelo que se bifurca. Sé que volveré a él porque nunca será el mismo y siempre encontraré algo nuevo y sorprendente en sus páginas. Porque la tolerancia, el discernimiento, la capacidad de escucha, la introspección, el humanismo, la ironía, la humildad o la libertad como necesidad vital no se terminan de aprender nunca. Igual que uno no termina nunca de conocer del todo los secretos de su propio jardín.






lunes, 26 de agosto de 2019

BELLEZA ROJA (firma invitada)

Los seres humanos tenemos entre cuatro y seis litros de sangre en el cuerpo. Suficientes para cubrir el suelo de una habitación de diecinueve metros cuadrados. Sé lo que mide la habitación porque ayudé a Sara a amueblarla. Diecinueve metros cuadrados cubiertos de sangre.
Así comienza la novela de intriga que ha revolucionado a toda la familia este verano. Llaman a su autora, Arantza Portabales, la nueva dama de la novela negra española –y gallega, añado yo, pues es en esta lengua como ella se desenvuelve con naturalidad y escribe sus novelas– y me parece que, como punto de partida en su carrera literaria de misterio en el circuito literario en castellano, este libro es un cohete que ha llegado a la luna. ¡Menuda manera de estrenarse en el género!

Debo reconocer que nunca he sido lectora de novelas de misterio o intriga, pero Portabales tenía tan buenos avales en el mundo librero, que me animé con Belleza roja justo antes de comenzar las vacaciones, deseando encontrar un remanso de paz para mi cerebro. Y todo lo contrario: la novela me atrapó casi desde el primer capítulo y no me soltó hasta que se descubrió la autoría del crimen en torno al cual gira toda la historia.

Como ocurre con buena parte de las novelas de este género, en Belleza roja nada ni nadie son lo que parecen. Una adolescente de quince años muere asesinada la noche de San Juan en su habitación y en la casa donde aparece su cadáver no ha podido entrar nadie, así que los cinco comensales de la cena que se está llevando a cabo en el jardín y la tía abuela de la víctima, recluida en su habitación, son los seis únicos posibles culpables del crimen. Una de ellas, además, intenta suicidarse unos días después. Entre estos posibles culpables se encuentran su madre y su tía –hermanas gemelas cuya relación ha sido siempre excelente–, su padre, la tía de su madre y una pareja de vecinos. Ninguno de ellos está libre de culpa y ninguno tiene coartada.

Como en las mejores novelas de Agatha Christie, la historia adquiere un ritmo trepidante cuando los policías encargados del caso comienzan a descubrir pequeñas pistas que no hacen más que desviarles de la posible resolución del caso. Infidelidades, celos y relaciones familiares muy tóxicas son los detonantes de una trama que deja sin aliento.

Además de la intriga en sí misma, lo más potente de esta novela es el uso del lenguaje, sus metáforas y una búsqueda de la estética que convierten esta pieza literaria en un cuadro por pintar o una pequeña pieza de arte que observar.



viernes, 23 de agosto de 2019

NIÑO PRODIGIO

Es un niño pequeño. No creo que llegue a los siete años. Cuando se sienta en el taburete, su tripa casi toca el teclado para que sus dedos alcancen las teclas, y sus piernas cuelgan a más de dos palmos del suelo. Es un niño pequeño, pero cuando se pone a tocar me tengo que frotar los ojos para recordarlo. Sus manitas vuelan por el teclado y su tronco se desplaza de izquierda a derecha como si estuviera borracho. Es un prodigio. Un niño prodigio. Un niño educado para exhibir su talento ante el mundo y recibir su aplauso. 

A veces me encuentro vídeos de estos niños, a menudo asiáticos, tocando piezas que a mí, tras una carrera entera de piano, me costaría bastante dominar. Y siempre me dan escalofríos. No ya por la destreza asombrosa o por la enormidad de ese don. Sino porque están tocando las notas de una música cuyo significado no pueden entender. Y lo están haciendo porque sus padres o los adultos responsables de ellos quieren lucirlos, ponerlos en un escaparate como prodigiosos monos de feria. Los miro y me entran escalofríos. Pobres niños-objeto satisfaciendo un ansia de éxito ajena. 

