lunes, 16 de marzo de 2026

GRANDE

«Érase una vez una niña con una gran sonrisa, un gran corazón y también sueños muy grandes». Era grande toda ella y a la hora de comer se lo zampaba todo con placer. Los adultos se reían de felicidad. Qué grande eres, le decían. Y ser grande era una cosa buena, saludable, admirable. Fue creciendo y sus sueños crecieron con ella. Y crecieron sus risas y creció todo lo que aprendía. Y seguía siendo una cosa buena. Hasta que todo empezó a cambiar. 

Las miradas cambiaron. Cambió la felicidad con que la miraban comer. Cambió su forma de estar entre los demás niños. Grande ya no sonaba tan bonito en la voz de los demás. Sonaba a susurro. A dedo que señala. Sonaba a vergüenza. Notaba las miradas y las risas de los niños y las niñas que no eran tan grandes como ella. Las notaba en el cuerpo, pegadas, como algo que picaba y dolía y que no podía quitarse de encima. 

«Empezó a sentirse una niña diferente, fuera de lugar, expuesta, juzgada. Y, a la vez, invisible». ¿Por qué tenía que ser diferente? ¿Por qué no podía ser normal, una niña como las demás? ¿Por qué todos se esforzaban por que cambiase? ¿Por qué a nadie le gustaba como era?

Este es un cuento precioso sobre una niña que es demasiado grande para las convenciones sociales. Las personas que la rodean se empeñan en encerrarla con palabras que hieren, en decirle de muchas maneras que su cuerpo no es correcto y que es culpa suya no ser como las demás. Que es culpa suya que se rían de ella, que la aíslen, que la señalen. Es un cuento para aprender a mirarnos la gordofobia con que nos han educado y decir basta. La protagonista solo quiere ser ella misma, habitar su cuerpo sin culpa. Sentirse bien. Como tú y yo. Como cualquiera. 





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