jueves, 9 de mayo de 2019

LA HIJA DE LA ESPAÑOLA

"En aquel país en el que todos estaban hechos de alguien más, nosotras no teníamos a nadie".
Se tenían a sí mismas. Pero ahora ya ni eso. La madre ha muerto y la hija se ha quedado sin hogar en esa ciudad llamada Caracas que sigue en llamas, empeñada en seguir hundiendo en sus entrañas los cuchillos del hambre, la violencia y la impunidad. 

"Todos nos convertimos en sospechosos y vigilantes, travestimos la solidaridad en depredación". La ciudad es una fiera que se devora a sí misma, y devora a todos aquellos que pretenden seguir viviendo en ella ignorando la violencia. Vivir es encerrarse en casa y sellar las ventanas para que no se cuele el gas lacrimógeno. Vivir es tirar un cadáver por la ventana e incendiarlo. "Vivir se había convertido en salir a cazar y regresar vivo". 

El vínculo entre la madre muerta y la hija está descrito con ferocidad. La intensidad del relato es una cuerda tensa que descarna al tacto. Esa prosa sin florituras, áspera, destilada en la inmediatez y la rudeza, brilla sin embargo con vetas poéticas y se ilumina en instantes aislados con una dulzura inesperada, como cuando la narradora recuerda a su madre, "esa mujer discreta y sin lágrimas que al abrazarme levantaba un paraíso entre ambas". 

Qué novela. No sé muy bien qué esperaba, pero sin duda no esta sacudida. Este borbotón de densidad literaria y de vida herida. Me ha impresionado la pasión desesperada de muchas páginas, la descripción de ese "país mestizo y extraño, hermoso en sus psicopatías", país literario y a la vez real, sumido en la oscuridad y en los lamentos de los desposeídos: "en medio de la oscuridad, peino con una escoba mi propia tierra hasta hacerla sangrar". 

Abrirle la puerta a esta novela entraña cierto riesgo. Su voz, esa voz de una conciencia que relata la crónica de un derrumbe social, araña y desgarra, no se está nunca quieta. Permanece en la memoria, una vez acabada la historia, como el lamento profundo y universal de los supervivientes. 

"Vivir, un milagro que aún no llego a entender y que muerde con la dentellada de la culpa. Sobrevivir es parte del horror que viaja con quien escapa. Una alimaña que busca derrotarnos cuando nos encuentra sanos, para hacernos saber que alguien merecía más que tú seguir viviendo". 



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