jueves, 18 de octubre de 2018

APEGOS FEROCES (firma invitada)

Leer es dejar a un lado las expectativas que tenemos sobre los libros. O quizás sea ponerlas en el centro de la mesa y dejar que se cumplan. Con las expectativas muy altas entré yo en Apegos feroces, que ha obtenido varios premios literarios y ha sido recomendado cientos y cientos de veces por libreras y muchas lectoras en redes sociales. Quizás por el miedo a sentirme decepcionada ante las altas expectativas que se habían creado alrededor de esta historia, tardé algo más de un año en adentrarme en ella. Cuando ya casi nadie habla de los paseos por Manhattan de la protagonista y su madre, yo me he metido en las calles de la Gran Manzana y me he dejado sacudir por los recuerdos de ambas y por su relación enfermiza, dolorosa y casi siempre decepcionante.

Parece que es nuestra época la que ha puesto de moda la literatura del yo, las memorias. Sin embargo, Vivian Gornick desgranó las suyas a finales de los años ochenta y estas quedaron en el olvido de los editores españoles hasta que treinta años después de su publicación en inglés, Sexto Piso se animó a traducirlas a nuestro idioma. El éxito ha sido espectacular. 

Me pregunto a menudo el porqué del éxito de algunas novelas o ensayos que a mí me han gustado pero que no han marcado una diferencia fundamental en mi vida. Creo que deben darse muchas circunstancias para que una novela triunfe. Las modas son fundamentales. También que la gente hable de ellas. Y, por último, el contexto en el que cada uno las lee. Si pocas veces hemos leído sobre una relación tan enfermiza entre una madre y una hija, esta novela nos sorprenderá. Si somos unos apasionados de los paisajes urbanos neoyorquinos y de su fauna humana, nos llamará la atención. Si el conflicto entre el deber (o las apariencias) y el deseo es un tema que nos interesa, también estas memorias nos harán pasar un buen rato. Si queremos entender más sobre las relaciones familiares y el porqué de esos sentimientos de amor-odio que a veces nos inundan al pensar en nuestra familia, esta es la novela. Si nos gusta la historia y nos apetece saber más sobre un vecindario judío en el Bronx de los años cincuenta y sesenta, seguro que encontramos en ella elementos de interés. Si nos gustan los personajes femeninos rigurosos, estrictos, fuertes, o los controvertidos, complejos e ingenuos, la madre de la protagonista, Nettie y la propia protagonista cubrirán esas expectativas. Si consideramos enriquecedores los vaivenes temporales en la narración de una historia, este es nuestro libro.

El éxito de Apegos feroces no reside en un solo elemento. Reside en la combinación de muchos de ellos en un momento histórico en el que seguimos buscando referentes femeninos y el género de las memorias llena las estanterías de las librerías. Vamos, que treina años después de su publicación, es ahora cuando los lectores españoles entendemos y apreciamos la modernidad de este relato. Quizás, el haberlo dejado pasar durante tanto tiempo es lo que hace que ahora lo reivindiquemos con más fuerza que nunca, porque Apegos feroces es una historia tan de ahora como lo fue en 1987.



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