jueves, 9 de abril de 2026

EL TOPO DORADO

Este es el libro que Gerald Durrell les leería a sus nietos, de vuelta en Corfú, a la sombra de un pino bajo el incesante canto de los pájaros en una tarde de verano. Las historias que cuenta Katherine Rundell en este libro mágico y fabuloso parecen sacadas de los cuentos que contamos a los niños para ir a dormir. Algunas, incluso, por su hermosura y su rara belleza, desafiarían la capacidad infantil para creerse las maravillas. Y es que la naturaleza ofrece una diversidad tan alucinante que a menudo supera nuestra propia imaginación. «El mundo real es tan asombroso que nuestra capacidad de asombro, por enorme que sea, apenas es capaz de rascar la superficie de la verdad». 

Pájaros que, desde que salen del nido hasta que mueren, nunca llegan a posarse en ningún sitio y vuelan cada año el equivalente a cinco vueltas alrededor de la Tierra. Ranas cuyo corazón congelado es capaz de volver a latir cuando llega la primavera. Delfines que cantan a sus crías antes de nacer para que se aprendan su canción. Tiburones que nacieron en la época de Shakespeare y que aún hoy siguen aleteando con parsimonia centenaria a más de dos kilómetros bajo la superficie del mar. Cangrejos de un metro de largo con una fuerza de mordedura en sus pinzas que es dos veces más potente que la de la mandíbula de los tigres. Elefantes que producen sonidos indetectables por el ser humano con los que se comunican con otros elefantes a cientos de kilómetros de distancia. Las historias que nos cuenta Katherine Rundell son semillas que brillan en la oscuridad y contienen el potencial necesario para hacernos entender la fragilidad del mundo maravilloso que nos rodea. Y nuestra responsabilidad para conservarlo. 

Con humor, ingenio, sensibilidad y una gran capacidad de evocación, este libro bello e inclasificable es una llamada urgente a preservar la infinita diversidad natural de nuestro planeta de la inminente extinción. Nuestro planeta no es nuestro, es de todos los seres vivos que lo habitan. Aprender detalles asombrosos sobre sus hábitos, sobre su belleza, su involuntaria elegancia, su dureza y su delicadeza, sobre su espontánea gentileza, sobre la sofisticación de su inteligencia y su capacidad de resistencia, puede ser una forma de apreciar mejor la magnificencia de lo que nos rodea para procurar no contribuir a su mutilación y desaparición. 




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