sábado, 13 de abril de 2013

EN LA CORTE DEL REY LOBO y UNA REINA EN EL ESTRADO

Con su trilogía sobre el reinado de Enrique VIII, Hilary Mantel está revolucionando el panorama de la novela histórica. De momento ha publicado los dos primeros volúmenes (el tercero está previsto para el 2014), y ya ha hecho historia al ser la primera escritora galardonada con dos premios Man Booker. Y la verdad, tengo que decir que se los merece.

Ha escogido al principal ministro del rey, Thomas Cromwell (antepasado indirecto del más famoso Oliver Cromwell), para descubrirnos a través de sus ojos una de las épocas más turbulentas, sangrientas y trascendentes de la historia de Inglaterra.
Este Cromwell nunca había sido objeto de mucha atención por los historiadores; permanentemente a la sombra, su figura tenaz y escurridiza, eficaz como nadie en anticiparse a los deseos más turbios del rey, había sido comúnmente eclipsada por otras más estelares como la de Ana Bolena o Tomás Moro. Y aunque es cierto que su presencia en los asuntos de estado duró apenas quince años, fue el poder en la sombra más influyente de toda una generación, y el verdadero artífice, entre otras muchas cosas, de la caída de Ana Bolena y la erradicación del poder de la Iglesia Católica en Inglaterra.

A través de los ojos de Cromwell, Hilary Mantel nos abre el telón de un Londres en plena ebullición: aspiramos los olores más variopintos (la mayoría casi insoportables) de los mercados y las calles adyacentes al Támesis, oímos los suspiros de las damas de la corte al leer una nota de amor entregada a escondidas y los gritos furibundos de todo un pueblo contra esa Bolena a la que todos ya llaman "la puta del rey", vemos una corte siempre pendiente del humor de un rey tirano y errático, sofocada y temblando en su jaula de oro, conspirando, mintiendo y traicionando para poder seguir viviendo un día más.

Y por encima de todos, por encima incluso del rey, la inteligencia asombrosa de nuestro Thomas Cromwell, moviendo los hilos de todo el país, como en una representación de marionetas, sin olvidar ni un solo instante que el capricho sanguinario de su rey puede convertirle en una marioneta más, sacarle del escenario y cortarle también a él su brillante cabeza.

Apasionante y brillantemente escrita, esta trilogía no ha hecho más que reavivar mi absoluta devoción y fascinación por la época de los Tudor.

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