jueves, 21 de enero de 2021

UNA GUÍA SOBRE EL ARTE DE PERDERSE

"No perderse nunca es no vivir, no saber cómo perderse acaba con uno". 

Perderse es malo. La propia palabra y su familia (perder, pérdida, perdido) proyectan inconvenientes o desgracias en nuestra imaginación. Perder el rumbo, perder el equilibrio, perder la confianza. Estar perdidos es una situación de la que todo el mundo quiere escapar. Porque perderse es dejarse llevar y nuestras vidas hipercontroladas nos señalan que la incertidumbre y lo imprevisible son amenazas. Que perderse siempre es un error. 

Pero, ¿quién no ha sentido alguna vez la necesidad de estar solo, de relacionarse con desconocidos para dejar de actuar según lo que la gente de siempre espera de ti? ¿Quién no ha deseado alguna vez dejar de calcular lo que va a pasar, dejar de tener la mente siempre puesta en la incerteza del futuro para abrazar con los ojos cerrados la maravilla de lo imprevisible?

Rebecca Solnit ha escrito un pequeño ensayo sobre lo que significa perderse para el ser humano, sobre sus peligros y sus bondades, sobre la inmensa libertad que proporciona y sobre la necesidad de aprender a estar perdidos para que la experiencia nos enriquezca y para poder volver sanos y salvos a nuestras vidas sometidas a las brújulas. En capítulos independientes sobre todo tipo de temas, nos habla sobre el miedo a lo desconocido, ese miedo que nos atenaza cada vez que nos enfrentamos a una situación inédita y ante el que a menudo reaccionamos con recelo. Cualquier tarea nueva, desde envolver paquetes para regalo hasta viajar solos al extranjero, se nos hace un mundo hasta que la hemos realizado dos o tres veces; a partir de la cuarta, ya forma parte de nuestra vida y la hacemos con los ojos cerrados. Solnit nos habla de nuestro miedo visceral al cambio, de nuestro rechazo total a abandonar las costumbres en las que nos hemos educado para adoptar otras nuevas y de cómo este recelo por la mezcla y la experimentación nos cierra la mente, nos priva de libertad y nos vuelve intolerantes. 

Tomando como ejemplo las vidas de exploradores como Cabeza de Vaca así como de personas cercanas a la propia autora, este libro es un homenaje a todos aquellos que nos enseñan la costumbre de transitar por senderos a los que no estamos acostumbrados y la necesidad de dejar la puerta abierta a lo desconocido. Dejemos de desconfiar de todo aquello que no nos resultar familiar, dejemos de fruncir el ceño ante todo lo que no entra dentro del estrecho marco de nuestras expectativas, y aprendamos que perderse y entregarse a lo desconocido es un arte necesario para vivir y convivir en paz. 



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