lunes, 8 de noviembre de 2021

SALVAR VIDAS EN EL MEDITERRÁNEO

Desde tiempos inmemoriales, existe un código moral que obliga a rescatar a los náufragos. Ya los fenicios dejaron constancia de ello, aunque lo hicieran más por superstición (quién sabe si los muertos en el mar no volverían a la vida para perseguirlos en sus sueños) que por verdadera humanidad. Salvar vidas era lo lógico, lo sensato. Ya fueran amigos o enemigos. La identidad de los náufragos se disolvía por la propia urgencia de su rescate: eran simplemente personas al borde de la muerte que necesitaban ayuda. 

Hoy en día existe un Convenio Internacional para la Seguridad de la Vida Humana en el Mar (o SOLAS, acrónimo de la denominación inglesa Safety of Life at Sea), heredero de esa cultura milenaria, que obliga a cualquier barco a prestar socorro en el mar a quien lo necesite. Pero la voluntad de socorrer a los náufragos se está resquebrajando. La identidad de los que necesitan ayuda en el mar ya no se disuelve por la propia urgencia de su rescate: si no son de los nuestros, si no tienen papeles como los nuestros, si su piel es más oscura que la nuestra, entonces ¿por qué deberíamos ayudarlos? O peor: ¿por qué deberíamos dejar que otros los ayuden?

Hace un par de años, la mayoría de los dirigentes de extrema derecha europeos hicieron campaña en contra del salvamento marítimo de los inmigrantes. El presidente italiano llegó a cerrar los puertos italianos para que los barcos de rescate no pudieran dejarlos en tierra. Negar el socorro a los náufragos se ha vuelto moralmente aceptable para millones de personas que no tienen reparo en romper con un imperativo humanitario vigente desde tiempos inmemoriales ni miedo de que aquellos que mueran por su culpa les persigan en sueños. 

Con este panfleto íntimo contra el racismo, el escritor Sandro Veronesi ha querido alzar la voz contra esta inhumanidad. Alzar la voz y poner el cuerpo, ofreciéndose a participar en una de las misiones de Open Arms para denunciar que dejar morir a los náufragos nos envilece como sociedad, que llamar "chollo" y "crucero" a sus odiseas infernales es un insulto inaceptable propio de la ignorancia chulesca de un adolescente, que si no paramos esta espiral de odio y miedo al diferente, esta política abiertamente hostil a la acogida, terminaremos viviendo a merced de las mentiras y de la violencia de quien no sabe vivir sin enemigos. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario