El cuarto de atrás es un lugar físico y metafórico. Es una habitación (la habitación de juegos infantiles de la casa de Salamanca de la familia Martín Gaite) donde se piensa y se sueña, pero también es como «un desván del cerebro» donde se acumulan sin orden ni concierto todo tipo de cachivaches aparentemente inservibles (recuerdos, sensaciones, intuiciones, miedos, euforias, proyectos) que, sin embargo, son la esencia de la vida. Todos tenemos un cuarto de atrás. Si no físico, al menos mental. Pero no todos son un refugio, como el de Carmen Martín Gaite. Un refugio para protegerse de la vida real, pero con ventanas para salir volando cuando la sed de aventuras nos invade. Ojalá todo el mundo pudiera tener un cuarto de atrás como el de este libro.
En una noche de insomnio, la autora divaga por su memoria con la compañía de un misterioso visitante cuya identidad desconocemos. Busca, se pregunta, cuenta pequeñas historias y reconstruye parte de su infancia y juventud durante la guerra y la posguerra admitiendo que la memoria es un juego de espejos que no permite reconstruir el pasado ni llegar verdaderamente a conocerlo, pues «nunca se descubre del todo el secreto de lo que se tiene cerca».
¿Qué es la literatura: un desafío a la lógica o un refugio contra la incertidumbre? ¿O las dos cosas a la vez, quizá? La literatura de Carmen Martín Gaite es, para mí, un continuo ejercicio de juego y libertad. En cada libro late la necesidad de vivir liberada de las ataduras de las normas para todo. Educada en que «quedarse, conformarse y aguantar era lo bueno», ella quería salir, escapar y fugarse. Si no a la luz del día, al menos por «los vericuetos sombríos y secretos de su imaginación, por la espiral de los sueños».
Algunas ideas que desarrolló diez años más tarde en Los usos amorosos de la posguerra española ya aparecen aquí como intuiciones y notas que va acumulando por temas en un cuaderno, un cuaderno que ha debido de dejar en alguna parte, perdido en ese infinito desván del cerebro, en su cuarto de atrás. Algunas de esas ideas siguen vivas en personas con las que tratamos habitualmente, por ejemplo la sombra alargadísima del miedo, de la reacción a la defensiva, anticipando constantemente un golpe imaginario. Todo ese vocabulario que gira en torno al deber, la precaución y la necesidad, y silencia lo que alude a la improvisación y al placer.
Pero este libro no va de autoanalizarse, porque «¿qué sabe nadie de sí mismo? La vida da tantas sorpresas...». Martín Gaite tiene la maravillosa capacidad para diluir toda seriedad mediante una imaginación desbocada, una fantasía que no puede parar de crear, crear, crear en todas direcciones. Crear al azar y dejarse llevar por la emoción, por el arrebato del momento. Refugiarse o volar.
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