jueves, 4 de agosto de 2022

EL COMPLEJO DE CAÍN

"Bala, veneno o juicio: a esto se enfrenta cualquier reportero independiente en la Rusia contemporánea". Una bala mató en 2006 a Anna Politkóvskaya, la periodista más crítica con la política de Putin en Chechenia; un mes después el veneno mató a Aleksandr Litvinenko y en 2020 casi hace lo propio con Alekséi Navalni; y hoy, en plena guerra de Ucrania, cualquiera que critique públicamente la política rusa se enfrenta a multas y cárcel. La palabra lleva dos décadas amenazada y secuestrada en Rusia. Y de eso trata este breve ensayo: de la difícil relación entre la libertad de las palabras y un estado autoritario que quiere que solo se oigan las suyas. 

Y también de la relación entre Rusia y Ucrania a través de su literatura. Chéjov y Némirovsky, Aleksiévich y Gógol, Grossman y Politkóvskaya puntean de citas y anécdotas estas páginas en las que Marta Rebón, escritora y traductora especializada en lenguas eslavas, analiza la difícil convivencia entre estos dos pueblos y señala las toneladas de mentiras que llevan años intoxicando la mente y el corazón de los rusos para deshumanizar a los ucranianos. Siempre con el mismo lema: nuestra causa es justa. El mismo lema que ya emplearon los soviéticos contra los nazis en la segunda guerra mundial. Si su causa es siempre justa, sea la causa que sea, los demás siempre estarán equivocados. Y el mundo queda reducido a nosotros contra ellos, los buenos contra los malos: nosotros los buenos, los justos, los esforzados, los valientes; contra ellos los malos, los traidores, los cobardes, los nazis. 

"Suele suceder que las guerras se desatan por un fracaso previo de la imaginación". Solo renunciando a la idea de la superioridad del carácter nacional se puede tratar con dignidad a otros países. Solo imaginando otros mundos tan válidos y fértiles como el nuestro, como tan bien hicieron los escritores rusos y ucranianos que tanto admiramos, podremos construir los puentes que la convivencia pacífica exige. 

"Con el fin de la Unión Soviética, Rusia no se enfrentó a su pasado y sigue enrocada en la negación, el victimismo y en esa idea tan dañina de creerse valedera de un destino propio, único, luminoso". Marta Rebón termina este libro con una emocionante carta a Vasili Grossman, el escritor ruso que mejor documentó los horrores de la segunda guerra mundial desde el lado soviético. Qué poco le gustaría saber de la guerra de Ucrania y de cómo la historia se repite en la tierra de su infancia, tan empapada, entonces y ahora, de vida y de sufrimiento. 




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