jueves, 27 de agosto de 2026

DEMASIADO LEJOS

Mientras que en Qué quedará de nosotros Eduardo Sacheri nos contó la guerra de las Malvinas desde la perspectiva de los que fueron a combatir, en esta nueva novela, que continúa el ciclo narrativo sobre ese episodio de la historia de Argentina, vemos todo el conflicto desde el punto de vista de los que se quedaron. De las familias de los chicos a los que llamaron a filas y de distintos grupos de gente humilde: un camarero de la Casa Rosada que lo escucha todo mientras sirve cafés a los mandamases, unos parroquianos en un bar que me han recordado al humor tierno de las películas de Juan José Campanella o una secretaria encargada de dejar constancia de toda la incompetencia de unos milicos arrogantes. 

Y sí, el retrato de los militares es demoledor. Al poco de empezar la guerra, se los ve desesperados por combatir la imagen que en el extranjero se tiene de ellos y de su gobierno. Piensan que es «una campaña antiargentina que, orquestada por oscuros intereses internacionales, quiere presentarlos como un gobierno represivo y sanguinario que controla a una sociedad atemorizada». Y se inventan mil y un subterfugios para poder seguir creyendo en esa realidad paralela en la que todo lo que hacen es en beneficio de la gente y, sobre todo, de la patria, que ellos siempre sienten y pronuncian con una pe mayúscula. 

Frente a la gravedad de la que gustaban de revestirse los militares argentinos durante la dictadura, con sus discursos trascendentes y el terror de Estado en cada puerta, los personajes de esta novela se las apañan para armarse de un humor irreverente que deja a todo milico en su lugar. En su bajito, mediocre, miserable lugar. 

Pero el caso es que esa idea de patria con mayúscula les sirvió. Como ha servido tantas veces en tantos lugares y como sigue sirviendo hoy en día en cualquier sociedad en crisis. Hay pocas cosas que cieguen tanto como la pertenencia nacional. Como si fueran ejemplos vivientes de la famosa estatua de Banksy, los argentinos caminaron hacia el vacío con una bandera alrededor de la cabeza. Y eso a pesar de que las calles de Buenos Aires, a finales de marzo de 1982, todavía vibraban con las manifestaciones y las luchas campales contra las fuerzas policiales. En apenas unos días, la Plaza de Mayo pasó de ser el escenario de la represión violenta de los antidisturbios a convertirse en un clamor popular incontestable en favor de la defensa del país y de la ocupación de las Malvinas. Los miles que recién huían de los golpes, las cargas y los gases lacrimógenos ahora vociferaban en favor de ese mismo gobierno que antes les pegaba. Y todo en nombre de una patria. De una idea de nosotros que terminó por cristalizar en Argentina gracias a la insensata campaña de las Malvinas. 

Este segundo volumen de esta historia novelada de la guerra de las Malvinas, que se puede leer perfectamente por separado (aunque se entiende mejor habiendo leído el primero), me ha dejado conmovido, intrigado, asombrado y con muchas ganas de más. 



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