La protagonista de esta novela desearía vivir enamorada para siempre. En el éxtasis vertiginoso de las primeras semanas, cuando todo es una promesa de felicidad perfecta. Desearía que el amor fuera para siempre ese alfilerazo diario en el corazón, esa incomodidad deliciosa, ese pálpito que coquetea con la angustia y que en la mezcla de dolor y placer encuentra su delicia más pura. Desearía sentir todas las mañanas esa brutalidad tierna que nos lleva a querer caminar por el borde de un precipicio bailando nuestra mejor versión porque lo que vale y por lo que se reza es la adrenalina de lo desconocido y el placer oscuro y denso de conquistar para sí lo ajeno.
La protagonista de esta historia lleva trece años felizmente casada con el padre de sus dos hijos, un hombre a todas luces perfecto por el que todas sus amigas suspiran en secreto. Y, sin embargo, quiere más. No está satisfecha. Nada satisfecha. Porque lo que más duele no es amar lo inaccesible. Lo más doloroso es amar lo que ya se tiene, y no sentirse nunca plena. Pero ¿cómo amar menos? ¿Cómo conformarse con el amor acostumbrado, con el amor normal y tranquilo que da la seguridad y la confianza? Ella quiere exaltación, dudas, celos, imprevistos, conflicto, que su marido se suba a la montaña rusa emocional con la que ella experimenta el amor y vivan al unísono al margen del tiempo. No basta con tener la vida soñada. Quiere que su amor loco sea correspondido con la locura adecuada. Y para conseguirlo está dispuesta a todo.
¡Cómo me he reído con esta novela! Es una locura absoluta, de principio a fin. Y, a la vez, sospecho que describe una vida bastante real para mucha gente. Está claro que si hay algo capaz de obsesionarnos hasta desquiciar nuestro comportamiento es el amor romántico. Y la autora lo disecciona con un encanto divertido e intrigante que te atrapa desde la primera página. ¡Qué voz protagonista! Hace mucho que no me metía tan de lleno en un fluir de conciencia como este.
Mi marido describe a un marido que es «la perla rara», «el príncipe azul». Un marido que apenas tiene voz propia en la novela porque el discurso de la narradora no tiene en cuenta nada más que su propia lógica en la que solo caben ella y sus necesidades. Ella y sus miedos. Ella y su obsesión por modelar a su marido según la imagen que se ha hecho de él y que necesita a toda costa para mantener la cordura. La suya es una vida dedicada a echar de menos. A fijarse en lo que le falta, en lo que podría haber estado mejor. Tiene una percepción agudísima de lo que está mal y una ceguera absoluta para lo que está bien. Un inconformismo que no es ya rebeldía, sino fervor por un dios muerto, puro vicio.
Maud Ventura escribió esta novela durante tres años en el metro que la llevaba a su trabajo. Se inspiró en su vida y en personas que conocía, pero también en películas, libros (Annie Ernaux, sobre todo), anuncios, podcasts y todo aquello impregnado de la cultura del amor romántico que nos rodea. El resultado ha sido un exitazo impresionante en Francia. Ojalá nos haga reír y pensar con el mismo éxito también aquí.