sábado, 14 de febrero de 2015

TARDE EN LA LIBRERÍA: YA NO ES TARDE

La librería es una fuente inagotable de conversaciones. Conversaciones sobre libros, por supuesto, pero también sobre cualquier cosa que vengas pensando o me traiga yo de casa en mis pensamientos. La lluvia y el frío para cobrarte un periódico y el consumismo artificialmente emotivo de un día como hoy, 14 de febrero, mientras te envuelvo tu regalo, deslizo en tu bolsa un par de caramelos rojos con forma de corazón y te acompaño en la sonrisa. 

Hablamos de todo. Tú, que vienes a curiosear un rato mientras esperas a alguien o necesitas un boli o un libro para la abuela o llenar el hueco en la mesilla de noche que ayer se quedó huérfano. Tú, querida o querido amante empedernido de las historias de papel, conmigo a veces hablas de todo. 

Hoy vienes con Viktor Frankl en el bolsillo y hablamos de la pérdida. La pérdida desde los puntos de vista más esperanzadores. Más descarnados y desprovistos de magia. Me hablas de la pérdida y te hablo de poesía. Es como una zancadilla que le pongo a tu discurso. Te quedas callada. Y me miras. Qué morro tienes, parece decirme tu sonrisa. Sí, te hablo de poesía, que el optimismo analítico de Viktor Frankl no me convence. Te hablo de un libro que acaba de salir, hace un par de meses, y te pongo delante una página que quizá lleve un trocito de tu nombre: 

las cosas no se pierden cuando desaparecen, 
sino cuando las dejas de buscar.

Sí, es discutible. Pero puede ser el comienzo de otra conversación interminable, que sin duda no cabe en las cuatro paredes forradas de madera y libros de este hogar. 
Benjamín Prado, lees en la portada. Alzas una ceja. 
Sí, lo conoces, lo conozco, y no nos entusiasma a ninguno de los dos. Pero espera, te digo, déjame leerte esto, ahora que no hay nadie. Déjame un minutito y verás. Que la poesía es mucho más que un 14 de febrero hablando con un librero de pérdidas. Mira, escucha esto:

Un poema que imite lo que vas a sentir cuando lo leas;
que diga al mismo tiempo 
lo que siempre has pensado
y lo que nunca hubieses podido imaginar.

Un poema en el que las palabras 
floten igual que el humo
de un papel
que se quema;
que suene como alguien 
que habla de ti
en sueños;
que pueda ver en la oscuridad. 

Un poema que beba de tus ojos,
que te espere despierto, 
que salve las distancias,
que no te deje ir. 

Un poema que te ha reconocido.
Un poema que ayude a pasar página. 
Un poema que guarde un minuto de silencio
por lo que nunca se debió callar. 

Un poema que sea imprevisible,
que diga otra cosa al leerlo otra vez. 
Un poema que luche por las causas perdidas,
que se meta en la boca del lobo junto a ti. 

Un poema que fue la pieza que faltaba; 
que está escrito en la palma de tu mano;
que te deje secuelas;
que te arme de valor.

Un poema que sea más fuerte que el olvido.
Un poema que el tiempo ya no pueda vencer. 

La librería es una fuente inagotable de conversaciones.
A veces me río, a veces sólo escucho, a veces lo hago bien y convenzo. 
A veces hacemos de un 14 de febrero algo menos artificial y más verdadero. 







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