lunes, 7 de septiembre de 2020

COMO POLVO EN EL VIENTO

A veces creemos que pertenecemos a un lugar. Y nos aferramos a él aunque este se marchite o se revuelva mandándonos al exilio. A veces recreamos nuestro hogar en ensoñaciones lejanas y lo convertimos en algo frágil y hermoso, como una pompa de agua iluminada al sol, frágil y etérea, una maravilla de la naturaleza que quepa en la palma de nuestra mano y sea sólo nuestra. 

A veces creemos que pertenecemos a un lugar y pensamos que nuestra distancia física y emocional de ese lugar determina no sólo nuestro estado de ánimo sino también nuestra identidad. Y de eso trata esta novela: de los hilos invisibles que atan a sus personajes a su hogar y de la fuerza de la amistad a lo largo de los años, capaz de soportar el peso de cualquier desarraigo e incluso suplantar a la patria como hogar de acogida. 

Ya conocía la Cuba de Leonardo Padura por sus novelas policiacas (leí la última hace apenas tres meses), pero no me esperaba la explosión de color, amor, sufrimiento y vida que derrocha su nueva novela. A través de un grupo de amigos, conocido como el Clan, a lo largo de casi treinta años, el autor explora las mil caras del exilio. Del exilio físico y del exilio interior. De los que se van y no vuelven, o vuelven ya sólo de visita, como extranjeros en su propia tierra, que ya no es suya. Y de los que nunca pudieron o quisieron irse, pero una parte de ellos huyó de allí para protegerse, para salvarse, o parar preservar la cordura.

Como polvo en el viento (alusión a la mítica canción de Kansas), trata sobre las vidas clandestinas que intentan huir bajo nombres falsos de un pasado insoportable. Secretos guardados en viejos baúles que un día salen a la luz e implosionan. Vidas enteras guardadas bajo las dobleces humanas. Imposturas enormes, monstruosas, que sin embargo permiten salir adelante, sobrevivir y hacer felices a los demás. 

Leonardo Padura
Padura describe muy bien la sensación de muchos cubanos de nadar contra una corriente excesiva, y a menudo absurda. La sensación de tener que esforzarse tres veces más que cualquier extranjero para conseguir la mitad. Y la certeza de que es imposible vivir así toda una vida si uno no tiene fe en que ese sistema es superior a los demás, si uno no cree en el final de la historia y la redención del hombre por el socialismo y el fin de la lucha de clases. Solamente si uno cree de veras, si uno acepta besar la mano que le lanza esa corriente, puede quizá resignarse a pasarse la vida braceando, con el agua al cuello, resistiendo por un ideal de vida revolucionaria. 

Esta es una novela monumental sobre la memoria y los afectos. Sobre cómo se mantiene el profundo amor por los amigos pese al paso de los años, la distancia, el dolor y los exilios. Cómo se preservan los códigos de la complicidad pese a todo. Una novela sobre la pertenencia a un lugar, esa pompa de agua iluminada por el sol, hermosa y frágil como todo deseo, una hermosa ensoñación que nos da la vida y sin embargo no aguanta ni la más leve caricia sin romperse y desaparecer.




2 comentarios:

  1. Qué maravilla de reseña, no me cabe duda de que está a la altura de la novela. Gracias, otra para la lista, Padura es un pedazo de escritor que no suele decepcionar.

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  2. Gracias, Guille. Es un novelón para disfrutar y disfrutar.

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