jueves, 16 de marzo de 2017

VIDAS OCUPADAS

Un día José Pablo García recibió una llamada con una propuesta surrealista: un técnico de comunicación de Acción Contra el Hambre le invitaba a pasar diez días con ellos en los territorios palestinos ocupados para empaparse de la situación que se vive allí y hacer un cómic "sobre la inseguridad alimentaria, la falta de agua y medios de vida de la población palestina". Con algo de miedo, aceptó. Y el resultado es este cómic sencillo y directo sobre un conflicto que empezó hace ya setenta años y para el que ningún político ha conseguido encontrar una solución. 

Israel es un país. Palestina no lo es. No lo es porque sus territorios están cercados por muros israelíes, separados entre sí por carreteras israelíes e invadidos por asentamientos de colonos israelíes. Cuando ocupan tu tierra, la tierra que habitas y que te da de comer, ocupan también tu vida. El derecho a la soberanía palestina es el derecho a una vida autónoma y libre para sus habitantes. El derecho a poder viajar por su país sin tener que sufrir la humillación de los continuos controles israelíes. El derecho a que no te desalojen por la fuerza de tu casa y que no la demuelan para construir asentamientos ilegales. El derecho a no ser sospechoso por tu color de piel, por tu acento o por tu lugar de nacimiento, a no vivir bajo la mirada escrutadora de un pueblo que coloniza tu tierra y te considera un enemigo en potencia por protestar por ello. 

Además de en Cisjordania, José Pablo García también viajó a Gaza, una de las zonas con mayor densidad de población del mundo. Muchos hemos visto los bombardeos de 2008, 2012 y 2014 por parte de Israel, que lleva bloqueando la franja desde el año 2001 y la ha convertido en un polvorín dependiente de la ayuda humanitaria. La mitad de sus casi dos millones de habitantes son niños, niños que han nacido bajo el bloqueo y que han crecido acostumbrados a las bombas, la muerte y la destrucción. En la última guerra, hace menos de tres años, unas 150.000 casa fueron parcialmente destruidas, 252 escuelas y 78 hospitales. Los palestinos gazatíes sufren continuos cortes eléctricos y disponen de poca agua potable. De hecho, muchos dedican hasta una tercera parte de sus ingresos a comprar agua, agua que proviene de los acuíferos controlados en su mayor parte por Israel. 

Tanto Palestina como Israel desean la paz. O, al menos, eso es lo que proclaman. Pero yo me pregunto, ¿qué tipo de paz pueden alcanzar los palestinos cuando una tercera parte de su pueblo vive hacinada, bloqueada y sufre bombardeos indiscriminados cada pocos años en el mayor gueto del mundo? ¿Qué tipo de paz si la intención de los israelíes es de hacer que sus asentamientos ilegales en Palestina proliferen como hongos? ¿Qué tipo de paz si el pueblo con el que tienes que pactar se complace en humillarte y tratarte como a un criminal desgraciado en cada control de carreteras?

Quizá José Pablo García también se haya preguntado estas cosas. Y muchas otras más. Por ejemplo: ¿cómo es posible que los palestinos sigan siendo un pueblo acogedor con los extranjeros? ¿que tras tantas décadas de sometimiento, sigan confiando en un europeo blanco con un cuaderno de notas que llega a sus casas y empiezan a disparar sin respiro miles de preguntas en inglés? 

En el vuelo de vuelta, el autor está pensativo. Su compañero de Acción Contra el Hambre comenta: 
"- Ha sido toda una experiencia, ¿eh?
- Mmmsí.
- Oye, ¿te ocurre algo? Estás pálido. 
- Esto, Max... ¡¿Pero cómo queréis que meta todo esto es un cómic?!"

Pues lo ha hecho. Y le ha quedado así de bien.




2 comentarios:

  1. Plasmar la situación complicada de un país si que es un gran trabajo!
    Me dan muchas ganas de leer este cómic, gracias por darlo a conocer
    ;)

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  2. Gracias a ti por leernos. Espero que te guste.

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