Qué cosita preciosa este cuento. Da casi apuro contarlo porque puesto en palabras pierde la magia. Y es que este cuento no tiene texto, es solo ilustración. Solo emoción. Colores, dibujos, expresiones. Un niño chiquito que encuentra en un perro grandote a un amigo. Un amigo que le quita los miedos. Que le colorea los días. Y que le enseña a vivir de otra manera.
Con él a su lado, el túnel por el que pasa para ir al cole es menos oscuro. Con él a su lado, el viejo perro cascarrabias que siempre le ladra se queda quietecito en un rincón. Con él a su lado, el señor mayor sentado en un banco que nunca deja de mirarlo aparta la mirada y en vez de miedo ya solo da un poco de pena. Con él a su lado, cada día es una aventura distinta y emocionante.
Incluso el día que no se lo encuentra, como siempre, esperándolo al salir de la escuela. El día que le llama y lo busca y no aparece por ningún lado. El día que, cuando por fin lo ve, el perro se queda mirando triste a través de una verja a una señora mayor. Incluso ese día, todo terminará de la mejor manera posible porque la amistad, esa alegría constante de ida y vuelta, vencerá cualquier obstáculo.
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