¿Cuál es nuestro lugar en el mundo? ¿Y en nuestra casa? ¿Dentro de nuestra familia? ¿Cómo se transforma con el paso del tiempo —y de las múltiples experiencias— el lugar que ocupamos entre los demás? Social, geográfico, simbólico, afectivo y político, el lugar que ocupamos determina la historia íntima de todas las personas: nos define como seres humanos.
La búsqueda de un lugar que nos proporcione bienestar es uno de los mayores retos que enfrenta cualquier persona. Al estar en perpetuo cambio, siempre estamos buscando acomodar un lugar a nuestras transformaciones. Un lugar que, en la medida en que depende de los demás, también se desplaza continuamente. Y no solo buscamos un lugar para nosotros, al establecer vínculos afectivos también aspiramos a convertirnos en un lugar que acoja a los demás. Pero no siempre es fácil. «A veces los lugares que ocupamos nos coartan, nos sujetan a una identidad que ya no es la nuestra. ¿Qué dice aún de mí ese lugar tan familiar? ¿No es solo el recuerdo de quien fui?».
Llegué a este ensayo filosófico de Claire Marin por una cita de Noelia Ramírez en Nadie me esperaba aquí, un librito estupendo sobre ese sentirse siempre un poco fuera de lugar cuando uno se mueve por el ascensor social. Y me ha tocado muchas fibras, igual que a ella, los capítulos que dedica al lugar que ocupamos en los entornos familiares. Claire Marin nos habla de la dificultad de habitar el lugar familiar cuando nuestra educación nos ha alejado de la cultura aprendida. Cómo volver a la habitación de la infancia cuando ya no somos niños. Qué lugar habitar en esas comidas en las que los roles siguen siendo muy parecidos a aquellos que abandonamos fuera de casa años, a veces décadas atrás. Cómo seguir sintiéndonos protegidos por un paraguas que ya no necesitamos, y que nos impide en muchas ocasiones desarrollar las capacidades para aguantar bien a la intemperie. Nos dijeron que nos fuéramos lejos, que viéramos mundo, que viviéramos todas las experiencias que ellos no pudieron vivir, y, al mismo tiempo, nos pidieron que al volver siguiéramos siendo los mismos y aceptáramos ocupar siempre el mismo lugar subordinado dentro de la familia. Cómo aprender a volar y seguir siendo polluelo. Qué lugar puede ser ese.
Y también, qué lugar queda cuando los hijos alzan el vuelo. El famoso nido vacío puede convertirse en un lugar hostil, un lugar deshabitado que reclama una atención desoladora. Y constante, porque el nido vacío no es solo una habitación cerrada y silenciosa. También es ese lugar en la mesa ocupado por el hijo o la hija que desertó de su lugar familiar y que solo vuelve a regañadientes, ocupando un nuevo lugar esquivo, erizado de recelos, inhabitable. Cómo enseñar a volar y seguir aspirando a acoger en el nido, a proteger una vulnerabilidad que ha cambiado de naturaleza. Qué tipo de nido puede ser ese.
«Estar en su lugar es una experiencia física. Estoy en mi lugar cuando mi voz es firme, cuando es la mía y no una voz silenciada por la censura o las voces dominantes, una voz prestada, sofocada por la angustia o la coacción. Tal vez estar en su lugar empiece por liberar la propia voz, una voz sepultada cuya tesitura debemos redescubrir».
Este libro habla de la libertad necesaria para encontrar nuestro lugar entre los demás. Un lugar que sea propio y no invada el de nadie, un lugar que sea refugio para los demás y no encierre ni coarte. Asociamos tener un lugar con echar raíces, pero a veces las raíces también nos impiden ver más allá de nuestra ventana. A veces no tener raíces en ninguna parte podría ser una ventaja. No tener un lugar, ser capaz de trasladarse de un espacio social a otro con normalidad, puede proporcionarnos la capacidad de ponernos en el lugar de los demás con mayor facilidad. «No sentirse nunca del todo en sintonía, percibir en todo momento cierto desfase, es algo que nos protege de la adhesión ciega». Es un desasosiego que a la vez otorga su propia calma gracias a las lucidez que regala.
De la mano de escritores como Georges Perec o Annie Ernaux, Claire Marin nos invita a pensar sobre cómo habitamos nuestro lugar en un libro para leer despacio, un viaje íntimo, filosófico y transformador.

No hay comentarios:
Publicar un comentario