domingo, 25 de octubre de 2015

¿PARA QUÉ SIRVE LA LITERATURA?

Yo nunca pienso en estas cosas. Quizá mi indiferencia respecto a la utilidad de la literatura se parezca a la de los religiosos respecto a la existencia de su dios: a ambos nos resulta una verdad demasiado evidente. Pero en la librería escucho con mucha frecuencia eso de "yo es que no leo novelas" y a veces me animo a abrir algún libro sobre la necesidad o la futilidad de la literatura para ver qué se cuece actualmente entre los estudiosos del tema. 

Esta tarde he estado un ratito leyendo este librito y, entre todos los argumentos que esgrime Compagnon para defender la utilidad de la literatura, me he encontrado con el siguiente: "La lectura de novelas sirve de iniciación moral en Occidente desde hace dos siglos. Fuente de inspiración, la literatura contribuye al desarrollo de nuestra personalidad, permite acceder a una experiencia sensible y a un conocimiento moral que sería difícil, incluso imposible, adquirir en los tratados de los filósofos. Contribuye, por lo tanto, de forma insustituible tanto a la ética práctica como a la ética especulativa."

Yo no sólo leo novelas para aprender, ni mucho menos. A veces pienso que las novelas que más me gustan son las que no me enseñan nada, o al menos nada que yo pueda verbalizar ni traducir en conceptos. Pero el argumento es válido, y en el fondo me gusta: leer novelas para aprender. Literatura como educación sentimental, más sutil, más indirecta, más indefinida y sin embargo, mucho más eficaz que cualquier tratado o ensayo que pretenda explícitamente enseñarnos algo. Aprender transversalmente, sin método, sin lecciones ni orden, sin doctrinas. Aprender porque nos encanta la novela o porque la aborrecemos. Aprender sin darnos cuenta de que aprendemos. Aprender mediante revelaciones íntimas e indefinibles todo eso que, novela tras novela, va definiendo las verdades individuales e intransferibles que nos hacen ser quienes somos.



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