He pensado mucho en estos vídeos de niños prodigio al leer este cómic. Aquí no hay música sino capacidad de memoria y de cálculo. Pero la pena y la compasión por una infancia rota es la misma. 

Joel Kupperman fue quizá el niño más famoso de Estados Unidos para toda una generación. Entre los años treinta y cuarenta participó en centenares de programas del Quiz Kids, primero en la radio y después en la televisión, respondiendo correctamente a todo tipo de preguntas imposibles. Desde los seis años era capaz de resolver de cabeza cualquier cálculo matemático imaginable, y se convirtió en un ídolo de masas yanqui durante la Segunda Guerra Mundial. Pero, ¿de verdad quería estar todos los viernes delante de todo el país respondiendo preguntas? ¿De qué le servía a él toda esa inteligencia disparatada?

Joel Kupperman era sin duda un niño prodigio. Pero cuando un profesor le preguntó si no había pensado nunca estudiar en el extranjero, se quedó mudo. Nunca se le había ocurrido. Como tampoco se le ocurriría más adelante que para estrechar vínculos afectivos con su hijo era necesario dedicarle tiempo. 

Este cómic es la historia de la infancia de Joel Kupperman contada por Michael Kupperman, su hijo. Una indagación en los traumas silenciados de un hombre que parecía haber nacido teniendo una respuesta correcta para todo. Excepto para las preguntas que no era capaz de imaginar. 




miércoles, 21 de agosto de 2019

DIEZ RUPIAS. HISTORIAS DE LA INDIA

Este libro inclasificable reúne dieciocho relatos impactantes, rompedores con la ortodoxia de la moral, en los que Saadat Hasan Manto (1912-1955) dejó constancia de lo que veía alrededor, cosas que nunca se podían decir y que por contarlas le juzgaron por obscenidad hasta seis veces. El mundo convulso y violento que le tocó vivir estuvo determinado por la independencia de la India y su partición en dos estados con Pakistán, conflicto marcado, como en tantas ocasiones, por la rivalidad de dos religiones, la hindú y la musulmana.

Manto tuvo una vida llena de dificultades económicas a un lado y otro de la frontera entre India y Pakistán, y murió temprano, con tan solo cuarenta y tres años. Con veintidós colecciones de cuentos, una novela, tres colecciones de ensayos y numerosos guiones cinematográficos y piezas radiofónicas, se ha convertido en el escritor de relatos en urdu más leído y controvertido. 

Algunos de estos relatos son como puñetazos. Me han provocado emociones tan fuertes que me han conmocionado hasta lo más profundo. Sus personajes, niñas y mujeres en su mayoría, son de una ignorancia que las lleva a actuar de forma inaudita sin que tengan conciencia de sus actos, en ocasiones con inocencia, en otras con una perversidad que asusta. La belleza en la forma de contarlos deslumbra. 

Un párrafo del relato A un lado de la calle: "¿Cómo puede ser que dos nubes se abracen en el cielo y una empiece a llover con un llanto irreprimible y la otra, convertida en rayo, comience a jugar con esa lluvia y se escape dando brincos? Seguí pensando y lamentándome. Dos almas se encuentran y tras fundirse en una, locas de amor, abarcan la inmensidad del espacio... ¿Acaso todo esto no es más que poesía? No, sin duda, dos almas tras encontrarse llegan hasta ese punto en que al expandirse forman el universo... Pero, ¿por qué a veces una de ellas queda herida en ese universo? ¿Qué universo es ese?"

