sábado, 18 de abril de 2015

TARDE EN LA LIBRERÍA: LA ESTRELLA INVISIBLE

Leo un poema de Nathalie Handal, desde mi taburete-refugio detrás del mostrador, y luego otro, y otro, y otro más. Poemas errantes que recorren Latinoamérica con la sensualidad enigmática de esta poeta palestina. Y levanto la mirada del libro, abro bien los ojos y me esfuerzo mucho mucho porque tiene que aparecer, sí, no hay más remedio, es necesario, imperativo, urgentísimo, tiene que aparecer por la puerta esa persona sensible amante de la poesía y de los incontenibles seísmos internos, sí, sé que si miro la puerta muy muy concentrado y no me distraen el teléfono ni ningún niño-cliente-compra-bolis va a aparecer, sí, estoy convencido, va a aparecer, vas a aparecer, tú, sí, tú, entrando a rescatar este libro sin dueño de este mostrador frío de cristal para llevártelo a casa, para coger entre tus dedos cada poema y corregirle con un carmín alegre la sonrisa caída de su melancolía, porque hay libros que necesitan una mesilla de noche de la misma manera que ciertos labios exigen ser besados, así que sé que si me esfuerzo vas a aparecer, ¿verdad?, claro que sí, vas a aparecer, dime que sí, dime que sí.


MÚSICA ROTA

Tal vez cuando estés lista para la música
todos los instrumentos estén rotos,
tal vez cuando estés lista para la libertad
tu corazón ya no pueda latir,
tal vez cuando la locura crezca en tu interior
encuentres lo que debías haber visto,
tal vez si me muestras cómo implora el deseo,
si tocas una melodía en mi menor
el lento río de alas se revelará ante nosotros.

Pero tuvimos que llegar esto:
un violín roto,
el corazón, indescifrado,
una discusión con Jesús o Mahoma,
cuestiones de exilio. 

Ahora tu aliento es una melodía desafinada
cojeando alrededor del despertar de tu boca. 



ATLAS

Le regalé 
la única palabra que no pude guardar
la octava noche -
fue todo lo que conseguimos,
nunca habríamos imaginado
nuestros cuerpos unidos,
nuestras manos enlazadas,
unas sábanas blancas,
nuestros corazones bajo la tarde
albergando mapas que ambos
llevábamos dentro
como una sed incontrolable. 
Quién sabe lo que realmente imaginamos,
quién sabe si la poesía
tuvo que ver con todo eso.
Liberamos el amor 
en nuestro sueño
y no quisimos despertar
para no olvidar ya nunca
la profundidad en la que entramos. 


(La estrella invisible. Nathalie Handal)



Nathalie Handal


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