martes, 2 de abril de 2013

LA LLAVE DE SARAH

París, 16 de julio de 1942. Son las cuatro de la mañana y toda la ciudad duerme. Toda la ciudad excepto los 9000 policías franceses que ya se dirigen a las direcciones proporcionadas por la Prefectura donde van a detener a más de 12000 judíos en la mayor redada en Francia durante la Segunda Guerra Mundial.
Sarah es una niña de diez años que se despierta sobresaltada por unos fuertes golpes y gritos de policías en la puerta. Son voces francesas, no alemanas, así que no tiene demasiado miedo, pero al levantarse y ver a su madre llorando y temblando junto a la ventana, echa a correr y esconde a su hermanito de cuatro años en un armario oculto, cerrándolo con una llave que se mete en el bolsillo. "En unas horas vuelvo a buscarte, no hagas ningún ruido", le dice, sin saber que ese acto cambiará su vida y la de su hermano para siempre.

He leído esta novela sin parar, casi sin respirar, en uno de estos días de Semana Santa, oyendo llover y llover contra la ventana, totalmente absorbido por la historia. Es admirable cómo los franceses se enfrentan con los actos criminales de su pasado, en este caso, la participación activa del gobierno de Vichy y de la policía y administración francesas en el genocidio de los judíos residentes en Francia, sin rubor, sin disputas ideológicas, a diferencia de España, que parece incapaz de hacer un ejercicio de memoria histórica valiente y sincero.
La escritura de Tatiana de Rosnay es sencilla, sin grandes pretensiones ni sutilezas, pero enormemente eficaz a la hora de contar esta historia sobrecogedora y emocionante. Este es uno de esos libros con los que aprendes algo del pasado que profundiza y sensibiliza tu percepción del presente y espero, del futuro.

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