lunes, 11 de julio de 2022

CARTA BLANCA

Qué historias más bonitas me regala P. Cada cierto tiempo (cuando se le olvida lo insensato que resulta regalarle libros a un librero), me sorprende con un cómic, siempre un cómic. Y siempre digo lo mismo: no sé cómo lo hace, pero nunca falla. Como tampoco falla nunca a la hora de elegir restaurante cuando estamos de vacaciones. Hay intuiciones que no hay que tratar de desentrañar. Lo mejor es aceptar su misterio y dejarse llevar: los sentidos siempre lo agradecen. 

De intuiciones también va esta historia. De un flechazo instantáneo en el camarote de un barco y de toda una vida cuidando de un amor imposible por si, en un futuro, aparece la tierra adecuada donde pueda germinar. 

A quién no le ha pasado. Quién no ha vivido una historia de amor truncada y ha fantaseado, al cabo de los años, con lo que pasaría si aquello volviera a despertarse. La vida nos va llevando de un lado para otro, nos junta con personas maravillosas con las que construimos historias duraderas y fiables y hermosas, y nada de esto impide que otras vidas fantasmas pueblen a veces nuestras vigilias y nos susurren otras posibilidades, canciones imposibles de vidas paralelas en mundos que solo existen en los recuerdos. O en la imaginación, que es lo mismo. 

Esta historia empieza por el último capítulo y va poco a poco hacia atrás en el tiempo hasta terminar con el primero. Esto no solo le da un juego muy sugestivo a la lectura, sino que te permite luego leerlo otra vez en el orden cronológico convencional y descubrir nuevos detalles que quizá en la lectura inversa propuesta por el autor pueden quedar menos evidentes. La ilustración es una maravilla de delicadeza y expresividad. Rezuma ilusión y ternura. Y una pizca de humor pícaro que me encanta. Más historias de amor expansivo como estas, por favor. Bendita intuición la tuya, P. 









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