viernes, 16 de noviembre de 2018

FRANK

Guillermo Altares, en su estupendo libro Una lección olvidada. Viajes por la historia de Europa, se declara defensor de la Transición y dice que en los primeros años tras la dictadura "el olvido fue un precio razonable en el camino hacia la libertad, pero no ahora, cuando ya la hemos recuperado". Parece mentira que después de cuarenta años de democracia todavía exista esa reticencia por una parte importante de la población a llamar a los horrores de la dictadura por su nombre. Y aunque este no es un problema exclusivo de España, (Alemania, por ejemplo, a pesar de que asumió bastante rápido su responsabilidad con otros países en los crímenes del nazismo, no empezó a reconocer y denunciar el sufrimiento de su propia población, especialmente durante 1945, hasta la década de los noventa), creo que ya va siendo hora de que haya una voluntad general de recordar, para que ninguna historia importante caiga en el olvido sin haber tenido la oportunidad de sanarse. 

Este álbum ilustrado cuenta una de esas historias que tanta gente se empeña en querer olvidar: la increíble historia de una dictadura olvidada. Frank nació en un pueblo del norte y era tan pequeño que le llamaban "cerillita". Estaba tan obsesionado con los cuadrados que se le metió en la cabeza que todo el mundo tenía que compartir su obsesión. En su país sólo podían existir cuadrados y cientos de miles acabaron bajo tierra. Mientras el resto del mundo miraba para otro lado, se pasó casi cuarenta años destruyendo todos los círculos, triángulos y rectángulos que encontraba. Y cuando se fue, "todos aquellos que se hicieron ricos con los cuadrados crearon una amnesia colectiva". 

Las ilustraciones de este libro utilizan la sátira para describir con una precisión jugosísima muchos detalles de esta dictadura que tantos quieren olvidar. La metáfora de los cuadrados no puede ser más sugestiva en su sencillez. Hacen falta historias como esta, muchas historias, cuantas más mejor, para desenterrar la infamia de nuestra historia reciente y vacunarnos para siempre contra la tentación del olvido. 



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