lunes, 20 de abril de 2015

UN FILO DE LUZ

Me las leo todas. No puedo evitarlo. Sale una novela de Camilleri protagonizada por mi querido comisario Montalbano y dejo lo que esté leyendo para devorármela en dos tardes. Sé que dentro de dos meses ya no me acordaré de la trama, ni de quiénes eran las víctimas y cómo daban con el asesino. Pero es que en realidad no importa. No leo a Camilleri para descubrir ninguna verdad trascendental ni para ser más culto, más perspicaz o mejor persona. Leo a Camilleri porque sentarme con una novela suya es como salir de cañas con un colega. Pero no un colega cualquiera. Un colega íntimo, cercano, que conoces desde hace mucho. Un colega que, nada más llamarte para quedar, ya sabes que te va a hacer reír, que te va a contar cómo se ha vuelto enamorar perdidamente de una nueva femme fatale que lo ha traído loco un tiempo y que le ha dejado plantado por indeciso o a la que ha dejado él por cobarde, que te va a intrigar con sus aventuras y con quien siempre siempre siempre te lo vas a pasar bomba.

Buen tiempo, una terracita al sol, comida deliciosa y abundante, y esta novelita de Camilleri para disfrutar de una tarde libre de primavera. ¿Alguien me ofrece algo mejor?


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