Siglos de pobreza, atraso e ignorancia, sujetos al colonialismo británico y después a los enfrentamientos religiosos, crearon el caldo de cultivo para que el rencor y los prejuicios fueran tan difíciles de controlar y erradicar. Estos relatos son retratos descarnados de una sociedad que nos queda distante, no solo por los kilómetros sino también por la mentalidad, pero nos adentran en un mundo que siempre resulta apasionante.



lunes, 19 de agosto de 2019

CAPITALISMO Y DEMOCRACIA 1756-1848

El ideal de la revolución francesa, "Liberté, Égalité, Fraternité", lleva marcando más de dos siglos las aspiraciones sociales en todo el mundo. El mayor triunfo de estas ideas se dio, quizá, entre 1950 y 1980, una época en la que el estado del bienestar parecía que había llegado para quedarse. Sin embargo, hoy en día me atrevería a decir que la mitad de los políticos españoles consideran que la "fraternité" es un cuento para niños, la "égalité" una farsa comunista y la "liberté", un bien que sólo hay que defender cuando se trata de su vertiente económica. Una explicación, quizá, de por qué ningún gobierno parece reconocer que la desigualdad no es una consecución natural de la evolución económica de las sociedades capitalistas sino una elección política que tiene soluciones políticas, y que si sigue creciendo terminará por explotar con una violencia descontrolada, como siempre ha sucedido a lo largo de la historia. 

Pero que termine explotando en realidad no es el verdadero problema. El problema es la cantidad de sufrimiento que la mayoría de la población tiene que soportar para que una minoría gobernante se siga enriqueciendo. Muchos argumentan que el capitalismo es así. Que vivimos en un mundo injusto regido por reglas injustas. Y que hay que aceptarlo porque ya se vio en el siglo pasado que la alternativa comunista era inviable. Pero, ¿de verdad el capitalismo tiene que ser neoliberal? ¿No puede existir un capitalismo social que combata la desigualdad? Tanto en El siglo de la revolución como en su ensayo póstumo, Capitalismo y democracia 1756-1848, el historiador Josep Fontana busca en la historia europea de los últimos tres siglos las razones de este sistema económico que atenta contra la integridad de las personas y explica por qué se debería luchar desde dentro de este mismo sistema por un modelo económico más sostenible, más responsable y más igualitario. 

Hoy en día vivimos en una época de capitalismo depredador. En el siglo XIX, en nombre del progreso se expropió la tierra a los pequeños productores obligándolos a convertirse en asalariados (expolio que continúa hoy en día, de forma a menudo criminal, en muchos países africanos y de Centroamérica). En el siglo XXI, en nombre del mismo progreso, se les dice a los asalariados que se olviden de sus derechos sociales para que la empresa (pública o privada) se pueda enriquecer más rápido. La lógica siempre es la misma. Alejar al trabajador del producto de su trabajo haciendo que dependa de una empresa cuyo único fin es multiplicar el beneficio a costa del nivel de vida, de los derechos y de las libertades de sus trabajadores. 

En los últimos años, las tres preocupaciones principales de los españoles han sido el paro, la corrupción y la clase política. Es decir, somos conscientes del problema de la desigualdad. Pero la realidad es que cuando baja el paro nos alegramos, sin preocuparnos por la calidad de esos nuevos puestos de trabajo, y cuando llegan nuevas elecciones votamos con la misma disciplina a esos políticos que fomentan la corrupción que tanto nos preocupa. Y ni los recortes, ni los bancos, ni los desahucios, ni el fraude fiscal, ni la precariedad laboral, ni todos los problemas concretos en los que se traduce el aumento desenfrenado de la desigualdad nos preocupan especialmente. 

Quizá porque la mayoría parece que aún llegamos a fin de mes, más o menos. Quizá porque el bienestar social ha perdido su carácter universal y está empezando a defenderse ya sólo para una élite de ricos o de blancos españoles. Quizá porque los medios de comunicación nos transmiten el relato de que esta época de desigualdad pasará por sí sola, como las estaciones, y sólo hay que ser pacientes. Lo cierto es que el aumento de la desigualdad es el fracaso de una apuesta social por un futuro en el que cada vez más gente pueda tener acceso a una vida digna, a una vida en igualdad de condiciones. Llevamos muchos años de fracaso. Desde los años ochenta en muchos países. Desde 2008, en otros pocos. ¿Es un fracaso irreversible? Quién sabe. Pero, como insiste Fontana en estos dos libros, no nos olvidemos de que es un fracaso político. Y sólo los políticos pueden revertirlo. 



jueves, 1 de agosto de 2019

ÉBANO

Ébano es uno de tantos libros que durante años han poblado mi mente y que por diversas circunstancias fueron quedando relegados de forma absolutamente injusta. Acabo de terminarlo y llevo horas interiorizando tanta información, tanta diversidad, tanto horror. No tengo palabras suficientes para describir este relato pero voy a intentar esbozar algunos datos que me han conmovido, conmocionado.

África es un continente demasiado grande para poderlo describir. Kapuscinski viajó por muchísimos países y nos contó las grandes historias protagonizadas por la colonización europea, pero sobre todo se detuvo en las pequeñas historias de cada pueblo, cada ciudad, las habitaciones llenas de cucarachas donde tiene que pasar noches a temperaturas insoportables con insectos imposibles de evitar ni siquiera con las mosquiteras.Vivió en las casas más pobres de los arrabales, enfermó de malaria cerebral y nos describió los síntomas de forma asombrosa.

El colonialismo reinó en África desde la conferencia de Berlín (1883-1885), en la cual varios países europeos se repartieron todo el continente, hasta la época en que África se independizó en la segunda mitad del siglo XX, aunque la penetración colonial había empezado ya en el siglo XV y siguió en los siglos posteriores con la exportación de esclavos a América. El comercio de esclavos duró trescientos años y fue la fase más brutal de aquella conquista. Allí, con el sudor de sus frentes, construyeron la riqueza y el poderío de América, y África fue saqueada de sus gentes, arruinada y destruida.

El reparto que hicieron los europeos supuso meter miles de reinos, federaciones y comunidades tribales que existían en el continente a mediados del siglo XIX en las fronteras de apenas cuarenta colonias. Los conflictos tribales seguían vivos, los mismos desde hace siglos, pero hoy causan un número mayor de muertos incomparablemente más alto. La civilización moderna, en palabras del padre Albert en Uganda, aquí no ha aportado nada: ni luz eléctrica, ni teléfono, ni televisión, ni conductos de agua. Lo único que sí ha traído son las metralletas.

Soroti, en Uganda, es la capital de unas tierras habitadas por los iteso, un bello pueblo nilo-cainita cuya población supera el millón de personas. Se dedican a la cría de ganado vacuno. La vaca es su tesoro más preciado. Los iteso ponen nombres a sus vacas porque cada una tiene su propia personalidad. A una cierta edad, un niño iteso recibe una vaca para cuidarla y en el curso de una ceremonia muy especial también recibe el nombre de su protegida: a partir de ese momento se llamará igual que ella y además de jugar se responsabilizará de su bienestar. Una de tantas pequeñas historias apasionantes.

Una de las peores lacras en África son los señores de la guerra. Suelen ser jefecillos, antiguos oficiales, ministros o miembros destacados del gobierno, ávidos de poder y de dinero, sin escrúpulos, que contribuyen al desmoronamiento de los estados para ejercer el poder dictatorial de las armas, utilizando a sus propias tribus y sobre todo a los niños y jóvenes hambrientos a quienes arman y drogan lanzándoles a la lucha por un plato de comida. El armamento es barato. ¿Quién lo suministra? Y el dinero lo sacan de las minas de diamantes, y también de los caminos y ríos los soldados cobran peaje a todo el que necesita pasar. 

Ryszard Kapuscinski

La ayuda humanitaria también se ve entorpecida por estos salvajes que controlan los vuelos y se llevan de los transportes todos los sacos de grano, aceite y otros alimentos que necesitan, porque el que tiene un arma es el primero en comer. Cuando han acabado con todo convocan un proceso de paz, fijan fecha para elecciones y consiguen créditos del Banco Mundial. Una espiral diabólica.

Ryszard Kapuscinski (1932-2007) fue uno de los mejores periodistas de todos los tiempos, historiador, escritor y poeta. Recibió muchos premios, entre ellos el Príncipe de Asturias de la Comunicación y las Humanidades en 2003. Hizo causa en el movimiento comunista en defensa de los derechos humanos. Un ser irrepetible, necesario.



lunes, 29 de julio de 2019

LENNY LANGOSTA SE QUEDA A CENAR

Lenny Langosta es un tío formidable. Qué bigotes, oye. Qué porte. ¿Has visto cómo mueve las caderas? Ni un dandi francés le iguala en elegancia. Y es que se dirige a una cena de gala. Ni más ni menos. ¡Una cena de gala! ¡Y qué recibimiento! Todos le esperan con una alegría nunca vista. Sin duda, se lo merece. Lenny es el mejor. ¡Pero si los comensales incluso llevan un barbero con su foto!

"¡Espera, Lenny! ¿Seguro que te quieres quedar a la cena?"

¿Y tú, lector? ¿Qué piensas? Sí, tú, niño o niña, estés donde estés y seas quien seas, ¿qué piensas? ¿Debería el bueno de Lenny quedarse a cenar? ¿Son de fiar estos comensales tan alegres? ¿No te parecen... un poco demasiado alegres? 

Según lo que decidas pasarás de una página a otra del cuento y verás qué sorpresas esperan a Lenny en la cena de gala más glamurosa, excitante, salvaje y divertida que te puedas imaginar. 


jueves, 25 de julio de 2019

CHINA FAST FORWARD

Mi segunda lectura sobre China en quince días ha sido la de este libro de Sergi Vicente, periodista que vivió allí desde 2002 hasta 2014 trabajando para la televisión catalana, cubriendo multitud de acontecimientos en los lugares más distantes de ese inmenso país que ha asombrado y admirado al mundo con su crecimiento económico espectacular. 

Algunos datos impresionan. Por ejemplo: su población casi triplica a la de la Unión Europea y la población activa (780 millones) supera con creces a las de Estados Unidos y la Unión Europea juntas (450 millones).

En China Fast Forward, Sergi Vicente explica la realidad del país, más allá de seguir los grandes temas que más o menos ofrecen todos los medios extranjeros. Nos describe pequeñas historias que le han permitido profundizar y explicar las particularidades del país desde ópticas diferentes. Su matrimonio con una china y las anécdotas con su familia política nos permiten ver el salto generacional en los hábitos y formas de pensar.

Pese a la imagen que tenemos los europeos de China, filtrada por la falta de libertad, parece que hay un trasfondo que respira esperanza. Y no es sólo el desarrollo económico verdaderamente asombroso, con un crecimiento medio desde hace treinta años de un 9%, sino también la muy lenta recuperación de derechos. Son muchos, y el autor entre ellos, los que creen en la sinceridad del gobierno en su compromiso de un gobierno más justo. Y lo cierto es que la reducción de casos de corrupción y de la delincuencia son datos objetivos. En un mundo incierto, los chinos se aferran a las certezas. 

Nos cuenta que conoció a unos cuantos diplomáticos occidentales que coincidían en interpretar que el Partido Comunista chino tiene una ventaja innegable con respecto a nuestras democracias: "aunque suene muy mal, ellos tienen mucho margen de maniobra para planificar a largo plazo, algo que nosotros no tenemos porque siempre caemos en intereses partidistas y lógicas electorales. Pero negaré que te lo haya dicho".

Han conseguido producir con más valor añadido, aumentar el poder adquisitivo de los ciudadanos, mejorar la calidad de vida de muchos millones de personas, incluyendo una buena oferta educativa, más acceso a la sanidad y una apuesta decidida por el control de la contaminación. La innovación y el desarrollo a largo plazo les ha permitido el desarrollo imparable que disfrutan.

Sin embargo, Sergi Vicente no se olvida de los problemas graves que sin duda tienen en el terreno de los derechos humanos, aunque confía que lentamente y de forma gradual sí irán adaptándose a criterios de menor censura.

Además, toca temas como las adopciones de niños, el sistema de crédito social, Macao y Hong Kong, Tiananmen, el terremoto de Sichuan del 2008, las diferentes religiones, todos interesantísimos y fundamentales para ampliar la mirada que podamos tener sobre ese inmenso país.